Mi hijo está insoportable, irritable y de mal humor

<a href='https://www.freepik.es/foto-gratis/nina-pequena-tapandose-la-cara_907980.htm'>Designed by Freepik</a>

Sabes, hoy estoy de bastante mal humor. He dormido poco. Me he despertado mucho por la noche y me ha costado dormirme. Además he tenido que hacer todo el día actividades tediosas. He estado en lugares donde no quería estar. Me he tenido que poner ropa con la que no me sentía a gusto y he tenido que comer algo que no me agradaba en absoluto. No ha sido mi día. Me he pasado todo el tiempo irritable, enfadada, contestando mal. Me molestaba cualquier cosa que me dijeran.

Y, claro, a veces he perdido el control y he gritado a las personas que se cruzaban en mi camino. Me he negado a vestirme y a comer lo que no quería, pero me ha dado igual. Lo he tenido que hacer. Al final del día sólo quería que de dejaran en paz. No aguantaba ni una petición más sin perder el control. 🙁

¿Te suena? ¿Te has sentido así alguna vez? Yo sí. Muchos días. Hay días que no me aguanto ni yo. Todo me parece mal, todo me sale mal y todo me molesta. No me gustan esos días, no me gusta estar así. Y cuando me pasa, aunque no quiero, pierdo en control de mis emociones. No puedo cambiar mi estado.

Ahora quiero que vuelvas a leer estas líneas pensando que es tu hijo o tu hija los que te habla. La diferencia entre ellos y yo es que ellos o no saben hablar o no saben expresar sus emociones, y además no tienen el desarrollo cerebral suficiente para auto controlarse. Si te pasa a ti, imagina cuando les pasa a ellos.

Ahora quiero que pienses en qué te pasa a ti, o cómo llegas normalmente a esas situaciones. Quizá no dormiste bien, quizá tenías un tema que te preocupaba. Quizá, como una mamá sugirió en el grupo de Mamás Criando en Equilibrio. Es posible que tú también estabas en la fase pre menstrual de tu ciclo -ahora que no nos oyen los hombres, tenemos que reconocer que nos afecta mucho-. Analiza los factores internos y externos que han podido influir en tu estado de ánimo.

Piensa que tu estado emocional también afecta mucho a tus hijos. Esto no lo digo para que te sientas culpable, al contrario, te estoy dando una herramienta para que las cosas estén un poco mejor: si sabes qué te afecta a ti y mantenerlo bajo control, es posible que el bienestar emocional de ambos cambie. Sentir lo que debe estar sintiendo tu hijo o hija, también te puede ayudar a sentir empatía por él, en lugar de ponerte a gritar o dejar de sentir que él o ella te están amargando el día. También son humanos y no hacen lo que hacen por hacernos la vida imposible. No tienen el desarrollo cerebral suficiente para eso, sobre todo si todavía si son menores de cuatro años.

Cuanto te pase, cuando te des cuenta de que te vas a desbordar, quizá te ayuden los tips de esta guía para Dejar de perder el control con mi hijo que escribí para ayudar a las mamás a estar en un estado calmado cuando sus hijos hacen berrinche o están insoportables. Puedes leerla para estar preparada para cuando uno de esos momentos llegue. Es muy breve y práctica. Puedes descargarla en este enlace.

Tú lo sabrás mejor, pero probablemente no habrán dormido bien, estarán fuera de su rutina o les habremos forzado para estar en actividades que no son propias de niños. Créeme, cuando yo lo hago, mi hija se sube por las paredes y acabamos con un día horrible las dos.

Ahora te pregunto:

  • ¿qué puedes hacer para darte cuenta de tu estado y el de tu hijo o hija?
  • ¿Dónde has forzado “la máquina”?
  • ¿Qué has aprendido?
  • ¿Qué puedes delegar o dejar para otro momento otro día?
  • ¿Qué cambiaría tu día a partir de ahora?
  • ¿Qué quiere hacer tu hijo o hija?
  • ¿Que juegues con él/ella?
  • ¿Que le prestes atención?
  • ¿Que dejes todo y le hagas caso?
  • ¿Por qué no probar a hacerlo?
  • ¿Por qué no poner música y empezar a saltar y a cantar juntos y a dejar todo lo demás para otro momento?
  • ¿Haría eso algún cambio?
  • ¿Qué tal descansar, dormir una siesta o regresar a casa?

 

Quizá pueda funcionar. No lo sabrás hasta que no lo pruebes. Y luego puedes contármelo en los comentarios abajo del post.

Si crees que necesitas que yo personalmente te ayude para este u otro problema que tengas con la crianza, con tu hijo o tu pareja, si sientes que no estás dando lo mejor de ti a tu familia, que necesitas ayuda, puedes pedir una cita de descubrimiento conmigo enviándome un correo a eva@criandoenequilibrio.com, y en ella te explicaré cómo te puedo ayudar a través de mis servicios de Coaching o asesoría de crianza individualizados, personalizados, para que juntas, diseñemos la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.

Si te gustó esta entrada, puedes darle un like, o mejor, compartirla para que otras mamás en el mismo punto que tú puedan tener acceso a ella.

Te mando un abrazo cargado de paciencia.

 

Como hablar de la muerte a los niños

Como hablar de la muerte a los niños

Un tema recurrente para las madres en este momento es como hablar de la muerte a los niños. Lamentablemente, ahora más que nunca forma parte de la vida cotidiana de nuestros hijos, aunque no nos haya tocado de cerca todavía.

Es un tema de importancia que abordar con nuestros hijos. Sobre todo si sucede una muerte en su entorno cercano.

Una muerte de un pariente de un amigo, de su mascota o de un animal puede despertarles muchas preguntas. Incluso es normal que el tema surja en algún momento sin venir a cuento. Esto es normal.

Ellos siempre van a tener preguntas. Los niños siempre van a imaginarse cómo es eso de morirse o que pasa con sus seres queridos. Los miedos ocurren cuando se ponen en lo peor. Las conclusiones a las que llegan están más basadas en el vacío de no saber o en “un nunca más” que no alcanzan a comprender porque no tienen la madurez suficiente.

Igual que los adultos, los niños también tienen que hacer el proceso de duelo. Lamentablemente, los adultos les hemos limitado el acceso a los ritos de despedida que son tan necesarios para poder superar la muerte de un ser querido. 

Los niños también tienen que hacer el proceso de duelo

¿Qué pasa cuando los niños experimentan una muerte a una edad temprana?

Mi hija, con cinco años, perdió a su maestra de una forma inesperada. Fue un proceso que aun hoy le genera tristeza. Han pasado tres años y aún la recuerda a menudo. Esto es normal. La recuerda con cariño y automáticamente se conecta con la idea de su propia muerte, o de la mía, su adulto de referencia. Solo es señal de que internamente poco a poco va integrando la idea, según va madurando en su desarrollo.

Lo más importante para procesar una situación traumática como esta es poder sacar afuera la experiencia interna de lo que está ocurriendo. Los adultos lo hacemos a través de rituales de despedida y hablando con personas en las que confiamos. Para eso debemos aprender como hablar de la muerte a los niños

Es importante que los niños hablen de su experiencia

Los niños a veces lo hacen entre ellos, contando la experiencia a un amigo o amiga. Es un mecanismo de afrontamiento adecuado, pero también pueden transmitirse unos a otros ideas equivocadas. Esto puede generar más miedo y confusión. 

Lo que más ayudó a mi propia hija a aceptar la situación es que pudimos abordar este tema creando un espacio de diálogo para hablar de sus preocupaciones sobre el tema. A partir de ahí ella pudo procesar la experiencia y yo pude resolver sus dudas y sus miedos.

También tuve la oportunidad de darle herramientas para poder consolarse por sí misma cuando el dolor de la pérdida regresa. Estas herramientas le servirán para abordar otras pérdidas en el futuro de forma emocionalmente saludable y sin traumas.

¿Cómo saber si mi hija o hijo ha procesado bien una muerte cercana?

Como madres, lo importante es que sepamos reconocer si nuestros hijos están pasando por un proceso de duelo. De ser así, además debemos averiguar si lo están procesando adecuadamente.

Para eso es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recuerdan la pérdida. Puede ser tristeza, que es el síntoma normal, pero también puede darse en enfado, negación o miedo. 

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte. También puede indicarnos que el tema les sigue afectando a medio o largo plazo.

Es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recordamos una pérdida.

¿Qué debemos tener en cuenta para aprender como hablar de la muerte a los niños?

Nosotras como sus personas de apoyo. Somos sus referentes y podemos aprender a cómo acompañarles en estos procesos. También es fundamental que sepamos cómo detectar y qué hacer si se presentan miedos o situaciones de estrés o ansiedad.

De esta forma, tanto en niños como en adultos, el proceso normal de duelo puede incluir etapas de negación, enfado y tristeza. Estas emociones son totalmente normales.

También se dan otras respuestas que pueden ser indicadoras de que algo no está siendo bien procesado.

Estas señales pueden ser:

  • Cambios en su actitud
  • Emociones fuertes repentinas
  • Irritabilidad
  • Necesidad de más atención/contacto/contención
  • Hiperactividad / excesiva energía – alegría
  • Apatía

Estos síntomas son habituales pero pueden indicarnos que nuestros hijos no estén integrando bien la pérdida. En este caso deberemos intervenir.

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte

¿Quieres saber más sobre los procesos de duelo?

Elisabeth Kübler-Ross es una experta en el tema. Fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Elisabeth_K%C3%BCbler-Ross

Crear un ambiente de diálogo es fundamental

En ese caso, debemos crear un ambiente de diálogo. Esto nos ayudará a saber qué es lo que ellos están imaginándose. También averiguaremos de qué tienen miedo para que puedan empezar a procesar la experiencia de forma no traumática.

Como Coach de madres, me he encontrado con muchas mamás que tienen dudas sobre este tema. Así que preparé un taller para poder darles las pautas básicas de cómo abordar el tema de la muerte en los niños.

En él explico cómo podemos apoyar el proceso de duelo de nuestros hijos y de cómo crear el ambiente adecuado para que puedan expresar sus dudas y emociones. Esta es la mejor forma en la que podremos ayudarles.

Si os interesa, os hablo de él en este vídeo si necesitáis más información. Espero que os ayude y si tenéis dudas siempre podéis contactar conmigo. Estaré encantada de ayudaros. 


Si necesitas más ayuda también puedes…

Unirte a mi Círculo de mamás

Tendrás un plataforma donde tienes este taller disponible para ver inmediatamente. Además encontrarás otros más de 30 talleres de temas relacionados con la crianza que podrás ver sin coste adicional.

Solicitar una Sesión de claridad gratuita conmigo

En esta sesión de 30 minutos podrás explicarme tu caso y te diré cómo te puedo ayudar a resolver el tema que necesitas consultar


Cómo hablar de la muerte a mi hija o hijo


También te puede interesar


¿Te has descargado mi guía gratuita Mamá en equilibrio en 4 pasos?

Mantener la calma en tiempos de coronavirus

mantener la calma en tiempos de coronavirus

El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma. 

Mantener la calma nos ayuda a pensar con claridad y encontrar la salida de cualquier situación, por difícil que sea.

No es seguro que la encontremos, pero en estado de crisis y ansiedad, lo que es seguro es que no lo haremos.

El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma

Cuando nuestro cerebro entra en pánico, sólo tiene tres respuestas: huída, ataque y parálisis.

Sobre todo cuando vivimos rodeadas de niños y hay un problema, la parálisis simplemente es un lujo que no nos podemos permitir. 

En estos tiempos de pandemia y de retiro en casa, tampoco podemos salir corriendo de casa o escondernos hasta que pase el temporal. Simplemente no es posible.

¿Qué recurso le dejamos a nuestro cerebro? El ataque. Aquí empiezan los conflictos, nos salta el automático que suele ser nuestra peor versión. Y con las personas que más queremos. 

mantener la calma en tiempos de coronavirus

Los conflictos son inevitables, pero de cómo manejemos las situaciones hoy dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano, cuando todo esto acabe. Pero de esto os hablaré en mi próximo post. Suscríbete a mis contenidos para que no te lo pierdas.

¿Cómo podemos evitarlo? No entrando en pánico.

Los conflictos son inevitables pero de cómo manejemos las situaciones hoy, dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano

Higiene interior para mantener la calma

En mi Guía gratuita para mamás y papás “Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio” dediqué un capítulo, el primer capítulo, a ayudarte a mantener la calma.

Si todavía no la has descargado ve a este enlace y hazlo sin falta: Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio

En esta guía te doy las pautas más básicas para mantener tu higiene mental y no alimentar tu miedo

De nada sirve que te ayude a bajar tu ansiedad y calmarte si tú sigues alimentando después el miedo.

MANEJAR EL ESTRÉS POR CORONAVIRUS

1. SI TÚ ESTÁS BIEN, TODO ESTÁ BIEN

Tú eres el filtro del miedo. Los niños no entienden la trascendencia de lo que está pasando, pero sí sienten la energía de miedo que les rodea. Ellos no dejan cabos sueltos y siempre se imaginarán lo peor: algo les va a pasar o a su familia. Estas pautas te darán las claves para conseguir tenerlo bajo control.

2. REDUCE TU EXPOSICIÓN A REDES

Nos llegan noticias de todo tipo a cada momento. No sólo las exageraciones en esas noticias, sino la realidad nos afectan, pero sobre todo la cantidad de ellas que recibimos al cabo del día. Cuando ya te haya llegado una noticia evita seguir buscando o leyendo más información. 

3. NO DEJES VOLAR TU IMAGINACIÓN

Nuestro cerebro está diseñado para enseñarnos las señales de alarma y magnificarlas. Es un mecanismo de defensa que nos sirvió hace millones de años para sobrevivir. Pero ahora ese mismo mecanismo es nuestro peor enemigo. Toma medidas para protegerte pero ahora menos que nunca pienses en el futuro próximo.

4. RESPIRA PROFUNDO

La forma de mantener nuestro cerebro en control y que no salten los mecanismos de alerta es mediante la respiración. La respiración te ancla al presente, oxigena tu cerebro y calma tu sistema nervioso. Una serie de 10 respiraciones profundas reducirá tu nivel de estrés en menos de un minuto.

5. RECONECTA CON LA REALIDAD

Reconecta con lo que sí está pasando a tu alrededor (y no me refiero a redes sociales): a tu perro que quiere salir, a tu hija que no encuentra su ropa o tu hijo que está buscando comida en la nevera. La realidad con niños en casa es muy rica y entretenida. Ellos siempre están en modo juego, así que apúntate al entretenimiento y distráete lo que puedas.

GUÍA PARA MADRES Y PADRES “Cómo superar la crisis del Covid-19, sin perder el equilibrio”

Estos son los puntos básicos que recoge la guía sobre Mantener el estrés por Coronavirus, pero también encontrarás información sobre:

✨Explicarle a los niños qué está pasando (puedes ver un video que hice sobre este tema en este enlace Cómo explicarle esta situación a los niños)

✨ Superar un encierro 24 horas con niños alrededor

✨Trabajar desde casa con niños

✨Resolver conflictos

✨Hacer que tu hijo se lave las manos

Puedes descargarla en este enlace: Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio

Mantener la calma es difícil pero posible

mantener la calma en tiempos de coronavirus

Y qué pasa con la ansiedad que ya estás sintiendo. Puedes seguir estos pasos:

En primer lugar tenemos que ser conscientes de que esta ansiedad, esta necesidad de mirar constantemente las redes sociales y hablar de lo que me pasa, de lo que debería ser, de lo mal que lo hacen los demás, etc. está dirigida por el miedo.

No somos nosotras, sino nuestro miedo, quien está tomando el control de la situación.

De repente podemos sentir la punzada del miedo o del dolor, cuando leemos una noticia o nos enteramos de que algo ha pasado a alguien cercano o me podría pasar a mi o a alguna persona querida para mi.

Estamos haciendo nuestro el horror y el miedo ahí campa a sus anchas y toma el control de nuestras acciones.

Si algo de esto está pasando, tienes que tomar medidas cuanto antes, si quieres que tus miedos no salten de improvisto, en el peor momento: 

  • Cuando tu hijo coge algo del suelo y se lo lleva a la boca y tú le gritas como si estuviera a punto de pasarle un camión por encima, o 
  • Cuando tu marido se lleva a tu hija al supermercado y le gritas como si directamente la estuviera ingresando en la Unidad de Cuidados Intensivos con todos los enfermos por Coronavirus de tu país. Por ejemplo

Ya sé que sólo de pensarlo se te acelera el corazón: respira

Hace unos días que grabé un video en directo para las mamás de mi grupo de Facebook Mamá en equilibrio para ayudar a las mamás a Superar la montaña rusa emocional que todas estamos viviendo.

Inconscientemente todas sabemos que algo está cambiando, que algo ya no volverá a ser como era.

Tenemos una gran incertidumbre sobre lo que va a pasar y esto genera emociones muy fuertes que tienen que ver con un proceso de duelo que estamos pasando inconscientemente.

Te comparto el video por si esta idea te parece interesante.

Si aun no estás en mi grupo de Facebook puedes unirte en este enlace Grupo de Facebook Mamá en equilibrio. Es gratuito y en él respondo dudas y publico todos mis recursos de este y otros temas.

También puedes seguirme en mi Fanpage: www.facebook.com/coachdemamas

Dos herramientas para mantener la calma

Te propongo dos herramientas para mantener el estrés y el pánico de esta situación bajo control. Puedes ver las instrucciones en el video que encontrarás más abajoo o seguir leyendo a continuación

PARTE 1. Keep calm y mira tus miedos de frente

Para mirar tus miedos de frente tienes que hacerte consciente de ellos. La mejor técnica es contárselos a otra persona y que esta persona simplemente escuche, sin decir nada, simplemente “gracias por compartir” cuando acabes.

Pero si no quieres compartir tus miedos o no tienes a nadie con quien hacerlo, lo siguiente mejor es escribirlos. 

Es un proceso en tres fases. Lo que tienes que contar al otro o escribir es lo siguiente:

  1. De qué tengo miedo. Puede parecer una locura ponerte a pensar en tus miedos, pero si no los sacas, si no los miras a la cara, igual te estarán molestando de forma inconsciente para que les prestes atención, porque para eso sirve el miedo, para prevenirte de un daño en el futuro.
  2. Qué es lo peor que puede pasar. Confía en mi, esto te liberará después, aunque ahora mismo se desaten las emociones, déjalas salir. Esto es como una válvula de escape. Te va a ayudar
  3. Qué vas a hacer si todo esto pasa. Dale a tu mente algo que hacer, algo en que pensar, qué puedes hacer si eso pasa, qué puedes hacer ahora como medida de prevención. Si tu mente está ocupada en encontrar una solución, no utilizará más el pánico para prevenirte.

PARTE 2. Respira.

La primera parte es para ayudarte a que las crisis de ansiedad o no se presenten o se minimicen bastante. Pero si el pánico sigue llegando, te recomiendo esta técnica de respiración alternando los orificios nasales.

Para mi es la más efectiva porque ayuda a que tus dos hemisferios cerebrales se sincronicen y se reduzca el flujo de sangre en la amígdala, la parte más primitiva del cerebro que activa la respuesta de pánico, haciendo que te calmes.

Te ayudará a calmarte en unos minutos.

Puedes ver esta técnica en el video que te dejo a continuación, donde te cuento las dos técnica a las que me refiero en este post.

Me encantará que compartas este post en tus redes sociales, que te suscribas a mi blog y a mi canal de Youtube para que no te pierdas nada y que me dejes un comentario sobre lo que te ha parecido esta entrada.

Espero haber te ayudado.


Límites para prevenir el abuso

No hago más que ver posts de cómo manejar berrinches, de cómo poner límites, de cómo disciplinar (aunque sea de forma positiva) y al mismo tiempo leo más y más noticias terribles de abusos hacia los niños, sexuales y no sexuales, y veo más comportamientos intolerantes y poco respetuosos hacia los niños. ¿Tendrá que ver? Yo creo que sí.

Sobre todo necesitamos proteger a nuestros hijos

En el mundo nos encontramos todo tipo de seres en diferentes condiciones mentales. Es lamentable, pero así es.

El problema es que no podemos estar ahí el 100% del tiempo para protegerles.

¿Entonces? ¿Qué hacer?

No podemos estar ahí el 100% del tiempo para protegerlos

Debemos enseñar a nuestros hijos a distinguir lo que está bien de lo que está mal para ellos, para que diferencien cuando alguien viene de buena fe y cuando no.

Y la clave está en que estén conectados con lo que está bien o mal para ellos y se den permiso para actuar en consecuencia.

Cuando ya tienen ocho o diez años uno les puede explicar: mira, es tu cuerpo y no debes dejar que nadie lo manipule, si algo te parece mal no lo hagas, si te pasa algo ven y cuéntamelo, yo te protegeré.

Los niños de esa edad comprenden y si tienen confianza contigo, si les has escuchado y atendido sus demandas, seguramente te cuenten que algo anda mal.

Antes de los tres años, los niños son más vulnerables. Pero la buena noticia es que también son más conscientes de lo que está bien y mal para ellos y si somos cuidadosos con nuestros mensajes hacia ellos, lo expresarán abiertamente.

La edad de cero a tres años es mágica. Es donde se fundamentan la autoestima, la empatía, los valores, donde un niño se forja la identidad, sus fortalezas y sus debilidades para toda la vida

Esta es la buena noticia. Lo que aprenda ahora sobre sí mismo le acompañará el resto de su vida. ¿Y por qué esto es importante? Porque los mensajes que les trasmitamos marcarán su autoconcepto, su sensación de seguridad y de valía.

Si acostumbramos a nuestros hijos pequeños a hacer caso a sus sensaciones e intuiciones, si les escuchamos cuando no quieren hacer algo hasta averiguar cuál es el problema, estaremos dejando intacta esa capacidad y conexión interior innatas.

El problema es cuando abusamos de decirles o mostrarles que nosotros “sabemos” que es mejor para ellos, porque entonces, lo que les trasmitimos es que lo que ellos sienten no vale, que es más válido lo que alguien externo les dice que es la verdad.

Tenemos que pensar que nosotros les enviamos al colegio o a otras actividades donde interactúan con otros adultos. Al hacerlo, les damos el mensaje, a veces explícito, de que tienen que obedecerles y portarse bien.

Cuando esos adultos no tienen buenas intenciones, se produce un conflicto en el interior del niño, que quiere obedecer a nuestro mandato, pero siente que eso que está pasando no está bien.

Un niño de menos de tres o cuatro años no tiene la capacidad de discernimiento, pero sí podemos enseñarles que si para ellos algo no está bien, entonces no está bien y que debe expresarlo. 

Para eso debemos dejar que expresen su descontento libremente, ya sea ante nosotros, con familiares y amigos o con personas de la escuela.

Lo normal es que lo hagan, que se resistan a algo que no les gusta, pero va a depender mucho de los mensajes que les hallamos trasmitido sobre obedecer y cómo comportarse con otros adultos.

Lo importante es que  les dejemos claro que:

  • SI ELLOS CREEN QUE ALGO ESTÁ MAL, ENTONCES ESTÁ MAL, y que nosotras estamos ahí para ayudarles a resolverlo
  • SI NO LES GUSTA ALGO NO DEBEN HACERLO. Luego podemos hablar con ellos de por qué no les gusta y ver alternativas con ellos. Pero siempre debemos escucharles.
  • SI NO ME GUSTA ALGUIEN O ALGO NO TENGO QUE TOLERARLO. A veces “obligamos” a los niños a dar besos, a no protestar cuando les tocan aunque sea cariñosamente, a no poner una mala cara a un adulto… Y eso es un mensaje que en una situación de abuso puede confundirlos.
  • MI MAMÁ SIEMPRE, SIEMPRE SIEMPRE ME VA A ESCUCHAR. Si siempre le escuchamos, entonces nos contará las cosas. Si a veces le escuchamos y a veces no, dejará de hacerlo. Si pensamos, o a veces incluso les decimos, que lo que les pasa son tonterías, dejarán de hablarnos.
  • MI MAMÁ ME va a DEFENDER. Y si le escucho me pongo en su lugar y le doy su parte de razón. Luego ya le explicaré y le daré alternativas, pero ellos siempre deben saber que estás de su lado

Espero que nunca se presente una situación desagradable en la vida de tu hijo o hija, pero si afianzamos su confianza y su asertividad, estoy segura de que les estaremos ayudando.

Si te ha gustado este post, por favor, compártelo y dale un like para que llegue a más mamás y juntas podamos crear más conciencia.

Gracias por leerme.

Les mando un beso

Eva Martínez

Cómo saber si has perdido la conexión con tu instinto maternal

 

Cuando una mujer queda embarazada vive un proceso muy fuerte de conexión con su instinto maternal. De repente una se encuentra con una sensibilidad mucho más acentuada que antes. Pasa con los sentidos: el olfato de sabueso, la vista, la sensibilidad a los ruidos. También a nivel físico: la comida ya no sabe igual, sentimos deseo por unos alimentos y aversión por otros. Es como si de repente el cuerpo nos gritase lo que necesita, lo que es bueno o malo para el bebé y para nosotras mismas.

A nivel mental pasa exactamente lo mismo. Antes de estar embarazadas, teníamos unas ideas de lo que íbamos a hacer respecto al bebé, de cómo lo íbamos a criar, de en qué momento íbamos a hacer tal o cual cosa. Y como si de nubes se tratase, esas ideas a veces toman fuerza y a veces se van desvaneciendo.

Poco a poco va ocurriendo un cambiar de opinión sobre de todo lo que el entorno y nuestra propia infancia nos indica porque nos encontramos con un latido interno que nos dice lo que sí y lo que no. En esos momentos la conexión con el instinto maternal y las necesidades de nuestro bebé (nacido o por nacer) es muy grande.

A partir de aquí pueden ocurrir dos cosas. Una es que el entorno y nuestras historias de apego sean más fuertes que esa llamada y que la vayan silenciando poco a poco. Lo de afuera comienza a “pisotear” las indicaciones instintivas de la mamá y poco a poco ésta se va desconectando de él, siguiendo las indicaciones de todo el mundo, que a veces son contradictorias entre sí y la mayoría de las veces con el instinto maternal.

Entonces haremos por adaptar al niño a esas indicaciones y negaremos nuestro propio instinto maternal y los reclamos de tu hij@ que llorará, enfermará, vomitará y hará lo que sea necesario por recuperar a su mamá conectada, tal y como su instinto de supervivencia le dicta. Es por esto por lo que para el ser humano la tarea de la maternidad es compleja y se rompe el vínculo seguro saludable con él ya desde antes de nacer.

Lo de afuera comienza a “pisotear” las indicaciones instintivas de la mamá

También puede ocurrir que nuestra voz interior sea más fuerte que la exterior. Entonces nos sentiremos extrañas en un mundo que nos parece hostil y con poco en común con nosotras. Entonces buscaremos otros apoyos, en los libros, en los estudios, en los grupos de mamás y, si tenemos suerte, los encontraremos. Si esto ocurre, entonces esa voz se convertirá en un grito y tendremos que confrontar al entorno, a lo de afuera, y encontrar nuestras propias estrategias para sobrevivir a la experiencia de la maternidad contra el mundo.

Todas nosotras nos situamos en algún punto de estos dos extremos. Pero no nos engañemos, los dos son lugares muy incómodos que nos llevan desde la culpa por no seguir el instinto, la inseguridad de haber perdido el pulso de lo que el bebé necesita, a la necesidad de complacer y hacer caso a lo que nos dicen o el miedo a perder el control o cometer errores.

Es por esto por lo que para el ser humano la tarea de la maternidad es compleja y se rompe el vínculo seguro saludable con el bebé ya desde antes de nacer.

Pero el problema no es que lo que nos digan no esté bien. Seguro que cuando alguien nos da un consejo es porque le funcionó, o porque hay un estudio que lo avala, o porque hay un porcentaje de niños con los que funciona, pero eso no quiere decir que vaya a funcionar con mi hijo. Hay muchos libros que dicen cómo hacer con los bebés pero no con MI hij@. Mi hij@ es único y ese libro está por escribir, y lo escribiremos mi bebé y yo.

Pero el asunto aquí no es que lo que dice el entorno esté bien o mal, sino que al escuchar a lo de afuera, dejamos de escuchar a lo de dentro: a mi misma y a mi hij@. Para saber qué necesita mi hij@ necesito entrenar la conexión con mi instinto que funciona como un músculo. Y eso sólo lo conseguiré mirando a mi bebé y escuchando mi interior. Las recomendaciones y opiniones están bien siempre y cuando las pongamos a prueba con la mirada hacia a mi hj@ y a mi misma. Entonces sabremos qué está bien o qué no está bien, en ese momento, para nosotros.

¿Y por qué nos pesa tanto el afuera? La mayoría de las mamás venimos de historias de apego inseguro, esto es, con nuestros instintos trastocados, más desarrollados en la parte de la supervivencia, con una gran tendencia a respuestas desproporcionadas ante el estrés. La inseguridad, el miedo, la culpa, son activadores de adrenalina, hormona que inhibe la tan necesaria oxitocina tanto en el parto como en la lactancia. Para mi esa es la causa principal de los partos complejos que acaban en cesáreas, los problemas de lactancia y de establecimiento de un apego seguro con nuestro hij@: El miedo, el miedo a soltar, a dejarme ir, a confiar, a ser.

Hay muchos libros que dicen cómo hacer con los hij@ pero no con MI hij@

En mi opinión, lo más importante para ayudar a que estos bebés puedan disfrutar de una infancia feliz, con mamás sensibles a sus necesidades, pasa por que reeducar el entorno, para que entre todos aprendiéramos cómo apoyar a las mamás, antes y después del parto, para que hagan lo que su sabiduría interior sabe hacer.

A las mamás no hay que enseñarles nada. No lo necesitamos. Sí necesitamos médicos que nos ayuden con las enfermedades de nuestros hij@s, sí necesitamos papás, abuelas, amigas que nos apoyen -sobre todo emocionalmente- que nos digan que estamos haciendo lo que podemos, que nos quiten de las tareas que nos apartan de él, que nos escuchen y que nos digan la frase mágica: ¿qué necesitas?. Entonces la maternidad será más fluida y tan placentera como nos venden en la TV (o casi).

Con todo, esta tarea me parece bien difícil, porque ese entorno también viene de un sistema de apego inseguro, muchas veces ansioso y otras desconectado y empuja a las nuevas mamás a hiper angustiarse realizando intervenciones médicas excesivas, obligando a comer a sus hij@s, con un exceso de medicación, etc. o a desconectarse emocionalmente de ellos (dejándolos llorar, ignorándolos cuando hacen berrinche, no arrullándolos, con el uso excesivo de carreolas, balancines y demás aparatos), con la demonización de la dependencia, etc.

En mi experiencia la prevención es difícil porque parece que la maternidad es fácil, que se trata de tener controlado a los hij@s, de no mal educarlos y ya está, pero no es así. Todas antes de ser mamás decimos “esto no me va a pasar a mi” y luego me pasa eso y más. Las mamás embarazadas están pendientes del parto y poco más: cómo cambio pañales, cada cuanto lo alimento… es decir, cuestiones prácticas, el manual de instrucciones, pero nadie las prepara emocionalmente para lo que va a suceder o para acoger y atender de forma sensible a sus hij@s, muchas veces porque no lo consideran importante.

Y esto es lo que hay que cambiar, lo que vamos a cambiar, entre todas y todos. Contar nuestra experiencia ayuda, criar y educar a nuestra manera en entornos “no amigables” también ayuda, compartir estudios que apoyen el bienestar de los niñ@s y de las mamás puede ser una opción. Pero sobre todo recordar pedir ayuda para reconectarnos, para re-aprender a mirar a nuestr@s hij@s con otros ojos, los ojos de mamá conectada, sensible. Y desconectarnos de los deberías del afuera, de los libros de crianza que hablan de los niños y sus etapas como si fueran coches en lugar de personas. 

Tu hij@ es único y necesita tu mirada única. Saber qué necesita, cuándo, qué te está pidiendo y cómo se lo puedes dar, es lo que hará la diferencia en tu vida en esta etapa, pero sobre todo, marcará la diferencia en su infancia y, desde aquí, en su vida adulta.

Si te ha gustado esta entrada, por favor, compártela porque puede ayudar a muchas otras mamás. Si quieres que te acompañe personalmente en tu proceso de reconexión, en esta etapa de tu vida tan apasionante como es la crianza, cuenta conmigo y mira aquí como te puedo ayudar.

Por tu felicidad y la de tu hij@

Los pediatras no deben opinar de crianza

Se que este post no le va a gustar a muchos, pero creo que es muy necesario empoderar a las mamás en este sentido y, como siempre, me pongo a su disposición para contestar a sus comentarios. Intentaré ser lo más respetuosa y clara posible.

El otro día en un comentario a uno de mis posts, una mamá me explicaba que había llevado a su hija de un año a la guardería porque el pediatra le había dicho que estaba demasiado apegada y que necesitaba estar con otros niños. Tengo que decir que cuando lo leí de verdad me molesté. Le di una respuesta a la mamá, en caliente, y me gustaría ahora explicarme con más detalle.

Los pediatras, en general, son grandísimos profesionales, dedicados, con una gran sabiduría en cuanto a enfermedades y dolencias infantiles, prevención, diagnóstico, tratamientos, etc. Cuando una mamá tiene una preocupación sobre la salud de su hijo, ya sea un salpullido, una tos, una caída, o lo que sea de esa índole, mi consejo siempre es: llévalo al pediatra y haz lo que te diga. Y si no te convence su diagnóstico, ve a otro pediatra.

En cambio, cuando una mamá viene diciendo que el pediatra le dijo que debía hacer tal o cual cosa en relación con cómo es criado su hijo, los criterios de los papás en cuanto a cuando llevarlo a la guardería, si es muy demandante o no (esto es totalmente subjetivo de cada niño y cada mamá/papá), cuánto o con quién debe dormir, si la mamá quiere seguir dandole pecho (sea cual sea la edad del bebé), o si es manipulador, mañoso, malcriado o si le debe cuidad la nana o la abuela, sólo puedo decirla una cosa: un pediatra no sabe nada de crianza por ser pediatra. Otra cosa es que se haya especializado en crianza, lactancia o la disciplina que sea. Pero ya no será su opinión como doctor o como pediatra. Será en calidad de otra cosa (persona que se informa de crianza??? no lo se).

Un pediatra no sabe nada de mi, de mi vida o de cómo es mi bebé (a nivel emocional o psicológico) ni tiene derecho a opinar con quién duermo yo o duerme mi bebé, si quiero seguir dándole pecho, de si está muy apegado a mi o no, de si mi bebé me manipula o no (no es su problema), o por supuesto cuando es la edad idónea para que mi hijo vaya a la guardería, si lo debería atender la abuela o la prima, o si lo consiento o no. Puede parecer fuerte pero no es su problema. No es un psicólogo infantil, ni experto en traumas de la primera infancia, ni en apego, ni en lactancia

En la carrera de pediatría no se da la asignatura de crianza, ni siquiera les enseñan sobre teoría del apego, lactancia, trastornos psicológicos en la primera infancia. Lo que nos sueltan en la consulta, la mayoría de las veces sin que se les pregunte, son puras opiniones, como las puede tener cualquiera: yo, mi abuela, la abuelita del pediatra o la vecina de al lado. Lo que pasa, es que todo lo que sale de la boca de cualquiera con una bata blanca (incluida la señora que sirve las tortillas en el Superama), en un momento tan vulnerable como es la maternidad, cala profundamente en nuestro interior y nos lo creemos a pies juntitas. Es más, nos siembra una duda que nos aleja de nuestra sabiduría interior y refuerza la opinión externa que te aconseja: “ves, si hasta el pediatra lo dice”. Entonces empezamos a tomar decisiones contradictorias, totalmente alejadas de lo que nos indica lo que sabemos de nuestro bebé (con el que hemos estado muchas más horas que el pediatra y lo conocemos mejor) y de nuestro sentido común. La culpa y la opinión externa ganan. Y nuestra autoestima, nuestro instinto, y lo más importante, nuestro bebé pierden. Así de injusto.

De crianza no debería opinar ningún pediatra. Ni Carlos González, al que sigo, admiro y cito en muchos post, si lo hiciera solamente en calidad de pediatra. Él mismo reconoce que tras acabar la carrera de pediatría no sabes nada de crianza. Él se interesó en el tema y se convirtió en un experto cuando comenzó a investigar acerca de crianza respetuosa con la infancia y de los trastornos asociados a su carencia. Sólo hay que leer sus libros para ver cuántas referencias menciona a estudios científicos, psicólogos infantiles y expertos en trauma infantil.

Igualmente tengo que decir, para que no se me mal interprete,  que por el mundo hay excepcionales pediatras, expertos en tratar patologías en niños, enfermedades, prevención, etc, que es su campo. Algunos de estos buenísimos profesionales opinan de crianza y otros no. Nuestra labor como madres es buscar a estos profesionales, darles todo el crédito en su ámbito de sabiduría y experiencia pero dudar a la hora de seguir sus consejos de crianza. Unos consejos serán buenos y otros malos, igual que los de la vecina.

De entre estos buenísimos profesionales yo prefiero aquellos que son respetuosos con mi bebé y conmigo. Es decir, no obligan a mi hija ser examinada contra su voluntad sólo por rutina y si es estrictamente necesario lo hacen con el máximo respeto y sin insistir; no la tratan como si ella no estuviera allí, sino que se dirigen a ella y son cuidadosos con sus comentarios: “esta niña está muy mimada” o “es una cuentista” o “esta niña es un poco manipuladora”. Para mi el límite salta cuando oigo algo acerca de mi hija que me molestaría que lo hubiera dicho de mi: “señora está usted muy mimada” o “es usted un poco cuentista” o “es usted un poco manipuladora”. Si alguna vez le escucho esto a algún pediatra, o a cualquier persona, creanme que notará mi disgusto y no me volverá a ver por su consulta.

Otra señal de un pediatra poco respetuoso es que me regañe. Este punto me da hasta risa. Nadie puede tomarse la libertad de regañarme. Soy una adulta, soy madre y todas, todas y cada una de las decisiones que tomo a lo largo del día, las tomo porque creo que hago lo mejor para mi bebé y tomo responsabilidad por ellas. También apechugo con las consecuencias. Y no sólo yo, esto es cierto para todas las madres del mundo (menos las que tengan un trastorno severo de la personalidad). Entonces: “no me regañe señor pediatra, lo que hice lo hice pensando que era lo mejor para mi bebé (como siempre), pero quizá me equivoqué porque soy HUMANA, igual que me he equivocado viniendo a su consulta. Buenas tardes”.

Busquen a esos grandísimos profesionales de la pediatría que aman su trabajo y a los niños, que son respetuosos con ellos y con nosotras. Eso es lo que merecemos, un trato respetuoso y razonable, nada menos que eso.

Ya saben que sus comentarios son bien recibidos.

Les mando un beso