Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano
Portada » Archivo de Eva Martínez

Ya no queda cole. Los horarios siguen, los despertadores también, la agenda no ha cambiado. Y aun así, muchas madres ya notan algo estos días: una especie de tensión anticipatoria que no tiene nombre claro pero que se siente bastante bien. Como si el cuerpo supiera lo que viene y estuviera haciendo cuentas.

Más horas juntas. Menos estructura. Más roces, más ruido, más comidas en casa, más pantallas como campo de batalla. Y encima la presión silenciosa de que debería ser bonito, de que este verano sí que sí, de que por fin vas a disfrutar. Es normal que te hagas la pregunta de cómo no perder la paciencia este verano

El problema es que muchas madres llegan ya a julio sin reservas. No porque quieran menos a sus hijos. Sino porque llevan meses funcionando con el depósito en rojo.

Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

Por qué las vacaciones con hijos no descansan a todas las familias por igual

Hay una cosa que conviene entender antes de diseñar ningún plan de verano: la estructura del curso, aunque pese, también sostiene.

Los horarios, las rutinas, las entradas y salidas del colegio hacen algo importante para el sistema nervioso: reducen la cantidad de decisiones que tienes que tomar cada día y crean un marco predecible en el que moverse. Eso tiene un coste —el famoso cansancio del curso—, pero también tiene un beneficio que no siempre se ve hasta que desaparece.

Cuando el verano afloja esa estructura, lo que en teoría suena a libertad puede volverse en la práctica bastante más caótico. Más momentos sin forma, más improvisación, más necesidad de gestionar sobre la marcha. Y si a eso le sumas que llegas con el nivel de reserva ya bajo, lo que aparece no suele ser descanso. Suele ser que todo lo que ya venías sosteniendo se hace más visible.

El psicólogo e investigador especialista en trauma Bessel van der Kolk describe cómo el sistema nervioso necesita marcos de previsibilidad para regularse. Sin ellos, aunque el entorno sea objetivamente más tranquilo, la activación puede mantenerse alta. Eso explica por qué hay madres que en agosto están más reactivas que en marzo.

Lo que de verdad ocurre cuando pierdes la paciencia con tus hijos

Una de las ideas que más ayuda en terapia, y que a la vez más cuesta integrar, es esta: casi nunca perdemos la paciencia por lo que está pasando en ese momento, y es fundamental si quieres saber cómo no perder la paciencia este verano.

El niño protesta. Tarda. Se niega a comer. Pelea con su hermano. Esas escenas son la chispa. Pero la reacción —la que luego te pesa, la que no querías tener— depende sobre todo del estado en el que tú llegas a esa escena.

El psiquiatra y neurocientífico Daniel Siegel habla del concepto de ventana de tolerancia: el margen en el que el sistema nervioso puede procesar lo que ocurre sin desbordarse. Cuando estamos dentro de esa ventana, somos capaces de responder. Cuando llevamos días operando fuera de ella —por agotamiento, por sobrecarga, por falta de apoyo real—, cualquier cosa pequeña puede activar una respuesta que no está a escala de lo que está pasando.

Esto no es una excusa. Es un mapa.

Si entiendes que tu reacción depende también de cómo llegas tú, dejas de buscar solo la solución en la conducta del niño. Y empiezan a aparecer opciones mucho más útiles.

Las señales de que ya vas justa antes de que empiece el verano

Antes de cualquier plan, conviene mirar cómo llegas. No cómo te gustaría llegar. Cómo llegas de verdad. Estas son algunas señales que muchas madres reconocen cuando llevan tiempo funcionando con poca reserva:

Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

  • Reactividad desproporcionada: respondes con más intensidad de la que esperabas a cosas cotidianas que antes no te afectaban tanto.
  • Tensión física continua: mandíbula apretada, hombros cargados, una prisa interna que está ahí aunque no haya ningún sitio al que llegar.
  • Umbral de ruido muy bajo: el nivel de sonido de casa —que no ha cambiado— de repente te resulta insoportable.
  • Sensación de que todo recae sobre ti: no hay nada nuevo en la logística, pero el peso se siente diferente.
  • Ganas de desaparecer un rato: no de irte, sino de que durante diez minutos nadie te necesite para nada.

Si te reconoces en varias de estas señales, no hace falta dramatizarlo. Pero tampoco ignorarlo. Tu cuerpo suele avisar antes que tu cabeza de que vas justa.

Tres ajustes concretos para no llegar al verano sin paciencia

No hace falta un plan perfecto. Hace falta un plan honesto. Estas tres cosas, hechas antes de que empiecen las vacaciones, marcan una diferencia real.

1. Identifica qué te dispara específicamente en verano

No en general: en concreto. Para algunas madres es la falta de ritmo. Para otras, las pantallas como campo de batalla permanente. Hay quien se desregula con las peleas entre hermanos, con la sensación de no poder pensar seguida, o con ese rol de organizadora total del que nadie la releva.

Saber esto de antemano no lo resuelve todo, pero te coloca. Pasar de “a ver qué tal se da” a “sé qué escenas me van a costar más y qué voy a cuidar” es un cambio pequeño con consecuencias grandes.

2. Decide tres anclajes para el día

No un horario rígido. Tres puntos de referencia que den algo de forma al día sin que todo dependa del humor o del cansancio. Puede ser una hora aproximada de arranque de la mañana, un marco claro para las pantallas y un rato de movimiento o salida. La combinación concreta importa menos que el hecho de que exista.

Cuando el verano se vuelve demasiado líquido, los niños se regulan peor, las peticiones se multiplican y el adulto acaba sintiendo que va apagando fuegos continuamente. La estructura ligera previene muchas broncas antes de que empiecen.

3. Decide qué no vas a sostener sola esta vez

Esta es, probablemente, la más importante.

Muchas madres llegan al verano pensando en qué harán con los niños, pero sin haberse preguntado qué parte de la carga no quieren seguir cargando solas. Luego empieza julio y se encuentran organizando comidas, planes, tiempos, pantallas, conflictos y ambiente, sin que nadie haya tenido esa conversación de forma explícita.

Antes de que acaben las clases, vale la pena tener una conversación concreta sobre reparto: qué cosas no van a depender solo de ti, qué ratos necesitas proteger, qué pides y qué ya no te compensa seguir gestionando por inercia.

El error que nadie nombra para saber cómo no perder la paciencia en verano: la expectativa trampa

Hay algo que complica el verano de muchas madres por encima de cualquier logística: la idea de que deberían estar disfrutándolo más.

Entramos en julio queriendo que sea un tiempo más bonito, más conectado, más descansado. Y eso está bien. El problema aparece cuando, mientras convivimos con todo lo que trae la intensidad del verano, cargamos también con la culpa de no estar disfrutándolo como creemos que deberíamos.

Ahí el verano se hace el doble de pesado.

Cambiar esa expectativa por una más honesta ayuda mucho más que cualquier técnica de paciencia. No necesitas un verano perfecto. Necesitas un verano respirable, en el que no todo pase a través de ti y en el que haya algo de forma. Pero sobre todo un verano en el que tú no desaparezcas del todo dentro de la logística y la convivencia.

Por dónde empezar si te has reconocido en esto

Si mientras leías esto has pensado “sí, yo ya llego bastante cargada”, no esperes a julio.

La guía Mamá en equilibrio en 4 pasos está pensada exactamente para eso: entender qué te pasa cuando te desbordas, qué te vacía y cómo llegar de otra manera a esas escenas cotidianas que luego pesan. Descárgala aquí

Y si sabes que sola te cuesta sostener los cambios, tiene mucho sentido asomarte al Círculo de Parentalidad Positiva: un espacio donde revisar lo que te pasa, ajustar herramientas y no sentir que todo depende, una vez más, de que improvises mejor. Echa un vistazo en este enlace aquí

También puedes reservar una Sesión de claridad si prefieres contarme tu caso de forma más directa: Acceso a mi calendario

¿Te has reconocido en alguna de estas señales? Cuéntamelo en los comentarios — me ayuda saber qué os pesa más antes de que llegue el verano.

Mi hijo no me hace caso: Qué hacer para recuperar autoridad sin gritos

Hay una escena que se repite en muchas casas: dices “vamos”, “recoge”, “ponte los zapatos”, “apaga la tele”… y tu hijo parece que no te oye. Lo repites una vez más. Nada. Te notas subiendo el tono, y en algún punto aparece el grito o la amenaza.

Después llega el desgaste. La culpa. Y esa duda incómoda: “¿Cómo recupero autoridad sin convertirme en alguien que no quiero ser?”

Vamos a partir de una idea que cambia el enfoque y, sobre todo, cambia el resultado.

Autoridad no es que te obedezcan por miedo.
Autoridad es liderazgo: saber cómo corregir y cómo conseguir un resultado bueno para todos.
“Confío en ti para resolver esto.”

Cuando tu hijo confía en tu liderazgo, coopera más. No porque sea “fácil”, sino porque siente que hay un adulto al mando que sabe qué hacer, incluso cuando hay enfado, cansancio o resistencia.

Por qué “mi hijo no me hace caso” no siempre es un desafío

Lo primero es no confundir “no responde” con “me reta”. A veces tu hijo no hace caso porque está absorbido por el juego, porque le cuesta cambiar de tarea, porque tiene hambre o sueño, o porque está frustrado y su cabeza se queda atascada en el “no quiero”.

Y sí, a veces también está probando límites. Eso es parte del crecimiento. De hecho, muchas veces lo que un niño está comprobando con su oposición es algo muy básico: si tú sostienes el rumbo cuando él se desordena por dentro.

Cuando lo interpretamos como una batalla de poder, respondemos como si estuviéramos en un pulso. Subimos el volumen, damos explicaciones largas, amenazamos… y normalmente obtenemos justo lo que no queremos: más resistencia, más tensión y menos cooperación.

La alternativa es el liderazgo claro: pocas palabras, presencia y acciones consistentes.

La clave que casi nadie tiene en cuenta: expectativas según etapa madurativa

Hay una pregunta que te ahorra muchísimos gritos:

“¿Mi hijo puede hacer esto a esta edad, hoy, en este momento?”

Porque una cosa es que un niño “sepa” algo, y otra que sea capaz de hacerlo cuando está cansado, excitado, frustrado o delante de una pantalla. La madurez no es lineal. Y si tú exiges autocontrol de adulto a un cerebro que todavía está construyendo ese autocontrol, el choque es inevitable.

Por eso, recuperar autoridad sin gritos pasa por ajustar tres piezas a cada etapa:

  • lo que pueden hacer de verdad,
  • lo que todavía les cuesta,
  • y lo que les ayuda a colaborar.

Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

De 1 a 3 años: cuando “mi hijo no hace caso” suele ser inmadurez, no desobediencia

En esta etapa, “hacer caso” rara vez significa obedecer desde lejos y a la primera. Su atención es limitada, su capacidad de esperar es mínima, y cambiar de una actividad a otra puede resultarles muy difícil.

Lo que sí pueden hacer: seguir indicaciones muy simples cuando el adulto está cerca, y empezar a colaborar si se les guía paso a paso. Lo que les cuesta: parar de golpe, cambiar de tarea sin protestar y regular el impulso de “quiero esto ya”.

En esta etapa, tu autoridad se ve sobre todo en el cuerpo, no en el discurso. Funciona mucho más acercarte que repetir. Funciona más sostener la acción que explicar por qué hay que hacerlo.

Imagínalo así: tú no estás “mandando”. Estás guiando físicamente el paso siguiente. “Ahora zapatos” y le ayudas a empezar. No estás cediendo: estás siendo el soporte que su madurez todavía necesita.

Aquí el liderazgo se nota en que tú no entras en una negociación eterna. Entras, lo acompañas, y se hace. Con calma. Con firmeza.

De 3 a 6 años: “puedo, pero me cuesta” (y lo discuto)

Entre los tres y los seis aparece con fuerza el “yo”. Quieren autonomía, quieren decidir, y a la vez tienen una tolerancia a la frustración todavía pequeña. Por eso muchas veces no es que “no te hagan caso”: es que el cambio les da rabia, o la norma les parece injusta, o están tan metidos en lo que les gusta que no quieren soltarlo.

Lo que sí pueden hacer: colaborar en rutinas sencillas, recoger con supervisión, responder mejor si la consigna es clara. Lo que les cuesta: parar una actividad agradable, esperar, y aceptar un “no” sin enfadarse.

Aquí ayuda muchísimo que tu liderazgo tenga dos ingredientes: anticipación y elección limitada. Anticipación significa que no caes encima con el límite de golpe, sino que avisas con claridad: “En dos minutos nos vamos” o “Cuando termine este capítulo, se apaga”. Elección limitada significa que no negocias si se apaga o no se apaga, pero sí ofreces un pequeño margen de control: “¿Lo apagas tú o lo apago yo?” o “¿Vamos andando o te llevo en brazos?”

Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

Ese tipo de elección no debilita tu autoridad. Al revés: reduce el choque porque tu hijo siente que participa sin controlar la decisión principal.

En esta etapa también hay algo importante: cuanto más largas son tus explicaciones, menos efecto tienen. Una frase corta, repetida siempre igual, funciona mejor que un discurso distinto cada día.

Aquí el liderazgo se nota en que tú no entras en una negociación eterna. Entras, lo acompañas, y se hace. Con calma. Con firmeza.

Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

De 6 a 9 años: la autoridad se construye en el sistema, no en el momento

En primaria muchos niños ya “pueden” hacer bastantes cosas. El problema suele ser otro: hábitos, constancia, distracciones y, en muchos casos, una dinámica familiar donde se ha instalado el “pídemelo mil veces”.

A esta edad pueden responsabilizarse de tareas pequeñas, entender normas y consecuencias, y colaborar más si el ambiente es previsible. Pero todavía les cuesta sostener hábitos sin estructura adulta. Necesitan recordatorios, supervisión y rutinas estables, aunque por fuera parezcan muy mayores.

Aquí tu liderazgo se vuelve mucho más eficaz cuando dejas de pelear en el momento y pasas a crear reglas simples del sistema familiar. Por ejemplo: “En esta casa, la pantalla va después de deberes y ducha.” No lo decides cada día. No depende de tu humor. Es una norma del hogar. Y cuando algo es norma, tú no estás discutiendo: estás aplicando.

Esto es autoridad madura: no es intensidad, es coherencia. Tu hijo aprende que contigo hay un marco estable. Y ese marco reduce el conflicto.

En esta etapa también funciona bien que el niño sienta que forma parte del equipo. No como discurso bonito, sino como realidad: “Aquí todos colaboramos. Yo te ayudo, y tú también aportas.” Cuando el niño se siente competente, coopera más.

De 9 a 12 años: si no hay respeto mutuo, no hay influencia

En la preadolescencia la autoridad cambia de forma. La obediencia ciega pierde fuerza, y la relación gana peso. Si tu hijo se siente tratado con injusticia o con control, es más probable que resista. Si se siente escuchado, respetado y tomado en serio, coopera más, aunque no le guste la norma.

A esta edad pueden entender acuerdos, anticipar consecuencias y asumir más responsabilidad. Pero también necesitan autonomía. Y cuando sienten que se les trata como pequeños, lo pelean.

Aquí el liderazgo se parece más a esto: “Yo marco el marco. Tú tienes voz dentro de ese marco.” Es decir, no negocias lo esencial (horarios, pantallas, normas de respeto), pero sí puedes negociar cómo lo van a hacer, qué necesitan, qué opciones hay para cumplirlo.

Una frase clave para esta etapa podría ser: “Lo vamos a resolver juntos, pero yo soy quien decide lo importante.” Eso baja la guerra sin bajar tu autoridad.

Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

Qué hacer en el momento sin gritar: el guion que más funciona

Cuando estás en pleno “no me hace caso”, el objetivo no es ganar una discusión. El objetivo es volver al liderazgo. Y el liderazgo se sostiene mejor con acciones simples que con palabras.

El guion suele ser:

Te acercas. Dices su nombre. Das una instrucción corta. Nombras lo que le pasa (“ya sé que da rabia parar”) y sostienes el límite (“y toca parar”). Si no se mueve, acompañas la acción: empiezas con él, lo ayudas a empezar o aplicas la consecuencia prevista sin sermón.

En muchos casos, lo que marca la diferencia es dejar de pedir desde lejos y dejar de repetir. Repetir desgasta tu autoridad. Acompañar y actuar la fortalece.

Tu autoridad crece cuando tu hijo ve que contigo las cosas se resuelven, no se eternizan.

Dos errores comunes que debilitan tu autoridad (sin que te des cuenta)

El primero es repetir hasta explotar. Eso enseña que tu voz normal no importa y que solo hay que moverse cuando estás al límite. El niño se acostumbra a esperar, y tú te acostumbras a apretar.

El segundo es improvisar consecuencias en caliente. Cuando la consecuencia sale de la rabia, suena a castigo. Y el castigo genera más resistencia.

La alternativa es sencilla: menos repeticiones y consecuencias más predecibles. Que tu hijo sepa qué pasa cuando no coopera, sin necesidad de drama.

Aquí te dejo un único módulo breve de apoyo, para aterrizarlo:

  • Di la instrucción una vez, cerca y con calma.
  • Si no hay respuesta, acompaña la acción (ayudar a empezar o aplicar la consecuencia prevista).
  • Mantén pocas palabras: el tono y la coherencia enseñan más que el discurso.
  • Repara si gritas, pero no quites el límite.

Si ya has gritado: cómo reparar sin perder el liderazgo

Gritar no te convierte en mala madre o mal padre. Te convierte en un ser humano cansado. Lo importante es qué haces después.

Reparar no es hundirte ni pedir perdón con dramatismo. Reparar es asumir y volver al rumbo. Una frase simple puede ser suficiente: “Antes he hablado gritando. No quiero hacerlo así. Lo siento. Ahora seguimos.”

Esa reparación no te quita autoridad. Te la da, porque tu hijo ve que sabes corregirte y reconducir la situación. Eso también es liderazgo.

Lo que veo una y otra vez en las familias (y que sí tiene solución)

Recuperar autoridad sin gritos no va de encontrar la frase perfecta. Va de sostener un estilo: cercano, claro y consistente. También de ajustar expectativas a la edad. Pero sobre todo de no convertir cada límite en un debate, sino de que tu hijo sienta algo muy concreto: que contigo, incluso cuando hay conflicto, las cosas se encauzan.

En mi experiencia acompañando a familias, casi siempre empieza igual: llegan agotadas, con la sensación de que todo el día es repetir, insistir, negociar… y que al final solo “funciona” el grito, la amenaza o rendirse. Muchas madres y padres me dicen algo como: “No quiero educar así, pero no sé cómo hacer que me tome en serio”.

Y lo más interesante es que, cuando miramos de cerca, no suele ser un problema de “niños malos” ni de “padres sin autoridad”. Suele ser una combinación muy humana: expectativas que no encajan con la etapa del niño, rutinas poco sostenibles para el día a día real, y un nivel de cansancio tan alto que cualquier pequeña resistencia se vive como un ataque personal.

Autoridad que se nota en casa

Te pongo un ejemplo típico (sin detalles personales, solo para que te suene). Una familia con un niño de 5 años: cada mañana era una batalla. Vestirse, desayunar, salir de casa… todo acababa con prisas y gritos. Cuando lo trabajamos, vimos que el niño no “pasaba” de sus padres: se enganchaba al juego y le costaban muchísimo las transiciones.

Los padres, por su parte, iban ya con el reloj en la nuca y con el cuerpo tenso desde que abrían los ojos. Ajustamos dos cosas muy simples: menos órdenes desde lejos, un orden de pasos fijo (siempre igual) y un margen pequeño de elección (“¿te pones primero camiseta o pantalón?”). También reducimos palabras en el momento y aumentamos la presencia: acercarse, mirar, tocar suavemente, guiar el primer paso. No se transformó en una mañana perfecta de película, pero sí dejó de ser una guerra diaria. Y cuando baja la guerra, aparece algo muy valioso: colaboración.

Eso es lo que busco cuando acompaño a familias: que recuperéis liderazgo sin gritos, con un marco claro, realista y sostenible. No porque la crianza tenga que ser “fácil”, sino porque la convivencia no tiene por qué ser un campo de batalla.

Si al leer esto te has visto reflejada/o, quédate con esta idea: tu hijo no necesita que seas perfecto. Necesita que sepas reconducir. Y eso se aprende.

Por supuesto no es tan simple como esto, o quizá sí. Quizá hay algo, un matiz que no estás haciendo bien, en tu tono, tu energía, las dinámicas que ya están instauradas y que no ayudan.

Para aterrizarlo en tu casa (sin hacerlo perfecto)

Si leyendo esto te has dado cuenta de que el problema no es “mi hijo” ni “yo”, sino una dinámica que se repite, ese ya es un paso enorme. En el acompañamiento que hago con familias suelo ver lo mismo: cuando ajustamos expectativas a la edad y ponemos un plan simple para los momentos críticos (mañanas, pantallas, rutina de noche), baja el conflicto y vuelve la cooperación.

Si te apetece trabajarlo con guía, aquí tienes dos opciones, sin presión: puedes ver en qué consiste mi Programa Armonía Familiar (4 meses para cambiar dinámicas concretas en casa, con estructura y seguimiento) o reservar una Sesión de claridad para que miremos tu caso y te lleves un primer enfoque claro.

Sigue leyendo

Si este tema te resuena, aquí tienes otros artículos que te pueden ayudar a sostener límites y mejorar la cooperación en casa:

Si sientes que lo estás intentando todo y aun así la dinámica se repite, casi siempre hay un par de ajustes concretos (en el momento, el tono y las rutinas) que cambian el resultado. Eso es lo que trabajamos en el caso real, con tu familia.

FAQs

¿Es normal que mi hijo “no me haga caso” aunque yo sea firme?

Sí. Sobre todo en edades pequeñas y en momentos de cansancio, hambre, pantallas o cambios de rutina. La firmeza ayuda, pero la madurez del niño y el contexto mandan mucho. Lo importante es que tu respuesta sea consistente: pocas palabras, cercanía y acompañar la acción sin entrar en lucha.

¿Cuántas veces tengo que repetir antes de “actuar”?

Cuantas menos, mejor. Repetir muchas veces enseña que tu primera frase no cuenta. Una pauta útil es: lo dices una vez, te acercas, lo sostienes y acompañas. Si no hay respuesta, ayudas a empezar o aplicas la consecuencia prevista (sin sermón).

¿Y si mi hijo se enfada muchísimo cuando pongo límites?

Es bastante común. En muchas etapas, frustrarse forma parte del aprendizaje. El objetivo no es evitar que se enfade, sino sostener el límite sin humillar y sin perderte tú. Con el tiempo, el niño aprende que puede enfadarse sin que eso cambie la norma.

¿Poner consecuencias es lo mismo que castigar?

No. Una consecuencia es algo previsible y relacionado con la situación (“si no recogemos, no sacamos otro juego”; “si no te vistes, te ayudo yo y salimos igual”). Un castigo suele salir de la rabia y busca “que aprenda” a través del mal rato. El tono y la intención cambian todo.

¿Qué hago si solo me hace caso cuando grito?

Eso suele ser un hábito: el niño se ha acostumbrado a reaccionar ante el sobresalto. Para cambiarlo, necesitas que tu voz normal “tenga peso” a través de coherencia: acercarte, decirlo poco, acompañar y sostener. Al principio puede haber más protesta porque el sistema está cambiando, pero si vuelves al grito como salida, el patrón se refuerza.

¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?

Cuando sientes que la convivencia está siempre tensa, que estás gritando más de lo que te gustaría, que cada día acaba en lucha o que la dinámica os está desgastando como familia. Acompañar no es “porque no puedes”; es porque quieres una forma más clara y más humana de sostener tu casa.

Si te apetece, puedes escuchar el episodio relacionado con este tema (si lo tienes) y observar durante una semana un solo cambio: menos repeticiones, más cercanía, y sostener el límite con pocas palabras.

Y si quieres que lo aterricemos en tu caso (edad de tu hijo, momentos más difíciles, qué es lo que más se repite en casa), en el Programa Armonía Familiar trabajo contigo para que tengas un plan claro y aplicable, sin tener que estar “inventando” cada día cómo hacerlo.

Qué es el apego seguro y por qué es importante

El apego seguro es la primera relación que un niño establece y define su forma de relacionarse con el mundo. Investigadores como John Bowlby y Mary Ainsworth, pioneros de la Teoría del Apego, demostraron que los niños cuyas necesidades son atendidas de manera constante y sensible desarrollan un apego seguro, que les permite construir relaciones estables y gestionar sus emociones a lo largo de la vida.

¿Qué es el Apego Seguro y Por Qué es Tan Importante?

Armonía y desarrollo emocional saludable
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Cuando los padres responden de forma cariñosa y constante, el niño aprende que puede confiar en los demás y en sí mismo. Un apego seguro se desarrolla cuando el niño siente que tiene una “base segura” a la que recurrir en situaciones de estrés. Esta confianza básica influye en su autopercepción y en cómo afronta los desafíos a lo largo de su vida.

Por el contrario, cuando el apego es inseguro (ya sea por falta de respuestas adecuadas, desapego emocional o conductas inconsistentes), el niño tiende a desarrollar patrones de comportamiento defensivos.

Según estudios como los de Hazan y Shaver, el apego inseguro puede dar lugar a dificultades en la vida adulta, tales como baja autoestima, problemas en las relaciones y una alta sensibilidad al rechazo. La capacidad de autorregulación emocional se ve comprometida, y en muchos casos, aparecen problemas de ansiedad o dependencia emocional.

Tipos de Apego y su Impacto en el Desarrollo Infantil y Adulto

  • Apego Seguro: Estos niños se sienten confiados explorando el mundo, sabiendo que tienen un refugio emocional. Como adultos, tienden a desarrollar relaciones satisfactorias y una autoconfianza robusta.
  • Apego Evitativo: Los niños que experimentan rechazo o desapego pueden aprender a esconder sus emociones. En la adultez, esto se traduce en dificultades para expresar sentimientos y una tendencia a evitar la intimidad.
  • Apego Ambivalente: La inconsistencia en las respuestas del cuidador genera ansiedad en el niño. En la adultez, esta inseguridad se manifiesta como necesidad de aprobación y miedo al rechazo.

Cada tipo de apego refleja cómo una relación temprana con el cuidador influye en la percepción y el manejo emocional de una persona, afectando su salud emocional y sus relaciones.

Como el estilo de apego influye en nuestra forma de educar

Los estilos de apego que desarrollamos en la infancia influyen profundamente en nuestras relaciones de pareja y en la forma en que nos relacionamos con nuestros hijos, afectando nuestra dinámica emocional en el día a día.

Nuestro sistema de apego tiene un impacto directo en la vida emocional de nuestros hijos. Los patrones que hemos internalizado desde la infancia se reflejan en cómo respondemos a las necesidades emocionales de nuestros pequeños.

Por ejemplo, un padre con apego seguro es más propenso a brindar apoyo y validación, lo que ayuda a su hijo a desarrollar una autoestima saludable y habilidades para gestionar emociones.

En contraste, un padre con apego evitativo puede llevar a su hijo a sentir que sus emociones son irrelevantes, creando inseguridades que pueden persistir hasta la adultez. Así, el estilo de apego que cultivamos no solo moldea nuestras relaciones personales, sino que también deja una huella profunda en el desarrollo emocional de nuestros hijos.

Un sistema de apego inseguro influye notablemente en nuestras relaciones de adultos. Por ejemplo, quienes crecieron con un apego evitativo tienden a evitar la intimidad y les cuesta expresar sus emociones; suelen mantenerse distantes y proteger su independencia a toda costa. Los adultos con un apego ambivalente, en cambio, pueden mostrar ansiedad excesiva en sus relaciones, sintiendo una constante necesidad de aprobación y miedo al abandono.

Perfiles de Padres según el Estilo de Apego:

  • Apego Seguro: Padres que son emocionalmente disponibles, responden a las necesidades de sus hijos de manera consistente y equilibrada, fomentando confianza y autonomía.
  • Apego Evitativo: Padres que evitan la cercanía emocional y tienden a ser menos afectivos, lo que puede hacer que sus hijos aprendan a suprimir sus propias emociones.
  • Apego Ambivalente: Padres que muestran respuestas impredecibles y tienden a ser sobreprotectores, generando en sus hijos una mezcla de dependencia y ansiedad.

Estos estilos, que se reflejan en la forma de criar, pueden también perpetuar patrones de apego inseguro en los hijos, afectando su capacidad para mantener relaciones estables en la adultez. En mi próximo taller, exploraremos estrategias para que los padres desarrollen un estilo de apego seguro, promoviendo vínculos sanos y estables en su familia. ¡Reserva tu plaza y empieza a construir esta base emocional sólida!

Apego y relaciones adultas

Los adultos con apego seguro suelen ser los más equilibrados en sus relaciones. Son capaces de comunicar sus emociones y establecer límites saludables.

Por ejemplo, en una discusión de pareja, una persona con apego seguro podría expresar sus sentimientos y necesidades sin miedo a la confrontación. Esto fomenta un ambiente de confianza y apertura.

En la crianza, estos padres brindan un apoyo constante, respondiendo adecuadamente a las necesidades de sus hijos. Por ejemplo, si un niño llega a casa triste después de un mal día en la escuela, un padre con apego seguro se sentará a hablar con él, validando sus sentimientos y ofreciéndole consuelo, lo que fortalece el vínculo emocional.

En contraste, quienes presentan apego evitativo tienden a mantener cierta distancia emocional en sus relaciones. Pueden parecer desinteresados o incómodos al discutir temas profundos. Por ejemplo, en una relación de pareja, pueden evitar el compromiso o mostrar desdén por la necesidad de conexión emocional. Esta misma actitud se refleja en su crianza: un padre evitativo puede descuidar las emociones de su hijo, pensando que la independencia es más importante que la conexión emocional. Un niño en esta situación podría aprender a no pedir ayuda o apoyo, suprimendo sus emociones y sintiendo que debe lidiar con sus problemas solo.

Por otro lado, los adultos con apego ambivalente suelen ser muy dependientes emocionalmente de sus parejas. Pueden presentar comportamientos ansiosos, buscando constantemente la aprobación del otro. En un conflicto, una persona con este tipo de apego puede reaccionar con desproporción, temiendo un abandono inminente. Esta ansiedad puede extenderse a su relación con los hijos; por ejemplo, un padre ambivalente podría ser sobreprotector, incapaz de permitir que su hijo asuma riesgos o explore su entorno por miedo a que le pase algo malo. Esto puede llevar al niño a desarrollar inseguridades y una falta de confianza en sus propias capacidades.

Aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional.

Cada estilo de apego no solo determina cómo nos relacionamos con nuestras parejas, sino que también establece un patrón que se transmite a la próxima generación. Reconocer estos patrones es el primer paso para crear un ambiente familiar más saludable y enriquecedor, donde tanto padres como hijos puedan crecer emocionalmente en un entorno de confianza y seguridad.

Cómo Fomentar un Apego Seguro en el Día a Día

  1. Responde de Manera Sensible y Empática: La consistencia es clave. Cuando el niño sabe que sus necesidades emocionales y físicas serán atendidas, se siente seguro. Esto no significa responder de forma inmediata a cada llanto, sino mostrar disponibilidad y apoyo.
  2. Crea Rutinas de Conexión: Las rutinas son una poderosa herramienta para fortalecer el vínculo. Actividades como leer un cuento antes de dormir o establecer una “hora de charla” al final del día pueden dar estructura emocional, ayudando al niño a sentirse más seguro.
  3. Valida las Emociones: La validación es crucial en el desarrollo emocional. Cuando el niño expresa miedo, frustración o tristeza, evita trivializarlo. Ayudarle a nombrar sus emociones le permite comprender y regular sus sentimientos, una habilidad que será crucial en su vida adulta.
  4. Promueve la Exploración Independiente: Dar espacio para que el niño explore y se equivoque en un ambiente seguro fortalece su autoconfianza. Estar disponible cuando lo necesita le da la seguridad de que siempre tiene un respaldo emocional, ayudándole a enfrentarse al mundo con confianza.
Armonía y desarrollo emocional saludable
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Efectos a Largo Plazo de un Apego Seguro

La conexión emocional estable que fomenta el apego seguro tiene implicaciones duraderas. Las investigaciones indican que los niños con apego seguro presentan menos problemas de conducta y una mayor capacidad para resolver conflictos. Al crecer, tienden a ser adultos emocionalmente resilientes y capaces de mantener relaciones de pareja sanas, ya que la base emocional creada en su infancia les permite afrontar el rechazo o los conflictos con menos ansiedad.

Por otro lado, aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional. El psicólogo Philip Shaver mostró que los adultos con un apego inseguro reportan mayores niveles de ansiedad y son más propensos a tener dificultades en sus vínculos.

La Inversión en el Apego Seguro, un Legado Emocional

Fomentar un apego seguro es una inversión en el bienestar emocional a largo plazo de tu hijo. Pequeños gestos cotidianos pueden marcar una diferencia profunda en su vida, proporcionándole las herramientas necesarias para gestionar sus emociones, establecer relaciones saludables y desarrollar una imagen positiva de sí mismo. Como padres y cuidadores, tenemos la oportunidad de crear esta “base segura” y de ser el soporte emocional que les ayudará a crecer fuertes y equilibrados.


Apego Seguro: Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

El apego seguro: más allá de la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección es una de las cuestiones más frecuentes en la educación respetuosa. La crianza con apego suele generar debates apasionados. Muchas veces escucho comentarios como “el apego está bien, pero solo en su justa medida” o “hay que dar apego, pero sin pasarse”. Uno de los mitos más comunes es que criar con apego equivale a sobreproteger, y nada podría estar más alejado de la realidad. Facilitar un apego seguro es, en realidad, ofrecerle a nuestros hijos la confianza y seguridad necesarias para que, a medida que crecen, deseen y busquen la independencia.

Un niño que ha desarrollado un sistema de apego seguro comienza a expresar su deseo de autonomía desde temprana edad, a menudo a los dos o tres años. De repente, nuestro hijo empieza a demandar hacer las cosas por sí mismo: elegir su ropa, decidir cuándo y qué comer, o resolver pequeños problemas sin intervención. Este comportamiento, que puede resultar desafiante, es en realidad una señal positiva: es el reflejo de un apego seguro y saludable que fomenta su desarrollo.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

La gran confusión: apego no significa sobreprotección

A las mamás que practicamos la crianza con apego se nos tacha de ser demasiado protectoras. Proteger y cuidar son esenciales para construir un apego seguro, pero también lo es facilitar la autonomía. Como destaca el psiquiatra infantil Donald Winnicott, una “madre lo suficientemente buena” responde a las demandas de su hijo sin interferir en su exploración.

Durante los primeros meses, los bebés necesitan de nuestra cercanía para sentirse seguros y regulados emocionalmente, especialmente en situaciones de angustia, como la famosa “angustia por separación” que surge alrededor de los nueve meses. Esta fase de protección inicial es esencial, pero para fomentar un apego seguro, también es crucial saber cuándo dar espacio para que el niño explore.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Apego y exploración: dos sistemas que se complementan

La psicología del apego nos muestra que los niños están dotados de dos sistemas: el de apego y el de exploración, los cuales funcionan de forma alternativa. Cuando un niño se siente seguro, su sistema de apego se desactiva y su sistema de exploración se activa. En estos momentos, su curiosidad por el mundo es máxima. En cambio, si se siente inseguro o ansioso, su sistema de apego se activa, y su necesidad es volver a su base segura, a sus padres. Así, el niño aprende que puede explorar el mundo y regresar en busca de consuelo cuando lo necesite, un balance que fomenta tanto su autonomía como su confianza.

Para los padres, esto implica encontrar el equilibrio entre proteger y permitir. Esto significa acompañar a nuestro hijo sin intervenir en sus intentos por descubrir el mundo. Si le damos espacio para experimentar, desarrollará la confianza para enfrentar desafíos, un pilar fundamental para convertirse en un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo fomentar la autonomía sin perder la conexión

Algunas madres pueden preguntarse: ¿entonces dejo que mi hijo corra riesgos? La respuesta es sí, pero con límites. Un niño que intenta trepar a un lugar alto puede necesitar supervisión para evitar lesiones graves, pero no deberíamos intervenir constantemente. Podemos colocarnos cerca, listos para ayudar si es necesario, pero evitando ofrecer ayuda hasta que el niño lo solicite. Este enfoque permite que el niño se sienta competente y apoyado a la vez.

Esta capacidad de responder a las necesidades cambiantes del niño es lo que define un apego seguro. Si tu hijo te pide ayuda, dale seguridad; si te muestra señales de querer autonomía, respétala. Este delicado balance entre protección y autonomía permite que el niño desarrolle una autoestima fuerte y una capacidad de autorregulación que perdurará en la vida adulta.

El fin último del apego seguro: desarrollar el potencial de tu hijo

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección
Apego seguro es fortalecer su independencia

El objetivo de fomentar un apego seguro es que nuestros hijos puedan desarrollar todo su potencial. Darles seguridad no siempre implica protegerlos, sino también dejarlos experimentar y aprender por sí mismos. Esto puede significar dejarlos decidir, respetar su deseo de independencia y estar allí para ellos cuando lo necesiten.

En la crianza con apego, los límites son importantes, pero también lo es saber cuándo ceder espacio. Observa a tu hijo, escucha sus señales, y descubrirás que constantemente te está indicando lo que necesita.

Crear un entorno seguro desde el apego significa ser un refugio al que siempre pueda regresar, sin dejar de impulsarlo a descubrir el mundo. Es este equilibrio lo que le permitirá crecer como un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

Para comprender cómo la sobreprotección puede afectar el desarrollo de los sistemas de apego, es fundamental analizar investigaciones clave en el campo del desarrollo infantil y la psicología del apego. A lo largo de los años, estudios científicos han confirmado que los extremos en la protección y la independencia pueden llevar a patrones de apego inseguros en los niños, como el apego ansioso y el evitativo.

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La sobreprotección y el Apego Ansioso

El apego ansioso es un estilo que surge cuando el niño percibe la presencia del cuidador como inconsistente. Mary Ainsworth, investigadora pionera en la Teoría del Apego, identificó este patrón en su famoso experimento de la “Situación Extraña”, donde observó que los niños con apego ansioso reaccionaban con extrema ansiedad ante la separación y buscaban constantemente la aprobación y cercanía del cuidador al regresar.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cuando los padres son excesivamente protectores, el niño recibe el mensaje de que el mundo es peligroso y que necesita de sus padres para resolver cualquier desafío, lo cual inhibe el desarrollo de la autonomía.

Qué dicen los expertos

Según un estudio publicado en la revista Child Development, los niños sobreprotegidos suelen mostrar una mayor dependencia emocional y menor capacidad para gestionar el estrés en comparación con aquellos que han tenido la oportunidad de explorar y resolver problemas por sí mismos. Esta falta de confianza en sus propias habilidades fomenta el apego ansioso, donde el niño teme la separación y experimenta una necesidad constante de proximidad y validación.

Un ejemplo de esto en la vida diaria es cuando un niño intenta resolver un problema simple, como atarse los zapatos, y el padre interviene constantemente. Aunque la intención es evitar la frustración, el mensaje implícito es que el niño no es capaz de hacerlo solo, lo cual alimenta su inseguridad y dependencia.

El Apego Evitativo como respuesta a la inhibición emocional

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Apego Evitativo

El apego evitativo, por otro lado, surge cuando los padres son emocionalmente distantes o inconsistentes en su respuesta a las necesidades afectivas del niño. En este caso, el niño aprende a reprimir sus emociones y a evitar la cercanía para no experimentar el rechazo.

Este patrón también puede resultar de un exceso de control parental, donde la autonomía del niño está constantemente restringida. Si un padre no permite al niño experimentar por temor a que algo malo ocurra, el niño puede desarrollar la idea de que expresar sus necesidades emocionales no es seguro o válido. Con el tiempo, este niño puede volverse emocionalmente distante, desconectado de sus propias emociones y evitar la intimidad en sus relaciones futuras.

La ciencia del balance entre protección y autonomía

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Para promover un apego seguro, los estudios coinciden en que es esencial que los padres encuentren un equilibrio entre protección y autonomía. La investigadora Alison Gopnik, en su libro The Gardener and the Carpenter, destaca la importancia de permitir que los niños exploren y enfrenten pequeños desafíos a su ritmo. Gopnik explica que los padres deben actuar como “jardineros”, proporcionando un entorno seguro y de apoyo que permita a los niños desarrollarse naturalmente y a su propio ritmo, en lugar de ser “carpinteros” que buscan esculpir al niño controlando cada aspecto de su entorno.

Esta metáfora refleja la importancia de dejar espacio para la exploración dentro de un marco seguro. Cuando los padres responden a las necesidades emocionales de sus hijos sin controlar todos los aspectos de su desarrollo, el niño aprende a confiar en sí mismo y en sus habilidades. De este modo, el apego seguro se convierte en una base sólida desde la cual el niño puede explorar el mundo sin miedo, sabiendo que siempre puede regresar a su base segura.

Evitar la sobreprotección para fomentar un Apego Seguro

La sobreprotección, aunque bien intencionada, puede inhibir el desarrollo emocional saludable de los niños y llevar a patrones de apego inseguros. Proteger es una parte importante del apego seguro, pero solo cuando se combina con la oportunidad de explorar y aprender de manera independiente. Los estudios en desarrollo infantil sugieren que cuando los padres equilibran el apoyo emocional con la promoción de la autonomía, los niños desarrollan un apego seguro que les permite afrontar el mundo con confianza y resiliencia.

Al comprender cómo nuestras respuestas como padres pueden influir en los estilos de apego de nuestros hijos, podemos ayudarles a construir relaciones saludables y a crecer como individuos seguros y emocionalmente equilibrados. La clave está en observar y responder a las señales de nuestros hijos, reconociendo cuándo necesitan protección y cuándo es el momento de dar un paso atrás y permitirles explorar.

Si este artículo te ha resultado útil o te ha brindado una nueva perspectiva sobre el apego seguro, no dudes en compartirlo en tus redes o dejar un comentario con tus propias experiencias. ¡Tu historia también es importante en esta comunidad de padres que desean lo mejor para sus hijos!


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Comienza la nueva etapa sin estrés

Comienza la nueva etapa sin estrés

En este artículo encontrarás las claves para comenzar esta nueva etapa sin estrés.

Cómo puedes empezar la nueva etapa sin estrés

Septiembre es un momento que nos pide cambios. Tanto si tienes hijos como si no, si ya has vuelto de vacaciones o si sigues en ellas. Parece que todo vuelve a la vida en este amado y odiado mes. Pero empezar la nueva etapa sin estrés es posible.

En este loco 2020 todavía más. La vida como la conocíamos es historia. Toca reinventarse con lo que viene, que no sabemos lo que es. Por eso más que nunca debemos ser flexibles con los cómos pero inflexibles con los qués.

Las madres tenemos un reto doble. No sólo es nuestra vida la que se tiene que acoplar, sino la vida de nuestros hijos.

No importan las decisiones que tomemos, no importa lo que nos gustaría que ocurriese. Lo único que podemos hacer es adaptarnos a lo que hay sin perder el foco en lo que queremos.

Seguir jugando y adaptarnos a la realidad casi día a día.

¿Y cómo lo hago?

Todas sabemos que esta situación caótica está lejos de acabar.

Así que nos toca reinventarnos y comenzar lo mejor preparadas posible. Al menos en lo que sí podemos cambiar: nuestra actitud sobre lo que está pasando.

Hace unos días fue mi cumpleaños y yo misma hice un ejercicio de auto reflexión. Esto me ayudó mucho a darme cuenta de lo que necesito cambiar en mi propia vida.

Quiero compartirlo contigo porque te ayudará a comenzar esta etapa sin estrés, de la mejor manera posible. También te servirá para reflexionar sobre lo que está funcionando en tu vida y lo que no.

Ahora no es el tiempo para mirar para otro lado y dejar que la vida nos siga revolcando como una ola.

Este es el momento de ponerte las gafas, de atreverte a ver.

También para darte cuenta de que eres capaz de tener una actitud amorosa hacia la vida, hacia tus hijos y hacia ti misma. Eso es lo más importante.

Si estás dispuesta a ponerte manos a la obra, toma papel y lápiz, la tableta o abre una nota en tu teléfono. Porque te cuento como

1. CUESTIONA TODO

En primer lugar, cuestiona todo.

Soltar sí, pero ¿qué?. No hay que escapar o reaccionar, todas tenemos una responsabilidad. Pero para poder hacerme cargo de ella, tengo una cantidad limitada de energía.

Donde utilice esa energía, marcará la diferencia. Para eso primero tengo que mirar qué no está funcionando en mi vida y tomar decisiones.

Puedes empezar haciéndote estas preguntas.

¿Qué drena mi energía?

Estoy segura de que hay días en los que te levantas con toda la actitud. Tienes las cosas claras y vas a por el día.

Peeeero llega algo que te baja la moral hasta el sótano. ¿Qué es?

Quizá tu hijo no quiera vestirse. O te metes en redes sociales y empiezas a ver noticias. Puede que sea la báscula, el tráfico, tu jefe, pensar que tienes que ir a trabajar… Sólo piensa ¿qué es eso que te drena?.

Sólo toma nota. Ser consciente es el primer paso.

¿Qué me preocupa? ¿Qué pensamiento, miedo, situación está influyéndome negativamente?

En la cabeza de todas nosotras hay algo que a veces hasta prefiero no pensar. Puede ser por la pandemia, el gobierno no está haciendo su trabajo, puedo perder el mío, en casa mi hijo ve demasiados conflictos, no sé cómo hacer que mi hija coma de todo….

Todas estas preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa. Y son las más peligrosas si no las vemos, porque nos llevan a una sensación de impotencia y frustración que puede no ser tan real.

¿Qué relaciones, personas, dinámicas me sacan de mi centro? 

Esta pregunta no tiene nada que ver con los otros, tiene que ver contigo. ¿Con qué persona TÚ te sientes mal?, ¿cuando tienes una diferencia de opinión qué te saca de quicio a TI?, ¿qué comportamiento del otro es inaceptable para TI?.

No se trata de culpar o de justificar, se trata de saber qué no está funcionando para TI con otro. Y después que pienses qué puedes hacer TÚ para resolverlo, si hay algo que puedes hacer.

Las preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa

2. SUELTA

En segundo lugar, aprende a soltar.

Muchas de estas preocupaciones o situaciones no tienen solución. Lo único que puedes hacer es aprender a darte cuenta de cuando te metiste otra vez en el callejón sin salida. ¿Cómo salir? Como diría el psicólogo argentino Jorge Bucay “¡no sea boluda, saga por donde entró!”

Este es el camino de soltar.

Cuando te pilles pensando en algo que no depende de ti. Simplemente recuérdate que no puedes hacer nada para cambiar eso. Después enfoca tu energía en algo que sí puedas hacer, en algo práctico relacionado con la tarea que ese momento tengas delante.

Enfócate en el momento presente y baja de tu cabeza.

2. RESUELVE

En tercer lugar, ponte manos a la obra.

Muchas veces podrás hacer algo con las situaciones o las personas que te drenan. En ocasiones es una DECISIÓN lo que te sacará de ello, otras veces una ACCIÓN, otras el simple hecho de tener un PLAN.

Sea lo que sea que se requiera sólo da el primer paso, uno pequeño, pero uno cada día. Recorre el camino hacia la libertad.

Si no sabes por dónde empezar, puedo ayudarte. A veces una mirada externa puede marcar la diferencia. Un cambio de enfoque o un empujón puede darte el hilo del que tirar para empezar los cambios que mejorarán tu vida drásticamente.

A veces una mirada externa puede hacer toda la diferencia

3. CONFÍA

Tercero, aprende a confiar.

Un amplio porcentaje de lo que ocurre escapa a nuestro control. Tanto si puedes soltar la preocupación, a la persona, como si puedes trabajar sobre ello, lo importante es que desarrolles una cierta confianza en la vida.

Y sobre todo te ayudará la confianza en la idea de que pase lo que pase, encontrarás la manera de resolverlo.

A mi me ayuda repetirme la plegaria de la serenidad, que hicieron famosa los grupos de Alcohólicos Anónimos. También creo que en este momento puede ayudarte a ti. Dice así:

“Señor concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar. Valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar. Y sabiduría para entender la diferencia.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Plegaria_de_la_Serenidad

Esta frase puede ayudarte a pensar en qué categoría caen cada una de tus preocupaciones y problemas. Es un ejercicio que te dará enfoque para trabajar en lo que sí puedes lograr.

4. PIDE AYUDA

Y por último, lo más importante.

El error más grande que puedes cometer es querer hacerlo todo tú sola. Uno llega hasta donde llega, y tú has llegado hasta aquí. Eso te honra, has hecho lo mejor que has podido con lo que has sabido

Pero llega un momento en el que tenemos que dar un salto. Seguir intentando cosas no sirve. Esto sólo te drena, te agota y te hace sentir que nada está funcionando. Pero eso no es cierto. 

El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda. Todos tenemos un punto ciego que nos mantiene haciendo lo mismo una y otra vez. Otro punto de vista, una idea, una experiencia nueva puede darnos el impulso que necesitamos para resolver cualquier situación.

Además no te lo puedes permitir. Si eres madre, mucho está en juego. Cada grito, cada vez que te sientes molesta por tus hijos les estás mandando un mensaje erróneo. Esto afectará a su visión de sí mismos, su autoestima y su confianza.

Ellos no pueden permitirse que tú pierdas más tiempo. Es urgente que vuelvas a poner en marcha hábitos que te permitan dar lo mejor de ti misma. Pero también es importante que lo hagas sin estrés.

Ahora es tu momento. Aprovéchalo y comienza la nueva etapa sin estrés y con toda la actitud.

El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda

5. HAZ TU PLAN PASO A PASO

Si ya estás estresada con el regreso a la temporada de clases. Y tu vida ya empieza a ser un caos, estás enfadada y persiguiendo a tus hijos desde por la mañana. Y si al final del día acabas tan cansada que quieres que vuelvan las vacaciones, este taller es para ti.

Conseguirás:

  • Mejorar tus hábitos de autocuidado para tener más energía
  • Implementar rutinas saludables para toda la familia que te hagan la vida más fácil
  • Sentir que estás consiguiendo tus objetivos en tu trabajo y las tareas que te propones
  • No perder la motivación en dos días
  • Dar tu mejor versión a tus hijos

Te explico de que va en este video:

Este taller es uno de los que imparto cada mes  en mi Círculo de Mamás Online. Además de este taller las mamás del Círculo tienen una sesión mensual en directo. En esta sesión les ayudo personalmente en las situaciones complicadas del día a día con sus hijos.

También tenemos un grupo de Whatsapp y otro de Facebook donde pueden contarme lo que les preocupa en tiempo real.

Por sólo 1€ tendrás acceso inmediato al taller y si quieres quedarte en mi Círculo de Mamás Online. Después podrás renovar tu suscripción por 18€ al mes para asistir a la sesión grupal en directo y los talleres de octubre.

SÓLO PUEDES APUNTARTE HASTA EL MIÉRCOLES 16 DE SEPTIEMBRE. Si ves este post después, puedes ver la información del Círculo de mamás online en este enlace: https://mamaenequilibrio.com/circulo-mamas-online/

Descarga la guía gratuita

Para ir empezando desde ya, también puedes descargar mi guía GRATUITA Mamá en Equilibrio en 4 pasos. Con esta guía te enseñaré a que tus emociones negativas no marquen las dinámicas con tus hijos. También te enseño a que puedas rectificar a tiempo y perder menos la paciencia.

Descárgala de forma gratuita en este enlace: https://mamaenequilibrio.com/guia-gratuita-mama-en-equilibrio-en-4-pasos/

Comenzar una nueva etapa sin estrés es posible para ti. Espero verte en el taller y poder resolver tus dudas en directo