Qué es el apego seguro y por qué es importante

El apego seguro es la primera relación que un niño establece y define su forma de relacionarse con el mundo. Investigadores como John Bowlby y Mary Ainsworth, pioneros de la Teoría del Apego, demostraron que los niños cuyas necesidades son atendidas de manera constante y sensible desarrollan un apego seguro, que les permite construir relaciones estables y gestionar sus emociones a lo largo de la vida.

¿Qué es el Apego Seguro y Por Qué es Tan Importante?

Armonía y desarrollo emocional saludable
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Cuando los padres responden de forma cariñosa y constante, el niño aprende que puede confiar en los demás y en sí mismo. Un apego seguro se desarrolla cuando el niño siente que tiene una “base segura” a la que recurrir en situaciones de estrés. Esta confianza básica influye en su autopercepción y en cómo afronta los desafíos a lo largo de su vida.

Por el contrario, cuando el apego es inseguro (ya sea por falta de respuestas adecuadas, desapego emocional o conductas inconsistentes), el niño tiende a desarrollar patrones de comportamiento defensivos.

Según estudios como los de Hazan y Shaver, el apego inseguro puede dar lugar a dificultades en la vida adulta, tales como baja autoestima, problemas en las relaciones y una alta sensibilidad al rechazo. La capacidad de autorregulación emocional se ve comprometida, y en muchos casos, aparecen problemas de ansiedad o dependencia emocional.

Tipos de Apego y su Impacto en el Desarrollo Infantil y Adulto

  • Apego Seguro: Estos niños se sienten confiados explorando el mundo, sabiendo que tienen un refugio emocional. Como adultos, tienden a desarrollar relaciones satisfactorias y una autoconfianza robusta.
  • Apego Evitativo: Los niños que experimentan rechazo o desapego pueden aprender a esconder sus emociones. En la adultez, esto se traduce en dificultades para expresar sentimientos y una tendencia a evitar la intimidad.
  • Apego Ambivalente: La inconsistencia en las respuestas del cuidador genera ansiedad en el niño. En la adultez, esta inseguridad se manifiesta como necesidad de aprobación y miedo al rechazo.

Cada tipo de apego refleja cómo una relación temprana con el cuidador influye en la percepción y el manejo emocional de una persona, afectando su salud emocional y sus relaciones.

Como el estilo de apego influye en nuestra forma de educar

Los estilos de apego que desarrollamos en la infancia influyen profundamente en nuestras relaciones de pareja y en la forma en que nos relacionamos con nuestros hijos, afectando nuestra dinámica emocional en el día a día.

Nuestro sistema de apego tiene un impacto directo en la vida emocional de nuestros hijos. Los patrones que hemos internalizado desde la infancia se reflejan en cómo respondemos a las necesidades emocionales de nuestros pequeños.

Por ejemplo, un padre con apego seguro es más propenso a brindar apoyo y validación, lo que ayuda a su hijo a desarrollar una autoestima saludable y habilidades para gestionar emociones.

En contraste, un padre con apego evitativo puede llevar a su hijo a sentir que sus emociones son irrelevantes, creando inseguridades que pueden persistir hasta la adultez. Así, el estilo de apego que cultivamos no solo moldea nuestras relaciones personales, sino que también deja una huella profunda en el desarrollo emocional de nuestros hijos.

Un sistema de apego inseguro influye notablemente en nuestras relaciones de adultos. Por ejemplo, quienes crecieron con un apego evitativo tienden a evitar la intimidad y les cuesta expresar sus emociones; suelen mantenerse distantes y proteger su independencia a toda costa. Los adultos con un apego ambivalente, en cambio, pueden mostrar ansiedad excesiva en sus relaciones, sintiendo una constante necesidad de aprobación y miedo al abandono.

Perfiles de Padres según el Estilo de Apego:

  • Apego Seguro: Padres que son emocionalmente disponibles, responden a las necesidades de sus hijos de manera consistente y equilibrada, fomentando confianza y autonomía.
  • Apego Evitativo: Padres que evitan la cercanía emocional y tienden a ser menos afectivos, lo que puede hacer que sus hijos aprendan a suprimir sus propias emociones.
  • Apego Ambivalente: Padres que muestran respuestas impredecibles y tienden a ser sobreprotectores, generando en sus hijos una mezcla de dependencia y ansiedad.

Estos estilos, que se reflejan en la forma de criar, pueden también perpetuar patrones de apego inseguro en los hijos, afectando su capacidad para mantener relaciones estables en la adultez. En mi próximo taller, exploraremos estrategias para que los padres desarrollen un estilo de apego seguro, promoviendo vínculos sanos y estables en su familia. ¡Reserva tu plaza y empieza a construir esta base emocional sólida!

Apego y relaciones adultas

Los adultos con apego seguro suelen ser los más equilibrados en sus relaciones. Son capaces de comunicar sus emociones y establecer límites saludables.

Por ejemplo, en una discusión de pareja, una persona con apego seguro podría expresar sus sentimientos y necesidades sin miedo a la confrontación. Esto fomenta un ambiente de confianza y apertura.

En la crianza, estos padres brindan un apoyo constante, respondiendo adecuadamente a las necesidades de sus hijos. Por ejemplo, si un niño llega a casa triste después de un mal día en la escuela, un padre con apego seguro se sentará a hablar con él, validando sus sentimientos y ofreciéndole consuelo, lo que fortalece el vínculo emocional.

En contraste, quienes presentan apego evitativo tienden a mantener cierta distancia emocional en sus relaciones. Pueden parecer desinteresados o incómodos al discutir temas profundos. Por ejemplo, en una relación de pareja, pueden evitar el compromiso o mostrar desdén por la necesidad de conexión emocional. Esta misma actitud se refleja en su crianza: un padre evitativo puede descuidar las emociones de su hijo, pensando que la independencia es más importante que la conexión emocional. Un niño en esta situación podría aprender a no pedir ayuda o apoyo, suprimendo sus emociones y sintiendo que debe lidiar con sus problemas solo.

Por otro lado, los adultos con apego ambivalente suelen ser muy dependientes emocionalmente de sus parejas. Pueden presentar comportamientos ansiosos, buscando constantemente la aprobación del otro. En un conflicto, una persona con este tipo de apego puede reaccionar con desproporción, temiendo un abandono inminente. Esta ansiedad puede extenderse a su relación con los hijos; por ejemplo, un padre ambivalente podría ser sobreprotector, incapaz de permitir que su hijo asuma riesgos o explore su entorno por miedo a que le pase algo malo. Esto puede llevar al niño a desarrollar inseguridades y una falta de confianza en sus propias capacidades.

Aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional.

Cada estilo de apego no solo determina cómo nos relacionamos con nuestras parejas, sino que también establece un patrón que se transmite a la próxima generación. Reconocer estos patrones es el primer paso para crear un ambiente familiar más saludable y enriquecedor, donde tanto padres como hijos puedan crecer emocionalmente en un entorno de confianza y seguridad.

Cómo Fomentar un Apego Seguro en el Día a Día

  1. Responde de Manera Sensible y Empática: La consistencia es clave. Cuando el niño sabe que sus necesidades emocionales y físicas serán atendidas, se siente seguro. Esto no significa responder de forma inmediata a cada llanto, sino mostrar disponibilidad y apoyo.
  2. Crea Rutinas de Conexión: Las rutinas son una poderosa herramienta para fortalecer el vínculo. Actividades como leer un cuento antes de dormir o establecer una “hora de charla” al final del día pueden dar estructura emocional, ayudando al niño a sentirse más seguro.
  3. Valida las Emociones: La validación es crucial en el desarrollo emocional. Cuando el niño expresa miedo, frustración o tristeza, evita trivializarlo. Ayudarle a nombrar sus emociones le permite comprender y regular sus sentimientos, una habilidad que será crucial en su vida adulta.
  4. Promueve la Exploración Independiente: Dar espacio para que el niño explore y se equivoque en un ambiente seguro fortalece su autoconfianza. Estar disponible cuando lo necesita le da la seguridad de que siempre tiene un respaldo emocional, ayudándole a enfrentarse al mundo con confianza.
Armonía y desarrollo emocional saludable
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Efectos a Largo Plazo de un Apego Seguro

La conexión emocional estable que fomenta el apego seguro tiene implicaciones duraderas. Las investigaciones indican que los niños con apego seguro presentan menos problemas de conducta y una mayor capacidad para resolver conflictos. Al crecer, tienden a ser adultos emocionalmente resilientes y capaces de mantener relaciones de pareja sanas, ya que la base emocional creada en su infancia les permite afrontar el rechazo o los conflictos con menos ansiedad.

Por otro lado, aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional. El psicólogo Philip Shaver mostró que los adultos con un apego inseguro reportan mayores niveles de ansiedad y son más propensos a tener dificultades en sus vínculos.

La Inversión en el Apego Seguro, un Legado Emocional

Fomentar un apego seguro es una inversión en el bienestar emocional a largo plazo de tu hijo. Pequeños gestos cotidianos pueden marcar una diferencia profunda en su vida, proporcionándole las herramientas necesarias para gestionar sus emociones, establecer relaciones saludables y desarrollar una imagen positiva de sí mismo. Como padres y cuidadores, tenemos la oportunidad de crear esta “base segura” y de ser el soporte emocional que les ayudará a crecer fuertes y equilibrados.


Apego Seguro: Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

El apego seguro: más allá de la sobreprotección

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección es una de las cuestiones más frecuentes en la educación respetuosa. La crianza con apego suele generar debates apasionados. Muchas veces escucho comentarios como “el apego está bien, pero solo en su justa medida” o “hay que dar apego, pero sin pasarse”. Uno de los mitos más comunes es que criar con apego equivale a sobreproteger, y nada podría estar más alejado de la realidad. Facilitar un apego seguro es, en realidad, ofrecerle a nuestros hijos la confianza y seguridad necesarias para que, a medida que crecen, deseen y busquen la independencia.

Un niño que ha desarrollado un sistema de apego seguro comienza a expresar su deseo de autonomía desde temprana edad, a menudo a los dos o tres años. De repente, nuestro hijo empieza a demandar hacer las cosas por sí mismo: elegir su ropa, decidir cuándo y qué comer, o resolver pequeños problemas sin intervención. Este comportamiento, que puede resultar desafiante, es en realidad una señal positiva: es el reflejo de un apego seguro y saludable que fomenta su desarrollo.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

La gran confusión: apego no significa sobreprotección

A las mamás que practicamos la crianza con apego se nos tacha de ser demasiado protectoras. Proteger y cuidar son esenciales para construir un apego seguro, pero también lo es facilitar la autonomía. Como destaca el psiquiatra infantil Donald Winnicott, una “madre lo suficientemente buena” responde a las demandas de su hijo sin interferir en su exploración.

Durante los primeros meses, los bebés necesitan de nuestra cercanía para sentirse seguros y regulados emocionalmente, especialmente en situaciones de angustia, como la famosa “angustia por separación” que surge alrededor de los nueve meses. Esta fase de protección inicial es esencial, pero para fomentar un apego seguro, también es crucial saber cuándo dar espacio para que el niño explore.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Apego y exploración: dos sistemas que se complementan

La psicología del apego nos muestra que los niños están dotados de dos sistemas: el de apego y el de exploración, los cuales funcionan de forma alternativa. Cuando un niño se siente seguro, su sistema de apego se desactiva y su sistema de exploración se activa. En estos momentos, su curiosidad por el mundo es máxima. En cambio, si se siente inseguro o ansioso, su sistema de apego se activa, y su necesidad es volver a su base segura, a sus padres. Así, el niño aprende que puede explorar el mundo y regresar en busca de consuelo cuando lo necesite, un balance que fomenta tanto su autonomía como su confianza.

Para los padres, esto implica encontrar el equilibrio entre proteger y permitir. Esto significa acompañar a nuestro hijo sin intervenir en sus intentos por descubrir el mundo. Si le damos espacio para experimentar, desarrollará la confianza para enfrentar desafíos, un pilar fundamental para convertirse en un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cómo fomentar la autonomía sin perder la conexión

Algunas madres pueden preguntarse: ¿entonces dejo que mi hijo corra riesgos? La respuesta es sí, pero con límites. Un niño que intenta trepar a un lugar alto puede necesitar supervisión para evitar lesiones graves, pero no deberíamos intervenir constantemente. Podemos colocarnos cerca, listos para ayudar si es necesario, pero evitando ofrecer ayuda hasta que el niño lo solicite. Este enfoque permite que el niño se sienta competente y apoyado a la vez.

Esta capacidad de responder a las necesidades cambiantes del niño es lo que define un apego seguro. Si tu hijo te pide ayuda, dale seguridad; si te muestra señales de querer autonomía, respétala. Este delicado balance entre protección y autonomía permite que el niño desarrolle una autoestima fuerte y una capacidad de autorregulación que perdurará en la vida adulta.

El fin último del apego seguro: desarrollar el potencial de tu hijo

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección
Apego seguro es fortalecer su independencia

El objetivo de fomentar un apego seguro es que nuestros hijos puedan desarrollar todo su potencial. Darles seguridad no siempre implica protegerlos, sino también dejarlos experimentar y aprender por sí mismos. Esto puede significar dejarlos decidir, respetar su deseo de independencia y estar allí para ellos cuando lo necesiten.

En la crianza con apego, los límites son importantes, pero también lo es saber cuándo ceder espacio. Observa a tu hijo, escucha sus señales, y descubrirás que constantemente te está indicando lo que necesita.

Crear un entorno seguro desde el apego significa ser un refugio al que siempre pueda regresar, sin dejar de impulsarlo a descubrir el mundo. Es este equilibrio lo que le permitirá crecer como un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

Para comprender cómo la sobreprotección puede afectar el desarrollo de los sistemas de apego, es fundamental analizar investigaciones clave en el campo del desarrollo infantil y la psicología del apego. A lo largo de los años, estudios científicos han confirmado que los extremos en la protección y la independencia pueden llevar a patrones de apego inseguros en los niños, como el apego ansioso y el evitativo.

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La sobreprotección y el Apego Ansioso

El apego ansioso es un estilo que surge cuando el niño percibe la presencia del cuidador como inconsistente. Mary Ainsworth, investigadora pionera en la Teoría del Apego, identificó este patrón en su famoso experimento de la “Situación Extraña”, donde observó que los niños con apego ansioso reaccionaban con extrema ansiedad ante la separación y buscaban constantemente la aprobación y cercanía del cuidador al regresar.

Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

Cuando los padres son excesivamente protectores, el niño recibe el mensaje de que el mundo es peligroso y que necesita de sus padres para resolver cualquier desafío, lo cual inhibe el desarrollo de la autonomía.

Qué dicen los expertos

Según un estudio publicado en la revista Child Development, los niños sobreprotegidos suelen mostrar una mayor dependencia emocional y menor capacidad para gestionar el estrés en comparación con aquellos que han tenido la oportunidad de explorar y resolver problemas por sí mismos. Esta falta de confianza en sus propias habilidades fomenta el apego ansioso, donde el niño teme la separación y experimenta una necesidad constante de proximidad y validación.

Un ejemplo de esto en la vida diaria es cuando un niño intenta resolver un problema simple, como atarse los zapatos, y el padre interviene constantemente. Aunque la intención es evitar la frustración, el mensaje implícito es que el niño no es capaz de hacerlo solo, lo cual alimenta su inseguridad y dependencia.

El Apego Evitativo como respuesta a la inhibición emocional

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Apego Evitativo

El apego evitativo, por otro lado, surge cuando los padres son emocionalmente distantes o inconsistentes en su respuesta a las necesidades afectivas del niño. En este caso, el niño aprende a reprimir sus emociones y a evitar la cercanía para no experimentar el rechazo.

Este patrón también puede resultar de un exceso de control parental, donde la autonomía del niño está constantemente restringida. Si un padre no permite al niño experimentar por temor a que algo malo ocurra, el niño puede desarrollar la idea de que expresar sus necesidades emocionales no es seguro o válido. Con el tiempo, este niño puede volverse emocionalmente distante, desconectado de sus propias emociones y evitar la intimidad en sus relaciones futuras.

La ciencia del balance entre protección y autonomía

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Para promover un apego seguro, los estudios coinciden en que es esencial que los padres encuentren un equilibrio entre protección y autonomía. La investigadora Alison Gopnik, en su libro The Gardener and the Carpenter, destaca la importancia de permitir que los niños exploren y enfrenten pequeños desafíos a su ritmo. Gopnik explica que los padres deben actuar como “jardineros”, proporcionando un entorno seguro y de apoyo que permita a los niños desarrollarse naturalmente y a su propio ritmo, en lugar de ser “carpinteros” que buscan esculpir al niño controlando cada aspecto de su entorno.

Esta metáfora refleja la importancia de dejar espacio para la exploración dentro de un marco seguro. Cuando los padres responden a las necesidades emocionales de sus hijos sin controlar todos los aspectos de su desarrollo, el niño aprende a confiar en sí mismo y en sus habilidades. De este modo, el apego seguro se convierte en una base sólida desde la cual el niño puede explorar el mundo sin miedo, sabiendo que siempre puede regresar a su base segura.

Evitar la sobreprotección para fomentar un Apego Seguro

La sobreprotección, aunque bien intencionada, puede inhibir el desarrollo emocional saludable de los niños y llevar a patrones de apego inseguros. Proteger es una parte importante del apego seguro, pero solo cuando se combina con la oportunidad de explorar y aprender de manera independiente. Los estudios en desarrollo infantil sugieren que cuando los padres equilibran el apoyo emocional con la promoción de la autonomía, los niños desarrollan un apego seguro que les permite afrontar el mundo con confianza y resiliencia.

Al comprender cómo nuestras respuestas como padres pueden influir en los estilos de apego de nuestros hijos, podemos ayudarles a construir relaciones saludables y a crecer como individuos seguros y emocionalmente equilibrados. La clave está en observar y responder a las señales de nuestros hijos, reconociendo cuándo necesitan protección y cuándo es el momento de dar un paso atrás y permitirles explorar.

Si este artículo te ha resultado útil o te ha brindado una nueva perspectiva sobre el apego seguro, no dudes en compartirlo en tus redes o dejar un comentario con tus propias experiencias. ¡Tu historia también es importante en esta comunidad de padres que desean lo mejor para sus hijos!


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Mi bebé no se despega de mi

Muchas veces las mamás me preguntan qué pueden hacer para que sus bebés dependan menos de ellas. O incluso qué están haciendo mal para que sus bebés se comporten así. “Mi bebé sólo quiere estar pegado a mi y ya no se qué hacer. Es demasiado para mi”.

Estoy segura de que es demasiado. Para mi también lo es a veces. Pero en este asunto hay un par de conceptos que están mezclados y no nos ayudan a llevar la situación de manera equilibrada. Este post pretende clarificar esto con el objetivo de que nos ayude a comprender primero para poder actuar de forma más adecuada después y aprender a llevarlo mejor.

Tu bebé es normal

 

Esa es la idea clave que quiero que te lleves. Somos mamíferos. Los mamíferos necesitan a sus mamás en los primeros meses de su vida para sobrevivir. Por eso la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

… la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

El instinto de apego es el que ha hecho que los seres humanos no nos hayamos extinguido ya que somos de los mamíferos más indefensos por más largo tiempo del planeta. El sistema de apego sirve para garantizar que alguien va a cuidar de nosotros hasta que podamos valernos por nosotros mismos. Es la garantía de nuestra supervivencia. Además nos enseña ser seres sociales, un punto muy importante también para garantizar la vida. Por eso el sistema de apego es vital para poder mantener relaciones satisfactorias.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él. La naturaleza también le da un instrumento para que su mamá no se separe de él: el llanto. Esta obsesión por estar con la mamá suele ser relativamente aceptable para ella durante los primeros meses de vida del bebé. En primer lugar porque es socialmente aceptable que esté junto a él la mayor parte del tiempo y en segundo lugar porque el bebé tiene ratos en los que no es totalmente consciente de que su mamá no está (cuando duerme o cuando está distraído con alguien o con algo). Esto es así porque los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea. Se siente seguro porque la incipiente sensación de sí mismo que recién experimenta incluye a su mamá como parte de él.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él.

El problema viene cuando entre los seis y los nueve meses el bebé empieza a darse cuenta de que su mamá y él no son la misma cosa o persona. Entonces da comienzo el periodo donde se da la llamada “angustia por separación” del bebé y no es ni más ni menos que este se da cuenta de que su mamá es una persona diferente de él y, por tanto, empieza a comprender que su mamá puede irse y dejarle sólo, lo que para él significa la muerte. No es que “piense” que se va a morir. Es que lo “sabe”, lo siente en lo más profundo de su ser. Entonces, su instinto de supervivencia toma el control para hacer lo que sea necesario para que su madre regrese, lo calme y el bebé pueda retomar su estado tranquilo normal.

… los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea

No se si alguna vez has sentido que ibas a morir. Aunque fuera por un instante. Si no lo has sentido, sólo imagina por un momento que de repente entra alguien por la puerta, te pone una pistola en la cabeza y te dice que te va a matar. ¿Estresante no? Pues así es como se siente tu bebé cuando tú desapareces de su vista. ¿No llorarías, reclamarías perdón, o todo lo que fuera necesario para que esa persona quitase la pistola de tu cabeza y se fuera? Pues eso es lo que va a hacer tu bebé.

¿Qué significa todo esto? Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable. Su desarrollo neuronal es perfecto. ¡Enhorabuena!. Son grandes noticias para los dos.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada.

Los bebés que no quieren estar pegados a sus bebés, pueden ser comunes pero no son normales. Puede parecer que todos los bebés son así menos el tuyo, pero te aseguro que eso no es deseable. Esto se debe a que el sistema de apego que han establecido con su mamá no es seguro o que no han establecido un sistema de apego con ella en absoluto. Es posible que tengan un sistema de apego seguro con otra persona o cosa, pero con su mamá no.

Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable.

Esto puede pasar por dos motivos: uno es que no estén la mayor parte del tiempo con su mamá, con lo que no la identifican como tal, como su cuidadora principal y no se apegan, o porque si pasa tiempo con él no lo reconforta de manera adecuada, con lo cual el bebé o ha renunciado a que su madre lo vaya a cuidar y mantener seguro o lo que es peor, la ha identificado como una amenaza.

Ninguna de estas situaciones son deseables, pero la más perjudicial es la segunda. En el primer caso, aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable. Un cuidador que puede ser su abuela o una persona externa que le de una respuesta adecuada a sus demandas y le proporcione una sensación de seguridad suficiente hará que el bebé siga un desarrollo normal y sea psicológicamente sano en el futuro. El único inconveniente de esta situación es que esa persona sea constante en su vida y no desaparezca de repente o cambie constantemente. Esto podría dañar el sistema de apego básico del bebé.

…aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable.

El segundo caso, en el que el bebé renuncia a su cuidador principal como una referencia segura, puede dar lugar a trastornos psicológicos en el futuro ya que el bebé se verá obligado a desarrollar una forma adaptativa de sentirse seguro que utilizará en las situaciones estresante. El problema con esto es que normalmente esa forma de encontrar seguridad será una herramienta que usará con rigidez en todas las situaciones de su vida, y puede que en algunas le ayude pero que en otras le perjudique.

La segunda razón por la que un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada. También aprenderá que puede confiar en sus propias capacidades y en las personas. Esto es lo que todas queremos para nuestros bebés. El problema es que las demandas son tan absorbentes y tan continuas que nos resultan asfixiantes y nos dan ganas de abandonar.

…un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Qué hacer para poder sostener la necesidad de apego de mi bebé

 

Tengo que confesar que cuando mi bebé se pone tan demandante a veces me gustaría irme y no volver. Otras veces siento que me está atacando, que me maltrata y me agrede y me siento un impulso muy grande de defenderme. En esos momentos tengo la sensación de que me hace la vida imposible. Entonces la situación me sobrepasa y pierdo el control.

Esto es así y nos pasa a todas las mamás. No existe la mamá amorosa cuando nos sentimos sobrepasadas y agredidas. Entonces es nuestro instinto de supervivencia el que se activa y nuestro propio sistema de apego (el que desarrollamos con nuestra mamá) toma el control. No es una excusa, es nuestra biología. Con esto quiero decirte que tú también eres normal, que nos pasa a todas y que realmente es demasiado. No es demasiado para ti, es demasiado para todas.

No existe una sola solución. Hay muchas soluciones posibles, porque cada una tiene que encontrar la suya propia. Yo te puedo dar ciertas pautas para que pruebes qué es lo que te sirve a ti. Pero sobre todo recuerda lo importante que es para tu bebé que hagas este esfuerzo y que es posible encontrar un equilibrio. Esta fase pasará pronto, como todas, como el embarazo, el parto, los cólicos y los problemas de lactancia. Todo pasa. Te aseguro que cuando tu hij@ tenga unos años más no querrá que le beses en público. Aprovéchate ahora ?

Aquí te escribo unas cuantas ideas que me han servido a mi. También me gustaría que me ayudases a apoyar a otras mamás si escribes en los comentarios qué te sirvió a ti.

 

¿Qué hacer si las demandas de mi bebé me sobrepasan?

 

  1. Reduce tus obligaciones. El enemigo número uno de la mamá no es el bebé, son el resto de tareas y obligaciones. Yo se que no se pueden eliminar totalmente, pero seguro que puedes hacer un esfuerzo para reducirlas al mínimo.
  2. Pide ayuda. Si quieres reducir obligaciones y tareas lo que necesitas es ayuda. Ayuda activa o pasiva. La ayuda activa es que otro haga las cosas por ti (que tu esposo haga la cena), la ayuda pasiva es que las demandas de las personas que no son el bebé disminuyan (que tu esposo cene fuera o la compre y la traiga a casa).
  3. Haz las cosas con tu bebé pegado. A mi me sirvió muchísimo utilizar un fular de porteo, pero existen otros métodos. Con ellos el bebé está tranquilo mientras tú haces otras cosas (sí, ir al baño puede ser una de ellas).
  4. Descansa todo lo que puedas. Descansar tiene que ser tu prioridad número dos (la número uno es tu bebé). Si estás descansada tendrás menos estrés y tu sistema de supervivencia no se activará. Todas tenemos más paciencia cuando estamos más descansadas.
  5. Practica un sistema de cambio de estado emocional instantáneo. Muchas veces perderás el control y te desesperarás. Practicar e incorporar una forma de cambiar tu estado emocional lo más rápido posible te ayudará a retomar la situación y reconducirla para hacerla más equilibrada para todos. Abajo te puedes descargar mi método “Cambia tu estado emocional en 10 segundos” de forma gratuita. Ha ayudado a cientos de personas a retomar el control. Tú también vas a poder.

 

 

Si te ha gustado este post ayúdanos a apoyar a otras mamás compartiéndolo. También me encantará saber qué te ha parecido poniendo tu opinión abajo en el espacio para comentarios. Y recuerda que puedes hacerme cualquier consulta que necesites.

Gracias por tu inspiración.

Te mando un abrazo

Cuando ser una buena mamá puede no ser tan bueno para tu bebé

Todas las mamás del mundo queremos ser una buena mamá. Ser buena mamá parece una finalidad ideal, independientemente de lo que signifique para ti. Quizá para ti la buena mamá es la que lleva los niños limpios, o la que tiene hijos que nunca hacen berrinches, o la aquella cuyos hijos comen bien, la que les lava los dientes tres veces al día, la que alimenta a sus hijos con la lista de nutrientes en mano, la que los ha educado para que se porten bien, la que tiene la comida a punto, la ropa lavada y planchada y puntualmente va a recoger a sus hijos del colegio y tiene todo listo en casa… Todas estas descripciones están bien, no hay nada de malo con ellas. Todas tienen el objetivo de dar lo mejor a los hijos y eso es perfecto.

Entonces ¿Por qué no es tan bueno ser una “buena mamá”? La buena mamá tiene algunas consecuencias muy negativas tanto para ti como para tus hijos. Primero porque la buena mamá no existe. Es una meta imposible de alcanzar. En segundo lugar porque la buena mamá siempre actúa para los de fuera. Parece que si nuestro hijo come todo lo que le ponemos, duerme toda la noche, dice gracias, se deja peinar y da besos a los familiares hemos hecho un buen trabajo. Nada más lejos de la realidad.

La buena mamá tiene algunas consecuencias muy negativas tanto para ti como para tus hijos

En tercer lugar porque lo normal es que las cosas no salgan como hemos previsto: en algún momento no vamos a estar a ese nivel, vamos a perder los nervios, en algún momento los niños van a necesitar algo que es contrario a lo que nosotras decidimos que era lo mejor para ellos, o vamos a querer que pase en un momento en el que ellos quieran hacer otra cosa. Cuando esto pasa, y pasa muchas veces, aparece el conflicto. A veces el conflicto es interno: tu mente te azota diciendo que lo has hecho mal, que deberías haber hecho otra cosa, o algo de otra manera. Ya sabes de lo que hablo. Otras veces el conflicto es con el niño. Entonces comienza una lucha de poder en la que a veces ganas tú y otras veces todo se sale de control y estalláis en mil pedazos. Ambas situaciones crean estrés y el estrés te saca del equilibrio que hace que tu día fluya.

¿Por qué ocurre esto? Cuando queremos ser una buena mamá estamos siguiendo creencias y dictados externos, no estamos fluyendo con el aquí y ahora de la realidad de lo que está pasando. Perdemos de vista a nuestro hijo y a sus necesidades, gustos y preferencias. No estamos respondiéndole de una forma sensible. Y de eso se trata.

Cuando queremos ser una buena mamá estamos siguiendo creencias y dictados externos, no estamos fluyendo con el aquí y ahora de la realidad de lo que está pasando

El prestigioso psicólogo Donald Winnicott, cuando definió la relación psicológicamente sana entre madre e hijo, ni siquiera habló de “buena mamá” sino de una “mamá lo suficientemente buena. Suficientemente buena significa atenta a las necesidades del niño y sensible ante ellas, es decir, que detecta y responde a esas necesidades. ¿Todas las veces? No todas, las suficientes. La mamá suficientemente buena no tiene que seguir un estándar, este experto no habla de reglas, normas, pasos a seguir, sino que habla de “sensibilidad” a las necesidades del bebé. 

Otra prestigiosa y célebre psiquiatra infantil, Mary Ainsworth quien colaboró considerablemente a desarrollar la teoría del apego comenzada por John Bowlby, afirma lo siguiente como conclusión de su estudio denominado La situación extraña (ver video) sobre las habilidades de las mamás cuyos bebés tienen un apego seguro a las que denomina altamente cooperativas:

“…la tercera escala se ocupa de características maternas generales del tipo cooperación-interferencia. Las madres que son de interferir mucho, no respetan la autonomía del bebé y la separación esencial entre ambos. Trata de controlarlo y de darle forma a su comportamiento, o simplemente sigue sus propias reacciones y sin la consideración por los los deseos o el proceso de actividades que desarrolla el bebé. La madre altamente cooperativa respeta a su bebé como una persona separada y planifica evitar situaciones en las cuales necesitará interferir con sus actividades o llegar a tener que ejercer un control directo sobre él. Cuando debe intervenir, es muy hábil en sintonizar el modo o la manera que el bebé es persuadido que él desea hacer lo que ella necesita o desea…”. (M. Ainsworth, La situación extraña)

Me dirás, sí, pero cuando es la hora de salir es la hora de salir. Estoy totalmente de acuerdo. Muchas veces la vida es imperativa. Pero otras veces no. Si analizamos cada situación por separado, si nos preguntamos qué es imprescindible e inamovible y qué no, nos daremos una sorpresa. Es cuestión de priorizar lo importante.

El problema es que no tenemos conciencia de lo importante que es minimizar los momentos de conflicto y tensión con tu hijo. La base de su determinación y de autoestima se fragua en los primeros años de vida mediante sus interacciones contigo. Él sabrá que tiene derechos, capacidad de decisión, que merece atención, reconocimiento y amor incondicional (hasta cuando se porta “mal” o hace berrinche) y estará en contacto con sus necesidades, en la medida en que tú le des “permiso” para decidir, negarse, preferir, expresar sus emociones (el enfado o enojo también es una emoción), y que no pasa nada si se equivoca. Eso lo aprenderá de la convivencia contigo.

Él sabrá que tiene derechos, capacidad de decisión, que merece atención, reconocimiento y amor incondicional (hasta cuando se porta “mal” o hace berrinche) y estará en contacto con sus necesidades, en la medida en que tú le des “permiso” para decidir, negarse, preferir, expresar sus emociones (el enfado o enojo también es una emoción), y que no pasa nada si se equivoca

Pero lo más importante de todo es el amor incondicional: que tu hijo aprenda que pase lo que pase, si no se lava los dientes, incluso si se le caen, si es más tonto, flaco, torpe, perezoso, flojo, enojón o lo que sea que exprese está bien porque él es perfecto como es y lo que hace es sólo una pequeña parte de lo que él es. Ya sabemos que tú lo amas incondicionalmente pero no te das cuenta de que cuando mantienes un conflicto con él le estás transmitiendo lo contrario: si no haces lo que yo digo o espero me enfado, me pongo triste, me defraudas.

Ya sabemos que tú lo amas incondicionalmente pero no te das cuenta de que cuando mantienes un conflicto con él le estás transmitiendo lo contrario: si no haces lo que yo digo o espero me enfado, me pongo triste, me defraudas

Lo más paradójico es que los momentos más importantes para crear un apego sano y una relación satisfactoria con tu hijo son los momentos de estrés, cuando queréis cosas diferentes, cuando tienes que tomar la decisión entre ser una buena mamá que alimenta correctamente a su hijo, que le lava los dientes a diario, que llega puntual a la escuela, que los lleva perfectamente limpios, peinados y aseados a pesar de que tu hijo está jugando, cansado, explorando, de mal humor, feliz en otras cosas etc. Es en esos momentos de “conflicto” cuando si estamos atentas y ponemos límites a esa “buena mamá” para dejar actuar a la “mamá suficientemente buena” de Winnicott cuando podremos ofrecer una respuesta sensible a la necesidad del niño y transmitirle que es importante para nosotras, más importante que los dientes limpios, el pelo peinado, que lleve zapatos o que hacer la compra.

Y sí, yo se que a veces no se puede, entonces hay que negociar, convencer, despistar, aplazar, etc. Convierte estos momentos tan valiosos en oportunidades “ganar-ganar”, en la que todo el mundo gana y nadie pierde. Estas medidas de “negociación” no solamente evitarán el conflicto, sino que le estarás enseñando a tu hijo herramientas imprescindibles para la vida que no son autoritarias. Eliminarás el “porque yo lo digo” o el “porque yo soy tu madre”, que en su adolescencia se convertirá en rebeldía y en una necesidad básica de autodeterminación que no tuvo en su infancia.

Convierte estos momentos tan valiosos en oportunidades “ganar-ganar”, en la que todo el mundo gana y nadie pierde. Estas medidas de “negociación” no solamente evitarán el conflicto, sino que le estarás enseñando a tu hijo herramientas imprescindibles para la vida que no son autoritarias

¿Y entonces qué puedo hacer?

El primer paso es poner límites a tu “buena mamá” interior. No es que sea mala, lo que está mal es que ser una buena mamá sea un fin en si mismo, en lugar de un medio para el verdadero fin, que es el bienestar de los niños.

 

¿Cómo lo hago?

1. Aprende a detectar cuando la “buena mamá” toma el control. El conflicto y el enfado de tu hijo pueden ser buenas señales. Un berrinche es una señal de que ya has ido demasiado lejos con él.

2. No hace falta que corrija a “la buena mamá” en ese momento, sólo toma conciencia de ella actuando, se corregirá sola cuando la vayas aprendiendo a verla.

3. Valora la importancia real de lo que quieres hacer. ¿Es tan importante lo que quiero imponer? ¿es imprescindible que tengamos que hacer esa actividad en ese momento?. Plantéate ¿es tan grave que no se bañe hoy? ¿es tan grave que no se coma ahora el brócoli? ¿es tan importante que no coma brócoli nunca más?

4. Ensaya herramientas ganar-ganar: negocia, despista, ofrece alternativas…

5. Cede. No es una competencia. Cuando cedes también ganas. Enseñas a tu hijo que ceder también es una opción y que no pasa nada. Que uno no siempre tiene la razón. Al fin y al cabo, así es la vida y queremos prepararles precisamente para la vida real.

 

 

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Y recuerda: ¡lo estás haciendo muy bien! ¿Cómo lo se? Porque estás aquí, leyendo esto, ocupándote de ti, de mejorar, de darle lo mejor a tu bebé.

Te mando un beso.

La crianza con apego no debería existir

La crianza con apego está de moda. Hay cientos de grupos en Facebook, blogs, páginas y páginas sobre este tema Pero ¿qué es el apego?

Me gustaría empezar por lo que no es. El apego NO es portear al bebé, ni hacer colecho, ni amamantar hasta los cinco años. El apego no tiene nada que ver con estas prácticas. Una mamá puede amamantar, hacer colecho, portear y aun así no estar favoreciendo un apego seguro en su bebé.

El apego es algo que el bebé hace cuando nace: apegarse. Se apega a la figura maternante que tiene a la mano. Normalmente la madre. Es un instinto más como llorar cuando le pasa algo, un reflejo más como el de succión, el del moro, el de extrusión y todos los demás. ¿Y por qué lo hace? Para sobrevivir. Si no hubiera nacido con la capacidad de apegarse o esa capacidad estuviera condicionada, entonces, el ser humano se habría extinguido hace miles de años.

Entonces, ¿a qué viene tanta historia con el apego? ¿No hay que hacer nada para que un bebé se apegue? La respuesta es que no, no habría que hacer nada. De hecho decir crianza con apego no tiene sentido, debería ser una redundancia, como decir subir arriba. El bebé nace y se apega. Se apega con un chupón, se apega con una mantita, con un osito de peluche. ¿Por qué no se apega a su madre? ¿por qué hay tantos niños y adultos con problemas de apego?

El problema con el apego no es el niño que acaba de nacer. El bebé se apega y ya. Pero, como para pelearse, para apegarse también hacen falta dos: un bebé y una figura maternante. Aquí está la cuestión. La madre tiene que ejercer de figura a la que apegarse y esto es lo que dificulta el apego seguro. Si no hay nadie a quien apegarme, no puedo hacerlo.

Nosotras las mamás hemos perdido el instinto de apego. Nuestras madres ya lo habían perdido. Se limitaron a sobrevivir emocionalmente y no había más que nos pudieran ofrecer. Esa distancia emocional con nuestra propia mamá hizo que nosotras tuviéramos que sobrevivir sin el apego seguro que tanto anhelamos para nuestros hijos.

La falta de contacto físico, de sustancia materna (como diría Laura Gutman), de confort, de contención emocional, de apoyo incondicional, de presencia, de ternura, de disponibilidad, del que carecimos de niñas, es el mismo del que carecemos ahora de adultas. La cosa no fue muy diferente en nuestra infancia.

Crecimos en la distancia emocional como pudimos. Pero ahora somos mamás y revivimos nuestras historias de apego inseguro de nuestra infancia. Queremos darle lo mejor a nuestros hijos, les cargamos, les damos la teta, leemos el libro y lo seguimos a pies juntillas. Y aun así nuestros bebés siguen demandando mamá y no entendemos qué más tenemos que darles. Según crecen los problemas de apego se hacen más evidentes. No digamos en la adolescencia.

¿Y qué pasó? ¿Qué faltó? Faltó figura maternante. Faltó presencia, disponibilidad, blandura, disponibilidad emocional, aceptación incondicional. Faltó cuerpo, calor, movimiento, ternura.

¡Pero si yo le di todo! Exacto. Le diste todo lo que tenías. Y no se te puede pedir más. Le diste todo lo que estaba en tu mano. Y eso te hace la mejor mamá que tu bebé pudo tener.

El problema del apego es en realidad un problema de consciencia. De falta de consciencia sobre nuestras propias carencias infantiles. Sobre nuestra falta de maternaje. Sobre nuestra falta de modelo materno. Ese es el modelo que deberíamos tener introyectado en nuestro ser. Pero en lugar de ese, tenemos el otro. ¿Somos culpables? No. ¿Somos malas madres? No. ¿Nuestras madres lo fueron? Claro que no. Tuvimos la mejor madre que pudimos tener bajo las circunstancias en las que se formó. Somos la mejor madre que podemos ser en las circunstancias en las que devinimos madres.

¿Cómo puedo crear un apego seguro en mi bebé? Primero tomando conciencia de tus propias carencias emocionales. Luego de tus propias limitaciones como madre. Reconocerlas y aceptarlas tal y como son. Sin pretender se mejor de lo que eres, pero sin esconderlas tampoco. Después poniendo mucha consciencia sobre ellas, dándote permiso para fallar, para ser humana y así poder volver hacia tu interior. Hacia lo que sí hay. Mirar a los ojos a la sombra y decir: ok, está bien, pero es hora de dar un paso hacia adelante.

Un gran paso es reconocer que tu bebé está bien, que sus reclamos son legítimos. Que si me necesita es porque no me tiene, o no me tiene lo suficiente. Pero que si él así lo reclama, él está en lo cierto, porque él todavía está bien. Obligarlo a dormir solo, a comer lo que no quiere, doblegarlo, someterlo a la voluntad de terceros (familia, doctores, etc.) es repetir el círculo.

La crianza así es más difícil para nosotras. Pero se lo debemos a nuestros hijos. Somos una generación que queremos dar lo que no hemos recibido. Esto nos honra. Somos mamás vórtice. Estamos aquí para cambiar el mundo, queramos o no. Ya lo hicieron antes las que reclamaron los derechos para las mujeres. Las que nos dieron la capacidad de votar. Ahora nos toca a nosotras defender las necesidades de nuestros hijos. Reconocer que yo también necesito estar 24 horas al día con él, sin vergüenza. Y reconocer también que ya no soporto más estar con él, sin culpa. Sacarle de las fauces de un doctor desconsiderado. Llevarlo a mi cama aunque su propio padre no lo entienda.

El porteo, el colecho, la lactancia son herramientas que nos pueden ayudar a que la vida pegadas a nuestro bebé sea más fácil y más agradable. Nos ayudan a conectar con nuestro bebé, pero sobre todo nos ayudan a conectar con nosotras mismas, con nuestro ser esencial, con nuestro instinto maternal. Pero muchas veces lo que encontramos en la conexión no es lo que esperábamos. A veces encontramos incomodidad, rechazo por el bebé, somos incapaces de dar una gota más de nosotras mismas. Esto no es porque somos malas madres, ni debemos sentir culpa. Esto son sólo síntomas, pruebas de nuestra propia falta de maternaje. De nuestra necesidad desmedida que, como un agujero en el alma, drena toda nuestra ternura y capacidad de dar amor.

¿Qué hacer cuando esto pasa? Primero tomar consciencia. Después hablar a nuestro bebé. Decirle lo que nos pasa. Lo que nos pasó. Que estamos ahí para él, pero que necesitamos un momento, un poco de la energía que nos queda para ponernos una vendita y seguir entregándole lo que tenemos. Que no nos vamos a ir a ningún sitio. Que estamos y estaremos para ellos. Ellos lo entenderán.

Y en cuanto podamos pedir ayuda. Gritar ayuda. No a nuestro esposo o a nuestra mamá. Ellos no sabrán ni de qué les estamos hablando. Me refiero a grupos de mujeres en nuestra misma situación y también a ayuda profesional especializada. Hay muchos expertos en inteligencia emocional, en sanar infancias desde adultos, psicólogos especialistas en apego, terapia de familia, constelaciones familiares, coaching para mamás, terapia de sanación emocional, biodanza, a cualquier terapia que te reconecte con tu ser. No importa qué terapia tomes. Pide ayuda, acepta ayuda.

Ahora es un momento fundamental en la vida de tu bebé, pero aunque ya haya pasado el tiempo, nunca es tarde para sanar.

Sin premios ni castigos, ¿cómo se hace eso?

Archivo 13-10-15 17 29 34Quiero darles las gracias por la gran acogida del último post sobre la conferencia de Carlos González en DF. A raíz de ese post, alguna mamá preguntó “Bueno, ok, sin castigos y sin premios, pero entonces ¿cómo?”. Me pareció un muy buen punto y le prometí un post para aclarar sus dudas. Aquí va.

Lo que Carlos González apuntaba en la conferencia es que a los niños les gusta naturalmente imitar, colaborar y que haya un ambiente cordial. A veces puede parecer que esto no es así. A veces no quieren seguir nuestros deseos. Como yo lo veo, casi nunca es por llevar la contraria. Normalmente es porque están cansados, no le ven el chiste a la cosa o porque simplemente quieren hacer otra cosa.

Lo que Carlos González apuntaba en la conferencia es que a los niños les gusta naturalmente imitar, colaborar y que haya un ambiente cordial.

A nosotras las mamás, con nuestra agenda apretada, las tareas y tantas cosas que hacer, que no quieran hacer lo que nosotras les pedimos es un inconveniente, y a veces muy grande. Hay que llegar en hora a los sitios, hay que asearse, lavarse los dientes, comer o dejarse cortar las uñas. Todas esas cosas son importantes, para nosotras, pero no para nuestros bebés.

De esta forma, la situación se convierte en un “o tú o yo”. O hacemos lo que mamá dice “porque yo soy tu madre y punto” o tenemos un bebé consentido, que se sale con la suya, malcriado, chillón… Nuestra reacción suele ser con enfado, en cierta forma agresiva, porque vivimos como una agresión la negativa del niño a seguir las instrucciones. Ahí es cuando viene el grito, la mala contestación e incluso la bofetada.

¿Esto nos hace malas madres? Yo pienso que no. Lo que somos es madres desbordadas, abrumadas, que se sintieron atacadas por sus hijo y estos pagaron las consecuencias.

La invitación es que te pongas por un momento en los zapatos del niño. Hasta los dos años o más no tienen el sentido del tiempo desarrollado a nivel cerebral. Tú le puedes decir a tu bebé, voy a venir dentro de un minuto, o dentro de tres horas, que él lo que entenderá es que tú has desaparecido y que él está solo en el mundo y que va a venir un depredador y se lo va a comer. Esto es así porque tu hijo tiene un nivel de desarrollo perfecto para su edad y su instinto de conservación está intacto. Ese es el mismo instinto de conservación que le servirá en la adolescencia para no saltar por la ventana cuando sus amigos lo hagan. Entonces si tú hijo no te deja ni a sol ni a sombra y llora cuando te vas, ¡enhorabuena! Tienes un hijo sano.

La invitación es que te pongas por un momento en los zapatos del niño.

Por otro lado, piensa que a tu hijo no le interesan nada tus obligaciones. Y tiene toda la razón. Él está diseñado para explorar, aprender, tener experiencias nuevas, jugar, divertirse…. Y eso es lo que hace. Es paradójico lo mucho que las mamás nos esforzamos en llevarlos a centros de estimulación para que se desarrollen y lo poco que les dejamos hurgar en nuestros cajones para que desarrollen su curiosidad.

Si lo piensas es un poco absurdo: desarróllate pero a mi manera y como yo decido. Yo se lo que es mejor para ti. Ahora aprendes y ahora obedeces. Seguro sería mucho más cómodo para nosotras, pero los niños no funcionan así. Y no deben funcionar así. Por ahí oí un vez que queremos hijos creativos, líderes, inteligentes y felices, pero cuando son niños les obligamos a ser obedientes y a hacer las cosas de una sola manera, la nuestra, a pesar de que eso no les haga muy felices. Creo que no puede ser más cierto.

Es paradójico lo mucho que las mamás nos esforzamos en llevarlos a centros de estimulación para que se desarrollen y lo poco que les dejamos hurgar en nuestros cajones para que desarrollen su curiosidad.

Llegados a este punto, seguro piensas, “ok, le debo dejar que haga lo que quiera?”. Pues tampoco. En la vida hay cosas que son obligatorias. Carlos González mencionó varios tipos de límites. Hay límites que son infranqueables. Si hay un precipicio uno no puede avanzar. Si sales a la calle sin zapatos pues igual te lastimas. Si pegas a un amigo, es posible que ya no lo quiera ser más. ¿Cómo le enseñamos esto a nuestros hijos? Con mucha paciencia y pensando siempre que ellos ni saben estas cosas ni tendrían que saberlas. NO lo hacen por fastidiar, lo hacen porque son niños y es nuestra obligación enseñárselo con mucha paciencia y desde el amor.

No es una guerra. No quiere fastidiarte. No quiere que te sientas mal. No te está retando. Sólo es un niño que a lo más lo que está haciendo es llamar tu atención. ¿Y por qué se empeña en demandar tu atención? Porque la necesita para sobrevivir. Está escrito es sus genes de mamífero. No es su culpa. Es su diseño humano. “Ya, pero es que mi hijo es Alto dependiente”, ok, entonces es que tu hijo la necesita mucho más que otros. Esto a veces es un inconveniente para nuestra vida, igual que cuando se despierta mucho o cuando no duerme, pero no lo hace a propósito.

NO lo hacen por fastidiar, lo hacen porque son niños y es nuestra obligación enseñárselo con mucha paciencia y desde el amor.

¿Cómo actuar? Pues ¿qué haces cuando tu hijo te necesita?, ¿cuando enferma, cuando se cae, cuando se asusta?. Lo atiendes ¿no?. Cuando mi hija me necesita me da la oportunidad de estar ahí para ella y fortalecer el vínculo que tenemos y la fortaleza de su apego conmigo. Es un momento que debemos aprovechar para que entiendan que estamos allí para ellos.

Y hay cosas, muchas cosas, que no se las podremos dar, que no están en nuestra mano o que por la razón que sea es mejor para ellos que no ocurran. Pero si lo pensamos un poco, son las menos. Es mejor que seamos firmes con muy pocas situaciones que estar toooodo el día peleando con ellos. En esta conferencia, Carlos González advertía: si gasta toda tu autoridad cuando son bebés, no te quedará nada cuando sean adolescentes y estemos hablando de situaciones mucho más graves.

De hecho no deberíamos pelear nunca. Porque como he dicho arriba no es una guerra. Tu hijo no está contra ti. Soy yo la que se siente agredida. Incluso, si somos realmente honestas con nosotras mismas, te diría que el motivo principal de nuestra frustración casi nunca son nuestros hijos. Porque a mi me pasa que hay días que aguanto más y otros menos por las mismas negativas de mi bebé. ¿Y a ti?.

De hecho hay días en los que ni siquiera me molesto y otros sí. Normalmente tiene más que ver con lo estricta que sea mi agenda, los planes que yo haya hecho, con terceras personas, con mi autoexigencia o con la exigencia de otros.

Carlos González advertía: si gasta toda tu autoridad cuando son bebés, no te quedará nada cuando sean adolescentes y estemos hablando de situaciones mucho más graves.

En otra conferencia oí decir a Carlos González que si mi jefe es inflexible con mi hora de entrada al trabajo pero mi hijo no lo entiende, al final aquí el importante es el niño, y además mi jefe tiene 40 años y es el que, en teoría, tiene la capacidad de entender y negociar, no mi hijo (que aún no tiene el cerebro desarrollado para eso). Esta visión puede ser un poco simplista si pensamos que el hijo es el más importante, porque que yo conserve mi trabajo también lo es. Pero y si cambiamos la palabra jefe por esposo, amiga, mamá, el quehacer, … Entonces nos encontramos que en muchas ocasiones la guerra es inútil y contraproducente, porque todos pueden ganar con un poco de paciencia y flexibilidad.

A esa mamá que tan acertadamente puntualizó la entrada anterior al blog, se me ocurrió prestarle una idea que a mi me sirve y espero que a alguien más también le sea útil. La idea es pedirle a mi hijo que haga algo que yo quiero que haga como si le pidiera esa cosa a mi jefe, precisamente. ¿Cómo lo haría? ¿Le exigiría? Oiga, quiero mis vacaciones la primera semana de junio ¿Le amenazaría? Si no me da las vacaciones cuando quiero me marcho ¿Le haría chantaje emocional? Claro, no me da las vacaciones cuando quiero porque no me quiere o peor si no me das las vacaciones cuando quiero ya no te voy a querer. ¿Le darías un premio? Si me das las vacaciones cuando yo quiera trabajaré dos horas más cada día. ¿Le castigarías? Si no me das las vacaciones cuando quiero entonces no atenderé a los clientes. Esta forma de proceder sería totalmente ridícula, ¿cierto?.

¿Qué sería lo más inteligente entonces? Pues me imagino, corrígeme si me equivoco, que le tratarías con el máximo respeto, por supuesto. Le darías buenas razones para que a ÉL le interese que te vayas de vacaciones en ese momento. Le darías alguna alternativa más. Y si todavía se negase, pues igual intentarías llegar a un acuerdo intermedio que fuese bueno para ambas partes, aunque no puedas irte de vacaciones en la semana que en principio te interesaba.

Y si esta es la estrategia que utilizarías con una persona que merece tu máximo respeto, ¿por qué no utilizarla con tu hijo? Él también merece respeto. Pero eso no es lo más importante, sino que le estarás enseñando con el ejemplo cómo conseguir lo que quiere desde el respeto mutuo, la empatía y la asertividad, que no es poca cosa.

Espero que te haya servido el post y me cuentes tu opinión en los comentarios.

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