Burnout materno

El Síndrome del Burnout o síndrome de desgaste profesional es muy frecuente entre profesiones relacionadas con el cuidado de personas como médicos, enfermeras, psicólogos, maestros y trabajadores sociales. Pocas vemos nuestra labor como mamá como un trabajo, pero de lejos es mucho más demandante que los anteriores y además no está remunerado. Entonces ocurre, caemos en el Burnout materno

Burnout materno

Qué es el síndrome del burnout

Es una afección relacionada con el estrés laboral que tiene graves secuelas en la salud física y emocional de quienes lo padecen. 

Motivado por largas jornadas y reducidos o ausentes descansos entre otros factores, se perfila como una de las tragedias de las nuevas condiciones laborales del siglo XXI.

Los investigadores Pines, Aronson y Kafry, en su libro Burnout, From Tedium to Personal Growth, definieron este síndrome en 1981 como El estado de agotamiento mental, físico y emocional producido por una persistente implicación en situaciones emocionalmente demandantes.
Si a esta demanda emocional le sumamos un trabajo de 24 horas al día 7 días a la semana, casi sin descansos, con interrupciones del sueño, como las que sufrimos las mamás, la situación se vuelve terrible e insostenible.

Burnout materno

¿Es posible que como mamá este quemada?

Si tu labor como mamá, que al principio llevabas con alegría, acaba ahora con jornadas en las que te sientes agotada y vacía. Cuando hasta ves la hora de estar con tus hijos con angustia, porque tu cuerpo no da más de sí. Cuando ya no tienes ratos de ocio en los que refugiarte y a lo único que aspiras es a que llegue el fin de semana y anestesiarte frente al televisor, …

Sí es posible que estés quemada. 

El burnout es un problema de salud y de calidad de vida. Es un tipo de estés crónico que se podría definir, en palabras de Marisa Bosqued en su libro Quemados, como la respuesta psicofísica que tiene lugar en el individuo como consecuencia de un esfuerzo frecuente cuyos resultados, la persona considera ineficaces e insuficientes, ante lo cual reacciona exhausta, con sensación de indefensión y con retirada psicológica y a veces física de la actividad a causa del estrés excesivo y de la insatisfacción.

Burnout materno

¿Te ves en ese estado? Yo tengo que reconocer que sí. Muchas veces.
Esa sensación de no hacer lo suficiente pero no haber descansado desde antes del día del parto en los primeros años, de ver pasar los días haciendo siempre lo mismo, cada vez con menos energía, vitalidad y alegría por vivir.
Esos síntomas podrían compararse con los de la depresión transitoria y son creados por un estrés excesivo y, sobre todo, falta de descanso.

Las sensaciones relacionadas son, según Bosqued, Agotamiento emocional, despersonalización, es decir, una separación del objeto de cuidado, en este caso de nuestros hijos y de nuestra pareja, a quienes culpamos de nuestra situación, y sensación de baja realización personal.

No importa lo exitosas que hayamos sido en el pasado, la maternidad hace que nos cuestionemos a nosotras mismas, nos mantiene en un estado de altísimas expectativas constantes y bajo la opinión de toda la sociedad, pero sobre todo de las personas más cercanas a nosotras. Esto causa que nuestra autoestima baje en picado hasta un nivel que ya no reconocemos ni quien somos.

Entre los factores de riesgo más elevados entre las profesiones del cuidado, las madres nos llevamos la palma, ya que todas cumplimos casi el 100% entre los factores de riesgo:

  • Fuerte idealismo y altruismo: queremos dar lo mejor para nuestros hijos sin recibir nada a cambio
  • Elevadas expectativas sobre nosotras mismas: y muchas veces irreales sobre lo que podemos cumplir en un tiempo concreto y el grado de impecabilidad al hacerlo.
  • Mayor sensibilidad hacia los sentimientos y necesidades de los demás: que cuando somos madres no sólo se circunscriben en nuestros hijos, sino en nuestra pareja, nuestra madre, amigas hermanas que parece que al sentirnos menos disponibles empiezan a demandar como nunca antes.
  • Elevado nivel de autoexigencia: como si tuviéramos que hacer todo perfecto y además mejor que nadie más
  • Excesiva autocrítica: lo que se deriva de lo anterior, porque como humanas que somos, jamás podremos estar a la altura de nuestros propios niveles de autoexigencia
  • Falta de habilidad para afrontar y manejar el estrés y las situaciones conflictivas: porque estamos tan agotadas que nuestras emociones están a flor de piel, nuestra autoestima es baja no somos capaces de pedir lo que necesitamos de forma apropiada.
  • Locus de control externo: o la atribución excesiva de las consecuencias de nuestros actos, como si de nosotras dependiera que el mundo entero fuera a caer o el bienestar de nuestros hijos, sin que nadie pueda ayudarnos.

Burnout materno


¿Cuáles son los pasos que nos llevan desde el cansancio al burnout extremo?

  1. Fase de entusiasmo o luna de miel. Esta es la fase por la que pasamos todas las mamás en el embarazo y los primeros días de nuestra maternidad. Queremos dar lo mejor de nosotras, cueste lo que cueste. Pensamos que vamos a poder con todo y decidimos que vamos a hacer todo de la mejor manera. Yo siempre digo que todas pensamos, en esta fase, cuando vemos a amigas pasarlo mal como madres o tener malos resultados con sus hijos “esto no me va a pasar a mi cuando sea madre”
  2. Estancamiento. Despertar. La luna de miel se acaba, y empiezas a darte cuenta de que todo lo soñado hasta ahora, nada tiene que ver con la realidad. Ni lo que sucede ni yo misma soy capaz de dar lo que me había propuesto. Así que me siento mal conmigo misma, creo que las situaciones me sobrepasan y siento que soy un desastre total como madre.
  3. Fase de frustración. El entusiasmo y la energía desaparecen. A duras penas somos capaces de mantener nuestras propias rutinas de auto cuidado. Nos alimentamos mal, abandonamos casi casi las prácticas de aseo personal. Casi nos volvemos zombies, nos alteramos por cualquier cosa y nos desbordamos emocionalmente con frecuencia. Llega la sensación de querer salir corriendo de allí. Nos volvemos críticas, irritadas, culpables y no suficientes.
  4. Apatía o burnout total. La desesperanza es la nota predominante. Realmente queremos salid de allí a toda costa, pero estamos paralizadas y no tenemos autoestima suficiente para conseguirlo. Empezamos a sentirnos deprimidas, con ideas negativas sobre el futuro y empezamos a pensar que no servimos como madres o que nuestra vida no tiene sentido. Casi que nuestros hijos estarían mejor sin nosotras.

¿Cómo salir de esta situación?

Estemos en la fase que estemos, revertir este estado es posible. En casos como en depresión extrema, es necesario a veces pasar por el psiquiatra, aunque lo menos aconsejable para nuestros hijos es que estemos anestesiadas, hasta las orejas de antidepresivos.

La alternativa es volver a ponernos nosotras en primer lugar. Revertir el proceso tal y como se generó: descansando más, pidiendo ayuda, siendo conscientes de nuestras propias necesidades externas e internas y ocupándonos de satisfacerlas.

burnout materno

Tanto el burnout como el estrés extremo que padecemos las madres nos quitan la energía y la vitalidad, que podemos recuperar conectándonos con la mujer que siempre fuimos. Equilibrando nuestra vida dándonos momentos frecuentes de descanso, pero también ocupándonos en otras labores que nos permitan desconectar y que nos devuelvan nuestra autoestima.

No estoy pensando en hacer algo útil, sino todo lo contrario, útil o no, en algo que nos devuelva la ilusión, la alegría de vivir, que seamos capaces de hacer sin esfuerzo y que no sea tan importante como ser madres

Darle a nuestra vida, a nuestra psique, estos momentos nos sacará progresivamente del estado de estrés crónico, ya que si nuestro organismo detecta que podemos dedicar tiempo a nuestro ocio y autocuidado, automáticamente percibirá que la situación general no es tan grave y nos permitirá aflojar un poco la marcha.

Diferencias entre Baby Blues, Depresión Postparto y Burnout Materno

La llegada de un bebé transforma profundamente la vida de una madre, tanto en lo físico como en lo emocional. Es común experimentar una montaña rusa de emociones en el posparto, pero a veces es difícil distinguir entre lo que es normal y lo que podría ser una señal de alerta. A continuación, exploramos las diferencias entre el baby blues, la depresión posparto y el burnout materno para que puedas identificar qué estás sintiendo y cuándo es necesario buscar ayuda.

Baby Blues: La Montaña Rusa Emocional Postparto

El baby blues es una respuesta emocional normal que afecta a alrededor del 70-80% de las madres después del parto. Suele aparecer en los primeros días o semanas tras el nacimiento del bebé, y se caracteriza por cambios de humor, llanto fácil, fatiga y una sensibilidad extrema. Las causas incluyen el drástico cambio hormonal, la falta de sueño y la enorme adaptación que implica cuidar de un recién nacido. Estos síntomas son temporales y, en la mayoría de los casos, desaparecen en unas dos semanas. La clave aquí es que, aunque el baby blues puede ser desafiante, no afecta la capacidad de disfrutar del bebé o de llevar una rutina diaria.

Depresión Postparto: Cuando las Emociones Persisten y Afectan el Día a Día

A diferencia del baby blues, la depresión posparto es más profunda y duradera. Los síntomas incluyen tristeza persistente, desesperanza, falta de energía, insomnio o sueño excesivo, y pérdida de interés en actividades que solían ser placenteras. Esta condición afecta aproximadamente al 10-15% de las madres y puede surgir en cualquier momento durante el primer año postparto. Además de la carga emocional, la depresión posparto puede hacer que sea difícil vincularse con el bebé y gestionar las responsabilidades diarias. Es importante buscar ayuda profesional, ya que este trastorno requiere tratamiento, que puede incluir terapia, apoyo social y, en algunos casos, medicación.

Burnout Materno: El Agotamiento de la Exigencia Constante

El burnout materno, o agotamiento parental, se diferencia del baby blues y la depresión posparto en que es una respuesta acumulativa al estrés y las demandas de la maternidad. Es común en madres que enfrentan una sobrecarga de responsabilidades sin suficiente descanso o apoyo. Los síntomas incluyen una sensación de agotamiento extremo, distanciamiento emocional del rol de madre, y, en casos graves, una desconexión con el bebé o la familia. Este estado de agotamiento crónico no surge exclusivamente después del parto, sino que puede desarrollarse con el tiempo, especialmente cuando las expectativas personales y sociales son inalcanzables o desbordantes.

Comprender estas diferencias es crucial para saber cuándo buscar apoyo. Mientras que el baby blues suele ser transitorio, la depresión posparto y el burnout materno requieren atención profesional y un cambio en la dinámica de autocuidado. Reconocer estas señales no solo ayuda a las madres a cuidar de su salud mental, sino también a crear un entorno más saludable para el crecimiento y desarrollo del bebé.

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