Qué es el apego seguro y por qué es importante

El apego seguro es la primera relación que un niño establece y define su forma de relacionarse con el mundo. Investigadores como John Bowlby y Mary Ainsworth, pioneros de la Teoría del Apego, demostraron que los niños cuyas necesidades son atendidas de manera constante y sensible desarrollan un apego seguro, que les permite construir relaciones estables y gestionar sus emociones a lo largo de la vida.

¿Qué es el Apego Seguro y Por Qué es Tan Importante?

Armonía y desarrollo emocional saludable
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Cuando los padres responden de forma cariñosa y constante, el niño aprende que puede confiar en los demás y en sí mismo. Un apego seguro se desarrolla cuando el niño siente que tiene una “base segura” a la que recurrir en situaciones de estrés. Esta confianza básica influye en su autopercepción y en cómo afronta los desafíos a lo largo de su vida.

Por el contrario, cuando el apego es inseguro (ya sea por falta de respuestas adecuadas, desapego emocional o conductas inconsistentes), el niño tiende a desarrollar patrones de comportamiento defensivos.

Según estudios como los de Hazan y Shaver, el apego inseguro puede dar lugar a dificultades en la vida adulta, tales como baja autoestima, problemas en las relaciones y una alta sensibilidad al rechazo. La capacidad de autorregulación emocional se ve comprometida, y en muchos casos, aparecen problemas de ansiedad o dependencia emocional.

Tipos de Apego y su Impacto en el Desarrollo Infantil y Adulto

  • Apego Seguro: Estos niños se sienten confiados explorando el mundo, sabiendo que tienen un refugio emocional. Como adultos, tienden a desarrollar relaciones satisfactorias y una autoconfianza robusta.
  • Apego Evitativo: Los niños que experimentan rechazo o desapego pueden aprender a esconder sus emociones. En la adultez, esto se traduce en dificultades para expresar sentimientos y una tendencia a evitar la intimidad.
  • Apego Ambivalente: La inconsistencia en las respuestas del cuidador genera ansiedad en el niño. En la adultez, esta inseguridad se manifiesta como necesidad de aprobación y miedo al rechazo.

Cada tipo de apego refleja cómo una relación temprana con el cuidador influye en la percepción y el manejo emocional de una persona, afectando su salud emocional y sus relaciones.

Como el estilo de apego influye en nuestra forma de educar

Los estilos de apego que desarrollamos en la infancia influyen profundamente en nuestras relaciones de pareja y en la forma en que nos relacionamos con nuestros hijos, afectando nuestra dinámica emocional en el día a día.

Nuestro sistema de apego tiene un impacto directo en la vida emocional de nuestros hijos. Los patrones que hemos internalizado desde la infancia se reflejan en cómo respondemos a las necesidades emocionales de nuestros pequeños.

Por ejemplo, un padre con apego seguro es más propenso a brindar apoyo y validación, lo que ayuda a su hijo a desarrollar una autoestima saludable y habilidades para gestionar emociones.

En contraste, un padre con apego evitativo puede llevar a su hijo a sentir que sus emociones son irrelevantes, creando inseguridades que pueden persistir hasta la adultez. Así, el estilo de apego que cultivamos no solo moldea nuestras relaciones personales, sino que también deja una huella profunda en el desarrollo emocional de nuestros hijos.

Un sistema de apego inseguro influye notablemente en nuestras relaciones de adultos. Por ejemplo, quienes crecieron con un apego evitativo tienden a evitar la intimidad y les cuesta expresar sus emociones; suelen mantenerse distantes y proteger su independencia a toda costa. Los adultos con un apego ambivalente, en cambio, pueden mostrar ansiedad excesiva en sus relaciones, sintiendo una constante necesidad de aprobación y miedo al abandono.

Perfiles de Padres según el Estilo de Apego:

  • Apego Seguro: Padres que son emocionalmente disponibles, responden a las necesidades de sus hijos de manera consistente y equilibrada, fomentando confianza y autonomía.
  • Apego Evitativo: Padres que evitan la cercanía emocional y tienden a ser menos afectivos, lo que puede hacer que sus hijos aprendan a suprimir sus propias emociones.
  • Apego Ambivalente: Padres que muestran respuestas impredecibles y tienden a ser sobreprotectores, generando en sus hijos una mezcla de dependencia y ansiedad.

Estos estilos, que se reflejan en la forma de criar, pueden también perpetuar patrones de apego inseguro en los hijos, afectando su capacidad para mantener relaciones estables en la adultez. En mi próximo taller, exploraremos estrategias para que los padres desarrollen un estilo de apego seguro, promoviendo vínculos sanos y estables en su familia. ¡Reserva tu plaza y empieza a construir esta base emocional sólida!

Apego y relaciones adultas

Los adultos con apego seguro suelen ser los más equilibrados en sus relaciones. Son capaces de comunicar sus emociones y establecer límites saludables.

Por ejemplo, en una discusión de pareja, una persona con apego seguro podría expresar sus sentimientos y necesidades sin miedo a la confrontación. Esto fomenta un ambiente de confianza y apertura.

En la crianza, estos padres brindan un apoyo constante, respondiendo adecuadamente a las necesidades de sus hijos. Por ejemplo, si un niño llega a casa triste después de un mal día en la escuela, un padre con apego seguro se sentará a hablar con él, validando sus sentimientos y ofreciéndole consuelo, lo que fortalece el vínculo emocional.

En contraste, quienes presentan apego evitativo tienden a mantener cierta distancia emocional en sus relaciones. Pueden parecer desinteresados o incómodos al discutir temas profundos. Por ejemplo, en una relación de pareja, pueden evitar el compromiso o mostrar desdén por la necesidad de conexión emocional. Esta misma actitud se refleja en su crianza: un padre evitativo puede descuidar las emociones de su hijo, pensando que la independencia es más importante que la conexión emocional. Un niño en esta situación podría aprender a no pedir ayuda o apoyo, suprimendo sus emociones y sintiendo que debe lidiar con sus problemas solo.

Por otro lado, los adultos con apego ambivalente suelen ser muy dependientes emocionalmente de sus parejas. Pueden presentar comportamientos ansiosos, buscando constantemente la aprobación del otro. En un conflicto, una persona con este tipo de apego puede reaccionar con desproporción, temiendo un abandono inminente. Esta ansiedad puede extenderse a su relación con los hijos; por ejemplo, un padre ambivalente podría ser sobreprotector, incapaz de permitir que su hijo asuma riesgos o explore su entorno por miedo a que le pase algo malo. Esto puede llevar al niño a desarrollar inseguridades y una falta de confianza en sus propias capacidades.

Aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional.

Cada estilo de apego no solo determina cómo nos relacionamos con nuestras parejas, sino que también establece un patrón que se transmite a la próxima generación. Reconocer estos patrones es el primer paso para crear un ambiente familiar más saludable y enriquecedor, donde tanto padres como hijos puedan crecer emocionalmente en un entorno de confianza y seguridad.

Cómo Fomentar un Apego Seguro en el Día a Día

  1. Responde de Manera Sensible y Empática: La consistencia es clave. Cuando el niño sabe que sus necesidades emocionales y físicas serán atendidas, se siente seguro. Esto no significa responder de forma inmediata a cada llanto, sino mostrar disponibilidad y apoyo.
  2. Crea Rutinas de Conexión: Las rutinas son una poderosa herramienta para fortalecer el vínculo. Actividades como leer un cuento antes de dormir o establecer una “hora de charla” al final del día pueden dar estructura emocional, ayudando al niño a sentirse más seguro.
  3. Valida las Emociones: La validación es crucial en el desarrollo emocional. Cuando el niño expresa miedo, frustración o tristeza, evita trivializarlo. Ayudarle a nombrar sus emociones le permite comprender y regular sus sentimientos, una habilidad que será crucial en su vida adulta.
  4. Promueve la Exploración Independiente: Dar espacio para que el niño explore y se equivoque en un ambiente seguro fortalece su autoconfianza. Estar disponible cuando lo necesita le da la seguridad de que siempre tiene un respaldo emocional, ayudándole a enfrentarse al mundo con confianza.
Armonía y desarrollo emocional saludable
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Efectos a Largo Plazo de un Apego Seguro

La conexión emocional estable que fomenta el apego seguro tiene implicaciones duraderas. Las investigaciones indican que los niños con apego seguro presentan menos problemas de conducta y una mayor capacidad para resolver conflictos. Al crecer, tienden a ser adultos emocionalmente resilientes y capaces de mantener relaciones de pareja sanas, ya que la base emocional creada en su infancia les permite afrontar el rechazo o los conflictos con menos ansiedad.

Por otro lado, aquellos que desarrollan un apego inseguro pueden enfrentar problemas emocionales y psicológicos que se reflejan en patrones de comportamiento poco saludables, tanto en sus relaciones personales como en su vida profesional. El psicólogo Philip Shaver mostró que los adultos con un apego inseguro reportan mayores niveles de ansiedad y son más propensos a tener dificultades en sus vínculos.

La Inversión en el Apego Seguro, un Legado Emocional

Fomentar un apego seguro es una inversión en el bienestar emocional a largo plazo de tu hijo. Pequeños gestos cotidianos pueden marcar una diferencia profunda en su vida, proporcionándole las herramientas necesarias para gestionar sus emociones, establecer relaciones saludables y desarrollar una imagen positiva de sí mismo. Como padres y cuidadores, tenemos la oportunidad de crear esta “base segura” y de ser el soporte emocional que les ayudará a crecer fuertes y equilibrados.


Comienza la nueva etapa sin estrés

Comienza la nueva etapa sin estrés

En este artículo encontrarás las claves para comenzar esta nueva etapa sin estrés.

Cómo puedes empezar la nueva etapa sin estrés

Septiembre es un momento que nos pide cambios. Tanto si tienes hijos como si no, si ya has vuelto de vacaciones o si sigues en ellas. Parece que todo vuelve a la vida en este amado y odiado mes. Pero empezar la nueva etapa sin estrés es posible.

En este loco 2020 todavía más. La vida como la conocíamos es historia. Toca reinventarse con lo que viene, que no sabemos lo que es. Por eso más que nunca debemos ser flexibles con los cómos pero inflexibles con los qués.

Las madres tenemos un reto doble. No sólo es nuestra vida la que se tiene que acoplar, sino la vida de nuestros hijos.

No importan las decisiones que tomemos, no importa lo que nos gustaría que ocurriese. Lo único que podemos hacer es adaptarnos a lo que hay sin perder el foco en lo que queremos.

Seguir jugando y adaptarnos a la realidad casi día a día.

¿Y cómo lo hago?

Todas sabemos que esta situación caótica está lejos de acabar.

Así que nos toca reinventarnos y comenzar lo mejor preparadas posible. Al menos en lo que sí podemos cambiar: nuestra actitud sobre lo que está pasando.

Hace unos días fue mi cumpleaños y yo misma hice un ejercicio de auto reflexión. Esto me ayudó mucho a darme cuenta de lo que necesito cambiar en mi propia vida.

Quiero compartirlo contigo porque te ayudará a comenzar esta etapa sin estrés, de la mejor manera posible. También te servirá para reflexionar sobre lo que está funcionando en tu vida y lo que no.

Ahora no es el tiempo para mirar para otro lado y dejar que la vida nos siga revolcando como una ola.

Este es el momento de ponerte las gafas, de atreverte a ver.

También para darte cuenta de que eres capaz de tener una actitud amorosa hacia la vida, hacia tus hijos y hacia ti misma. Eso es lo más importante.

Si estás dispuesta a ponerte manos a la obra, toma papel y lápiz, la tableta o abre una nota en tu teléfono. Porque te cuento como

1. CUESTIONA TODO

En primer lugar, cuestiona todo.

Soltar sí, pero ¿qué?. No hay que escapar o reaccionar, todas tenemos una responsabilidad. Pero para poder hacerme cargo de ella, tengo una cantidad limitada de energía.

Donde utilice esa energía, marcará la diferencia. Para eso primero tengo que mirar qué no está funcionando en mi vida y tomar decisiones.

Puedes empezar haciéndote estas preguntas.

¿Qué drena mi energía?

Estoy segura de que hay días en los que te levantas con toda la actitud. Tienes las cosas claras y vas a por el día.

Peeeero llega algo que te baja la moral hasta el sótano. ¿Qué es?

Quizá tu hijo no quiera vestirse. O te metes en redes sociales y empiezas a ver noticias. Puede que sea la báscula, el tráfico, tu jefe, pensar que tienes que ir a trabajar… Sólo piensa ¿qué es eso que te drena?.

Sólo toma nota. Ser consciente es el primer paso.

¿Qué me preocupa? ¿Qué pensamiento, miedo, situación está influyéndome negativamente?

En la cabeza de todas nosotras hay algo que a veces hasta prefiero no pensar. Puede ser por la pandemia, el gobierno no está haciendo su trabajo, puedo perder el mío, en casa mi hijo ve demasiados conflictos, no sé cómo hacer que mi hija coma de todo….

Todas estas preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa. Y son las más peligrosas si no las vemos, porque nos llevan a una sensación de impotencia y frustración que puede no ser tan real.

¿Qué relaciones, personas, dinámicas me sacan de mi centro? 

Esta pregunta no tiene nada que ver con los otros, tiene que ver contigo. ¿Con qué persona TÚ te sientes mal?, ¿cuando tienes una diferencia de opinión qué te saca de quicio a TI?, ¿qué comportamiento del otro es inaceptable para TI?.

No se trata de culpar o de justificar, se trata de saber qué no está funcionando para TI con otro. Y después que pienses qué puedes hacer TÚ para resolverlo, si hay algo que puedes hacer.

Las preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa

2. SUELTA

En segundo lugar, aprende a soltar.

Muchas de estas preocupaciones o situaciones no tienen solución. Lo único que puedes hacer es aprender a darte cuenta de cuando te metiste otra vez en el callejón sin salida. ¿Cómo salir? Como diría el psicólogo argentino Jorge Bucay “¡no sea boluda, saga por donde entró!”

Este es el camino de soltar.

Cuando te pilles pensando en algo que no depende de ti. Simplemente recuérdate que no puedes hacer nada para cambiar eso. Después enfoca tu energía en algo que sí puedas hacer, en algo práctico relacionado con la tarea que ese momento tengas delante.

Enfócate en el momento presente y baja de tu cabeza.

2. RESUELVE

En tercer lugar, ponte manos a la obra.

Muchas veces podrás hacer algo con las situaciones o las personas que te drenan. En ocasiones es una DECISIÓN lo que te sacará de ello, otras veces una ACCIÓN, otras el simple hecho de tener un PLAN.

Sea lo que sea que se requiera sólo da el primer paso, uno pequeño, pero uno cada día. Recorre el camino hacia la libertad.

Si no sabes por dónde empezar, puedo ayudarte. A veces una mirada externa puede marcar la diferencia. Un cambio de enfoque o un empujón puede darte el hilo del que tirar para empezar los cambios que mejorarán tu vida drásticamente.

A veces una mirada externa puede hacer toda la diferencia

3. CONFÍA

Tercero, aprende a confiar.

Un amplio porcentaje de lo que ocurre escapa a nuestro control. Tanto si puedes soltar la preocupación, a la persona, como si puedes trabajar sobre ello, lo importante es que desarrolles una cierta confianza en la vida.

Y sobre todo te ayudará la confianza en la idea de que pase lo que pase, encontrarás la manera de resolverlo.

A mi me ayuda repetirme la plegaria de la serenidad, que hicieron famosa los grupos de Alcohólicos Anónimos. También creo que en este momento puede ayudarte a ti. Dice así:

“Señor concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar. Valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar. Y sabiduría para entender la diferencia.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Plegaria_de_la_Serenidad

Esta frase puede ayudarte a pensar en qué categoría caen cada una de tus preocupaciones y problemas. Es un ejercicio que te dará enfoque para trabajar en lo que sí puedes lograr.

4. PIDE AYUDA

Y por último, lo más importante.

El error más grande que puedes cometer es querer hacerlo todo tú sola. Uno llega hasta donde llega, y tú has llegado hasta aquí. Eso te honra, has hecho lo mejor que has podido con lo que has sabido

Pero llega un momento en el que tenemos que dar un salto. Seguir intentando cosas no sirve. Esto sólo te drena, te agota y te hace sentir que nada está funcionando. Pero eso no es cierto. 

El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda. Todos tenemos un punto ciego que nos mantiene haciendo lo mismo una y otra vez. Otro punto de vista, una idea, una experiencia nueva puede darnos el impulso que necesitamos para resolver cualquier situación.

Además no te lo puedes permitir. Si eres madre, mucho está en juego. Cada grito, cada vez que te sientes molesta por tus hijos les estás mandando un mensaje erróneo. Esto afectará a su visión de sí mismos, su autoestima y su confianza.

Ellos no pueden permitirse que tú pierdas más tiempo. Es urgente que vuelvas a poner en marcha hábitos que te permitan dar lo mejor de ti misma. Pero también es importante que lo hagas sin estrés.

Ahora es tu momento. Aprovéchalo y comienza la nueva etapa sin estrés y con toda la actitud.

El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda

5. HAZ TU PLAN PASO A PASO

Si ya estás estresada con el regreso a la temporada de clases. Y tu vida ya empieza a ser un caos, estás enfadada y persiguiendo a tus hijos desde por la mañana. Y si al final del día acabas tan cansada que quieres que vuelvan las vacaciones, este taller es para ti.

Conseguirás:

  • Mejorar tus hábitos de autocuidado para tener más energía
  • Implementar rutinas saludables para toda la familia que te hagan la vida más fácil
  • Sentir que estás consiguiendo tus objetivos en tu trabajo y las tareas que te propones
  • No perder la motivación en dos días
  • Dar tu mejor versión a tus hijos

Te explico de que va en este video:

Este taller es uno de los que imparto cada mes  en mi Círculo de Mamás Online. Además de este taller las mamás del Círculo tienen una sesión mensual en directo. En esta sesión les ayudo personalmente en las situaciones complicadas del día a día con sus hijos.

También tenemos un grupo de Whatsapp y otro de Facebook donde pueden contarme lo que les preocupa en tiempo real.

Por sólo 1€ tendrás acceso inmediato al taller y si quieres quedarte en mi Círculo de Mamás Online. Después podrás renovar tu suscripción por 18€ al mes para asistir a la sesión grupal en directo y los talleres de octubre.

SÓLO PUEDES APUNTARTE HASTA EL MIÉRCOLES 16 DE SEPTIEMBRE. Si ves este post después, puedes ver la información del Círculo de mamás online en este enlace: https://mamaenequilibrio.com/circulo-mamas-online/

Descarga la guía gratuita

Para ir empezando desde ya, también puedes descargar mi guía GRATUITA Mamá en Equilibrio en 4 pasos. Con esta guía te enseñaré a que tus emociones negativas no marquen las dinámicas con tus hijos. También te enseño a que puedas rectificar a tiempo y perder menos la paciencia.

Descárgala de forma gratuita en este enlace: https://mamaenequilibrio.com/guia-gratuita-mama-en-equilibrio-en-4-pasos/

Comenzar una nueva etapa sin estrés es posible para ti. Espero verte en el taller y poder resolver tus dudas en directo

¿Sufres Burnout Materno? Señales y consejos para superarlo

Burnout materno

El Síndrome del Burnout o síndrome de desgaste profesional es muy frecuente entre profesiones relacionadas con el cuidado de personas como médicos, enfermeras, psicólogos, maestros y trabajadores sociales. Pocas vemos nuestra labor como mamá como un trabajo, pero de lejos es mucho más demandante que los anteriores y además no está remunerado. Entonces ocurre, caemos en el Burnout materno

Burnout materno

Qué es el síndrome del burnout

Es una afección relacionada con el estrés laboral que tiene graves secuelas en la salud física y emocional de quienes lo padecen. 

Motivado por largas jornadas y reducidos o ausentes descansos entre otros factores, se perfila como una de las tragedias de las nuevas condiciones laborales del siglo XXI.

Los investigadores Pines, Aronson y Kafry, en su libro Burnout, From Tedium to Personal Growth, definieron este síndrome en 1981 como El estado de agotamiento mental, físico y emocional producido por una persistente implicación en situaciones emocionalmente demandantes.
Si a esta demanda emocional le sumamos un trabajo de 24 horas al día 7 días a la semana, casi sin descansos, con interrupciones del sueño, como las que sufrimos las mamás, la situación se vuelve terrible e insostenible.

Burnout materno

¿Es posible que como mamá este quemada?

Si tu labor como mamá, que al principio llevabas con alegría, acaba ahora con jornadas en las que te sientes agotada y vacía. Cuando hasta ves la hora de estar con tus hijos con angustia, porque tu cuerpo no da más de sí. Cuando ya no tienes ratos de ocio en los que refugiarte y a lo único que aspiras es a que llegue el fin de semana y anestesiarte frente al televisor, …

Sí es posible que estés quemada. 

El burnout es un problema de salud y de calidad de vida. Es un tipo de estés crónico que se podría definir, en palabras de Marisa Bosqued en su libro Quemados, como la respuesta psicofísica que tiene lugar en el individuo como consecuencia de un esfuerzo frecuente cuyos resultados, la persona considera ineficaces e insuficientes, ante lo cual reacciona exhausta, con sensación de indefensión y con retirada psicológica y a veces física de la actividad a causa del estrés excesivo y de la insatisfacción.

Burnout materno

¿Te ves en ese estado? Yo tengo que reconocer que sí. Muchas veces.
Esa sensación de no hacer lo suficiente pero no haber descansado desde antes del día del parto en los primeros años, de ver pasar los días haciendo siempre lo mismo, cada vez con menos energía, vitalidad y alegría por vivir.
Esos síntomas podrían compararse con los de la depresión transitoria y son creados por un estrés excesivo y, sobre todo, falta de descanso.

Las sensaciones relacionadas son, según Bosqued, Agotamiento emocional, despersonalización, es decir, una separación del objeto de cuidado, en este caso de nuestros hijos y de nuestra pareja, a quienes culpamos de nuestra situación, y sensación de baja realización personal.

No importa lo exitosas que hayamos sido en el pasado, la maternidad hace que nos cuestionemos a nosotras mismas, nos mantiene en un estado de altísimas expectativas constantes y bajo la opinión de toda la sociedad, pero sobre todo de las personas más cercanas a nosotras. Esto causa que nuestra autoestima baje en picado hasta un nivel que ya no reconocemos ni quien somos.

Entre los factores de riesgo más elevados entre las profesiones del cuidado, las madres nos llevamos la palma, ya que todas cumplimos casi el 100% entre los factores de riesgo:

  • Fuerte idealismo y altruismo: queremos dar lo mejor para nuestros hijos sin recibir nada a cambio
  • Elevadas expectativas sobre nosotras mismas: y muchas veces irreales sobre lo que podemos cumplir en un tiempo concreto y el grado de impecabilidad al hacerlo.
  • Mayor sensibilidad hacia los sentimientos y necesidades de los demás: que cuando somos madres no sólo se circunscriben en nuestros hijos, sino en nuestra pareja, nuestra madre, amigas hermanas que parece que al sentirnos menos disponibles empiezan a demandar como nunca antes.
  • Elevado nivel de autoexigencia: como si tuviéramos que hacer todo perfecto y además mejor que nadie más
  • Excesiva autocrítica: lo que se deriva de lo anterior, porque como humanas que somos, jamás podremos estar a la altura de nuestros propios niveles de autoexigencia
  • Falta de habilidad para afrontar y manejar el estrés y las situaciones conflictivas: porque estamos tan agotadas que nuestras emociones están a flor de piel, nuestra autoestima es baja no somos capaces de pedir lo que necesitamos de forma apropiada.
  • Locus de control externo: o la atribución excesiva de las consecuencias de nuestros actos, como si de nosotras dependiera que el mundo entero fuera a caer o el bienestar de nuestros hijos, sin que nadie pueda ayudarnos.

Burnout materno


¿Cuáles son los pasos que nos llevan desde el cansancio al burnout extremo?

  1. Fase de entusiasmo o luna de miel. Esta es la fase por la que pasamos todas las mamás en el embarazo y los primeros días de nuestra maternidad. Queremos dar lo mejor de nosotras, cueste lo que cueste. Pensamos que vamos a poder con todo y decidimos que vamos a hacer todo de la mejor manera. Yo siempre digo que todas pensamos, en esta fase, cuando vemos a amigas pasarlo mal como madres o tener malos resultados con sus hijos “esto no me va a pasar a mi cuando sea madre”
  2. Estancamiento. Despertar. La luna de miel se acaba, y empiezas a darte cuenta de que todo lo soñado hasta ahora, nada tiene que ver con la realidad. Ni lo que sucede ni yo misma soy capaz de dar lo que me había propuesto. Así que me siento mal conmigo misma, creo que las situaciones me sobrepasan y siento que soy un desastre total como madre.
  3. Fase de frustración. El entusiasmo y la energía desaparecen. A duras penas somos capaces de mantener nuestras propias rutinas de auto cuidado. Nos alimentamos mal, abandonamos casi casi las prácticas de aseo personal. Casi nos volvemos zombies, nos alteramos por cualquier cosa y nos desbordamos emocionalmente con frecuencia. Llega la sensación de querer salir corriendo de allí. Nos volvemos críticas, irritadas, culpables y no suficientes.
  4. Apatía o burnout total. La desesperanza es la nota predominante. Realmente queremos salid de allí a toda costa, pero estamos paralizadas y no tenemos autoestima suficiente para conseguirlo. Empezamos a sentirnos deprimidas, con ideas negativas sobre el futuro y empezamos a pensar que no servimos como madres o que nuestra vida no tiene sentido. Casi que nuestros hijos estarían mejor sin nosotras.

¿Cómo salir de esta situación?

Estemos en la fase que estemos, revertir este estado es posible. En casos como en depresión extrema, es necesario a veces pasar por el psiquiatra, aunque lo menos aconsejable para nuestros hijos es que estemos anestesiadas, hasta las orejas de antidepresivos.

La alternativa es volver a ponernos nosotras en primer lugar. Revertir el proceso tal y como se generó: descansando más, pidiendo ayuda, siendo conscientes de nuestras propias necesidades externas e internas y ocupándonos de satisfacerlas.

burnout materno

Tanto el burnout como el estrés extremo que padecemos las madres nos quitan la energía y la vitalidad, que podemos recuperar conectándonos con la mujer que siempre fuimos. Equilibrando nuestra vida dándonos momentos frecuentes de descanso, pero también ocupándonos en otras labores que nos permitan desconectar y que nos devuelvan nuestra autoestima.

No estoy pensando en hacer algo útil, sino todo lo contrario, útil o no, en algo que nos devuelva la ilusión, la alegría de vivir, que seamos capaces de hacer sin esfuerzo y que no sea tan importante como ser madres

Darle a nuestra vida, a nuestra psique, estos momentos nos sacará progresivamente del estado de estrés crónico, ya que si nuestro organismo detecta que podemos dedicar tiempo a nuestro ocio y autocuidado, automáticamente percibirá que la situación general no es tan grave y nos permitirá aflojar un poco la marcha.

Diferencias entre Baby Blues, Depresión Postparto y Burnout Materno

La llegada de un bebé transforma profundamente la vida de una madre, tanto en lo físico como en lo emocional. Es común experimentar una montaña rusa de emociones en el posparto, pero a veces es difícil distinguir entre lo que es normal y lo que podría ser una señal de alerta. A continuación, exploramos las diferencias entre el baby blues, la depresión posparto y el burnout materno para que puedas identificar qué estás sintiendo y cuándo es necesario buscar ayuda.

Baby Blues: La Montaña Rusa Emocional Postparto

El baby blues es una respuesta emocional normal que afecta a alrededor del 70-80% de las madres después del parto. Suele aparecer en los primeros días o semanas tras el nacimiento del bebé, y se caracteriza por cambios de humor, llanto fácil, fatiga y una sensibilidad extrema. Las causas incluyen el drástico cambio hormonal, la falta de sueño y la enorme adaptación que implica cuidar de un recién nacido. Estos síntomas son temporales y, en la mayoría de los casos, desaparecen en unas dos semanas. La clave aquí es que, aunque el baby blues puede ser desafiante, no afecta la capacidad de disfrutar del bebé o de llevar una rutina diaria.

Depresión Postparto: Cuando las Emociones Persisten y Afectan el Día a Día

A diferencia del baby blues, la depresión posparto es más profunda y duradera. Los síntomas incluyen tristeza persistente, desesperanza, falta de energía, insomnio o sueño excesivo, y pérdida de interés en actividades que solían ser placenteras. Esta condición afecta aproximadamente al 10-15% de las madres y puede surgir en cualquier momento durante el primer año postparto. Además de la carga emocional, la depresión posparto puede hacer que sea difícil vincularse con el bebé y gestionar las responsabilidades diarias. Es importante buscar ayuda profesional, ya que este trastorno requiere tratamiento, que puede incluir terapia, apoyo social y, en algunos casos, medicación.

Burnout Materno: El Agotamiento de la Exigencia Constante

El burnout materno, o agotamiento parental, se diferencia del baby blues y la depresión posparto en que es una respuesta acumulativa al estrés y las demandas de la maternidad. Es común en madres que enfrentan una sobrecarga de responsabilidades sin suficiente descanso o apoyo. Los síntomas incluyen una sensación de agotamiento extremo, distanciamiento emocional del rol de madre, y, en casos graves, una desconexión con el bebé o la familia. Este estado de agotamiento crónico no surge exclusivamente después del parto, sino que puede desarrollarse con el tiempo, especialmente cuando las expectativas personales y sociales son inalcanzables o desbordantes.

Comprender estas diferencias es crucial para saber cuándo buscar apoyo. Mientras que el baby blues suele ser transitorio, la depresión posparto y el burnout materno requieren atención profesional y un cambio en la dinámica de autocuidado. Reconocer estas señales no solo ayuda a las madres a cuidar de su salud mental, sino también a crear un entorno más saludable para el crecimiento y desarrollo del bebé.

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Desacuerdos en la Crianza: Guía Completa para Padres en Busca de Armonía

Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo

Qué hacer cuando mi pareja no comparte mi estilo de crianza

Los desacuerdos en la crianza son una realidad común que afecta a muchas familias. Si te encuentras a menudo discutiendo con tu pareja sobre cómo educar a tus hijos, no estás solo. Estos conflictos pueden generar estrés, frustración y afectar negativamente la dinámica familiar. Es crucial entender que tener diferentes estilos de crianza no es inherentemente malo; sin embargo, la falta de alineación y comunicación puede ser perjudicial. ¿Quieres saber como manejar los desacuerdos en la crianza y cómo criar en equipo?. En esta guía, exploraremos las causas de estos desacuerdos, sus efectos en la pareja y en los hijos, las soluciones prácticas, las ventajas y desventajas de los distintos estilos parentales, y la importancia de buscar ayuda externa para lograr una crianza en equipo.

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¿Por qué Surgen los Desacuerdos en la Crianza?

Los desacuerdos en la crianza no aparecen de la nada. A menudo, son el resultado de una combinación de factores:

  • Diferentes Estilos Parentales: Cada persona tiene un estilo de crianza único, influenciado por su propia infancia, valores y creencias. Algunos padres pueden ser más directivos, buscando establecer límites claros y consistentes, mientras que otros pueden ser más reflexivos, priorizando la conexión emocional y la flexibilidad. También existen padres autónomos que fomentan la independencia y la exploración, y aquellos que practican la parentalidad positiva, buscando un equilibrio entre la guía, la escucha y los límites.
  • Experiencias de la Propia Infancia: La forma en que fuimos criados influye significativamente en cómo criamos a nuestros hijos. Asimismo, padres que fueron criados con disciplina estricta pueden tender a ser más directivos, mientras que aquellos que crecieron en un ambiente más permisivo pueden ser más autónomos. A menudo se repiten patrones de crianza sin ser conscientes de ello, lo que puede generar conflictos con la pareja si tienen experiencias diferentes.
  • Falta de Comunicación: La falta de diálogo abierto y honesto sobre los objetivos de crianza es una causa común de desacuerdos. De esta forma, si los padres no hablan sobre sus expectativas, temores y valores, es más probable que surjan conflictos. La falta de escucha activa también impide que se entiendan los puntos de vista del otro.
  • Estrés y Agotamiento: El estrés diario y el agotamiento parental pueden exacerbar los desacuerdos. Entonces, cuando los padres se sienten abrumados, es más difícil comunicarse de manera efectiva y mantener la calma. De esta forma, el agotamiento parental puede llevar a reacciones impulsivas y a una menor tolerancia hacia las diferencias de opinión.
  • Influencia de la Sociedad: La sociedad también juega un papel, con ideas preconcebidas sobre cómo deben comportarse los padres y cómo criar a los hijos. Por tanto, la presión social puede generar confusión y dificultar la construcción de un enfoque de crianza unificado con la pareja.

¿Cómo Afectan los Desacuerdos a la Pareja y a los Hijos?

Los desacuerdos en la crianza no son solo discusiones ocasionales; pueden tener efectos perjudiciales en la pareja y, lo que es más importante, en los hijos:

EFECTOS EN LA PAREJA

  • Tensión y Conflicto: Las discusiones frecuentes sobre la crianza pueden generar tensión y resentimiento entre los padres. Además, la falta de acuerdo puede llevar a peleas constantes, minando la relación y afectando la intimidad.
  • Desgaste Emocional: Sentirse constantemente criticado o incomprendido puede generar frustración y un desgaste emocional significativo. Asimismo, la sensación de no estar en el mismo equipo puede erosionar la conexión emocional y llevar al aislamiento.
  • Disminución de la Colaboración: Los desacuerdos constantes dificultan la colaboración y la toma de decisiones conjuntas en la crianza. La falta de un frente unido puede generar inconsistencia en la educación de los hijos, lo que puede confundirlos.
  • Impacto en la Comunicación: Los desacuerdos sin resolver pueden generar un patrón de comunicación negativo, marcado por críticas, defensividad y falta de escucha. Este patrón puede extenderse a otras áreas de la relación, afectando la comunicación general.

EFECTOS EN LOS HIJOS

  • Confusión: Los niños pueden sentirse confundidos cuando los padres no están de acuerdo sobre las reglas y los límites. La inconsistencia en la crianza puede generar inseguridad y ansiedad.
  • Inseguridad: Ver a sus padres discutir constantemente puede generar inseguridad y miedo en los niños. Pueden sentir que el ambiente familiar es inestable y poco predecible.
  • Problemas de Comportamiento: La falta de límites claros y consistentes puede llevar a problemas de comportamiento en los niños. Pueden volverse más desafiantes, rebeldes o incluso ansiosos.
  • Dificultades Emocionales: Los niños que crecen en un ambiente de conflicto pueden tener dificultades para gestionar sus propias emociones. Pueden desarrollar baja autoestima, problemas de relación y dificultades para expresar sus sentimientos.
  • Modelado Negativo: Los niños aprenden observando a sus padres. Si ven a sus padres discutir constantemente sin resolver los problemas, es probable que repitan este patrón en sus propias relaciones.

No es malo tener diferentes estilos de educar, sino la falta de alineación y de congruencia

Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo

Es importante entender que tener diferentes estilos de crianza no es necesariamente negativo. De hecho, la diversidad de enfoques puede enriquecer la educación de los hijos, siempre y cuando exista comunicación y colaboración entre los padres. De esta forma, el problema surge cuando estas diferencias no se gestionan de manera efectiva, lo que lleva a la falta de alineación y a los conflictos. En conclusión, la clave está en encontrar un equilibrio y trabajar en equipo.

Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo

Herramientas y Soluciones para Superar los Desacuerdos en la Crianza

Superar los desacuerdos en la crianza requiere esfuerzo, paciencia y la disposición de ambos padres a comprometerse. Una de las herramientas y soluciones que pueden ayudarte, que encontrarás en mi guía Creciendo Juntos, entre otras, es la Comunicación Efectiva:

  • Escucha Activa: Presta atención a lo que tu pareja está diciendo, intenta entender su perspectiva y valida sus sentimientos. Evita interrumpir y juzgar.
  • Expresa tus Necesidades: Comunica tus propias necesidades y preocupaciones de manera clara y respetuosa. Usa frases en primera persona, como “yo siento” en lugar de “tú siempre”.
  • Habla sobre Objetivos Comunes: Identifica los objetivos de crianza que ambos comparten. ¿Qué valores quieren transmitir a sus hijos? ¿Qué habilidades quieren que desarrollen?
  • Elige el Momento Adecuado: Evita discutir temas de crianza cuando estén cansados, estresados o en medio de una situación tensa. Elige un momento tranquilo para hablar.
  • Busca un Espacio Seguro: Crea un espacio seguro donde ambos puedan expresar sus pensamientos sin miedo a ser juzgados o criticados.

    Entendiendo los Diferentes Estilos de Crianza:

    Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo

    Estilo Reflexivo: Los padres reflexivos se adaptan a las necesidades y emociones de sus hijos en cada momento, priorizando la conexión emocional y la comprensión. Son muy sensibles a las emociones y utilizan la comunicación empática. Una desventaja es que puede generar inconsistencia en las reglas.

    Estilo Directivo: Los padres directivos establecen límites claros y consistentes, valorando la disciplina y la estructura. Su ventaja es proporcionar seguridad y estructura; sin embargo, pueden ser rígidos y no escuchar a los hijos.

    Estilo Autónomo: Los padres autónomos fomentan la independencia y la exploración, confiando en la capacidad de sus hijos para aprender de sus propias experiencias. Fomentan la creatividad y la confianza; sin embargo, puede llevar a la falta de límites.

    Parentalidad Positiva: La parentalidad positiva combina la guía, la escucha activa y los límites claros, promoviendo el crecimiento emocional y la autonomía en un ambiente afectivo. Su ventaja es que crea un ambiente de confianza y respeto, pero puede requerir tiempo y dedicación.

    ¿Cómo puedes resolver si hay conflicto entre vuestros estilos?

    1. Identifica tu Estilo: Reflexiona sobre tu propio estilo de crianza e intenta comprender las motivaciones detrás de él. ¿Por qué haces las cosas de cierta manera? ¿Qué valores guían tus acciones?
      • Valora la Diversidad: Reconoce que los diferentes estilos de crianza tienen sus propios puntos fuertes y débiles. En lugar de criticar el enfoque de tu pareja, intenta aprender de él.
      • Encuentra un Equilibrio: El objetivo no es adoptar un único estilo de crianza, sino encontrar un equilibrio que funcione para ambos y para sus hijos. ¿Cómo pueden combinar lo mejor de cada enfoque para crear un ambiente familiar armonioso?
    2. Establece Acuerdos:
      • Prioriza los Temas: No todos los temas de crianza son igual de importantes. Prioriza aquellos que generan más conflictos y enfócate en encontrar soluciones conjuntas.
      • Crea un Plan de Acción: Desarrolla un plan de acción concreto para abordar los temas prioritarios. Define qué límites y normas son importantes, cómo se comunicarán con sus hijos y cómo se apoyarán mutuamente.
      • Sé Flexible: La crianza es un proceso dinámico y en constante cambio. Mantente abierto a ajustar sus planes a medida que tus hijos crecen y cambian.
      • Un Frente Unido: Una vez que hayan llegado a un acuerdo, apóyense mutuamente frente a sus hijos. Eviten contradecirse o discutir las decisiones en presencia de ellos.
    3. Valores Compartidos:
      • Identifica sus Valores: Reflexionen sobre los valores fundamentales que quieren inculcar a sus hijos. ¿Qué principios guiarán su crianza?
      • Crea un Marco Común: Utilicen sus valores compartidos como un marco de referencia para tomar decisiones en la crianza. Si ambos valoran el respeto, utilicen ese valor como guía para establecer límites y normas.
      • Comuniquen sus Valores a los Hijos: Asegúrense de que sus hijos entiendan los valores que guían su familia. Explíquenles por qué las reglas son importantes y cómo contribuyen a un ambiente familiar seguro y respetuoso.

    La importancia de pedir ayuda externa para alinear la crianza

    Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo
    Estar alineados ayuda a ser coherentes con nuestros hijos y no enviar mensajes confusos

    A veces, los desacuerdos en la crianza son tan persistentes o intensos que puede ser difícil resolverlos solos. Buscar ayuda externa es un signo de fortaleza, no de debilidad. Un profesional puede ayudarles a:

    • Identificar Patrones Negativos: Un terapeuta o coach de parentalidad puede ayudarte a identificar los patrones de comunicación y los estilos de crianza que están generando conflictos.
    • Desarrollar Habilidades de Comunicación: Existen técnicas de comunicación efectiva que te permiten expresar tus necesidades y entender las perspectivas de tu pareja.
    • Crear un Plan de Crianza Unificado: Para trabajar juntos hay que desarrollar un plan de crianza que refleje los valores y objetivos de ambos.
    • Sanar Heridas del Pasado: Explorar cómo las propias experiencias de la infancia están influyendo en su forma de criar a nuestros hijos. La ayuda terapéutica es lo que más ayuda de forma sostenible.
    • Apoyo y Guía: Contar el apoyo y la guía necesaria para superar los desafíos de la crianza en equipo.

    Puedes valorar mis programas online que pueden ayudarte con esta y otras dificultades en la crianza: https://mamaenequilibrio.com/programa-de-parentalidad-positiva-resuelvelo/ o https://mamaenequilibrio.com/coaching-armonia-familiar/

    ¿Quieres saber más sobre qué es la parentalidad positiva? Parentalidad Positiva

    Hacia una crianza en equipo y armoniosa

    Los desacuerdos en la crianza son un desafío común, pero no tienen por qué ser una fuente constante de conflicto. Por este motivo, el comprender las causas de estos desacuerdos, los efectos en la pareja y en los hijos, las ventajas y desventajas de los diferentes estilos parentales, y al aplicar herramientas de comunicación efectiva, es posible construir una crianza en equipo que beneficie a toda la familia.

    Sobre todo, buscar ayuda externa no es un fracaso, sino un paso valiente hacia la armonía familiar. Recuerda, el objetivo no es tener estilos de crianza idénticos, sino estar alineados y trabajar juntos para crear un ambiente familiar donde tus hijos se sientan seguros, amados y respetados.

    Descarga nuestra guía gratuita “Creciendo Juntos” y comienza a transformar tu crianza. Encontrarás un test para descubrir tu estilo parental, estrategias para mejorar la comunicación con tu pareja y herramientas para construir un apego seguro con tus hijos. ¡Juntos podemos lograr la armonía familiar que tanto anhelan! No estás solo en este camino.

    Al implementar estos consejos y recursos, mejorarás tu capacidad para comunicarte con tu pareja y trabajar en equipo, abordando los problemas de crianza de manera efectiva, y creando un entorno más armónico y feliz para tus hijos.

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    Guía CRECIENDO JUNTOS

    Abandona dinámicas de permisividad – rigidez y consigue educar de forma eficaz y alcanzar la armonía familiar

    Deja de gritar: Estrategias efectivas para mantener la calma y conectar con tus hijos

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    Cómo mantener la calma y conectar con nuestros hijos. Es la pregunta del millón. A todas nos gustaría dejar de perder la paciencia con nuestros hijos ¿verdad?

    Conseguirlo parece ciencia ficción pero no lo es. Dejar de perder el control con nuestros hijos es posible.

    Las madres tenemos muchas presiones: llegar a tiempo, el trabajo, la casa, las responsabilidades que tienen que ver con los hijos: tareas, extraescolares, lunch, uniformes, cuotas, enfermedades, y la lista sigue (de las que los padres no se hacen cargo casi nunca).

    Es una presión extraordinaria. La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras. Pero es sobre todo es mental.

    Tenemos que ir cada día, cada hora un paso o dos por delante de todos para llegar a todo. Es demasiado.

    Puedes ver en este enlace mi post: “Quiero llegar a todo pero no soy feliz”

    ¿Te sientes identificada cuando pierdes la paciencia con tu hijo y luego te invade la culpa?

    Sabemos lo difícil que es manejar las emociones en el día a día, especialmente cuando la crianza se convierte en un desafío constante. No estás sola. Muchas madres se sienten abrumadas por la frustración y el agotamiento. Es probable que te preocupe cómo esto afecta a tu hijo/a, y que sientas que la conexión se está perdiendo.

    ¿Te sientes identificada con alguna de estas situaciones?

    • ¿Sientes que gritas más de lo que quisieras a tus hijos?
    • ¿Te sientes culpable después de perder la paciencia?
    • ¿Sientes que la conexión con tu hijo se está perdiendo?
    • ¿Estás agotada por los constantes desafíos de la crianza?
    • ¿Te preocupa que tu falta de paciencia esté afectando a tu hijo/a?
    • ¿Dudas de tus habilidades como madre y te sientes desbordada?
    • ¿Sientes que estás perdiendo el control de la situación?
    • ¿Te preocupa el impacto de tus reacciones en el desarrollo emocional de tu hijo/a?

    Si te identificas con alguna de estas situaciones, este post es para ti.

    El impacto de perder la paciencia: ¿Cómo afecta a nuestros hijos?

    Cuando perdemos la paciencia y gritamos a nuestros hijos, les estamos enviando el mensaje de que no son importantes, y esto impacta negativamente en su autoestima. Además, un ambiente familiar de tensión y gritos les genera miedo y ansiedad, lo que dificulta su desarrollo emocional saludable y su capacidad para construir vínculos seguros en el futuro. La desconexión y la falta de un vínculo seguro pueden tener consecuencias a largo plazo en su desarrollo, generando miedo, inseguridad, baja autoestima y dificultades para regular sus propias emociones.

    ¿Tú también crees que pierdes la paciencia con tu hijo o hija demasiado?

    Si una pequeña cosa no sale como debiera, puede arruinarnos todo el día.

    Queremos hacer demasiadas cosas y eso nos tiene en estrés permanente. Nuestro cerebro está en estrés permanente.

    Cuando estamos estresadas, nuestro organismo cree que estamos bajo amenaza. Es un mecanismo de auto defensa que se desarrolló en la época de los primero humanos allá en las cavernas. 

    En ese momento, la sensación de amenaza es tan real como ahora. La diferencia está en que antes, lo que podía acabar con nuestra vida era un tigre dientes de sable o no encontrar suficiente comida para nuestra familia. 

    La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    Con ese tipo de amenazas nuestro cerebro es muy efectivo: manda adrenalina a la sangre para mantenernos más alerta, desactivaba el sistema inmunológico para tener más recursos, aumenta la presión sanguínea y el ritmo cardiaco para activar la respuesta inmediata de lucha, huída o parálisis (para que el tigre piense que estamos muertas y pierda el interés).

    El problema es que la mayoría de las amenazas del siglo XXI no tienen ese aspecto físico e inmediato, son más psicológicas y emocionales. Son cosas que pueden pasar o no, en un futuro menos inmediato que si nos encontrásemos con un tigre, pero que no nos van a matar.

    Pero nuestro cerebro se encuentra en el mismo estado de lucha – huída – parálisis. Y si pasamos mucho tiempo en este estado, hasta podemos “quemarnos”, o más técnicamente hablando, podemos sufrir el síndrome del burnout de las madres

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    Cuando nuestros hijos no se han vestido y nos damos cuenta 20 minutos después de habérselo pedido, cuando ya no hay tiempo y eso nos va a hacer llegar tarde, nuestro organismo lo toma como una amenaza y ataca.

    Ese ataque cuando nos salta “el automático”, lo sentimos como “falta de paciencia”. Y es así.

    ¿Quieres saber si tienes el síndrome del burnout de las madres? Mira esta entrada de mi blog “¿Estás quemada como mamá?”

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos: ¿Qué pasa cuando el “automático” toma el control?

    No podemos responder de forma amorosa porque nos sentimos atacadas o desafiadas por nuestros hijos. Y atacamos de vuelta.

    Esto pasa cuando se niegan a comer, cuando se portan mal, cuando les hemos dicho las cosas mil veces y siguen a lo suyo. Interiormente lo vivimos como una amenaza y nos disparamos.

    Conscientemente sabemos que no es una amenaza y que no es la mejor forma de resolverlo, pero no podemos evitar saltar y ponernos agresivas con ellos. Perdemos la paciencia y nos ponemos a gritar.

    Esto es una realidad: no podemos hacer nada cuando el mecanismo ha saltado.

    Pero lo que sí podemos hacer es evitar llegar a ese estado en el que nos salimos de control.

    ¿Cómo podemos dejar de perder la paciencia con nuestros hijos?

    En primer lugar evitando el estado de estrés en el que estamos.

    Quizá no podamos controlar nuestro entorno, pero sí podemos ponernos en modo solución en lugar de rumiar el problema continuamente sin llegar a ninguna parte.

    Para conseguirlo, tenemos que ser conscientes de nuestros pensamientos, lo que nos está pasando por la cabeza continuamente, y nuestro nivel de energía.

    Cuando estamos cansadas también es muy difícil controlar el “automático”.

    Estar siempre bien, que no nos afecten los problemas y tener siempre el humor y la energía para resolver los problemas racionalmente se escapa de nuestro control. Lo sé.

    Pero es uno de los grandes errores que cometemos las madres que queremos educar desde el respeto y nos pasa factura. Hace unos días hice un video para hablar precisamente de Cuál es el mayor error de las madres de la crianza respetuosa

    Reconoce tus detonantes: ¿Qué situaciones te hacen perder la calma?

    Es fundamental que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué situaciones o comportamientos de tu hijo/a te hacen perder la paciencia. Identificar estos “detonantes” es el primer paso para poder gestionar tus emociones de forma más efectiva. ¿Es la hora de acostarse? ¿Las rabietas en público? ¿El desorden? ¿Que no te haga caso? Anota estas situaciones, para crear un plan de acción para cuando aparezcan.

    Estrategias para recuperar la calma: Herramientas prácticas para el día a día

    Para ayudarte a recuperar la calma y conectar mejor con tu hijo/a, te comparto algunas herramientas prácticas:

    • Técnicas de respiración y relajación: Cuando sientas que la paciencia se agota, toma una respiración profunda, inhala y exhala lentamente, esto te ayudará a regresar al presente y a recuperar el control.
    • Identifica tus detonantes y crea un plan de acción para afrontarlos. ¿Qué puedes hacer para evitar esas situaciones o para reaccionar de manera diferente cuando ocurran?.
    • Establecer límites claros y consistentes con amabilidad: Los límites son necesarios para que los niños se sientan seguros, pero también es importante comunicarlos con amor y respeto. Los niños necesitan límites y rutinas, pero estos deben ser consistentes para que ellos se sientan seguros.
    • Practica la escucha activa y la validación de las emociones de los niños: Escucha lo que tus hijos tienen que decir y hazles saber que entiendes cómo se sienten, aunque no compartas su punto de vista.
    • Utiliza un lenguaje positivo y respetuoso: Evita los gritos y las palabras hirientes. Utiliza un lenguaje que fomente la comunicación y la conexión.
    • Crea rutinas para dar estructura y seguridad a tus hijos, lo que ayudará a que se sientan más tranquilos y seguros.
    • Establece expectativas realistas sobre el comportamiento de los niños. Recuerda que son niños y que están aprendiendo. Ten en cuenta su nivel de madurez.
    • Tómate un tiempo para ti y para el autocuidado. Priorizar tu bienestar te permitirá tener más paciencia y energía para criar a tus hijos. Si tu no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.

    Conecta con tu hijo: Claves para una comunicación respetuosa y un vínculo fuerte

    Crear un apego seguro es fundamental para un desarrollo emocional saludable. Cuando perdemos la paciencia, afectamos la seguridad y la confianza que nuestros hijos depositan en nosotras. Por eso, es fundamental:

    • Comunicarte de forma abierta y honesta con tus hijos, creando un espacio donde se sientan seguros para expresar sus emociones.
    • Valida sus sentimientos incluso si no los comprendes del todo.
    • Muéstrales tu amor incondicional, abrazándolos, jugando con ellos y dedicándoles tiempo de calidad.
    • Sé su referente seguro, al que puedan recurrir siempre que tengan dificultades en su vida.

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos: La importancia del autocuidado: Priorízate para criar con paciencia

    Recuerda que para poder cuidar a tus hijos de la mejor manera, primero debes cuidarte a ti misma. El agotamiento parental es un factor que influye en la pérdida de paciencia. Prioriza tu bienestar, reserva tiempo para ti, haz actividades que te gusten y busca apoyo cuando lo necesites. Si tú no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.

    No estás sola en este camino.

    Si sientes que la paciencia se agota con frecuencia, recuerda que no tienes por qué pasar por esto sola. Te invito a descargar la guía gratuita ‘Creciendo Juntos’, donde encontrarás herramientas prácticas y estrategias basadas en la parentalidad positiva para manejar la frustración y conectar de manera más efectiva con tu hijo. Además, puedes unirte a nuestro Círculo de Parentalidad Positiva, donde encontrarás el apoyo de otras madres que también buscan criar con amor y respeto. Y si necesitas una orientación más personalizada, puedes reservar tu sesión de claridad gratuita y te ayudaré a analizar tu situación particular. No esperes más para transformar tu crianza y construir un vínculo más fuerte con tus hijos.

    Por eso resolver los problemas, pidendo ayuda profesional o lo que haga falta, siempre es atajar el problema de raíz. Evitaremos más problemas a medio plazo y dañar a nuestros hijos si lo hacemos.

    Tener momentos de descanso o de desconexión también es fundamental para preservar nuestra salud mental.

    Hacer una actividad física al principio o a la mitad del día, parar para simplemente no hacer nada o ir al parque con los niños para verlos jugar son opciones que pueden marcar la diferencia en nuestro día y nuestra paciencia. Aunque si el problema de fondo sigue sin resolver, atacará de nuevo cuando menos lo esperemos.

    Pero ¿por qué que nuestro cerebro ve a nuestros hijos como una amenaza?

    Cuando estamos en estado de estrés, tenemos prisa o simplemente estamos cansadas, el más mínimo rechazo por parte de nuestros hijos o hijas, un berrinche o simplemente su desobediencia pueden causar que explotemos.

    Para que nuestro sistema no los catalogue como una “amenaza”, necesitamos darnos cuenta de que su comportamiento es simplemente una forma de comunicarse con nosotras, de decirnos qué es lo que necesitan en ese momento.

    Esa necesidad suele ser contraria a lo que nosotras necesitamos que hagan. Y aquí empieza el conflicto

    ¿Entonces es posible dejar de perder la paciencia con mi hijo?

    La respuesta es que debemos entender el por qué de su comportamiento. Todo comportamiento es una forma de comunicación.

    Pensamos que si se portan “mal” tenemos que corregirlos y ya está. Y esto es así, pero debemos hacerlo sabiendo primero qué nos quieren decir, qué les está pasando en realidad, y hacerlo de forma respetuosa, firme pero sin perder el control de nuestras propias emociones.

    el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero

    Nuestros hijos intentan decirnos qué necesitan, qué no estamos viendo y qué estamos haciendo de forma que ellos no entienden lo que queremos de ellos.

    Cuando sentimos un rechazo, una negativa o una pelea con lo que les pedimos o les decimos, entonces, el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero o que no estoy teniendo en cuenta sus necesidades.

    Si no entiendo esto, mi sistema interpretará erróneamente el comportamiento de mi hija o hijo de forma equivocada y lo etiquetará como una amenaza, algo de lo que tengo que defenderme inmediatamente. ¿Te has sentido alguna vez así?

    Hacer que esto no te pase, puede ser simple: si no te sientes atacada, no responderás agresivamente.

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras. La próxima vez que tu hijo se revele piensa que se está defendiendo de ti. Ese pensamiento te pondrá automáticamente en modo “solución”, “disculpa” o “búsqueda de otra solución”, pero nunca más de ataque.

    Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras

    Una vez que sabes qué está queriendo decirte tu hija o hijo, cuáles son sus mecanismos para defenderse de tus demandas, serás capaz de encontrar las herramientas que sí funcionan para corregir su comportamiento de forma que no se sienta amenazado por tí, ni tú por él o por ella.

    Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    ¿Qué pasa si pierdes la paciencia con tu hijo o hija constantemente?

    Si no hacemos este ejercicio, la desobediencia por su parte y la pérdida de paciencia por la nuestra se convierte en una dinámica familiar negativa. Esto es, una costumbre, un juego perverso que se va retro alimentando cada vez que pasa.

    Ella no hace caso, tú lo repites una vez, dos, tres, cuatro, hasta que empiezas a hablar y ella aun no hace caso, te mira de reojo y tú te sientes amenazada, entonces pierdes la paciencia y tu única respuesta es gritar, castigar o lo que sea. Entonces es cuando ella sabe que va en serio. Pero hasta entonces no. 

    Si esto se repite, ya habremos creado la dinámica.

    ¿Cuál es la clave para romper una dinámica familiar negativa?

    Primero darte cuenta de ella. 

    Segundo saber qué no estás viendo, qué te quiere decir tu hijo con su comportamiento y qué herramientas debes aplicar que sí funcionan

    Tercero: repetir y repetir hasta que tu automático se acostumbre a esa forma de hacer las cosas y tu hija o hijo sepa que sí entiendes y sí le tienes en cuenta y que puede cambiar su forma de comportarse porque ahora sí sabe obtener lo que necesita de forma adecuada.

    Pero debes repetir lo que sí funciona, no la dinámica negativa, porque lo que repitas es lo que se instalará ayudando o cargándose la armonía y el buen ambiente en tu familia.

    El resultado es que no sólo tu automático habrá cambiado de ser negativo a ser un comportamiento positivo con el que actuarás con paciencia, sino queautomáticamente” sabrás resolver el problema de forma constructiva en vez de enfadándote y gritando sin querer hacerlo.

    La conexión y la relación con tu hija o hijo se afianzarán y, por fin, tendrás las herramientas para restaurar la armonía en tu familia.

    Reconoce tus detonantes: ¿Qué situaciones te hacen perder la calma?

    Es fundamental que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué situaciones o comportamientos de tu hijo/a te hacen perder la paciencia. Identificar estos “detonantes” es el primer paso para poder gestionar tus emociones de forma más efectiva. ¿Es la hora de acostarse? ¿Las rabietas en público? ¿El desorden? ¿Que no te haga caso? Anota estas situaciones, para crear un plan de acción para cuando aparezcan.

    Estrategias para recuperar la calma: Herramientas prácticas para el día a día

    Para ayudarte a recuperar la calma y conectar mejor con tu hijo/a, te comparto algunas herramientas prácticas:

    • Técnicas de respiración y relajación: Cuando sientas que la paciencia se agota, toma una respiración profunda, inhala y exhala lentamente, esto te ayudará a regresar al presente y a recuperar el control.
    • Identifica tus detonantes y crea un plan de acción para afrontarlos. ¿Qué puedes hacer para evitar esas situaciones o para reaccionar de manera diferente cuando ocurran?.
    • Establecer límites claros y consistentes con amabilidad: Los límites son necesarios para que los niños se sientan seguros, pero también es importante comunicarlos con amor y respeto. Los niños necesitan límites y rutinas, pero estos deben ser consistentes para que ellos se sientan seguros.
    • Practica la escucha activa y la validación de las emociones de los niños: Escucha lo que tus hijos tienen que decir y hazles saber que entiendes cómo se sienten, aunque no compartas su punto de vista.
    • Utiliza un lenguaje positivo y respetuoso: Evita los gritos y las palabras hirientes. Utiliza un lenguaje que fomente la comunicación y la conexión.
    • Crea rutinas para dar estructura y seguridad a tus hijos, lo que ayudará a que se sientan más tranquilos y seguros.
    • Establece expectativas realistas sobre el comportamiento de los niños. Recuerda que son niños y que están aprendiendo. Ten en cuenta su nivel de madurez.
    • Tómate un tiempo para ti y para el autocuidado. Priorizar tu bienestar te permitirá tener más paciencia y energía para criar a tus hijos. Si tu no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.

    Conecta con tu hijo: Claves para una comunicación respetuosa y un vínculo fuerte

    Crear un apego seguro es fundamental para un desarrollo emocional saludable. Cuando perdemos la paciencia, afectamos la seguridad y la confianza que nuestros hijos depositan en nosotras. Por eso, es fundamental: Mantener la calma y conectar con nuestros hijos

    • Comunicarte de forma abierta y honesta con tus hijos, creando un espacio donde se sientan seguros para expresar sus emociones.
    • Valida sus sentimientos incluso si no los comprendes del todo.
    • Muéstrales tu amor incondicional, abrazándolos, jugando con ellos y dedicándoles tiempo de calidad.
    • Sé su referente seguro, al que puedan recurrir siempre que tengan dificultades en su vida.

    La importancia del autocuidado: Priorízate para criar con paciencia

    Recuerda que para poder cuidar a tus hijos de la mejor manera, primero debes cuidarte a ti misma. El agotamiento parental es un factor que influye en la pérdida de paciencia. Prioriza tu bienestar, reserva tiempo para ti, haz actividades que te gusten y busca apoyo cuando lo necesites. Si tú no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.

    No estás sola en este camino.

    Si sientes que la paciencia se agota con frecuencia, recuerda que no tienes por qué pasar por esto sola. Te invito a descargar la guía gratuita ‘Creciendo Juntos’, donde encontrarás herramientas prácticas y estrategias basadas en la parentalidad positiva para manejar la frustración y conectar de manera más efectiva con tu hijo. Además, puedes unirte a nuestro Círculo de Parentalidad Positiva, donde encontrarás el apoyo de otras madres que también buscan criar con amor y respeto. Y si necesitas una orientación más personalizada, puedes reservar tu sesión de claridad gratuita y te ayudaré a analizar tu situación particular. No esperes más para transformar tu crianza y construir un vínculo más fuerte con tus hijos.¿Quieres que te ayude a conseguir ser la mamá que quieres para tu hijo?

    Ahora que sabes cuáles son las claves para dejar de perder la paciencia con tu hijo, por favor, comparte este post si te ha gustado o déjame un comentario.

    Muchas personas que estén pasando por lo mismo te lo agradecerán.

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    Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

    Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano
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    Ya no queda cole. Los horarios siguen, los despertadores también, la agenda no ha cambiado. Y aun así, muchas madres ya notan algo estos días: una especie de tensión anticipatoria que no tiene nombre claro pero que se siente bastante bien. Como si el cuerpo supiera lo que viene y estuviera haciendo cuentas.

    Más horas juntas. Menos estructura. Más roces, más ruido, más comidas en casa, más pantallas como campo de batalla. Y encima la presión silenciosa de que debería ser bonito, de que este verano sí que sí, de que por fin vas a disfrutar. Es normal que te hagas la pregunta de cómo no perder la paciencia este verano

    El problema es que muchas madres llegan ya a julio sin reservas. No porque quieran menos a sus hijos. Sino porque llevan meses funcionando con el depósito en rojo.

    Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

    Por qué las vacaciones con hijos no descansan a todas las familias por igual

    Hay una cosa que conviene entender antes de diseñar ningún plan de verano: la estructura del curso, aunque pese, también sostiene.

    Los horarios, las rutinas, las entradas y salidas del colegio hacen algo importante para el sistema nervioso: reducen la cantidad de decisiones que tienes que tomar cada día y crean un marco predecible en el que moverse. Eso tiene un coste —el famoso cansancio del curso—, pero también tiene un beneficio que no siempre se ve hasta que desaparece.

    Cuando el verano afloja esa estructura, lo que en teoría suena a libertad puede volverse en la práctica bastante más caótico. Más momentos sin forma, más improvisación, más necesidad de gestionar sobre la marcha. Y si a eso le sumas que llegas con el nivel de reserva ya bajo, lo que aparece no suele ser descanso. Suele ser que todo lo que ya venías sosteniendo se hace más visible.

    El psicólogo e investigador especialista en trauma Bessel van der Kolk describe cómo el sistema nervioso necesita marcos de previsibilidad para regularse. Sin ellos, aunque el entorno sea objetivamente más tranquilo, la activación puede mantenerse alta. Eso explica por qué hay madres que en agosto están más reactivas que en marzo.

    Lo que de verdad ocurre cuando pierdes la paciencia con tus hijos

    Una de las ideas que más ayuda en terapia, y que a la vez más cuesta integrar, es esta: casi nunca perdemos la paciencia por lo que está pasando en ese momento, y es fundamental si quieres saber cómo no perder la paciencia este verano.

    El niño protesta. Tarda. Se niega a comer. Pelea con su hermano. Esas escenas son la chispa. Pero la reacción —la que luego te pesa, la que no querías tener— depende sobre todo del estado en el que tú llegas a esa escena.

    El psiquiatra y neurocientífico Daniel Siegel habla del concepto de ventana de tolerancia: el margen en el que el sistema nervioso puede procesar lo que ocurre sin desbordarse. Cuando estamos dentro de esa ventana, somos capaces de responder. Cuando llevamos días operando fuera de ella —por agotamiento, por sobrecarga, por falta de apoyo real—, cualquier cosa pequeña puede activar una respuesta que no está a escala de lo que está pasando.

    Esto no es una excusa. Es un mapa.

    Si entiendes que tu reacción depende también de cómo llegas tú, dejas de buscar solo la solución en la conducta del niño. Y empiezan a aparecer opciones mucho más útiles.

    Las señales de que ya vas justa antes de que empiece el verano

    Antes de cualquier plan, conviene mirar cómo llegas. No cómo te gustaría llegar. Cómo llegas de verdad. Estas son algunas señales que muchas madres reconocen cuando llevan tiempo funcionando con poca reserva:

    Vacaciones con hijos: cómo no perder la paciencia este verano

    • Reactividad desproporcionada: respondes con más intensidad de la que esperabas a cosas cotidianas que antes no te afectaban tanto.
    • Tensión física continua: mandíbula apretada, hombros cargados, una prisa interna que está ahí aunque no haya ningún sitio al que llegar.
    • Umbral de ruido muy bajo: el nivel de sonido de casa —que no ha cambiado— de repente te resulta insoportable.
    • Sensación de que todo recae sobre ti: no hay nada nuevo en la logística, pero el peso se siente diferente.
    • Ganas de desaparecer un rato: no de irte, sino de que durante diez minutos nadie te necesite para nada.

    Si te reconoces en varias de estas señales, no hace falta dramatizarlo. Pero tampoco ignorarlo. Tu cuerpo suele avisar antes que tu cabeza de que vas justa.

    Tres ajustes concretos para no llegar al verano sin paciencia

    No hace falta un plan perfecto. Hace falta un plan honesto. Estas tres cosas, hechas antes de que empiecen las vacaciones, marcan una diferencia real.

    1. Identifica qué te dispara específicamente en verano

    No en general: en concreto. Para algunas madres es la falta de ritmo. Para otras, las pantallas como campo de batalla permanente. Hay quien se desregula con las peleas entre hermanos, con la sensación de no poder pensar seguida, o con ese rol de organizadora total del que nadie la releva.

    Saber esto de antemano no lo resuelve todo, pero te coloca. Pasar de “a ver qué tal se da” a “sé qué escenas me van a costar más y qué voy a cuidar” es un cambio pequeño con consecuencias grandes.

    2. Decide tres anclajes para el día

    No un horario rígido. Tres puntos de referencia que den algo de forma al día sin que todo dependa del humor o del cansancio. Puede ser una hora aproximada de arranque de la mañana, un marco claro para las pantallas y un rato de movimiento o salida. La combinación concreta importa menos que el hecho de que exista.

    Cuando el verano se vuelve demasiado líquido, los niños se regulan peor, las peticiones se multiplican y el adulto acaba sintiendo que va apagando fuegos continuamente. La estructura ligera previene muchas broncas antes de que empiecen.

    3. Decide qué no vas a sostener sola esta vez

    Esta es, probablemente, la más importante.

    Muchas madres llegan al verano pensando en qué harán con los niños, pero sin haberse preguntado qué parte de la carga no quieren seguir cargando solas. Luego empieza julio y se encuentran organizando comidas, planes, tiempos, pantallas, conflictos y ambiente, sin que nadie haya tenido esa conversación de forma explícita.

    Antes de que acaben las clases, vale la pena tener una conversación concreta sobre reparto: qué cosas no van a depender solo de ti, qué ratos necesitas proteger, qué pides y qué ya no te compensa seguir gestionando por inercia.

    El error que nadie nombra para saber cómo no perder la paciencia en verano: la expectativa trampa

    Hay algo que complica el verano de muchas madres por encima de cualquier logística: la idea de que deberían estar disfrutándolo más.

    Entramos en julio queriendo que sea un tiempo más bonito, más conectado, más descansado. Y eso está bien. El problema aparece cuando, mientras convivimos con todo lo que trae la intensidad del verano, cargamos también con la culpa de no estar disfrutándolo como creemos que deberíamos.

    Ahí el verano se hace el doble de pesado.

    Cambiar esa expectativa por una más honesta ayuda mucho más que cualquier técnica de paciencia. No necesitas un verano perfecto. Necesitas un verano respirable, en el que no todo pase a través de ti y en el que haya algo de forma. Pero sobre todo un verano en el que tú no desaparezcas del todo dentro de la logística y la convivencia.

    Por dónde empezar si te has reconocido en esto

    Si mientras leías esto has pensado “sí, yo ya llego bastante cargada”, no esperes a julio.

    La guía Mamá en equilibrio en 4 pasos está pensada exactamente para eso: entender qué te pasa cuando te desbordas, qué te vacía y cómo llegar de otra manera a esas escenas cotidianas que luego pesan. Descárgala aquí

    Y si sabes que sola te cuesta sostener los cambios, tiene mucho sentido asomarte al Círculo de Parentalidad Positiva: un espacio donde revisar lo que te pasa, ajustar herramientas y no sentir que todo depende, una vez más, de que improvises mejor. Echa un vistazo en este enlace aquí

    También puedes reservar una Sesión de claridad si prefieres contarme tu caso de forma más directa: Acceso a mi calendario

    ¿Te has reconocido en alguna de estas señales? Cuéntamelo en los comentarios — me ayuda saber qué os pesa más antes de que llegue el verano.

    Mi hijo no me hace caso: Qué hacer para recuperar autoridad sin gritos

    Hay una escena que se repite en muchas casas: dices “vamos”, “recoge”, “ponte los zapatos”, “apaga la tele”… y tu hijo parece que no te oye. Lo repites una vez más. Nada. Te notas subiendo el tono, y en algún punto aparece el grito o la amenaza.

    Después llega el desgaste. La culpa. Y esa duda incómoda: “¿Cómo recupero autoridad sin convertirme en alguien que no quiero ser?”

    Vamos a partir de una idea que cambia el enfoque y, sobre todo, cambia el resultado.

    Autoridad no es que te obedezcan por miedo.
    Autoridad es liderazgo: saber cómo corregir y cómo conseguir un resultado bueno para todos.
    “Confío en ti para resolver esto.”

    Cuando tu hijo confía en tu liderazgo, coopera más. No porque sea “fácil”, sino porque siente que hay un adulto al mando que sabe qué hacer, incluso cuando hay enfado, cansancio o resistencia.

    Por qué “mi hijo no me hace caso” no siempre es un desafío

    Lo primero es no confundir “no responde” con “me reta”. A veces tu hijo no hace caso porque está absorbido por el juego, porque le cuesta cambiar de tarea, porque tiene hambre o sueño, o porque está frustrado y su cabeza se queda atascada en el “no quiero”.

    Y sí, a veces también está probando límites. Eso es parte del crecimiento. De hecho, muchas veces lo que un niño está comprobando con su oposición es algo muy básico: si tú sostienes el rumbo cuando él se desordena por dentro.

    Cuando lo interpretamos como una batalla de poder, respondemos como si estuviéramos en un pulso. Subimos el volumen, damos explicaciones largas, amenazamos… y normalmente obtenemos justo lo que no queremos: más resistencia, más tensión y menos cooperación.

    La alternativa es el liderazgo claro: pocas palabras, presencia y acciones consistentes.

    La clave que casi nadie tiene en cuenta: expectativas según etapa madurativa

    Hay una pregunta que te ahorra muchísimos gritos:

    “¿Mi hijo puede hacer esto a esta edad, hoy, en este momento?”

    Porque una cosa es que un niño “sepa” algo, y otra que sea capaz de hacerlo cuando está cansado, excitado, frustrado o delante de una pantalla. La madurez no es lineal. Y si tú exiges autocontrol de adulto a un cerebro que todavía está construyendo ese autocontrol, el choque es inevitable.

    Por eso, recuperar autoridad sin gritos pasa por ajustar tres piezas a cada etapa:

    • lo que pueden hacer de verdad,
    • lo que todavía les cuesta,
    • y lo que les ayuda a colaborar.

    Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

    De 1 a 3 años: cuando “mi hijo no hace caso” suele ser inmadurez, no desobediencia

    En esta etapa, “hacer caso” rara vez significa obedecer desde lejos y a la primera. Su atención es limitada, su capacidad de esperar es mínima, y cambiar de una actividad a otra puede resultarles muy difícil.

    Lo que sí pueden hacer: seguir indicaciones muy simples cuando el adulto está cerca, y empezar a colaborar si se les guía paso a paso. Lo que les cuesta: parar de golpe, cambiar de tarea sin protestar y regular el impulso de “quiero esto ya”.

    En esta etapa, tu autoridad se ve sobre todo en el cuerpo, no en el discurso. Funciona mucho más acercarte que repetir. Funciona más sostener la acción que explicar por qué hay que hacerlo.

    Imagínalo así: tú no estás “mandando”. Estás guiando físicamente el paso siguiente. “Ahora zapatos” y le ayudas a empezar. No estás cediendo: estás siendo el soporte que su madurez todavía necesita.

    Aquí el liderazgo se nota en que tú no entras en una negociación eterna. Entras, lo acompañas, y se hace. Con calma. Con firmeza.

    De 3 a 6 años: “puedo, pero me cuesta” (y lo discuto)

    Entre los tres y los seis aparece con fuerza el “yo”. Quieren autonomía, quieren decidir, y a la vez tienen una tolerancia a la frustración todavía pequeña. Por eso muchas veces no es que “no te hagan caso”: es que el cambio les da rabia, o la norma les parece injusta, o están tan metidos en lo que les gusta que no quieren soltarlo.

    Lo que sí pueden hacer: colaborar en rutinas sencillas, recoger con supervisión, responder mejor si la consigna es clara. Lo que les cuesta: parar una actividad agradable, esperar, y aceptar un “no” sin enfadarse.

    Aquí ayuda muchísimo que tu liderazgo tenga dos ingredientes: anticipación y elección limitada. Anticipación significa que no caes encima con el límite de golpe, sino que avisas con claridad: “En dos minutos nos vamos” o “Cuando termine este capítulo, se apaga”. Elección limitada significa que no negocias si se apaga o no se apaga, pero sí ofreces un pequeño margen de control: “¿Lo apagas tú o lo apago yo?” o “¿Vamos andando o te llevo en brazos?”

    Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

    Ese tipo de elección no debilita tu autoridad. Al revés: reduce el choque porque tu hijo siente que participa sin controlar la decisión principal.

    En esta etapa también hay algo importante: cuanto más largas son tus explicaciones, menos efecto tienen. Una frase corta, repetida siempre igual, funciona mejor que un discurso distinto cada día.

    Aquí el liderazgo se nota en que tú no entras en una negociación eterna. Entras, lo acompañas, y se hace. Con calma. Con firmeza.

    Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

    De 6 a 9 años: la autoridad se construye en el sistema, no en el momento

    En primaria muchos niños ya “pueden” hacer bastantes cosas. El problema suele ser otro: hábitos, constancia, distracciones y, en muchos casos, una dinámica familiar donde se ha instalado el “pídemelo mil veces”.

    A esta edad pueden responsabilizarse de tareas pequeñas, entender normas y consecuencias, y colaborar más si el ambiente es previsible. Pero todavía les cuesta sostener hábitos sin estructura adulta. Necesitan recordatorios, supervisión y rutinas estables, aunque por fuera parezcan muy mayores.

    Aquí tu liderazgo se vuelve mucho más eficaz cuando dejas de pelear en el momento y pasas a crear reglas simples del sistema familiar. Por ejemplo: “En esta casa, la pantalla va después de deberes y ducha.” No lo decides cada día. No depende de tu humor. Es una norma del hogar. Y cuando algo es norma, tú no estás discutiendo: estás aplicando.

    Esto es autoridad madura: no es intensidad, es coherencia. Tu hijo aprende que contigo hay un marco estable. Y ese marco reduce el conflicto.

    En esta etapa también funciona bien que el niño sienta que forma parte del equipo. No como discurso bonito, sino como realidad: “Aquí todos colaboramos. Yo te ayudo, y tú también aportas.” Cuando el niño se siente competente, coopera más.

    De 9 a 12 años: si no hay respeto mutuo, no hay influencia

    En la preadolescencia la autoridad cambia de forma. La obediencia ciega pierde fuerza, y la relación gana peso. Si tu hijo se siente tratado con injusticia o con control, es más probable que resista. Si se siente escuchado, respetado y tomado en serio, coopera más, aunque no le guste la norma.

    A esta edad pueden entender acuerdos, anticipar consecuencias y asumir más responsabilidad. Pero también necesitan autonomía. Y cuando sienten que se les trata como pequeños, lo pelean.

    Aquí el liderazgo se parece más a esto: “Yo marco el marco. Tú tienes voz dentro de ese marco.” Es decir, no negocias lo esencial (horarios, pantallas, normas de respeto), pero sí puedes negociar cómo lo van a hacer, qué necesitan, qué opciones hay para cumplirlo.

    Una frase clave para esta etapa podría ser: “Lo vamos a resolver juntos, pero yo soy quien decide lo importante.” Eso baja la guerra sin bajar tu autoridad.

    Mi hijo no me hace caso: autoridad sin gritos (por edad)

    Qué hacer en el momento sin gritar: el guion que más funciona

    Cuando estás en pleno “no me hace caso”, el objetivo no es ganar una discusión. El objetivo es volver al liderazgo. Y el liderazgo se sostiene mejor con acciones simples que con palabras.

    El guion suele ser:

    Te acercas. Dices su nombre. Das una instrucción corta. Nombras lo que le pasa (“ya sé que da rabia parar”) y sostienes el límite (“y toca parar”). Si no se mueve, acompañas la acción: empiezas con él, lo ayudas a empezar o aplicas la consecuencia prevista sin sermón.

    En muchos casos, lo que marca la diferencia es dejar de pedir desde lejos y dejar de repetir. Repetir desgasta tu autoridad. Acompañar y actuar la fortalece.

    Tu autoridad crece cuando tu hijo ve que contigo las cosas se resuelven, no se eternizan.

    Dos errores comunes que debilitan tu autoridad (sin que te des cuenta)

    El primero es repetir hasta explotar. Eso enseña que tu voz normal no importa y que solo hay que moverse cuando estás al límite. El niño se acostumbra a esperar, y tú te acostumbras a apretar.

    El segundo es improvisar consecuencias en caliente. Cuando la consecuencia sale de la rabia, suena a castigo. Y el castigo genera más resistencia.

    La alternativa es sencilla: menos repeticiones y consecuencias más predecibles. Que tu hijo sepa qué pasa cuando no coopera, sin necesidad de drama.

    Aquí te dejo un único módulo breve de apoyo, para aterrizarlo:

    • Di la instrucción una vez, cerca y con calma.
    • Si no hay respuesta, acompaña la acción (ayudar a empezar o aplicar la consecuencia prevista).
    • Mantén pocas palabras: el tono y la coherencia enseñan más que el discurso.
    • Repara si gritas, pero no quites el límite.

    Si ya has gritado: cómo reparar sin perder el liderazgo

    Gritar no te convierte en mala madre o mal padre. Te convierte en un ser humano cansado. Lo importante es qué haces después.

    Reparar no es hundirte ni pedir perdón con dramatismo. Reparar es asumir y volver al rumbo. Una frase simple puede ser suficiente: “Antes he hablado gritando. No quiero hacerlo así. Lo siento. Ahora seguimos.”

    Esa reparación no te quita autoridad. Te la da, porque tu hijo ve que sabes corregirte y reconducir la situación. Eso también es liderazgo.

    Lo que veo una y otra vez en las familias (y que sí tiene solución)

    Recuperar autoridad sin gritos no va de encontrar la frase perfecta. Va de sostener un estilo: cercano, claro y consistente. También de ajustar expectativas a la edad. Pero sobre todo de no convertir cada límite en un debate, sino de que tu hijo sienta algo muy concreto: que contigo, incluso cuando hay conflicto, las cosas se encauzan.

    En mi experiencia acompañando a familias, casi siempre empieza igual: llegan agotadas, con la sensación de que todo el día es repetir, insistir, negociar… y que al final solo “funciona” el grito, la amenaza o rendirse. Muchas madres y padres me dicen algo como: “No quiero educar así, pero no sé cómo hacer que me tome en serio”.

    Y lo más interesante es que, cuando miramos de cerca, no suele ser un problema de “niños malos” ni de “padres sin autoridad”. Suele ser una combinación muy humana: expectativas que no encajan con la etapa del niño, rutinas poco sostenibles para el día a día real, y un nivel de cansancio tan alto que cualquier pequeña resistencia se vive como un ataque personal.

    Autoridad que se nota en casa

    Te pongo un ejemplo típico (sin detalles personales, solo para que te suene). Una familia con un niño de 5 años: cada mañana era una batalla. Vestirse, desayunar, salir de casa… todo acababa con prisas y gritos. Cuando lo trabajamos, vimos que el niño no “pasaba” de sus padres: se enganchaba al juego y le costaban muchísimo las transiciones.

    Los padres, por su parte, iban ya con el reloj en la nuca y con el cuerpo tenso desde que abrían los ojos. Ajustamos dos cosas muy simples: menos órdenes desde lejos, un orden de pasos fijo (siempre igual) y un margen pequeño de elección (“¿te pones primero camiseta o pantalón?”). También reducimos palabras en el momento y aumentamos la presencia: acercarse, mirar, tocar suavemente, guiar el primer paso. No se transformó en una mañana perfecta de película, pero sí dejó de ser una guerra diaria. Y cuando baja la guerra, aparece algo muy valioso: colaboración.

    Eso es lo que busco cuando acompaño a familias: que recuperéis liderazgo sin gritos, con un marco claro, realista y sostenible. No porque la crianza tenga que ser “fácil”, sino porque la convivencia no tiene por qué ser un campo de batalla.

    Si al leer esto te has visto reflejada/o, quédate con esta idea: tu hijo no necesita que seas perfecto. Necesita que sepas reconducir. Y eso se aprende.

    Por supuesto no es tan simple como esto, o quizá sí. Quizá hay algo, un matiz que no estás haciendo bien, en tu tono, tu energía, las dinámicas que ya están instauradas y que no ayudan.

    Para aterrizarlo en tu casa (sin hacerlo perfecto)

    Si leyendo esto te has dado cuenta de que el problema no es “mi hijo” ni “yo”, sino una dinámica que se repite, ese ya es un paso enorme. En el acompañamiento que hago con familias suelo ver lo mismo: cuando ajustamos expectativas a la edad y ponemos un plan simple para los momentos críticos (mañanas, pantallas, rutina de noche), baja el conflicto y vuelve la cooperación.

    Si te apetece trabajarlo con guía, aquí tienes dos opciones, sin presión: puedes ver en qué consiste mi Programa Armonía Familiar (4 meses para cambiar dinámicas concretas en casa, con estructura y seguimiento) o reservar una Sesión de claridad para que miremos tu caso y te lleves un primer enfoque claro.

    Sigue leyendo

    Si este tema te resuena, aquí tienes otros artículos que te pueden ayudar a sostener límites y mejorar la cooperación en casa:

    Si sientes que lo estás intentando todo y aun así la dinámica se repite, casi siempre hay un par de ajustes concretos (en el momento, el tono y las rutinas) que cambian el resultado. Eso es lo que trabajamos en el caso real, con tu familia.

    FAQs

    ¿Es normal que mi hijo “no me haga caso” aunque yo sea firme?

    Sí. Sobre todo en edades pequeñas y en momentos de cansancio, hambre, pantallas o cambios de rutina. La firmeza ayuda, pero la madurez del niño y el contexto mandan mucho. Lo importante es que tu respuesta sea consistente: pocas palabras, cercanía y acompañar la acción sin entrar en lucha.

    ¿Cuántas veces tengo que repetir antes de “actuar”?

    Cuantas menos, mejor. Repetir muchas veces enseña que tu primera frase no cuenta. Una pauta útil es: lo dices una vez, te acercas, lo sostienes y acompañas. Si no hay respuesta, ayudas a empezar o aplicas la consecuencia prevista (sin sermón).

    ¿Y si mi hijo se enfada muchísimo cuando pongo límites?

    Es bastante común. En muchas etapas, frustrarse forma parte del aprendizaje. El objetivo no es evitar que se enfade, sino sostener el límite sin humillar y sin perderte tú. Con el tiempo, el niño aprende que puede enfadarse sin que eso cambie la norma.

    ¿Poner consecuencias es lo mismo que castigar?

    No. Una consecuencia es algo previsible y relacionado con la situación (“si no recogemos, no sacamos otro juego”; “si no te vistes, te ayudo yo y salimos igual”). Un castigo suele salir de la rabia y busca “que aprenda” a través del mal rato. El tono y la intención cambian todo.

    ¿Qué hago si solo me hace caso cuando grito?

    Eso suele ser un hábito: el niño se ha acostumbrado a reaccionar ante el sobresalto. Para cambiarlo, necesitas que tu voz normal “tenga peso” a través de coherencia: acercarte, decirlo poco, acompañar y sostener. Al principio puede haber más protesta porque el sistema está cambiando, pero si vuelves al grito como salida, el patrón se refuerza.

    ¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?

    Cuando sientes que la convivencia está siempre tensa, que estás gritando más de lo que te gustaría, que cada día acaba en lucha o que la dinámica os está desgastando como familia. Acompañar no es “porque no puedes”; es porque quieres una forma más clara y más humana de sostener tu casa.

    Si te apetece, puedes escuchar el episodio relacionado con este tema (si lo tienes) y observar durante una semana un solo cambio: menos repeticiones, más cercanía, y sostener el límite con pocas palabras.

    Y si quieres que lo aterricemos en tu caso (edad de tu hijo, momentos más difíciles, qué es lo que más se repite en casa), en el Programa Armonía Familiar trabajo contigo para que tengas un plan claro y aplicable, sin tener que estar “inventando” cada día cómo hacerlo.

    Apego Seguro: Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

    Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

    Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

    El apego seguro: más allá de la sobreprotección

    Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección es una de las cuestiones más frecuentes en la educación respetuosa. La crianza con apego suele generar debates apasionados. Muchas veces escucho comentarios como “el apego está bien, pero solo en su justa medida” o “hay que dar apego, pero sin pasarse”. Uno de los mitos más comunes es que criar con apego equivale a sobreproteger, y nada podría estar más alejado de la realidad. Facilitar un apego seguro es, en realidad, ofrecerle a nuestros hijos la confianza y seguridad necesarias para que, a medida que crecen, deseen y busquen la independencia.

    Un niño que ha desarrollado un sistema de apego seguro comienza a expresar su deseo de autonomía desde temprana edad, a menudo a los dos o tres años. De repente, nuestro hijo empieza a demandar hacer las cosas por sí mismo: elegir su ropa, decidir cuándo y qué comer, o resolver pequeños problemas sin intervención. Este comportamiento, que puede resultar desafiante, es en realidad una señal positiva: es el reflejo de un apego seguro y saludable que fomenta su desarrollo.

    Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

    La gran confusión: apego no significa sobreprotección

    A las mamás que practicamos la crianza con apego se nos tacha de ser demasiado protectoras. Proteger y cuidar son esenciales para construir un apego seguro, pero también lo es facilitar la autonomía. Como destaca el psiquiatra infantil Donald Winnicott, una “madre lo suficientemente buena” responde a las demandas de su hijo sin interferir en su exploración.

    Durante los primeros meses, los bebés necesitan de nuestra cercanía para sentirse seguros y regulados emocionalmente, especialmente en situaciones de angustia, como la famosa “angustia por separación” que surge alrededor de los nueve meses. Esta fase de protección inicial es esencial, pero para fomentar un apego seguro, también es crucial saber cuándo dar espacio para que el niño explore.

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    Apego y exploración: dos sistemas que se complementan

    La psicología del apego nos muestra que los niños están dotados de dos sistemas: el de apego y el de exploración, los cuales funcionan de forma alternativa. Cuando un niño se siente seguro, su sistema de apego se desactiva y su sistema de exploración se activa. En estos momentos, su curiosidad por el mundo es máxima. En cambio, si se siente inseguro o ansioso, su sistema de apego se activa, y su necesidad es volver a su base segura, a sus padres. Así, el niño aprende que puede explorar el mundo y regresar en busca de consuelo cuando lo necesite, un balance que fomenta tanto su autonomía como su confianza.

    Para los padres, esto implica encontrar el equilibrio entre proteger y permitir. Esto significa acompañar a nuestro hijo sin intervenir en sus intentos por descubrir el mundo. Si le damos espacio para experimentar, desarrollará la confianza para enfrentar desafíos, un pilar fundamental para convertirse en un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

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    Cómo fomentar la autonomía sin perder la conexión

    Algunas madres pueden preguntarse: ¿entonces dejo que mi hijo corra riesgos? La respuesta es sí, pero con límites. Un niño que intenta trepar a un lugar alto puede necesitar supervisión para evitar lesiones graves, pero no deberíamos intervenir constantemente. Podemos colocarnos cerca, listos para ayudar si es necesario, pero evitando ofrecer ayuda hasta que el niño lo solicite. Este enfoque permite que el niño se sienta competente y apoyado a la vez.

    Esta capacidad de responder a las necesidades cambiantes del niño es lo que define un apego seguro. Si tu hijo te pide ayuda, dale seguridad; si te muestra señales de querer autonomía, respétala. Este delicado balance entre protección y autonomía permite que el niño desarrolle una autoestima fuerte y una capacidad de autorregulación que perdurará en la vida adulta.

    El fin último del apego seguro: desarrollar el potencial de tu hijo

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    Apego seguro es fortalecer su independencia

    El objetivo de fomentar un apego seguro es que nuestros hijos puedan desarrollar todo su potencial. Darles seguridad no siempre implica protegerlos, sino también dejarlos experimentar y aprender por sí mismos. Esto puede significar dejarlos decidir, respetar su deseo de independencia y estar allí para ellos cuando lo necesiten.

    En la crianza con apego, los límites son importantes, pero también lo es saber cuándo ceder espacio. Observa a tu hijo, escucha sus señales, y descubrirás que constantemente te está indicando lo que necesita.

    Crear un entorno seguro desde el apego significa ser un refugio al que siempre pueda regresar, sin dejar de impulsarlo a descubrir el mundo. Es este equilibrio lo que le permitirá crecer como un adulto seguro y consciente de sus capacidades.

    Para comprender cómo la sobreprotección puede afectar el desarrollo de los sistemas de apego, es fundamental analizar investigaciones clave en el campo del desarrollo infantil y la psicología del apego. A lo largo de los años, estudios científicos han confirmado que los extremos en la protección y la independencia pueden llevar a patrones de apego inseguros en los niños, como el apego ansioso y el evitativo.

    Cómo criar hijos independientes sin caer en la sobreprotección

    La sobreprotección y el Apego Ansioso

    El apego ansioso es un estilo que surge cuando el niño percibe la presencia del cuidador como inconsistente. Mary Ainsworth, investigadora pionera en la Teoría del Apego, identificó este patrón en su famoso experimento de la “Situación Extraña”, donde observó que los niños con apego ansioso reaccionaban con extrema ansiedad ante la separación y buscaban constantemente la aprobación y cercanía del cuidador al regresar.

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    Cuando los padres son excesivamente protectores, el niño recibe el mensaje de que el mundo es peligroso y que necesita de sus padres para resolver cualquier desafío, lo cual inhibe el desarrollo de la autonomía.

    Qué dicen los expertos

    Según un estudio publicado en la revista Child Development, los niños sobreprotegidos suelen mostrar una mayor dependencia emocional y menor capacidad para gestionar el estrés en comparación con aquellos que han tenido la oportunidad de explorar y resolver problemas por sí mismos. Esta falta de confianza en sus propias habilidades fomenta el apego ansioso, donde el niño teme la separación y experimenta una necesidad constante de proximidad y validación.

    Un ejemplo de esto en la vida diaria es cuando un niño intenta resolver un problema simple, como atarse los zapatos, y el padre interviene constantemente. Aunque la intención es evitar la frustración, el mensaje implícito es que el niño no es capaz de hacerlo solo, lo cual alimenta su inseguridad y dependencia.

    El Apego Evitativo como respuesta a la inhibición emocional

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    Apego Evitativo

    El apego evitativo, por otro lado, surge cuando los padres son emocionalmente distantes o inconsistentes en su respuesta a las necesidades afectivas del niño. En este caso, el niño aprende a reprimir sus emociones y a evitar la cercanía para no experimentar el rechazo.

    Este patrón también puede resultar de un exceso de control parental, donde la autonomía del niño está constantemente restringida. Si un padre no permite al niño experimentar por temor a que algo malo ocurra, el niño puede desarrollar la idea de que expresar sus necesidades emocionales no es seguro o válido. Con el tiempo, este niño puede volverse emocionalmente distante, desconectado de sus propias emociones y evitar la intimidad en sus relaciones futuras.

    La ciencia del balance entre protección y autonomía

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    Para promover un apego seguro, los estudios coinciden en que es esencial que los padres encuentren un equilibrio entre protección y autonomía. La investigadora Alison Gopnik, en su libro The Gardener and the Carpenter, destaca la importancia de permitir que los niños exploren y enfrenten pequeños desafíos a su ritmo. Gopnik explica que los padres deben actuar como “jardineros”, proporcionando un entorno seguro y de apoyo que permita a los niños desarrollarse naturalmente y a su propio ritmo, en lugar de ser “carpinteros” que buscan esculpir al niño controlando cada aspecto de su entorno.

    Esta metáfora refleja la importancia de dejar espacio para la exploración dentro de un marco seguro. Cuando los padres responden a las necesidades emocionales de sus hijos sin controlar todos los aspectos de su desarrollo, el niño aprende a confiar en sí mismo y en sus habilidades. De este modo, el apego seguro se convierte en una base sólida desde la cual el niño puede explorar el mundo sin miedo, sabiendo que siempre puede regresar a su base segura.

    Evitar la sobreprotección para fomentar un Apego Seguro

    La sobreprotección, aunque bien intencionada, puede inhibir el desarrollo emocional saludable de los niños y llevar a patrones de apego inseguros. Proteger es una parte importante del apego seguro, pero solo cuando se combina con la oportunidad de explorar y aprender de manera independiente. Los estudios en desarrollo infantil sugieren que cuando los padres equilibran el apoyo emocional con la promoción de la autonomía, los niños desarrollan un apego seguro que les permite afrontar el mundo con confianza y resiliencia.

    Al comprender cómo nuestras respuestas como padres pueden influir en los estilos de apego de nuestros hijos, podemos ayudarles a construir relaciones saludables y a crecer como individuos seguros y emocionalmente equilibrados. La clave está en observar y responder a las señales de nuestros hijos, reconociendo cuándo necesitan protección y cuándo es el momento de dar un paso atrás y permitirles explorar.

    Si este artículo te ha resultado útil o te ha brindado una nueva perspectiva sobre el apego seguro, no dudes en compartirlo en tus redes o dejar un comentario con tus propias experiencias. ¡Tu historia también es importante en esta comunidad de padres que desean lo mejor para sus hijos!


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    Quiero llegar a todo, pero no soy feliz

     

    Las mujeres somos súper poderosas. Las que somos mamás, las que no, las que trabajan, las que son amas de casa, las que sostienen emocionalmente a su familia, a sus parejas, las que ponen proyectos en marcha… todas tenemos hijos propios, adoptados, inventados, acoplados, interesados… Y como nosotras podemos, pues ahí vamos con todo…

    Pero nuestros hijos REALES son lo más importante, nuestras familias, ellos son todo para nosotras, pero, en el fondo, ¿somos felices? Es muy injusto para ellos ser un componente importante en nuestra infelicidad. No es justo para nadie. No lo es para nuestras parejas que quisieran vernos felices, no es justo para nuestros hijos, porque ellos no pidieron venir a este mundo. Pero sobre todo no es justo para ti. Tú no mereces ser infeliz.

    Parece que todo depende de nosotras: la casa, los hijos, los papas (propios), los papas (de nuestros hijos), que nuestros hijos sean alguien en la vida (…), que estén “bien” educados, debemos ir siempre perfectas, no tener problemas (o que no se note mucho por lo menos). Es demasiado. Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras. Nos han vendido la moto y nos la hemos tragado enterita.

    Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras.

    Cuando trabajo con grupos de mujeres mamás, raro es el día que no bromeo diciendo que voy a comprar un perchero para que dejen la capa de súper heroína fuera. Suele causar risa nerviosa y después una bajada de hombros y un “si, es cierto”. Pero esta toma de conciencia nos dura poco.

    Estamos entrenadas para poder con todo. “Si quieres puedes”, “si te organizas, lo lograras”… esos son los mensajes externos e internos que nos bombardean y nos empujan a seguir tirando del carro. Y son ciertos. Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.

    Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.

    Este es un planteamiento que a veces perdemos de vista. ¿Quién me dicta lo que tengo que hacer, donde tengo que llegar, qué meta tengo que alcanzar? ¿Yo? No siempre. Una pista: ¿cuántas de las cosas que haces te llenan de energía? O mejor, de todas las cosas que haces, nombra una que te llene de energía. ¿Cada cuánto la haces?

     

    Hemos perdido el contacto con nosotras mismas, con nuestros pulsos internos, con nuestra voz interior.

    Hemos aprendido a malgastar nuestro poder, a entregarlo, por ser aceptadas en un mundo al que no pertenecemos. Y lo peor es que, si alguna de las tareas que nos han encomendado fallan, nos sentimos culpables, incapaces, defectuosas, sin poder y, en lugar de pararnos a reflexionar si en realidad toda esa responsabilidad es en realidad nuestra, simplemente nos levantamos y volvemos a la carga.

    Hasta el gran Steven Covey lo dice: hay que afilar el hacha. Para las que no habéis oído el cuento del que el gran gurú de la organización del tiempo se inspiró, os lo hago corto. Dos leñadores hicieron una competencia para saber quién era capaz de cortar más árboles.

    La verdad, no recuerdo por qué. Uno comenzó venga a talar y a talar como un loco, hasta que su hacha ya no pudo cortar más. Mientras tanto, el otro se dedicó a afilar su hacha. ¿Quién ganó?. Pues eso, el que se ocupó de poner a punto su herramienta. ¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?

    ¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?

    Te doy otra razón. Mira, puede que nadie te lo dijera antes, pero todas las personas del mundo tienen unos derechos fundamentales irrevocables, y que aunque no estén en ninguna constitución, todos poseemos. Estos son:

    NUESTROS DERECHOS ASERTIVOS BÁSICOS

    1. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

    2. El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.

    3. El derecho a ser escuchado y tomado en serio.

    4. El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.

    5. El derecho a decir “NO” sin sentir culpa.

    6. El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “NO”.

    7. El derecho a cambiar (añado: y a no cambiar)

    8. El derecho a cometer errores.

    9. El derecho a pedir información y ser informado.

    10. El derecho a obtener aquello por lo que pagué.

    11. El derecho a decidir no ser asertivo.

    12. El derecho a ser independiente.

    13. El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.

    14. El derecho a tener éxito.

    15. El derecho a gozar y disfrutar.

    16. El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo.

    17. El derecho a superarme, aún superando a los demás.

     

    Y no lo digo yo. El recopilador original de estos derechos fue Manuel J. Smith en su libro “Cuando digo, no me siento culpable”. Toma nota.

    ¿Y por dónde empezar?

    A lo mejor ya te has dado cuenta de que necesitas cortar, pararte y pensar qué te hace feliz a ti. Pero en la práctica es difícil, el día a día nos supera con la rutina. Hacemos las cosas sin pensar. Y sólo somos conscientes de que nos estamos extralimitando cuando nos sentimos dolidas con los otros por no reconocer nuestro esfuerzo o cuando estamos exhaustas.

    ¿Por dónde empezar a reclamar mi espacio, mi tiempo, mis derecho a ser o no ser o dar o a no dar todo de mi? Te doy una pista. ¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese.

    ¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese

    Si quieres te doy otra pista: sólo tus hijos necesitan de ti (si tienen menos de 20 años). Del resto de tropa que anda ahí encaramada en tu carro te puedes ir deshaciendo de todos, como hojas de margarita. Porque al final, la única persona en el mundo que te tiene que querer a estas alturas del cuento eres tú. 

    Para poder seguir a delante sin rompernos, sin dejarnos el alma en el intento, sin fallar a los que nos importan, sin gritarles, sin explotar, sólo podemos hacer una cosa: aunque podamos hacer más, debemos dosificar nuestras fuerzas, encontrar aquellas cosas que nos hacen felices, que nos llenan de energía y darnos una dosis de vez en cuando. Porque lo mejor que podemos hacer por los que más amamos es estar bien para poder darles lo mejor de nosotras mismas.

    Te mando un abrazo enorme y ya sabes: a afilar el hacha.

    Si descubriste algo, si encontraste algún aprendizaje o algo que te gustó en esta entrada, ayúdame a difundir el mensaje regalándonos un “me gusta” y compartiendo el post. También me encantará conocer tu experiencia en este sentido y tu opinión abajo en la parte de comentarios.

    Si quieres que te ayude, personalmente, a que aprendas a poner límites en tu vida, a cuidarte y a darte y dar a tu familia la calidad de vida que necesitas, por favor, cuenta conmigo. Mira los programas que tengo en marcha para poder apoyarte aquí. Juntas podemos hacer que todo esté bien. Te lo garantizo.

    Cómo convertir los conflictos de los niños en oportunidades de aprendizaje

     

    Hoy quiero compartir contigo un aprendizaje que surgió entre un grupo de padres de una comunidad Waldorf donde fui invitada a dar una charla.

    El tema que les preocupaba era cómo responder adecuadamente en una situación de conflicto con agresión, donde tu hijo o hija o bien es el agredido o el agresor o ambos.

    Las preguntas principales fueron: ¿Le decimos que se defienda? ¿Si no se defiende se va a volver codependiente? ¿Es lícito agredir para defenderse? ¿Cómo evitar esas situaciones? Me pareció muy interesante y quiero compartir lo que aprendimos en el blog.

    En primer lugar, las situaciones en las que los niños (sobre todo de menos de tres o cuatro años) llegan a las manos son normales, desde el punto de vista del desarrollo al menos. Tenemos que pensar que antes que racionales, somos animales en proceso de socialización. La socialización viene después y se va asimilando según nuestro cerebro “superior” o cognitivo va desarrollándose. 

    Es normal que nuestros hijos e hijas peleen si son pequeños, porque ante todo somos animales que no entendemos de normas o de lo socialmente aceptable. Eso hay que enseñarlo.

    Desde el primer momento debemos evitar que los niños se hagan daño, ya sea ellos mismos o por manos de otros. Eso está claro. Pero jamás debemos etiquetar a ningún niño o niña por sus acciones, sino su comportamiento.

    Igual que unos hablan, dejan el pañal, caminan, etc. antes o después, el auto control y el manejo socialmente aceptado de las emociones dependen de cada niño y su desarrollo. Dicho esto, siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir. Como adultos, somos los responsables de mitigar, resolver y enseñar a manejar esas situaciones, sobre todo con el ejemplo.

    Un adulto enfadado, que se siente culpable, que se siente agredido por la situación, acusador, etc. no está en el estado más indicado para resolver de forma constructiva una situación así. Así que lo primero es respirar, tranquilizarse y no hacer caso al juez interno para actuar con la mayor ecuanimidad posible.

    Siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir.

    Es un conflicto en el que siempre las dos partes creen tener razón. El agresor lo es porque se está defendiendo de algo: del otro (aunque tuviera buenas intenciones en realidad) o de sí mismo (su miedo a ser menos, a quedar mal delante de otros, a perder su autoridad, etc.) Si tenemos esto en cuenta, nos será más fácil entender de forma equilibrada y equitativa la situación y actuar de forma adecuada.

    Si nuestro hijx agrede a otro, lo que tienes que tener en cuenta es desde donde lo hizo, de qué se estaba defendiendo. Si se siente comprendido, después aceptará mejor las alternativas más socialmente aceptadas que le propongas. Debemos enseñar a nuestro hijo o hija son otras maneras de expresar su disgusto, enfado, miedo o la emoción subyacente, de formas más socialmente aceptadas, sin juzgarle ni condenarle personalmente, sino su coportamiento.

    Idealmente, él mismo, si tiene la edad suficiente, puede pensar en las alternativas a la agresión que crea que podrían ayudarle en próximas ocasiones. No esperes que deje de reaccionar de esa forma a la primera, pueden pasar meses hasta que desarrolle el autocontrol que necesita, pero la clave está en que no pierdas la paciencia o la calma y en la repetición.

    En cuanto al agredido, si es nuestro hijo o hija, lo que más va a ayudarle es que le mostremos cómo evitar ese tipo de situaciones en el futuro, enseñándole a conectar con su sentir, con su propia sabiduría interior sobre lo que está “bien” y lo que está “mal” (desde un punto de vista social), a leer en el otro su intención y su estado de ánimo, para que aprenda a prevenir esas situaciones y, lo más importante, a distinguir lo que le lastima de lo que no.

    Si tu hijo agrede a otro, enséñale a ponerse en el lugar del otro y a diferenciar lo que está bien de lo que está mal por sí mismo

    Este punto podría ser materia de otro artículo completo, pero lo más importante aquí es que le enseñemos a no ser una víctima, a no necesitar la aprobación o el amor de los otros a toda costa y a darse cuenta de cuándo algo es dañino para él o ella, ya sea física o emocionalmente, ya sea en cuanto a su integridad como persona o ya sea un precio a pagar por amistad o amor de otro.

    Los conflictos en la vida son inevitables, eso es así. Uno no puede ni debe estar evitando confrontaciones, porque a veces son muy necesarias. No se trata de huir o de convertir a nuestros hijxs en pusilánimes. Se trata de que ellos aprendan a diferenciar a las personas, animales o cosas que, potencialmente, pueden hacerles daño. Ese es un aprendizaje invaluable para su bienestar futuro.

    Lo más importante es que enseñemos a nuestros hijos a sentir lo que no les conviene, ya sean situaciones, personas o cosas

    Para eso tienen que tener el suficiente nivel de desarrollo como para entender al otro, cómo piensa, qué siente, cuál es su ánimo y su intención. Para los niños de hasta cinco años, entender las intenciones de otra persona, es decir, poder adivinar lo que el otro estaba pensando y cuál era su intención al hacer algo, es madurativamente hablando imposible o al menos poco probable.

    Predecir el pensamiento ajeno es una habilidad del cerebro cognitivo que necesita estar madura para producirse. Por eso, los niños menores de cinco años no saben si alguien hizo algo a propósito o accidentalmente o si su intención era lastimarles, engañarles o tener una atención con ellos. ¿Te ha pasado que golpeas a tu hijo o hija menor de cinco años sin querer y se enfada como si lo hubieras hecho a propósito? Es por esta razón.

    Aunque madurativamente sea un desafío para ellos, tanto el aplicar otras formas de expresar sus emociones como el entender las intenciones de los otros, nuestra labor es explicarles la realidad de lo que pasó en la situación, sin poner ni quitar nada. Que nosotros traduzcamos con palabras su experiencia les ayuda a entender lo que pasa, cómo funciona el mundo, a que esa maduración se realice de acuerdo con la realidad de los que pasa y a desarrollar sus propias estrategias para resolver los conflictos.

     

    Errores que no debemos cometer

     

    1. Culpabilizar a los objetos

    El típico ejemplo de un error que no debemos cometer ya desde muy temprano es cuando nuestro hijx de un año o menos, que empieza a caminar y se golpea la cabeza con la mesa y nosotros le intentamos consolar diciendo “mala mesa, mala mesa”. Este es un claro ejemplo de “contra-educación”. Si hacemos eso, les estamos enseñando a:

    1. Culpar al otro sistemáticamente
    2. A no responsabilizarse de las situaciones y de su propio cuerpo
    3. A vivir la vida desde su subjetividad sin cuestionarse la realidad de los hechos

    ¿A cuántos adultos conoces que tienen este comportamiento ante los conflictos con los otros?

     

    2. Jamás etiquetar ni a al agredido ni al agresor

    Cuando etiquetamos, estamos siendo agresivos. Debemos recordad que el agresor siempre se está defendiendo, al menos en el caso de los niños pequeños. No existe la maldad en los niños. Ellos reaccionan de una forma socialmente incorrecta, pero no son malos.

     

    3. Jamás pegar, castigar, regañar o humillar

    Cuando un niño expresa rabia o agresividad desproporcionada es porque la ha sufrido en algún momento. Es esa sensación de impotencia, injusticia, abuso que sufren cuando, por ejemplo, les pegamos o castigamos sin tener en cuenta sus motivaciones. Esto de forma reiterada causa la agresividad y la rabia en otros más pequeños o en un posición de menor poder. Normalmente se pega, castiga o regaña al agresor, pero también, sin querer a veces humillamos a la víctima. Le decimos que no sea “niña”, que no sea cobarde, que actúe, que se defienda, cuando a veces no puede. Los seres humanos estamos diseñados para atacar, huir o congelarnos ante una amenaza. Cuando un niño no se defiende puede que su organismo le haya paralizado de forma automática.

     

    4. Decirle a un niño que actúe de una determinada forma 

    Siempre debemos enseñar a responder y ofrecer diferentes alternativas y a distinguir las personas o situaciones problemáticas y a valorar cómo actuar sobre ellas. Si le decimos que peque de vuelta si le pegan, le estamos autorizando a pegar cuando sea conveniente, pero no le estamos enseñando a valorar primero la situación y a actuar en consecuencia. Tal y como la naturaleza nos ha equipado de “serie”, cuando otro te agrede a veces es mejor huir, otras veces hacerse el “muerto” y otras atacar. Un niñx menor de 5 años todavía no va a poder distinguir una cosa de la otra.

    Hay múltiples formas de actuar en una situación de agresión, enseñarle a distinguir cuál utilizar en cada momento usando su propio criterio, es lo más educativo que podemos hacer. Debemos, en primer lugar, validar su reacción, después enseñarle a usar su guía interna para actuar en consecuencia y de forma socialmente aceptable. Una y otra vez. La repetición es la clave [/box]

     

    Hagamos que nuestros hijxs se conviertan en adultos más equilibrados, seguros y empáticos. Es nuestra responsabilidad ?

     

    Me encantará que compartas conmigo tus dudas sobre este u otros temas que te preocupen a través de una asesoría de crianza. Es un espacio de 1 hora, online, en el que te ayudaré de forma personalizada a resolver tu problema con la crianza, con el comportamiento de tu hijx o con cualquier situación personal que te esté impidiendo dar lo mejor como mamá. Puedes ver aquí en qué consiste https://mamaenequilibrio.com/asesoria-de-crianza/

    Si te ha gustado la entrada me encantará que la compartas en tus redes sociales y que dejes tu comentario abajo. Me ayudará mucho a seguir ayudándote en esta etapa de tu vida.

     

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