Mal comportamiento en niños: Estrategias efectivas para padres agobiados

Por qué son necesarios los comportamientos inadecuados de los niños

Así como cada estación del año cumple un propósito, el mal comportamiento en niños, tiene una razón de ser, aunque a veces nos incomode o parezca desafiante. Enfadarse, desobedecer, mostrar disgusto e incluso tener “malos comportamientos” no son otra cosa que intentos de comunicarse con nosotros. Son expresiones naturales que reflejan sus emociones, necesidades y límites. Como padres, es fundamental que entendamos que estos comportamientos son parte del proceso de maduración y, en lugar de reprimirlos, debemos aprender a escuchar lo que nuestros hijos intentan decirnos a través de ellos.

Como padres, nuestra labor no es suprimir estos comportamientos, sino ayudar a nuestros hijos a comprender y gestionar sus emociones. Esto implica enseñarles a reconocer sus sentimientos, a leer las intenciones de los demás, a empatizar y a encontrar maneras socialmente adecuadas de expresar lo que sienten. Este proceso lleva tiempo y requiere paciencia. En lugar de esperar que nuestros hijos actúen con la madurez de un adulto, debemos recordar que están en pleno proceso de aprendizaje. Cada momento de “mal comportamiento” es una oportunidad para guiarles en el manejo de sus emociones.

Mal comportamiento en niños

La importancia de comprender el comportamiento Infantil: Una mirada desde la psicología

El comportamiento de nuestros hijos, al igual que las estaciones del año, cumple un propósito en su desarrollo emocional y social, incluso cuando nos resulta incómodo. Como padres, a veces nos cuesta aceptar o manejar ciertas conductas porque no entendemos que estos comportamientos son formas de comunicación. En lugar de reprimir estas expresiones, debemos aprender a escucharlas y a guiarlas, ofreciendo herramientas para que nuestros hijos puedan entender y manejar sus emociones.

Mal comportamiento en niños
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Un niño que se frustra, que grita o que se niega a seguir una regla no está actuando “mal”; está explorando sus límites y tratando de entender cómo funciona el mundo. Hay una etapa en su desarrollo en la que es natural y necesario que nuestros hijos muestren su desacuerdo, su disgusto y sus preferencias. A través de estas expresiones, están empezando a construir su identidad y su sentido de autonomía, que son esenciales para su crecimiento emocional. Pretender que un niño sea siempre obediente y complaciente no solo es irreal, sino que limita su capacidad de autoconocimiento y de desarrollo de habilidades para enfrentar la vida.

El comportamiento infantil como forma de comunicación

Según el psicólogo infantil Dr. Daniel Siegel, autor de El cerebro del niño, las emociones de los niños deben ser interpretadas como señales, no como problemas que debemos eliminar. El mal comportamiento es a menudo una manifestación de una necesidad no cubierta, de una emoción difícil de manejar o de una situación incomprendida. En lugar de frustrarnos, podemos ver estas expresiones como una oportunidad para conectar con ellos y comprender qué les preocupa.

Un niño que se frustra o se enoja intensamente cuando se le niega algo, por ejemplo, no está “siendo malo”; está experimentando la sensación de frustración y está aprendiendo a gestionarla. Si reaccionamos con enojo, invalidamos su experiencia y le enseñamos que sus emociones son inapropiadas. Sin embargo, si escuchamos y ofrecemos guía, estamos sentando las bases para que, a largo plazo, aprenda a regular sus emociones de manera saludable.

Mal comportamiento en niños

Etapas de desarrollo: Por qué es normal que los niños muestren disgusto y preferencias

Es natural que los niños pasen por etapas en las que muestran un fuerte sentido de independencia y deseos claros. El Dr. Erik Erikson, psicólogo pionero en el estudio del desarrollo humano, describió el segundo y tercer año de vida como las etapas de “autonomía vs. vergüenza y duda”. Durante este período, los niños comienzan a explorar su capacidad para tomar decisiones y expresar sus preferencias. La psicóloga infantil Louise Porter explica que en esta fase los niños necesitan probar sus propios límites y tomar decisiones sobre aspectos que pueden parecer triviales, como elegir su ropa o decidir cómo jugar.

Este comportamiento es fundamental para el desarrollo de su identidad y para que sientan que tienen cierto control sobre su entorno. Intentar inhibir esta fase puede llevar a una falta de confianza en sus propias decisiones y a una dependencia excesiva de la aprobación externa en la vida adulta. En otras palabras, permitirles expresar disgusto y preferencias no solo es normal, sino necesario para su maduración emocional.

La Importancia de expresar emociones

Todos tenemos derecho a expresar nuestras emociones, y los niños no son la excepción. Según un estudio publicado en The Journal of Child Psychology and Psychiatry, los niños que reciben validación emocional tienen menos probabilidades de desarrollar problemas de conducta en el futuro. Al enseñar a nuestros hijos que está bien expresar lo que sienten y que sus emociones son válidas, les ayudamos a desarrollar una autoestima saludable y a construir relaciones basadas en el respeto mutuo.

Es importante recordar que emociones como el enojo, la tristeza o la frustración son reacciones naturales a diversas situaciones. En lugar de evitar que las expresen, podemos guiarlos para que lo hagan de forma que no dañe a otros ni a ellos mismos. Esto les permitirá adquirir habilidades que les serán útiles a lo largo de su vida.

Nuestro rol como guías: Ayudar a modelar el comportamiento

Mal comportamiento en niños

Como padres, tenemos la tarea de guiar a nuestros hijos en la transición de la expresión cruda de emociones hacia formas más socialmente aceptables de comportamiento. El Dr. Ross Greene, autor de The Explosive Child, destaca que el mal comportamiento es en realidad una habilidad aún no desarrollada. Cuando un niño no sabe cómo manejar la frustración, se muestra desafiante o agresivo. Es nuestro papel enseñarles a manejar estas emociones, y esto se logra mediante el modelaje, la paciencia y la práctica.

El ejemplo es la mejor herramienta

La psicóloga y experta en educación parental, Janet Lansbury, sostiene que los niños aprenden observando y repitiendo el comportamiento de los adultos. Cuando nosotros mismos mostramos cómo manejar la frustración o cómo expresar el desacuerdo de forma respetuosa, les estamos enseñando cómo responder a sus propias emociones. De esta manera, se sienten seguros y comprenden que es normal experimentar emociones intensas, pero que hay maneras constructivas de lidiar con ellas.

Por ejemplo, si un niño se enfada porque su juguete favorito se rompe, podemos validar su tristeza y ayudarle a encontrar una solución en lugar de ignorar o minimizar su emoción. Este enfoque no solo le permite liberar su frustración de manera segura, sino que también fortalece su capacidad para resolver problemas.

Mal comportamiento en niños

Adaptando nuestras expectativas

Muchos padres tienden a exigir una madurez emocional que los niños aún no han desarrollado. La doctora en desarrollo infantil Aletha Solter explica en su libro Lágrimas y rabietas que los niños pequeños aún no tienen la capacidad cognitiva para regular sus emociones de la misma forma que los adultos. Sus cerebros están en pleno desarrollo y necesitan tiempo y guía para aprender a canalizar sus sentimientos.

Cuando entendemos que el mal comportamiento no es un desafío a nuestra autoridad, sino una expresión de una necesidad o una emoción intensa, es más fácil responder con calma y empatía. En lugar de imponer una corrección inmediata, podemos tomarnos un momento para escuchar y entender la razón detrás de la conducta.

Mal comportamiento en niños

Equilibrando la guía y la autonomía

Fomentar el desarrollo de un niño emocionalmente saludable significa darle el espacio para tomar decisiones y cometer errores, mientras lo acompañamos en el proceso. Darles autonomía es permitir que aprendan de sus propios errores en un ambiente seguro. Si constantemente intervenimos o corregimos cada acción, les enviamos el mensaje de que no confiamos en sus capacidades.

Un estudio publicado en The Journal of Experimental Child Psychology demostró que los niños a quienes se les permite tomar decisiones tienden a mostrar una mayor autoconfianza y capacidad de autorregulación en la adolescencia. Permitir que nuestros hijos expresen sus opiniones y preferencias, y que tomen decisiones bajo nuestra supervisión, fomenta su crecimiento y les enseña a tener una voz propia.

Escuchar, guiar y acompañar en el proceso de crecimiento

El mal comportamiento de nuestros hijos es, en muchos casos, su manera de comunicarse y de experimentar el mundo que les rodea. Cada etapa del desarrollo viene con desafíos y oportunidades para el crecimiento, tanto para ellos como para nosotros como padres. Escuchar, validar y guiar es la clave para ayudarles a desarrollar un sentido de autonomía saludable y a gestionar sus emociones de forma constructiva.

Nuestra labor no es exigir una madurez que aún no han alcanzado, sino acompañarlos con amor, paciencia y empatía, modelando el comportamiento que deseamos ver en ellos. En lugar de frustrarnos ante las expresiones de enojo, tristeza o desacuerdo, aprendamos a verlas como parte de un proceso de aprendizaje necesario y natural. Así, crearemos un entorno en el que nuestros hijos puedan desarrollarse plenamente, confiando en ellos mismos y en su capacidad para manejar sus emociones.

Si deseas apoyo personalizado en este proceso, pide una asesoría con acompañamiento para que juntos podemos trabajar en comprender mejor el comportamiento de tu hijo y en desarrollar estrategias para guiarlo en su crecimiento emocional.


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Cómo dejar de sentirte culpable como mamá

 

Muchas veces nos sentimos culpables como mamás. Porque se cayó el bebé, porque enfermó, porque llegaste tarde a buscarlo a la escuela, porque gritaste…

La culpa no sirve de nada. No repara el daño y no nos prepara para la próxima vez. Las cosas pasan porque pasan.

Entonces, ¿por qué nos sentimos culpables?  Inconscientemente, lo hacemos para compensar el dolor que hemos causado en el otro. Cuanto más cercano el o la persona a la que hemos dañado y menos “merecido” el daño, más culpables nos sentimos. En el caso de los hijos, la culpa es mayúscula, porque ellos son a los que más queremos y, en el fondo, sabemos que ellos siempre son inocentes.

Parece ilógico, pero sentirnos culpables nos ayuda a calmar el dolor que sentimos por habernos equivocado con una persona a la que amamos. Visto así parece un acto bastante egoísta, y lo es, porque no repara, no ayuda al otro, no consigue que no nos volvamos a equivocar. Sólo sirve para aliviar nuestro dolor por dañar, con más dolor auto infligido.

El mecanismo es este: Si yo te he hecho sentir mal, sintiéndome mal yo parece que me solidarizo contigo y eso arregla algo. Pero esto no es cierto. La culpa no hace nada por nadie. Y menos por ti.

Al contrario, la consecuencia a corto plazo de la culpa en ti, es que te hace sentir mala persona en ese momento. Pero la peor consecuencia es en el largo plazo, ya que, como nos equivocamos taaaantas veces (porque somos humanas) vamos reforzando la creencia de que sí somos malas mamás, malas amigas, malas cuidadoras, malas trabajadoras… malas personas en definitiva.

Cómo lo puedes solucionar

Si te sientes culpable por algo, automáticamente, date cuenta del daño que te estás auto infligiendo para nada. Después reconoce que ese sentimiento no ayuda tampoco al otro en absoluto.

La culpa no beneficia a nadie. Y no te hace mejor persona. Al contrario. Sentirte mal por algo que has hecho, después de hacerlo sólo te indica que has de aprender algo, intentar hacer las cosas de otra manera la próxima vez.

Pero a veces, ni eso es posible, porque todos actuamos bajo condicionamientos en muchas ocasiones. Y esos condicionamientos no son fáciles de modificar. 

Tener la intención de hacerlo, pensar en qué vamos a hacer diferente la próxima vez y ser compasivas con nosotras mismas, son las claves para conseguirlo.

¿Qué es lo que sí puedes hacer?

  1. Repara el error si tiene arreglo
  2. Tanto si tiene arreglo como si no, discúlpate con la persona a la que has dañado
  3. Piensa qué puedes hacer para que no vuelva a repetirse
  4. Si se repite la situación, y te das cuenta de que te estás sintiendo culpable, repite el proceso: eliminar la culpa es como entrenar un músculo, sólo se consigue con repeticiones.

Me encantaría que me digas si te sientes culpable alguna vez en comentarios y qué vas a hacer diferente la próxima vez.

Si te ha gustado el post, dale un like y compártelo, estarás ayudando a que más mamás dejen de sentirse culpables.

Si crees que necesitas ayuda con este tema o con otro que te haga sentir mal como mamá, recuerda que yo puedo apoyarte. Sólo tienes que seguirme en redes sociales o contactar conmigo para que veamos cómo podemos colaborar  Mas información en www.criandoenequilibrio.com

Te mando un abrazo.

Eva Martínez

7 errores que puedes evitar para dejar de sentirte culpable e insatisfecha con la crianza

 

Criar y educar a un hijo es, posiblemente, la tarea más difícil, demandante y agotadora que tengamos que afrontar nunca. Parece que cometer una equivocación irreversible pende de un hilo. Pero no tiene por qué ser así.

Yo siempre digo que esto es a base de prueba y error. Uno toma decisiones, con la mejor intención, esperando un resultado concreto. Pero esto casi nunca ocurre como esperábamos. Porque de lo que hablamos es de seres humanos y de la vida. La vida es aquello que transcurre mientras tú haces otros planes, como decía John Lennon. Y así es.

Uno quiere hacer las cosas lo mejor posible… y lo consigue. Lo mejor posible con lo que se, con lo que me han dicho, con lo que he experimentado en mis carnes… y luego toca ver qué sale de todo eso y rectificar. Siempre rectificar.

Pero parece que tenemos que acertar siempre. Sobre todo en un tema tan importante como este. Y no es así. Eso es totalmente imposible. Pero hay algunos errores que debes conocer para intentar evitarlos. No porque vaya a ser irreparable, sino porque tenerlos presente y rectificar, rectificar, rectificar, puede cambiar radicalmente tu experiencia en la crianza.

Estos 7 errores son los que más pueden influir en que tu experiencia con la crianza sea una pesadilla o no. Todo lo demás, es menos importante, porque recuerda: si tú estás bien, tu familia estará bien.

 

  1. Comparar a tu hijo con los demás

Este es el number one. Una tiene unas expectativas de cómo quiere que sean sus hijos… y de cómo no quiere que sean. Error. Error máximo. Los hijos son, cada uno con sus días buenos y sus días malos, con sus dones y sus errores. ¿Sabes por qué? Porque son humanos. Como tú, como yo, como todos.

Aaaahhh! Pero parece que la hierva crece más verde en el jardín del vecino, ¿verdad? Los niños de los demás siempre parecen mas obedientes, más listos, menos traviesos, … Y encima eso es lo que nos dicen: nuestras mamás, nuestras vecinas, nuestras hermanas: “pues mis hijos nunca hicieron eso”, “pues tú de pequeña te portabas muy bien”…. Patrañas. Por no decir mentiras.

Tu hijo es un ser único, inigualable, especial, es UN MILAGRO viviente. Es un humano excepcional, que está aprendiendo qué es esto de la vida y cómo manejarse con ella. Merece todo nuestro amor y respeto, por sus aciertos y por sus errores también.

Si alguien, alguna vez, te dice o insinúa algo así, piensa jamás pretendieron ayudarte, sólo pretenden ningunearte e infantilizarte. Puedes responderle lo que quieras, pero que suene parecido a “claro, tienes razón, ¡es que mi hijo es único!” Y quédate tan ancha 🙂

 

  1. Escuchar los consejos de todo el mundo

Esta va al hilo de la primera. ¿Qué sabrá nadie de tu vida, de lo que te conviene, de lo que necesitas, de cómo es tu familia…? Harta ya estoy de todo eso. Ni yo lo se, escúchame bien, ni yo se se lo que te conviene. Ni tu madre, ni el pediatra, ni el médico de la familia, ni tu hermana, ni tu amiga la que tiene hijos, ni la que no los tiene… Grrrr… Porque tú y tu familia sois únicos. Nadie debe decirte cómo hacer las cosas, ni opinar de si lo estás haciendo bien o mal. ¡Hombre ya!

No voy a añadir nada más 🙁

 

  1. Pensar que hay una respuesta correcta

No la hay. Esto no es contabilidad o matemáticas. Esto es la vida my darling. En la vida, todo es como debe ser, todo ocurre a su debido tiempo. No te pelees con ella, simplemente actúa con lo que venga.

En la vida no existen los errores, solo los resultados, deseados o no. Sea lo que sea lo que pase, es simplemente un resultado. Tú decidiste llevar a tu niño a su habitación con tres meses para que fuera más independiente (y para dormir un poco más, ¡pecado mortal!)… ¿pero cuál fue el resultado? Que acabaste levantándote cada tres horas a atenderlo.

Ok, está bien, no era lo que esperabas. Si dejarlo llorar no es una opción, ¿qué puedes hacer? Ya has aprendido una forma que no funciona, ya tienes una forma nueva que no probar. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Y si te quivocas? ¡Fantástico! Ya estás una decisión más cerca de acertar 🙂

 

  1. Juzgarte: pensar que te equivocaste

Esta podría haberla puesto la primera porque es lo peor que puedes hacer para tener la crianza satisfactoria y placentera que tanto soñaste. La he puesto aquí porque si has entendido las tres primeras, esta te costará un poco menos de poner en práctica.

De todas formas, el juicio vendrá, porque todas nosotras tenemos un juez interior implacable, que crece a tamaño Hulk cuando somos madres. “Te equivocaste” “tenías que haber echo caso a tu madre, prima, amiga, marido, perro…”. Pues no, no te equivocaste. Cometer errores en la crianza es imposible.

Claro que tendrás que apechugar con las consecuencias de tus decisiones. Por supuesto. De eso no nos libramos. Pero es un error pensar que si no me equivoco todo va a estar bien y me voy a librar de la miseria y el dolor. Ya te hablaré de esto en otro post, pero esas dos compañeras de viaje son irremediables: el dolor lo trae la vida sí o sí, y la miseria (o sufrimiento) es la elaboración mental que hacemos con lo que nos pasa. El sufrimiento lo crea el juicio.

A mi me ayuda mucho, cuando me doy cuenta de que me estoy flagelando, haber tomado la decisión de no cuestionar JAMÁS mis decisiones ni mis decisiones. No arrepentirme. Si me doy cuenta de que el arrepentimiento entra en mi mente lo bloqueo como si fuera un jugador de fútbol americano: placaje y fuera del campo.

Sí puedo rectificar. Si algo no ha salido como yo esperaba, pruebo otra cosa. Pero juzgarme, jamás.

 

  1. No pedir ayuda

Esta es una de las favoritas de todas nosotras ¿que no? Pretendemos ser la mujer maravilla. Unas imitan a sus propias madres, omnipotentes, poderosas, … miserables, tristes, amargadas, fingiendo para no hacer sentir culpables a sus hijos (en los mejores casos, que no en todos).

No hace falta que sufras. Nadie te va a poner en un altar. Eso no va a suceder nunca. Pide ayuda y clarito. Alto y claro. “Necesito que vengas a mi casa a lavar los platos para que yo me pueda echar una siesta”. El día que digas esta frase te habrás consagrado como la persona que se quiere, se respeta y se cuida como todas deberíamos hacerlo. Pero se que nunca lo has hecho, porque las que lo hacen no necesitan estar leyendo este post 😉

Da igual si es ayuda profesional, que alguien venga a limpiar tu casa, a llevar las bolsas del supermercado, a una amiga que te escuche, a tu pareja que se lleve a los niños un rato, PIDE LO QUE NECESITES.

Yo se que es difícil porque no tenemos ni idea de lo que necesitamos. Si te digo: “haz una lista de 10 cosas que necesitas pedir en este momento”, no te salen ni tres. Y de esas tres, con dos, con sólo leerlas otra vez, te sale una risita histérica y una voz en tu cabeza que dice, sí claro, si pides esto te mandan a… volar.

No soy adivina, es que yo también soy pésima pidiendo ayuda. Pero esto es un músculo como cualquier otro. Se entrena. Lo primero es hacer esa lista, cada día e ir pidiendo esas cosas que necesitas. Puedes empezar por lo que te cueste menos trabajo, pero hazla. Me encantará leer tus progresos. Contéstame a este correo y dime cómo te va. Y si lo necesitas… yo te ayudo 😉

 

  1. Dar explicaciones o justificarte con los demás

Si te pillas dando una explicación es porque alguien te está juzgando y tú piensas que tiene razón. Si alguien te juzga es como si alguien te pisa un pie, no debería haber pasado y que estuviera tu pie allí no justifica la pisada. El que se está equivocando es el otro, no tú. 

Grábate esto en tu mente: nadie, nadie, nadie, sabe nada de tu vida, de tu proceso mental cuando tomaste esa decisión, cómo había sido tu día, en qué estabas pensando o las razones por las que lo hiciste. Ni lo saben, ni lo deben saber. Es tu vida.

Recuerda que la crianza es un proceso de prueba y error, y nadie va a pagar las consecuencias más que tú, así que no le debes nada a nadie. Estás haciendo las cosas lo mejor que puedes. Y si el otro no lo sabe, esa es la única explicación que merece: “lo estoy haciendo lo mejor que puedo”. Y punto pelota.

 

  1. Dejar de atender tus necesidades

Me imagino que alguna vez en tu vida te habrás subido a un avión, ¿no?. Y si no lo has hecho, seguro que lo has visto en las películas. Todos los pasajeros se suben, intentan meter sus pertenencias en los minúsculos cajones de encima de sus cabezas. Por fin toman asiento, llega una azafata contando cuantos pasajeros están en su lugar, se cierran las puertas… Entonces la azafata se pone en medio del pasillo, sonrisa en su cara, con una mascara colgando de un tubo en mano, como si aquello fuera el regalo del día de San Valentín.

Exacto, esa máscara se desprenderá del cielo si ese vuelo se convierte en uno de los peores días de tu vida. Todo el mundo estará gritando nervioso, fuera de control. Parece una escena de un niño de dos años haciendo berrinche en el supermercado. Ohhh nooo!!! Socorro!!! Llamen a seguridad!!! Un niño haciendo berrinche!!! Bueno, así es como lo vives tú. Pero volvamos al avión.

¿Qué es lo que te dice esa azafata sonriente en dos o tres idiomas por lo general? Que, pase lo que pase a tu alrededor, da igual si ves saltar al piloto por la ventana con un paracaídas puesto, que te pongas tú primero la mascarilla, no matter what…. Y que únicamente cuando tú la tengas puesta y estés respirando perfectamente, que entonces te puedes ocupar de ayudar al pasajero de al lado.

Si no lo haces así ¿qué puede pasar? sólo una cosa: que mientras estés entretenida poniendo la máscara a la otra persona, nerviosa, te vayas quedando sin oxígeno y que pierdas el conocimiento antes de haber podido ayudar a nadie. Los dos muertos.

Ahora traslada esa escena a tu día a día. ¿Cuántas veces vas justa de energía, cansada, y en lugar de pedir pizza para cenar, ponerle los dibujos a los niños y darte un baño… decides ser la madre del año y meter a tus dos hijos, cansados, en el supermercado a hacer una fila sin fin al lado de las estanterías de los dulces? ¿Cuántas? Se honesta contigo misma. ¡Cientos! ¿Cómo lo se? Mejor no preguntes…

Así somos, las candidatas a madre del año. Y es un error. Tan catastrófico que lo he puesto el último. Para que no se te olvide. Para que la próxima vez que te duela el alma, no te metas en el supermercado.

Me encantará saber de tus peripecias de la maternidad y si te ha servido este post dímelo en los comentarios abajo. Me hará mucha ilusión.

También me encantará que te suscribas, y que compartas el post con otras madres también candidatas a madre del año que seguro conoces 😀

Recuerda que estaré encantada de apoyarte con lo que necesites. Ponme en tu lista ?

Te mando un abrazo enooooorme.

Eva Martínez

Mi hijo está insoportable, irritable y de mal humor

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Sabes, hoy estoy de bastante mal humor. He dormido poco. Me he despertado mucho por la noche y me ha costado dormirme. Además he tenido que hacer todo el día actividades tediosas. He estado en lugares donde no quería estar. Me he tenido que poner ropa con la que no me sentía a gusto y he tenido que comer algo que no me agradaba en absoluto. No ha sido mi día. Me he pasado todo el tiempo irritable, enfadada, contestando mal. Me molestaba cualquier cosa que me dijeran.

Y, claro, a veces he perdido el control y he gritado a las personas que se cruzaban en mi camino. Me he negado a vestirme y a comer lo que no quería, pero me ha dado igual. Lo he tenido que hacer. Al final del día sólo quería que de dejaran en paz. No aguantaba ni una petición más sin perder el control. 🙁

¿Te suena? ¿Te has sentido así alguna vez? Yo sí. Muchos días. Hay días que no me aguanto ni yo. Todo me parece mal, todo me sale mal y todo me molesta. No me gustan esos días, no me gusta estar así. Y cuando me pasa, aunque no quiero, pierdo en control de mis emociones. No puedo cambiar mi estado.

Ahora quiero que vuelvas a leer estas líneas pensando que es tu hijo o tu hija los que te habla. La diferencia entre ellos y yo es que ellos o no saben hablar o no saben expresar sus emociones, y además no tienen el desarrollo cerebral suficiente para auto controlarse. Si te pasa a ti, imagina cuando les pasa a ellos.

Ahora quiero que pienses en qué te pasa a ti, o cómo llegas normalmente a esas situaciones. Quizá no dormiste bien, quizá tenías un tema que te preocupaba. Quizá, como una mamá sugirió en el grupo de Mamás Criando en Equilibrio. Es posible que tú también estabas en la fase pre menstrual de tu ciclo -ahora que no nos oyen los hombres, tenemos que reconocer que nos afecta mucho-. Analiza los factores internos y externos que han podido influir en tu estado de ánimo.

Piensa que tu estado emocional también afecta mucho a tus hijos. Esto no lo digo para que te sientas culpable, al contrario, te estoy dando una herramienta para que las cosas estén un poco mejor: si sabes qué te afecta a ti y mantenerlo bajo control, es posible que el bienestar emocional de ambos cambie. Sentir lo que debe estar sintiendo tu hijo o hija, también te puede ayudar a sentir empatía por él, en lugar de ponerte a gritar o dejar de sentir que él o ella te están amargando el día. También son humanos y no hacen lo que hacen por hacernos la vida imposible. No tienen el desarrollo cerebral suficiente para eso, sobre todo si todavía si son menores de cuatro años.

Cuanto te pase, cuando te des cuenta de que te vas a desbordar, quizá te ayuden los tips de esta guía para Dejar de perder el control con mi hijo que escribí para ayudar a las mamás a estar en un estado calmado cuando sus hijos hacen berrinche o están insoportables. Puedes leerla para estar preparada para cuando uno de esos momentos llegue. Es muy breve y práctica. Puedes descargarla en este enlace.

Tú lo sabrás mejor, pero probablemente no habrán dormido bien, estarán fuera de su rutina o les habremos forzado para estar en actividades que no son propias de niños. Créeme, cuando yo lo hago, mi hija se sube por las paredes y acabamos con un día horrible las dos.

Ahora te pregunto:

  • ¿qué puedes hacer para darte cuenta de tu estado y el de tu hijo o hija?
  • ¿Dónde has forzado “la máquina”?
  • ¿Qué has aprendido?
  • ¿Qué puedes delegar o dejar para otro momento otro día?
  • ¿Qué cambiaría tu día a partir de ahora?
  • ¿Qué quiere hacer tu hijo o hija?
  • ¿Que juegues con él/ella?
  • ¿Que le prestes atención?
  • ¿Que dejes todo y le hagas caso?
  • ¿Por qué no probar a hacerlo?
  • ¿Por qué no poner música y empezar a saltar y a cantar juntos y a dejar todo lo demás para otro momento?
  • ¿Haría eso algún cambio?
  • ¿Qué tal descansar, dormir una siesta o regresar a casa?

 

Quizá pueda funcionar. No lo sabrás hasta que no lo pruebes. Y luego puedes contármelo en los comentarios abajo del post.

Si crees que necesitas que yo personalmente te ayude para este u otro problema que tengas con la crianza, con tu hijo o tu pareja, si sientes que no estás dando lo mejor de ti a tu familia, que necesitas ayuda, puedes pedir una cita de descubrimiento conmigo enviándome un correo a eva@criandoenequilibrio.com, y en ella te explicaré cómo te puedo ayudar a través de mis servicios de Coaching o asesoría de crianza individualizados, personalizados, para que juntas, diseñemos la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.

Si te gustó esta entrada, puedes darle un like, o mejor, compartirla para que otras mamás en el mismo punto que tú puedan tener acceso a ella.

Te mando un abrazo cargado de paciencia.

 

Como hablar de la muerte a los niños

Como hablar de la muerte a los niños

Un tema recurrente para las madres en este momento es como hablar de la muerte a los niños. Lamentablemente, ahora más que nunca forma parte de la vida cotidiana de nuestros hijos, aunque no nos haya tocado de cerca todavía.

Es un tema de importancia que abordar con nuestros hijos. Sobre todo si sucede una muerte en su entorno cercano.

Una muerte de un pariente de un amigo, de su mascota o de un animal puede despertarles muchas preguntas. Incluso es normal que el tema surja en algún momento sin venir a cuento. Esto es normal.

Ellos siempre van a tener preguntas. Los niños siempre van a imaginarse cómo es eso de morirse o que pasa con sus seres queridos. Los miedos ocurren cuando se ponen en lo peor. Las conclusiones a las que llegan están más basadas en el vacío de no saber o en “un nunca más” que no alcanzan a comprender porque no tienen la madurez suficiente.

Igual que los adultos, los niños también tienen que hacer el proceso de duelo. Lamentablemente, los adultos les hemos limitado el acceso a los ritos de despedida que son tan necesarios para poder superar la muerte de un ser querido. 

Los niños también tienen que hacer el proceso de duelo

¿Qué pasa cuando los niños experimentan una muerte a una edad temprana?

Mi hija, con cinco años, perdió a su maestra de una forma inesperada. Fue un proceso que aun hoy le genera tristeza. Han pasado tres años y aún la recuerda a menudo. Esto es normal. La recuerda con cariño y automáticamente se conecta con la idea de su propia muerte, o de la mía, su adulto de referencia. Solo es señal de que internamente poco a poco va integrando la idea, según va madurando en su desarrollo.

Lo más importante para procesar una situación traumática como esta es poder sacar afuera la experiencia interna de lo que está ocurriendo. Los adultos lo hacemos a través de rituales de despedida y hablando con personas en las que confiamos. Para eso debemos aprender como hablar de la muerte a los niños

Es importante que los niños hablen de su experiencia

Los niños a veces lo hacen entre ellos, contando la experiencia a un amigo o amiga. Es un mecanismo de afrontamiento adecuado, pero también pueden transmitirse unos a otros ideas equivocadas. Esto puede generar más miedo y confusión. 

Lo que más ayudó a mi propia hija a aceptar la situación es que pudimos abordar este tema creando un espacio de diálogo para hablar de sus preocupaciones sobre el tema. A partir de ahí ella pudo procesar la experiencia y yo pude resolver sus dudas y sus miedos.

También tuve la oportunidad de darle herramientas para poder consolarse por sí misma cuando el dolor de la pérdida regresa. Estas herramientas le servirán para abordar otras pérdidas en el futuro de forma emocionalmente saludable y sin traumas.

¿Cómo saber si mi hija o hijo ha procesado bien una muerte cercana?

Como madres, lo importante es que sepamos reconocer si nuestros hijos están pasando por un proceso de duelo. De ser así, además debemos averiguar si lo están procesando adecuadamente.

Para eso es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recuerdan la pérdida. Puede ser tristeza, que es el síntoma normal, pero también puede darse en enfado, negación o miedo. 

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte. También puede indicarnos que el tema les sigue afectando a medio o largo plazo.

Es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recordamos una pérdida.

¿Qué debemos tener en cuenta para aprender como hablar de la muerte a los niños?

Nosotras como sus personas de apoyo. Somos sus referentes y podemos aprender a cómo acompañarles en estos procesos. También es fundamental que sepamos cómo detectar y qué hacer si se presentan miedos o situaciones de estrés o ansiedad.

De esta forma, tanto en niños como en adultos, el proceso normal de duelo puede incluir etapas de negación, enfado y tristeza. Estas emociones son totalmente normales.

También se dan otras respuestas que pueden ser indicadoras de que algo no está siendo bien procesado.

Estas señales pueden ser:

  • Cambios en su actitud
  • Emociones fuertes repentinas
  • Irritabilidad
  • Necesidad de más atención/contacto/contención
  • Hiperactividad / excesiva energía – alegría
  • Apatía

Estos síntomas son habituales pero pueden indicarnos que nuestros hijos no estén integrando bien la pérdida. En este caso deberemos intervenir.

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte

¿Quieres saber más sobre los procesos de duelo?

Elisabeth Kübler-Ross es una experta en el tema. Fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Elisabeth_K%C3%BCbler-Ross

Crear un ambiente de diálogo es fundamental

En ese caso, debemos crear un ambiente de diálogo. Esto nos ayudará a saber qué es lo que ellos están imaginándose. También averiguaremos de qué tienen miedo para que puedan empezar a procesar la experiencia de forma no traumática.

Como Coach de madres, me he encontrado con muchas mamás que tienen dudas sobre este tema. Así que preparé un taller para poder darles las pautas básicas de cómo abordar el tema de la muerte en los niños.

En él explico cómo podemos apoyar el proceso de duelo de nuestros hijos y de cómo crear el ambiente adecuado para que puedan expresar sus dudas y emociones. Esta es la mejor forma en la que podremos ayudarles.

Si os interesa, os hablo de él en este vídeo si necesitáis más información. Espero que os ayude y si tenéis dudas siempre podéis contactar conmigo. Estaré encantada de ayudaros. 


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Mantener la calma en tiempos de coronavirus

mantener la calma en tiempos de coronavirus

El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma. 

Mantener la calma nos ayuda a pensar con claridad y encontrar la salida de cualquier situación, por difícil que sea.

No es seguro que la encontremos, pero en estado de crisis y ansiedad, lo que es seguro es que no lo haremos.

El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma

Cuando nuestro cerebro entra en pánico, sólo tiene tres respuestas: huída, ataque y parálisis.

Sobre todo cuando vivimos rodeadas de niños y hay un problema, la parálisis simplemente es un lujo que no nos podemos permitir. 

En estos tiempos de pandemia y de retiro en casa, tampoco podemos salir corriendo de casa o escondernos hasta que pase el temporal. Simplemente no es posible.

¿Qué recurso le dejamos a nuestro cerebro? El ataque. Aquí empiezan los conflictos, nos salta el automático que suele ser nuestra peor versión. Y con las personas que más queremos. 

mantener la calma en tiempos de coronavirus

Los conflictos son inevitables, pero de cómo manejemos las situaciones hoy dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano, cuando todo esto acabe. Pero de esto os hablaré en mi próximo post. Suscríbete a mis contenidos para que no te lo pierdas.

¿Cómo podemos evitarlo? No entrando en pánico.

Los conflictos son inevitables pero de cómo manejemos las situaciones hoy, dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano

Higiene interior para mantener la calma

En mi Guía gratuita para mamás y papás “Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio” dediqué un capítulo, el primer capítulo, a ayudarte a mantener la calma.

Si todavía no la has descargado ve a este enlace y hazlo sin falta: Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio

En esta guía te doy las pautas más básicas para mantener tu higiene mental y no alimentar tu miedo

De nada sirve que te ayude a bajar tu ansiedad y calmarte si tú sigues alimentando después el miedo.

MANEJAR EL ESTRÉS POR CORONAVIRUS

1. SI TÚ ESTÁS BIEN, TODO ESTÁ BIEN

Tú eres el filtro del miedo. Los niños no entienden la trascendencia de lo que está pasando, pero sí sienten la energía de miedo que les rodea. Ellos no dejan cabos sueltos y siempre se imaginarán lo peor: algo les va a pasar o a su familia. Estas pautas te darán las claves para conseguir tenerlo bajo control.

2. REDUCE TU EXPOSICIÓN A REDES

Nos llegan noticias de todo tipo a cada momento. No sólo las exageraciones en esas noticias, sino la realidad nos afectan, pero sobre todo la cantidad de ellas que recibimos al cabo del día. Cuando ya te haya llegado una noticia evita seguir buscando o leyendo más información. 

3. NO DEJES VOLAR TU IMAGINACIÓN

Nuestro cerebro está diseñado para enseñarnos las señales de alarma y magnificarlas. Es un mecanismo de defensa que nos sirvió hace millones de años para sobrevivir. Pero ahora ese mismo mecanismo es nuestro peor enemigo. Toma medidas para protegerte pero ahora menos que nunca pienses en el futuro próximo.

4. RESPIRA PROFUNDO

La forma de mantener nuestro cerebro en control y que no salten los mecanismos de alerta es mediante la respiración. La respiración te ancla al presente, oxigena tu cerebro y calma tu sistema nervioso. Una serie de 10 respiraciones profundas reducirá tu nivel de estrés en menos de un minuto.

5. RECONECTA CON LA REALIDAD

Reconecta con lo que sí está pasando a tu alrededor (y no me refiero a redes sociales): a tu perro que quiere salir, a tu hija que no encuentra su ropa o tu hijo que está buscando comida en la nevera. La realidad con niños en casa es muy rica y entretenida. Ellos siempre están en modo juego, así que apúntate al entretenimiento y distráete lo que puedas.

GUÍA PARA MADRES Y PADRES “Cómo superar la crisis del Covid-19, sin perder el equilibrio”

Estos son los puntos básicos que recoge la guía sobre Mantener el estrés por Coronavirus, pero también encontrarás información sobre:

✨Explicarle a los niños qué está pasando (puedes ver un video que hice sobre este tema en este enlace Cómo explicarle esta situación a los niños)

✨ Superar un encierro 24 horas con niños alrededor

✨Trabajar desde casa con niños

✨Resolver conflictos

✨Hacer que tu hijo se lave las manos

Puedes descargarla en este enlace: Superar la crisis del coronavirus, sin perder el equilibrio

Mantener la calma es difícil pero posible

mantener la calma en tiempos de coronavirus

Y qué pasa con la ansiedad que ya estás sintiendo. Puedes seguir estos pasos:

En primer lugar tenemos que ser conscientes de que esta ansiedad, esta necesidad de mirar constantemente las redes sociales y hablar de lo que me pasa, de lo que debería ser, de lo mal que lo hacen los demás, etc. está dirigida por el miedo.

No somos nosotras, sino nuestro miedo, quien está tomando el control de la situación.

De repente podemos sentir la punzada del miedo o del dolor, cuando leemos una noticia o nos enteramos de que algo ha pasado a alguien cercano o me podría pasar a mi o a alguna persona querida para mi.

Estamos haciendo nuestro el horror y el miedo ahí campa a sus anchas y toma el control de nuestras acciones.

Si algo de esto está pasando, tienes que tomar medidas cuanto antes, si quieres que tus miedos no salten de improvisto, en el peor momento: 

  • Cuando tu hijo coge algo del suelo y se lo lleva a la boca y tú le gritas como si estuviera a punto de pasarle un camión por encima, o 
  • Cuando tu marido se lleva a tu hija al supermercado y le gritas como si directamente la estuviera ingresando en la Unidad de Cuidados Intensivos con todos los enfermos por Coronavirus de tu país. Por ejemplo

Ya sé que sólo de pensarlo se te acelera el corazón: respira

Hace unos días que grabé un video en directo para las mamás de mi grupo de Facebook Mamá en equilibrio para ayudar a las mamás a Superar la montaña rusa emocional que todas estamos viviendo.

Inconscientemente todas sabemos que algo está cambiando, que algo ya no volverá a ser como era.

Tenemos una gran incertidumbre sobre lo que va a pasar y esto genera emociones muy fuertes que tienen que ver con un proceso de duelo que estamos pasando inconscientemente.

Te comparto el video por si esta idea te parece interesante.

Si aun no estás en mi grupo de Facebook puedes unirte en este enlace Grupo de Facebook Mamá en equilibrio. Es gratuito y en él respondo dudas y publico todos mis recursos de este y otros temas.

También puedes seguirme en mi Fanpage: www.facebook.com/coachdemamas

Dos herramientas para mantener la calma

Te propongo dos herramientas para mantener el estrés y el pánico de esta situación bajo control. Puedes ver las instrucciones en el video que encontrarás más abajoo o seguir leyendo a continuación

PARTE 1. Keep calm y mira tus miedos de frente

Para mirar tus miedos de frente tienes que hacerte consciente de ellos. La mejor técnica es contárselos a otra persona y que esta persona simplemente escuche, sin decir nada, simplemente “gracias por compartir” cuando acabes.

Pero si no quieres compartir tus miedos o no tienes a nadie con quien hacerlo, lo siguiente mejor es escribirlos. 

Es un proceso en tres fases. Lo que tienes que contar al otro o escribir es lo siguiente:

  1. De qué tengo miedo. Puede parecer una locura ponerte a pensar en tus miedos, pero si no los sacas, si no los miras a la cara, igual te estarán molestando de forma inconsciente para que les prestes atención, porque para eso sirve el miedo, para prevenirte de un daño en el futuro.
  2. Qué es lo peor que puede pasar. Confía en mi, esto te liberará después, aunque ahora mismo se desaten las emociones, déjalas salir. Esto es como una válvula de escape. Te va a ayudar
  3. Qué vas a hacer si todo esto pasa. Dale a tu mente algo que hacer, algo en que pensar, qué puedes hacer si eso pasa, qué puedes hacer ahora como medida de prevención. Si tu mente está ocupada en encontrar una solución, no utilizará más el pánico para prevenirte.

PARTE 2. Respira.

La primera parte es para ayudarte a que las crisis de ansiedad o no se presenten o se minimicen bastante. Pero si el pánico sigue llegando, te recomiendo esta técnica de respiración alternando los orificios nasales.

Para mi es la más efectiva porque ayuda a que tus dos hemisferios cerebrales se sincronicen y se reduzca el flujo de sangre en la amígdala, la parte más primitiva del cerebro que activa la respuesta de pánico, haciendo que te calmes.

Te ayudará a calmarte en unos minutos.

Puedes ver esta técnica en el video que te dejo a continuación, donde te cuento las dos técnica a las que me refiero en este post.

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Espero haber te ayudado.


Mi bebé no se despega de mi

Muchas veces las mamás me preguntan qué pueden hacer para que sus bebés dependan menos de ellas. O incluso qué están haciendo mal para que sus bebés se comporten así. “Mi bebé sólo quiere estar pegado a mi y ya no se qué hacer. Es demasiado para mi”.

Estoy segura de que es demasiado. Para mi también lo es a veces. Pero en este asunto hay un par de conceptos que están mezclados y no nos ayudan a llevar la situación de manera equilibrada. Este post pretende clarificar esto con el objetivo de que nos ayude a comprender primero para poder actuar de forma más adecuada después y aprender a llevarlo mejor.

Tu bebé es normal

 

Esa es la idea clave que quiero que te lleves. Somos mamíferos. Los mamíferos necesitan a sus mamás en los primeros meses de su vida para sobrevivir. Por eso la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

… la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

El instinto de apego es el que ha hecho que los seres humanos no nos hayamos extinguido ya que somos de los mamíferos más indefensos por más largo tiempo del planeta. El sistema de apego sirve para garantizar que alguien va a cuidar de nosotros hasta que podamos valernos por nosotros mismos. Es la garantía de nuestra supervivencia. Además nos enseña ser seres sociales, un punto muy importante también para garantizar la vida. Por eso el sistema de apego es vital para poder mantener relaciones satisfactorias.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él. La naturaleza también le da un instrumento para que su mamá no se separe de él: el llanto. Esta obsesión por estar con la mamá suele ser relativamente aceptable para ella durante los primeros meses de vida del bebé. En primer lugar porque es socialmente aceptable que esté junto a él la mayor parte del tiempo y en segundo lugar porque el bebé tiene ratos en los que no es totalmente consciente de que su mamá no está (cuando duerme o cuando está distraído con alguien o con algo). Esto es así porque los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea. Se siente seguro porque la incipiente sensación de sí mismo que recién experimenta incluye a su mamá como parte de él.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él.

El problema viene cuando entre los seis y los nueve meses el bebé empieza a darse cuenta de que su mamá y él no son la misma cosa o persona. Entonces da comienzo el periodo donde se da la llamada “angustia por separación” del bebé y no es ni más ni menos que este se da cuenta de que su mamá es una persona diferente de él y, por tanto, empieza a comprender que su mamá puede irse y dejarle sólo, lo que para él significa la muerte. No es que “piense” que se va a morir. Es que lo “sabe”, lo siente en lo más profundo de su ser. Entonces, su instinto de supervivencia toma el control para hacer lo que sea necesario para que su madre regrese, lo calme y el bebé pueda retomar su estado tranquilo normal.

… los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea

No se si alguna vez has sentido que ibas a morir. Aunque fuera por un instante. Si no lo has sentido, sólo imagina por un momento que de repente entra alguien por la puerta, te pone una pistola en la cabeza y te dice que te va a matar. ¿Estresante no? Pues así es como se siente tu bebé cuando tú desapareces de su vista. ¿No llorarías, reclamarías perdón, o todo lo que fuera necesario para que esa persona quitase la pistola de tu cabeza y se fuera? Pues eso es lo que va a hacer tu bebé.

¿Qué significa todo esto? Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable. Su desarrollo neuronal es perfecto. ¡Enhorabuena!. Son grandes noticias para los dos.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada.

Los bebés que no quieren estar pegados a sus bebés, pueden ser comunes pero no son normales. Puede parecer que todos los bebés son así menos el tuyo, pero te aseguro que eso no es deseable. Esto se debe a que el sistema de apego que han establecido con su mamá no es seguro o que no han establecido un sistema de apego con ella en absoluto. Es posible que tengan un sistema de apego seguro con otra persona o cosa, pero con su mamá no.

Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable.

Esto puede pasar por dos motivos: uno es que no estén la mayor parte del tiempo con su mamá, con lo que no la identifican como tal, como su cuidadora principal y no se apegan, o porque si pasa tiempo con él no lo reconforta de manera adecuada, con lo cual el bebé o ha renunciado a que su madre lo vaya a cuidar y mantener seguro o lo que es peor, la ha identificado como una amenaza.

Ninguna de estas situaciones son deseables, pero la más perjudicial es la segunda. En el primer caso, aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable. Un cuidador que puede ser su abuela o una persona externa que le de una respuesta adecuada a sus demandas y le proporcione una sensación de seguridad suficiente hará que el bebé siga un desarrollo normal y sea psicológicamente sano en el futuro. El único inconveniente de esta situación es que esa persona sea constante en su vida y no desaparezca de repente o cambie constantemente. Esto podría dañar el sistema de apego básico del bebé.

…aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable.

El segundo caso, en el que el bebé renuncia a su cuidador principal como una referencia segura, puede dar lugar a trastornos psicológicos en el futuro ya que el bebé se verá obligado a desarrollar una forma adaptativa de sentirse seguro que utilizará en las situaciones estresante. El problema con esto es que normalmente esa forma de encontrar seguridad será una herramienta que usará con rigidez en todas las situaciones de su vida, y puede que en algunas le ayude pero que en otras le perjudique.

La segunda razón por la que un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada. También aprenderá que puede confiar en sus propias capacidades y en las personas. Esto es lo que todas queremos para nuestros bebés. El problema es que las demandas son tan absorbentes y tan continuas que nos resultan asfixiantes y nos dan ganas de abandonar.

…un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Qué hacer para poder sostener la necesidad de apego de mi bebé

 

Tengo que confesar que cuando mi bebé se pone tan demandante a veces me gustaría irme y no volver. Otras veces siento que me está atacando, que me maltrata y me agrede y me siento un impulso muy grande de defenderme. En esos momentos tengo la sensación de que me hace la vida imposible. Entonces la situación me sobrepasa y pierdo el control.

Esto es así y nos pasa a todas las mamás. No existe la mamá amorosa cuando nos sentimos sobrepasadas y agredidas. Entonces es nuestro instinto de supervivencia el que se activa y nuestro propio sistema de apego (el que desarrollamos con nuestra mamá) toma el control. No es una excusa, es nuestra biología. Con esto quiero decirte que tú también eres normal, que nos pasa a todas y que realmente es demasiado. No es demasiado para ti, es demasiado para todas.

No existe una sola solución. Hay muchas soluciones posibles, porque cada una tiene que encontrar la suya propia. Yo te puedo dar ciertas pautas para que pruebes qué es lo que te sirve a ti. Pero sobre todo recuerda lo importante que es para tu bebé que hagas este esfuerzo y que es posible encontrar un equilibrio. Esta fase pasará pronto, como todas, como el embarazo, el parto, los cólicos y los problemas de lactancia. Todo pasa. Te aseguro que cuando tu hij@ tenga unos años más no querrá que le beses en público. Aprovéchate ahora ?

Aquí te escribo unas cuantas ideas que me han servido a mi. También me gustaría que me ayudases a apoyar a otras mamás si escribes en los comentarios qué te sirvió a ti.

 

¿Qué hacer si las demandas de mi bebé me sobrepasan?

 

  1. Reduce tus obligaciones. El enemigo número uno de la mamá no es el bebé, son el resto de tareas y obligaciones. Yo se que no se pueden eliminar totalmente, pero seguro que puedes hacer un esfuerzo para reducirlas al mínimo.
  2. Pide ayuda. Si quieres reducir obligaciones y tareas lo que necesitas es ayuda. Ayuda activa o pasiva. La ayuda activa es que otro haga las cosas por ti (que tu esposo haga la cena), la ayuda pasiva es que las demandas de las personas que no son el bebé disminuyan (que tu esposo cene fuera o la compre y la traiga a casa).
  3. Haz las cosas con tu bebé pegado. A mi me sirvió muchísimo utilizar un fular de porteo, pero existen otros métodos. Con ellos el bebé está tranquilo mientras tú haces otras cosas (sí, ir al baño puede ser una de ellas).
  4. Descansa todo lo que puedas. Descansar tiene que ser tu prioridad número dos (la número uno es tu bebé). Si estás descansada tendrás menos estrés y tu sistema de supervivencia no se activará. Todas tenemos más paciencia cuando estamos más descansadas.
  5. Practica un sistema de cambio de estado emocional instantáneo. Muchas veces perderás el control y te desesperarás. Practicar e incorporar una forma de cambiar tu estado emocional lo más rápido posible te ayudará a retomar la situación y reconducirla para hacerla más equilibrada para todos. Abajo te puedes descargar mi método “Cambia tu estado emocional en 10 segundos” de forma gratuita. Ha ayudado a cientos de personas a retomar el control. Tú también vas a poder.

 

 

Si te ha gustado este post ayúdanos a apoyar a otras mamás compartiéndolo. También me encantará saber qué te ha parecido poniendo tu opinión abajo en el espacio para comentarios. Y recuerda que puedes hacerme cualquier consulta que necesites.

Gracias por tu inspiración.

Te mando un abrazo

Límites para prevenir el abuso

No hago más que ver posts de cómo manejar berrinches, de cómo poner límites, de cómo disciplinar (aunque sea de forma positiva) y al mismo tiempo leo más y más noticias terribles de abusos hacia los niños, sexuales y no sexuales, y veo más comportamientos intolerantes y poco respetuosos hacia los niños. ¿Tendrá que ver? Yo creo que sí.

Sobre todo necesitamos proteger a nuestros hijos

En el mundo nos encontramos todo tipo de seres en diferentes condiciones mentales. Es lamentable, pero así es.

El problema es que no podemos estar ahí el 100% del tiempo para protegerles.

¿Entonces? ¿Qué hacer?

No podemos estar ahí el 100% del tiempo para protegerlos

Debemos enseñar a nuestros hijos a distinguir lo que está bien de lo que está mal para ellos, para que diferencien cuando alguien viene de buena fe y cuando no.

Y la clave está en que estén conectados con lo que está bien o mal para ellos y se den permiso para actuar en consecuencia.

Cuando ya tienen ocho o diez años uno les puede explicar: mira, es tu cuerpo y no debes dejar que nadie lo manipule, si algo te parece mal no lo hagas, si te pasa algo ven y cuéntamelo, yo te protegeré.

Los niños de esa edad comprenden y si tienen confianza contigo, si les has escuchado y atendido sus demandas, seguramente te cuenten que algo anda mal.

Antes de los tres años, los niños son más vulnerables. Pero la buena noticia es que también son más conscientes de lo que está bien y mal para ellos y si somos cuidadosos con nuestros mensajes hacia ellos, lo expresarán abiertamente.

La edad de cero a tres años es mágica. Es donde se fundamentan la autoestima, la empatía, los valores, donde un niño se forja la identidad, sus fortalezas y sus debilidades para toda la vida

Esta es la buena noticia. Lo que aprenda ahora sobre sí mismo le acompañará el resto de su vida. ¿Y por qué esto es importante? Porque los mensajes que les trasmitamos marcarán su autoconcepto, su sensación de seguridad y de valía.

Si acostumbramos a nuestros hijos pequeños a hacer caso a sus sensaciones e intuiciones, si les escuchamos cuando no quieren hacer algo hasta averiguar cuál es el problema, estaremos dejando intacta esa capacidad y conexión interior innatas.

El problema es cuando abusamos de decirles o mostrarles que nosotros “sabemos” que es mejor para ellos, porque entonces, lo que les trasmitimos es que lo que ellos sienten no vale, que es más válido lo que alguien externo les dice que es la verdad.

Tenemos que pensar que nosotros les enviamos al colegio o a otras actividades donde interactúan con otros adultos. Al hacerlo, les damos el mensaje, a veces explícito, de que tienen que obedecerles y portarse bien.

Cuando esos adultos no tienen buenas intenciones, se produce un conflicto en el interior del niño, que quiere obedecer a nuestro mandato, pero siente que eso que está pasando no está bien.

Un niño de menos de tres o cuatro años no tiene la capacidad de discernimiento, pero sí podemos enseñarles que si para ellos algo no está bien, entonces no está bien y que debe expresarlo. 

Para eso debemos dejar que expresen su descontento libremente, ya sea ante nosotros, con familiares y amigos o con personas de la escuela.

Lo normal es que lo hagan, que se resistan a algo que no les gusta, pero va a depender mucho de los mensajes que les hallamos trasmitido sobre obedecer y cómo comportarse con otros adultos.

Lo importante es que  les dejemos claro que:

  • SI ELLOS CREEN QUE ALGO ESTÁ MAL, ENTONCES ESTÁ MAL, y que nosotras estamos ahí para ayudarles a resolverlo
  • SI NO LES GUSTA ALGO NO DEBEN HACERLO. Luego podemos hablar con ellos de por qué no les gusta y ver alternativas con ellos. Pero siempre debemos escucharles.
  • SI NO ME GUSTA ALGUIEN O ALGO NO TENGO QUE TOLERARLO. A veces “obligamos” a los niños a dar besos, a no protestar cuando les tocan aunque sea cariñosamente, a no poner una mala cara a un adulto… Y eso es un mensaje que en una situación de abuso puede confundirlos.
  • MI MAMÁ SIEMPRE, SIEMPRE SIEMPRE ME VA A ESCUCHAR. Si siempre le escuchamos, entonces nos contará las cosas. Si a veces le escuchamos y a veces no, dejará de hacerlo. Si pensamos, o a veces incluso les decimos, que lo que les pasa son tonterías, dejarán de hablarnos.
  • MI MAMÁ ME va a DEFENDER. Y si le escucho me pongo en su lugar y le doy su parte de razón. Luego ya le explicaré y le daré alternativas, pero ellos siempre deben saber que estás de su lado

Espero que nunca se presente una situación desagradable en la vida de tu hijo o hija, pero si afianzamos su confianza y su asertividad, estoy segura de que les estaremos ayudando.

Si te ha gustado este post, por favor, compártelo y dale un like para que llegue a más mamás y juntas podamos crear más conciencia.

Gracias por leerme.

Les mando un beso

Eva Martínez

Cuando ser una buena mamá puede no ser tan bueno para tu bebé

Todas las mamás del mundo queremos ser una buena mamá. Ser buena mamá parece una finalidad ideal, independientemente de lo que signifique para ti. Quizá para ti la buena mamá es la que lleva los niños limpios, o la que tiene hijos que nunca hacen berrinches, o la aquella cuyos hijos comen bien, la que les lava los dientes tres veces al día, la que alimenta a sus hijos con la lista de nutrientes en mano, la que los ha educado para que se porten bien, la que tiene la comida a punto, la ropa lavada y planchada y puntualmente va a recoger a sus hijos del colegio y tiene todo listo en casa… Todas estas descripciones están bien, no hay nada de malo con ellas. Todas tienen el objetivo de dar lo mejor a los hijos y eso es perfecto.

Entonces ¿Por qué no es tan bueno ser una “buena mamá”? La buena mamá tiene algunas consecuencias muy negativas tanto para ti como para tus hijos. Primero porque la buena mamá no existe. Es una meta imposible de alcanzar. En segundo lugar porque la buena mamá siempre actúa para los de fuera. Parece que si nuestro hijo come todo lo que le ponemos, duerme toda la noche, dice gracias, se deja peinar y da besos a los familiares hemos hecho un buen trabajo. Nada más lejos de la realidad.

La buena mamá tiene algunas consecuencias muy negativas tanto para ti como para tus hijos

En tercer lugar porque lo normal es que las cosas no salgan como hemos previsto: en algún momento no vamos a estar a ese nivel, vamos a perder los nervios, en algún momento los niños van a necesitar algo que es contrario a lo que nosotras decidimos que era lo mejor para ellos, o vamos a querer que pase en un momento en el que ellos quieran hacer otra cosa. Cuando esto pasa, y pasa muchas veces, aparece el conflicto. A veces el conflicto es interno: tu mente te azota diciendo que lo has hecho mal, que deberías haber hecho otra cosa, o algo de otra manera. Ya sabes de lo que hablo. Otras veces el conflicto es con el niño. Entonces comienza una lucha de poder en la que a veces ganas tú y otras veces todo se sale de control y estalláis en mil pedazos. Ambas situaciones crean estrés y el estrés te saca del equilibrio que hace que tu día fluya.

¿Por qué ocurre esto? Cuando queremos ser una buena mamá estamos siguiendo creencias y dictados externos, no estamos fluyendo con el aquí y ahora de la realidad de lo que está pasando. Perdemos de vista a nuestro hijo y a sus necesidades, gustos y preferencias. No estamos respondiéndole de una forma sensible. Y de eso se trata.

Cuando queremos ser una buena mamá estamos siguiendo creencias y dictados externos, no estamos fluyendo con el aquí y ahora de la realidad de lo que está pasando

El prestigioso psicólogo Donald Winnicott, cuando definió la relación psicológicamente sana entre madre e hijo, ni siquiera habló de “buena mamá” sino de una “mamá lo suficientemente buena. Suficientemente buena significa atenta a las necesidades del niño y sensible ante ellas, es decir, que detecta y responde a esas necesidades. ¿Todas las veces? No todas, las suficientes. La mamá suficientemente buena no tiene que seguir un estándar, este experto no habla de reglas, normas, pasos a seguir, sino que habla de “sensibilidad” a las necesidades del bebé. 

Otra prestigiosa y célebre psiquiatra infantil, Mary Ainsworth quien colaboró considerablemente a desarrollar la teoría del apego comenzada por John Bowlby, afirma lo siguiente como conclusión de su estudio denominado La situación extraña (ver video) sobre las habilidades de las mamás cuyos bebés tienen un apego seguro a las que denomina altamente cooperativas:

“…la tercera escala se ocupa de características maternas generales del tipo cooperación-interferencia. Las madres que son de interferir mucho, no respetan la autonomía del bebé y la separación esencial entre ambos. Trata de controlarlo y de darle forma a su comportamiento, o simplemente sigue sus propias reacciones y sin la consideración por los los deseos o el proceso de actividades que desarrolla el bebé. La madre altamente cooperativa respeta a su bebé como una persona separada y planifica evitar situaciones en las cuales necesitará interferir con sus actividades o llegar a tener que ejercer un control directo sobre él. Cuando debe intervenir, es muy hábil en sintonizar el modo o la manera que el bebé es persuadido que él desea hacer lo que ella necesita o desea…”. (M. Ainsworth, La situación extraña)

Me dirás, sí, pero cuando es la hora de salir es la hora de salir. Estoy totalmente de acuerdo. Muchas veces la vida es imperativa. Pero otras veces no. Si analizamos cada situación por separado, si nos preguntamos qué es imprescindible e inamovible y qué no, nos daremos una sorpresa. Es cuestión de priorizar lo importante.

El problema es que no tenemos conciencia de lo importante que es minimizar los momentos de conflicto y tensión con tu hijo. La base de su determinación y de autoestima se fragua en los primeros años de vida mediante sus interacciones contigo. Él sabrá que tiene derechos, capacidad de decisión, que merece atención, reconocimiento y amor incondicional (hasta cuando se porta “mal” o hace berrinche) y estará en contacto con sus necesidades, en la medida en que tú le des “permiso” para decidir, negarse, preferir, expresar sus emociones (el enfado o enojo también es una emoción), y que no pasa nada si se equivoca. Eso lo aprenderá de la convivencia contigo.

Él sabrá que tiene derechos, capacidad de decisión, que merece atención, reconocimiento y amor incondicional (hasta cuando se porta “mal” o hace berrinche) y estará en contacto con sus necesidades, en la medida en que tú le des “permiso” para decidir, negarse, preferir, expresar sus emociones (el enfado o enojo también es una emoción), y que no pasa nada si se equivoca

Pero lo más importante de todo es el amor incondicional: que tu hijo aprenda que pase lo que pase, si no se lava los dientes, incluso si se le caen, si es más tonto, flaco, torpe, perezoso, flojo, enojón o lo que sea que exprese está bien porque él es perfecto como es y lo que hace es sólo una pequeña parte de lo que él es. Ya sabemos que tú lo amas incondicionalmente pero no te das cuenta de que cuando mantienes un conflicto con él le estás transmitiendo lo contrario: si no haces lo que yo digo o espero me enfado, me pongo triste, me defraudas.

Ya sabemos que tú lo amas incondicionalmente pero no te das cuenta de que cuando mantienes un conflicto con él le estás transmitiendo lo contrario: si no haces lo que yo digo o espero me enfado, me pongo triste, me defraudas

Lo más paradójico es que los momentos más importantes para crear un apego sano y una relación satisfactoria con tu hijo son los momentos de estrés, cuando queréis cosas diferentes, cuando tienes que tomar la decisión entre ser una buena mamá que alimenta correctamente a su hijo, que le lava los dientes a diario, que llega puntual a la escuela, que los lleva perfectamente limpios, peinados y aseados a pesar de que tu hijo está jugando, cansado, explorando, de mal humor, feliz en otras cosas etc. Es en esos momentos de “conflicto” cuando si estamos atentas y ponemos límites a esa “buena mamá” para dejar actuar a la “mamá suficientemente buena” de Winnicott cuando podremos ofrecer una respuesta sensible a la necesidad del niño y transmitirle que es importante para nosotras, más importante que los dientes limpios, el pelo peinado, que lleve zapatos o que hacer la compra.

Y sí, yo se que a veces no se puede, entonces hay que negociar, convencer, despistar, aplazar, etc. Convierte estos momentos tan valiosos en oportunidades “ganar-ganar”, en la que todo el mundo gana y nadie pierde. Estas medidas de “negociación” no solamente evitarán el conflicto, sino que le estarás enseñando a tu hijo herramientas imprescindibles para la vida que no son autoritarias. Eliminarás el “porque yo lo digo” o el “porque yo soy tu madre”, que en su adolescencia se convertirá en rebeldía y en una necesidad básica de autodeterminación que no tuvo en su infancia.

Convierte estos momentos tan valiosos en oportunidades “ganar-ganar”, en la que todo el mundo gana y nadie pierde. Estas medidas de “negociación” no solamente evitarán el conflicto, sino que le estarás enseñando a tu hijo herramientas imprescindibles para la vida que no son autoritarias

¿Y entonces qué puedo hacer?

El primer paso es poner límites a tu “buena mamá” interior. No es que sea mala, lo que está mal es que ser una buena mamá sea un fin en si mismo, en lugar de un medio para el verdadero fin, que es el bienestar de los niños.

 

¿Cómo lo hago?

1. Aprende a detectar cuando la “buena mamá” toma el control. El conflicto y el enfado de tu hijo pueden ser buenas señales. Un berrinche es una señal de que ya has ido demasiado lejos con él.

2. No hace falta que corrija a “la buena mamá” en ese momento, sólo toma conciencia de ella actuando, se corregirá sola cuando la vayas aprendiendo a verla.

3. Valora la importancia real de lo que quieres hacer. ¿Es tan importante lo que quiero imponer? ¿es imprescindible que tengamos que hacer esa actividad en ese momento?. Plantéate ¿es tan grave que no se bañe hoy? ¿es tan grave que no se coma ahora el brócoli? ¿es tan importante que no coma brócoli nunca más?

4. Ensaya herramientas ganar-ganar: negocia, despista, ofrece alternativas…

5. Cede. No es una competencia. Cuando cedes también ganas. Enseñas a tu hijo que ceder también es una opción y que no pasa nada. Que uno no siempre tiene la razón. Al fin y al cabo, así es la vida y queremos prepararles precisamente para la vida real.

 

 

Si te ha gustado esta entrada me encantaría que la compartieras o le dieras un like. También me gustaría mucho saber tu opinión y que escribieras en los comentarios. Todos son publicados, los positivos y los negativos. Me ayudarán mucho para saber cómo apoyarte mejor.

Y recuerda: ¡lo estás haciendo muy bien! ¿Cómo lo se? Porque estás aquí, leyendo esto, ocupándote de ti, de mejorar, de darle lo mejor a tu bebé.

Te mando un beso.

Si estás en contacto con una mamá reciente, ¡por favor, lee esto!

 

Todos queremos ayudar a las nuevas mamás. Cada uno tiene sus buenas razones, pero no se por qué cada quién tiene una visión de lo que se debe hacer y se siente en la obligación de “salvar” a esa madre que no tiene experiencia.

Está claro que las mamás necesitamos ayuda. Es un momento nuevo, muy importante, diría crucial en nuestra vida y a veces nos sentimos desbordadas. Eso sí es verdad. El problema es que cada uno quiere “salvarnos” a su manera. A veces pienso que es para subsanar sus propios errores o no se, pero nadie se da cuenta del daño que nos hacen con los comentarios.

En primer lugar nos dañan porque nos hacen ver como incapaces. El mensaje subliminal es “yo se, tú no”. Esto, además de irrespetuoso es falso. La mamá sabe. Quizá tú tengas más experiencia de mamá, pero ella tiene más experiencia como la mamá que es con el hijo que tiene y con el que tú has pasado apenas minutos. Además, nos hace mucho daño a la autoestima, nos genera dudas y lo que es más importante, nos aleja de nuestro instinto. No lo hagas por favor.

Quizá tú tengas más experiencia de mamá, pero ella tiene más experiencia como la mamá que es con el hijo que tiene y con el que tú has pasado apenas minutos

Este es uno de los post que me gustaría que lo compusiéramos entre todas, y que lo compartiéramos para que llegue a toda esa gente que, con la mejor intención (o no), nos irrita, nos ofende y nos hace sentir mal, cuando en la mayoría de los casos pretende lo contrario. Me gustaría que además de estas frases añadieses las tuyas en los comentarios y que lo compartieses donde creas que pueda servir. Con una sola persona que tome consciencia y cambie su actitud, habremos cumplido un gran objetivo.

 

A las abuelitas (mamás de las mamás y papás), a la señora que me encuentro por la calle, a mi amiga la que no tiene hijos y a la que sí los tiene, a mi pareja, a mi hermana, a mi prima y a mi cuñada. Por favor, lee esto, es importante:
  • No me digas lo que tengo que hacer
  • No me digas que yo tengo la culpa de lo que le pasó a mi bebé
  • No me digas que no lo cargue, me gusta hacerlo y a él/ella también que lo cargue
  • No me digas que no duerma con él, yo no te pregunto con quién duermes tú
  • No me digas que lo estoy malcriando, malcriar es criar mal y criar con amor es criar bien
  • No me digas que usted sabe mucho porque tiene experiencia, sabe mucho de sus hijos, pero no del mío
  • No me quieras quitar a mi bebé de los brazos, no nos gusta
  • No le hables a mi bebé de cómo lo crío como si yo no estuviera allí, es una falta de respeto hacia mi
  • No le pongas adjetivos (enojón, llorón, caprichoso), mi bebé es mucho más que su actitud o su comportamiento
  • No le arrebates las cosas a mi bebé de las manos, es una falta de respeto hacia él
  • No le digas que su mamá es esto o lo otro, eso es una falta de respeto hacia mi
  • No asustes o amenaces a mi bebé, el miedo no es nuestro estilo de enseñanza y es malo para su desarrollo
  • Jamás le digas que no le vamos a querer, porque primero no es verdad y segundo porque le hará sentir muy triste
  • No le digas que no se ensucie, que algo es peligroso, que no grite, ¡es un niño por el amor de Dios!
  • No le digas jamás que no llore, que no se enfade, que no se ponga triste, porque estará dañando su capacidad de sentir y su inteligencia emocional no se desarrollará correctamente
  • No le toques los pies a mi bebé. No tiene frío. No se va a enfermar porque tenga frío sino por los virus que tú traes en las manos
  • No me digas si tiene frío o calor. Créeme yo soy la persona en el mundo que más se preocupa por su salud y su bienestar
  • Si llegas a casa, pregúntame qué necesito, en lugar de quitarme a mi bebé
  • Ayúdame con las tareas que me separan del bebé
  • Si estoy en el baño y el bebé llora, no te pasees con él por la puerta del baño para que me de prisa
  • Si me quejo, no me digas qué hacer, a lo mejor sólo quiero desahogarme
  • Si estoy estresada, sólo escúchame y pregúntamé “¿Qué necesitas?” Esas palabras son mágicas para mi
  • Si me quejo de algo, no me digas que tus hijos nunca lo hicieron (berrinche, dormir toda la noche, enfermar, comer…) eso me hace sentir como una tonta y como una mala mamá (además dudo de que sea verdad)
  • No compares a tus hijos con los míos, ellos son únicos y especiales (también)
  • No presumas de lo que hacen tus hijos, eso no es bueno para los tuyos porque muestras que tu amor es condicionado ni para los míos porque los estás comparando (ver arriba)
  • No trates mal a tus hijos delante de mi o de mis hijos, es una situación muy violenta para todos
  • Si todavía no tienes hijos no me juzgues, solamente toma nota y prepárate para lo que te viene

 

Seguro que he olvidado muuuuchas actitudes tóxicas con las mamás. Ayúdame a completar este post poniendo las tuyas en los comentarios y ¡comparte!

Muchas gracias por ser una voz más en defensa del respeto en la crianza.

 

 

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