Archivo 13-10-15 17 29 34Quiero darles las gracias por la gran acogida del último post sobre la conferencia de Carlos González en DF. A raíz de ese post, alguna mamá preguntó «Bueno, ok, sin castigos y sin premios, pero entonces ¿cómo?». Me pareció un muy buen punto y le prometí un post para aclarar sus dudas. Aquí va.

Lo que Carlos González apuntaba en la conferencia es que a los niños les gusta naturalmente imitar, colaborar y que haya un ambiente cordial. A veces puede parecer que esto no es así. A veces no quieren seguir nuestros deseos. Como yo lo veo, casi nunca es por llevar la contraria. Normalmente es porque están cansados, no le ven el chiste a la cosa o porque simplemente quieren hacer otra cosa.

Lo que Carlos González apuntaba en la conferencia es que a los niños les gusta naturalmente imitar, colaborar y que haya un ambiente cordial.

A nosotras las mamás, con nuestra agenda apretada, las tareas y tantas cosas que hacer, que no quieran hacer lo que nosotras les pedimos es un inconveniente, y a veces muy grande. Hay que llegar en hora a los sitios, hay que asearse, lavarse los dientes, comer o dejarse cortar las uñas. Todas esas cosas son importantes, para nosotras, pero no para nuestros bebés.

De esta forma, la situación se convierte en un «o tú o yo». O hacemos lo que mamá dice «porque yo soy tu madre y punto» o tenemos un bebé consentido, que se sale con la suya, malcriado, chillón… Nuestra reacción suele ser con enfado, en cierta forma agresiva, porque vivimos como una agresión la negativa del niño a seguir las instrucciones. Ahí es cuando viene el grito, la mala contestación e incluso la bofetada.

¿Esto nos hace malas madres? Yo pienso que no. Lo que somos es madres desbordadas, abrumadas, que se sintieron atacadas por sus hijo y estos pagaron las consecuencias.

La invitación es que te pongas por un momento en los zapatos del niño. Hasta los dos años o más no tienen el sentido del tiempo desarrollado a nivel cerebral. Tú le puedes decir a tu bebé, voy a venir dentro de un minuto, o dentro de tres horas, que él lo que entenderá es que tú has desaparecido y que él está solo en el mundo y que va a venir un depredador y se lo va a comer. Esto es así porque tu hijo tiene un nivel de desarrollo perfecto para su edad y su instinto de conservación está intacto. Ese es el mismo instinto de conservación que le servirá en la adolescencia para no saltar por la ventana cuando sus amigos lo hagan. Entonces si tú hijo no te deja ni a sol ni a sombra y llora cuando te vas, ¡enhorabuena! Tienes un hijo sano.

La invitación es que te pongas por un momento en los zapatos del niño.

Por otro lado, piensa que a tu hijo no le interesan nada tus obligaciones. Y tiene toda la razón. Él está diseñado para explorar, aprender, tener experiencias nuevas, jugar, divertirse…. Y eso es lo que hace. Es paradójico lo mucho que las mamás nos esforzamos en llevarlos a centros de estimulación para que se desarrollen y lo poco que les dejamos hurgar en nuestros cajones para que desarrollen su curiosidad.

Si lo piensas es un poco absurdo: desarróllate pero a mi manera y como yo decido. Yo se lo que es mejor para ti. Ahora aprendes y ahora obedeces. Seguro sería mucho más cómodo para nosotras, pero los niños no funcionan así. Y no deben funcionar así. Por ahí oí un vez que queremos hijos creativos, líderes, inteligentes y felices, pero cuando son niños les obligamos a ser obedientes y a hacer las cosas de una sola manera, la nuestra, a pesar de que eso no les haga muy felices. Creo que no puede ser más cierto.

Es paradójico lo mucho que las mamás nos esforzamos en llevarlos a centros de estimulación para que se desarrollen y lo poco que les dejamos hurgar en nuestros cajones para que desarrollen su curiosidad.

Llegados a este punto, seguro piensas, «ok, le debo dejar que haga lo que quiera?». Pues tampoco. En la vida hay cosas que son obligatorias. Carlos González mencionó varios tipos de límites. Hay límites que son infranqueables. Si hay un precipicio uno no puede avanzar. Si sales a la calle sin zapatos pues igual te lastimas. Si pegas a un amigo, es posible que ya no lo quiera ser más. ¿Cómo le enseñamos esto a nuestros hijos? Con mucha paciencia y pensando siempre que ellos ni saben estas cosas ni tendrían que saberlas. NO lo hacen por fastidiar, lo hacen porque son niños y es nuestra obligación enseñárselo con mucha paciencia y desde el amor.

No es una guerra. No quiere fastidiarte. No quiere que te sientas mal. No te está retando. Sólo es un niño que a lo más lo que está haciendo es llamar tu atención. ¿Y por qué se empeña en demandar tu atención? Porque la necesita para sobrevivir. Está escrito es sus genes de mamífero. No es su culpa. Es su diseño humano. «Ya, pero es que mi hijo es Alto dependiente», ok, entonces es que tu hijo la necesita mucho más que otros. Esto a veces es un inconveniente para nuestra vida, igual que cuando se despierta mucho o cuando no duerme, pero no lo hace a propósito.

NO lo hacen por fastidiar, lo hacen porque son niños y es nuestra obligación enseñárselo con mucha paciencia y desde el amor.

¿Cómo actuar? Pues ¿qué haces cuando tu hijo te necesita?, ¿cuando enferma, cuando se cae, cuando se asusta?. Lo atiendes ¿no?. Cuando mi hija me necesita me da la oportunidad de estar ahí para ella y fortalecer el vínculo que tenemos y la fortaleza de su apego conmigo. Es un momento que debemos aprovechar para que entiendan que estamos allí para ellos.

Y hay cosas, muchas cosas, que no se las podremos dar, que no están en nuestra mano o que por la razón que sea es mejor para ellos que no ocurran. Pero si lo pensamos un poco, son las menos. Es mejor que seamos firmes con muy pocas situaciones que estar toooodo el día peleando con ellos. En esta conferencia, Carlos González advertía: si gasta toda tu autoridad cuando son bebés, no te quedará nada cuando sean adolescentes y estemos hablando de situaciones mucho más graves.

De hecho no deberíamos pelear nunca. Porque como he dicho arriba no es una guerra. Tu hijo no está contra ti. Soy yo la que se siente agredida. Incluso, si somos realmente honestas con nosotras mismas, te diría que el motivo principal de nuestra frustración casi nunca son nuestros hijos. Porque a mi me pasa que hay días que aguanto más y otros menos por las mismas negativas de mi bebé. ¿Y a ti?.

De hecho hay días en los que ni siquiera me molesto y otros sí. Normalmente tiene más que ver con lo estricta que sea mi agenda, los planes que yo haya hecho, con terceras personas, con mi autoexigencia o con la exigencia de otros.

Carlos González advertía: si gasta toda tu autoridad cuando son bebés, no te quedará nada cuando sean adolescentes y estemos hablando de situaciones mucho más graves.

En otra conferencia oí decir a Carlos González que si mi jefe es inflexible con mi hora de entrada al trabajo pero mi hijo no lo entiende, al final aquí el importante es el niño, y además mi jefe tiene 40 años y es el que, en teoría, tiene la capacidad de entender y negociar, no mi hijo (que aún no tiene el cerebro desarrollado para eso). Esta visión puede ser un poco simplista si pensamos que el hijo es el más importante, porque que yo conserve mi trabajo también lo es. Pero y si cambiamos la palabra jefe por esposo, amiga, mamá, el quehacer, … Entonces nos encontramos que en muchas ocasiones la guerra es inútil y contraproducente, porque todos pueden ganar con un poco de paciencia y flexibilidad.

A esa mamá que tan acertadamente puntualizó la entrada anterior al blog, se me ocurrió prestarle una idea que a mi me sirve y espero que a alguien más también le sea útil. La idea es pedirle a mi hijo que haga algo que yo quiero que haga como si le pidiera esa cosa a mi jefe, precisamente. ¿Cómo lo haría? ¿Le exigiría? Oiga, quiero mis vacaciones la primera semana de junio ¿Le amenazaría? Si no me da las vacaciones cuando quiero me marcho ¿Le haría chantaje emocional? Claro, no me da las vacaciones cuando quiero porque no me quiere o peor si no me das las vacaciones cuando quiero ya no te voy a querer. ¿Le darías un premio? Si me das las vacaciones cuando yo quiera trabajaré dos horas más cada día. ¿Le castigarías? Si no me das las vacaciones cuando quiero entonces no atenderé a los clientes. Esta forma de proceder sería totalmente ridícula, ¿cierto?.

¿Qué sería lo más inteligente entonces? Pues me imagino, corrígeme si me equivoco, que le tratarías con el máximo respeto, por supuesto. Le darías buenas razones para que a ÉL le interese que te vayas de vacaciones en ese momento. Le darías alguna alternativa más. Y si todavía se negase, pues igual intentarías llegar a un acuerdo intermedio que fuese bueno para ambas partes, aunque no puedas irte de vacaciones en la semana que en principio te interesaba.

Y si esta es la estrategia que utilizarías con una persona que merece tu máximo respeto, ¿por qué no utilizarla con tu hijo? Él también merece respeto. Pero eso no es lo más importante, sino que le estarás enseñando con el ejemplo cómo conseguir lo que quiere desde el respeto mutuo, la empatía y la asertividad, que no es poca cosa.

Espero que te haya servido el post y me cuentes tu opinión en los comentarios.

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