Mal comportamiento en niños: Estrategias efectivas para padres agobiados

Por qué son necesarios los comportamientos inadecuados de los niños

Así como cada estación del año cumple un propósito, el mal comportamiento en niños, tiene una razón de ser, aunque a veces nos incomode o parezca desafiante. Enfadarse, desobedecer, mostrar disgusto e incluso tener “malos comportamientos” no son otra cosa que intentos de comunicarse con nosotros. Son expresiones naturales que reflejan sus emociones, necesidades y límites. Como padres, es fundamental que entendamos que estos comportamientos son parte del proceso de maduración y, en lugar de reprimirlos, debemos aprender a escuchar lo que nuestros hijos intentan decirnos a través de ellos.

Como padres, nuestra labor no es suprimir estos comportamientos, sino ayudar a nuestros hijos a comprender y gestionar sus emociones. Esto implica enseñarles a reconocer sus sentimientos, a leer las intenciones de los demás, a empatizar y a encontrar maneras socialmente adecuadas de expresar lo que sienten. Este proceso lleva tiempo y requiere paciencia. En lugar de esperar que nuestros hijos actúen con la madurez de un adulto, debemos recordar que están en pleno proceso de aprendizaje. Cada momento de “mal comportamiento” es una oportunidad para guiarles en el manejo de sus emociones.

Mal comportamiento en niños

La importancia de comprender el comportamiento Infantil: Una mirada desde la psicología

El comportamiento de nuestros hijos, al igual que las estaciones del año, cumple un propósito en su desarrollo emocional y social, incluso cuando nos resulta incómodo. Como padres, a veces nos cuesta aceptar o manejar ciertas conductas porque no entendemos que estos comportamientos son formas de comunicación. En lugar de reprimir estas expresiones, debemos aprender a escucharlas y a guiarlas, ofreciendo herramientas para que nuestros hijos puedan entender y manejar sus emociones.

Mal comportamiento en niños
Armonía familiar y desarrollo emocional saludable

Un niño que se frustra, que grita o que se niega a seguir una regla no está actuando “mal”; está explorando sus límites y tratando de entender cómo funciona el mundo. Hay una etapa en su desarrollo en la que es natural y necesario que nuestros hijos muestren su desacuerdo, su disgusto y sus preferencias. A través de estas expresiones, están empezando a construir su identidad y su sentido de autonomía, que son esenciales para su crecimiento emocional. Pretender que un niño sea siempre obediente y complaciente no solo es irreal, sino que limita su capacidad de autoconocimiento y de desarrollo de habilidades para enfrentar la vida.

El comportamiento infantil como forma de comunicación

Según el psicólogo infantil Dr. Daniel Siegel, autor de El cerebro del niño, las emociones de los niños deben ser interpretadas como señales, no como problemas que debemos eliminar. El mal comportamiento es a menudo una manifestación de una necesidad no cubierta, de una emoción difícil de manejar o de una situación incomprendida. En lugar de frustrarnos, podemos ver estas expresiones como una oportunidad para conectar con ellos y comprender qué les preocupa.

Un niño que se frustra o se enoja intensamente cuando se le niega algo, por ejemplo, no está “siendo malo”; está experimentando la sensación de frustración y está aprendiendo a gestionarla. Si reaccionamos con enojo, invalidamos su experiencia y le enseñamos que sus emociones son inapropiadas. Sin embargo, si escuchamos y ofrecemos guía, estamos sentando las bases para que, a largo plazo, aprenda a regular sus emociones de manera saludable.

Mal comportamiento en niños

Etapas de desarrollo: Por qué es normal que los niños muestren disgusto y preferencias

Es natural que los niños pasen por etapas en las que muestran un fuerte sentido de independencia y deseos claros. El Dr. Erik Erikson, psicólogo pionero en el estudio del desarrollo humano, describió el segundo y tercer año de vida como las etapas de “autonomía vs. vergüenza y duda”. Durante este período, los niños comienzan a explorar su capacidad para tomar decisiones y expresar sus preferencias. La psicóloga infantil Louise Porter explica que en esta fase los niños necesitan probar sus propios límites y tomar decisiones sobre aspectos que pueden parecer triviales, como elegir su ropa o decidir cómo jugar.

Este comportamiento es fundamental para el desarrollo de su identidad y para que sientan que tienen cierto control sobre su entorno. Intentar inhibir esta fase puede llevar a una falta de confianza en sus propias decisiones y a una dependencia excesiva de la aprobación externa en la vida adulta. En otras palabras, permitirles expresar disgusto y preferencias no solo es normal, sino necesario para su maduración emocional.

La Importancia de expresar emociones

Todos tenemos derecho a expresar nuestras emociones, y los niños no son la excepción. Según un estudio publicado en The Journal of Child Psychology and Psychiatry, los niños que reciben validación emocional tienen menos probabilidades de desarrollar problemas de conducta en el futuro. Al enseñar a nuestros hijos que está bien expresar lo que sienten y que sus emociones son válidas, les ayudamos a desarrollar una autoestima saludable y a construir relaciones basadas en el respeto mutuo.

Es importante recordar que emociones como el enojo, la tristeza o la frustración son reacciones naturales a diversas situaciones. En lugar de evitar que las expresen, podemos guiarlos para que lo hagan de forma que no dañe a otros ni a ellos mismos. Esto les permitirá adquirir habilidades que les serán útiles a lo largo de su vida.

Nuestro rol como guías: Ayudar a modelar el comportamiento

Mal comportamiento en niños

Como padres, tenemos la tarea de guiar a nuestros hijos en la transición de la expresión cruda de emociones hacia formas más socialmente aceptables de comportamiento. El Dr. Ross Greene, autor de The Explosive Child, destaca que el mal comportamiento es en realidad una habilidad aún no desarrollada. Cuando un niño no sabe cómo manejar la frustración, se muestra desafiante o agresivo. Es nuestro papel enseñarles a manejar estas emociones, y esto se logra mediante el modelaje, la paciencia y la práctica.

El ejemplo es la mejor herramienta

La psicóloga y experta en educación parental, Janet Lansbury, sostiene que los niños aprenden observando y repitiendo el comportamiento de los adultos. Cuando nosotros mismos mostramos cómo manejar la frustración o cómo expresar el desacuerdo de forma respetuosa, les estamos enseñando cómo responder a sus propias emociones. De esta manera, se sienten seguros y comprenden que es normal experimentar emociones intensas, pero que hay maneras constructivas de lidiar con ellas.

Por ejemplo, si un niño se enfada porque su juguete favorito se rompe, podemos validar su tristeza y ayudarle a encontrar una solución en lugar de ignorar o minimizar su emoción. Este enfoque no solo le permite liberar su frustración de manera segura, sino que también fortalece su capacidad para resolver problemas.

Mal comportamiento en niños

Adaptando nuestras expectativas

Muchos padres tienden a exigir una madurez emocional que los niños aún no han desarrollado. La doctora en desarrollo infantil Aletha Solter explica en su libro Lágrimas y rabietas que los niños pequeños aún no tienen la capacidad cognitiva para regular sus emociones de la misma forma que los adultos. Sus cerebros están en pleno desarrollo y necesitan tiempo y guía para aprender a canalizar sus sentimientos.

Cuando entendemos que el mal comportamiento no es un desafío a nuestra autoridad, sino una expresión de una necesidad o una emoción intensa, es más fácil responder con calma y empatía. En lugar de imponer una corrección inmediata, podemos tomarnos un momento para escuchar y entender la razón detrás de la conducta.

Mal comportamiento en niños

Equilibrando la guía y la autonomía

Fomentar el desarrollo de un niño emocionalmente saludable significa darle el espacio para tomar decisiones y cometer errores, mientras lo acompañamos en el proceso. Darles autonomía es permitir que aprendan de sus propios errores en un ambiente seguro. Si constantemente intervenimos o corregimos cada acción, les enviamos el mensaje de que no confiamos en sus capacidades.

Un estudio publicado en The Journal of Experimental Child Psychology demostró que los niños a quienes se les permite tomar decisiones tienden a mostrar una mayor autoconfianza y capacidad de autorregulación en la adolescencia. Permitir que nuestros hijos expresen sus opiniones y preferencias, y que tomen decisiones bajo nuestra supervisión, fomenta su crecimiento y les enseña a tener una voz propia.

Escuchar, guiar y acompañar en el proceso de crecimiento

El mal comportamiento de nuestros hijos es, en muchos casos, su manera de comunicarse y de experimentar el mundo que les rodea. Cada etapa del desarrollo viene con desafíos y oportunidades para el crecimiento, tanto para ellos como para nosotros como padres. Escuchar, validar y guiar es la clave para ayudarles a desarrollar un sentido de autonomía saludable y a gestionar sus emociones de forma constructiva.

Nuestra labor no es exigir una madurez que aún no han alcanzado, sino acompañarlos con amor, paciencia y empatía, modelando el comportamiento que deseamos ver en ellos. En lugar de frustrarnos ante las expresiones de enojo, tristeza o desacuerdo, aprendamos a verlas como parte de un proceso de aprendizaje necesario y natural. Así, crearemos un entorno en el que nuestros hijos puedan desarrollarse plenamente, confiando en ellos mismos y en su capacidad para manejar sus emociones.

Si deseas apoyo personalizado en este proceso, pide una asesoría con acompañamiento para que juntos podemos trabajar en comprender mejor el comportamiento de tu hijo y en desarrollar estrategias para guiarlo en su crecimiento emocional.


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Cómo dejar de sentirte culpable como mamá

 

Muchas veces nos sentimos culpables como mamás. Porque se cayó el bebé, porque enfermó, porque llegaste tarde a buscarlo a la escuela, porque gritaste…

La culpa no sirve de nada. No repara el daño y no nos prepara para la próxima vez. Las cosas pasan porque pasan.

Entonces, ¿por qué nos sentimos culpables?  Inconscientemente, lo hacemos para compensar el dolor que hemos causado en el otro. Cuanto más cercano el o la persona a la que hemos dañado y menos “merecido” el daño, más culpables nos sentimos. En el caso de los hijos, la culpa es mayúscula, porque ellos son a los que más queremos y, en el fondo, sabemos que ellos siempre son inocentes.

Parece ilógico, pero sentirnos culpables nos ayuda a calmar el dolor que sentimos por habernos equivocado con una persona a la que amamos. Visto así parece un acto bastante egoísta, y lo es, porque no repara, no ayuda al otro, no consigue que no nos volvamos a equivocar. Sólo sirve para aliviar nuestro dolor por dañar, con más dolor auto infligido.

El mecanismo es este: Si yo te he hecho sentir mal, sintiéndome mal yo parece que me solidarizo contigo y eso arregla algo. Pero esto no es cierto. La culpa no hace nada por nadie. Y menos por ti.

Al contrario, la consecuencia a corto plazo de la culpa en ti, es que te hace sentir mala persona en ese momento. Pero la peor consecuencia es en el largo plazo, ya que, como nos equivocamos taaaantas veces (porque somos humanas) vamos reforzando la creencia de que sí somos malas mamás, malas amigas, malas cuidadoras, malas trabajadoras… malas personas en definitiva.

Cómo lo puedes solucionar

Si te sientes culpable por algo, automáticamente, date cuenta del daño que te estás auto infligiendo para nada. Después reconoce que ese sentimiento no ayuda tampoco al otro en absoluto.

La culpa no beneficia a nadie. Y no te hace mejor persona. Al contrario. Sentirte mal por algo que has hecho, después de hacerlo sólo te indica que has de aprender algo, intentar hacer las cosas de otra manera la próxima vez.

Pero a veces, ni eso es posible, porque todos actuamos bajo condicionamientos en muchas ocasiones. Y esos condicionamientos no son fáciles de modificar. 

Tener la intención de hacerlo, pensar en qué vamos a hacer diferente la próxima vez y ser compasivas con nosotras mismas, son las claves para conseguirlo.

¿Qué es lo que sí puedes hacer?

  1. Repara el error si tiene arreglo
  2. Tanto si tiene arreglo como si no, discúlpate con la persona a la que has dañado
  3. Piensa qué puedes hacer para que no vuelva a repetirse
  4. Si se repite la situación, y te das cuenta de que te estás sintiendo culpable, repite el proceso: eliminar la culpa es como entrenar un músculo, sólo se consigue con repeticiones.

Me encantaría que me digas si te sientes culpable alguna vez en comentarios y qué vas a hacer diferente la próxima vez.

Si te ha gustado el post, dale un like y compártelo, estarás ayudando a que más mamás dejen de sentirse culpables.

Si crees que necesitas ayuda con este tema o con otro que te haga sentir mal como mamá, recuerda que yo puedo apoyarte. Sólo tienes que seguirme en redes sociales o contactar conmigo para que veamos cómo podemos colaborar  Mas información en www.criandoenequilibrio.com

Te mando un abrazo.

Eva Martínez

7 errores que puedes evitar para dejar de sentirte culpable e insatisfecha con la crianza

 

Criar y educar a un hijo es, posiblemente, la tarea más difícil, demandante y agotadora que tengamos que afrontar nunca. Parece que cometer una equivocación irreversible pende de un hilo. Pero no tiene por qué ser así.

Yo siempre digo que esto es a base de prueba y error. Uno toma decisiones, con la mejor intención, esperando un resultado concreto. Pero esto casi nunca ocurre como esperábamos. Porque de lo que hablamos es de seres humanos y de la vida. La vida es aquello que transcurre mientras tú haces otros planes, como decía John Lennon. Y así es.

Uno quiere hacer las cosas lo mejor posible… y lo consigue. Lo mejor posible con lo que se, con lo que me han dicho, con lo que he experimentado en mis carnes… y luego toca ver qué sale de todo eso y rectificar. Siempre rectificar.

Pero parece que tenemos que acertar siempre. Sobre todo en un tema tan importante como este. Y no es así. Eso es totalmente imposible. Pero hay algunos errores que debes conocer para intentar evitarlos. No porque vaya a ser irreparable, sino porque tenerlos presente y rectificar, rectificar, rectificar, puede cambiar radicalmente tu experiencia en la crianza.

Estos 7 errores son los que más pueden influir en que tu experiencia con la crianza sea una pesadilla o no. Todo lo demás, es menos importante, porque recuerda: si tú estás bien, tu familia estará bien.

 

  1. Comparar a tu hijo con los demás

Este es el number one. Una tiene unas expectativas de cómo quiere que sean sus hijos… y de cómo no quiere que sean. Error. Error máximo. Los hijos son, cada uno con sus días buenos y sus días malos, con sus dones y sus errores. ¿Sabes por qué? Porque son humanos. Como tú, como yo, como todos.

Aaaahhh! Pero parece que la hierva crece más verde en el jardín del vecino, ¿verdad? Los niños de los demás siempre parecen mas obedientes, más listos, menos traviesos, … Y encima eso es lo que nos dicen: nuestras mamás, nuestras vecinas, nuestras hermanas: “pues mis hijos nunca hicieron eso”, “pues tú de pequeña te portabas muy bien”…. Patrañas. Por no decir mentiras.

Tu hijo es un ser único, inigualable, especial, es UN MILAGRO viviente. Es un humano excepcional, que está aprendiendo qué es esto de la vida y cómo manejarse con ella. Merece todo nuestro amor y respeto, por sus aciertos y por sus errores también.

Si alguien, alguna vez, te dice o insinúa algo así, piensa jamás pretendieron ayudarte, sólo pretenden ningunearte e infantilizarte. Puedes responderle lo que quieras, pero que suene parecido a “claro, tienes razón, ¡es que mi hijo es único!” Y quédate tan ancha 🙂

 

  1. Escuchar los consejos de todo el mundo

Esta va al hilo de la primera. ¿Qué sabrá nadie de tu vida, de lo que te conviene, de lo que necesitas, de cómo es tu familia…? Harta ya estoy de todo eso. Ni yo lo se, escúchame bien, ni yo se se lo que te conviene. Ni tu madre, ni el pediatra, ni el médico de la familia, ni tu hermana, ni tu amiga la que tiene hijos, ni la que no los tiene… Grrrr… Porque tú y tu familia sois únicos. Nadie debe decirte cómo hacer las cosas, ni opinar de si lo estás haciendo bien o mal. ¡Hombre ya!

No voy a añadir nada más 🙁

 

  1. Pensar que hay una respuesta correcta

No la hay. Esto no es contabilidad o matemáticas. Esto es la vida my darling. En la vida, todo es como debe ser, todo ocurre a su debido tiempo. No te pelees con ella, simplemente actúa con lo que venga.

En la vida no existen los errores, solo los resultados, deseados o no. Sea lo que sea lo que pase, es simplemente un resultado. Tú decidiste llevar a tu niño a su habitación con tres meses para que fuera más independiente (y para dormir un poco más, ¡pecado mortal!)… ¿pero cuál fue el resultado? Que acabaste levantándote cada tres horas a atenderlo.

Ok, está bien, no era lo que esperabas. Si dejarlo llorar no es una opción, ¿qué puedes hacer? Ya has aprendido una forma que no funciona, ya tienes una forma nueva que no probar. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Y si te quivocas? ¡Fantástico! Ya estás una decisión más cerca de acertar 🙂

 

  1. Juzgarte: pensar que te equivocaste

Esta podría haberla puesto la primera porque es lo peor que puedes hacer para tener la crianza satisfactoria y placentera que tanto soñaste. La he puesto aquí porque si has entendido las tres primeras, esta te costará un poco menos de poner en práctica.

De todas formas, el juicio vendrá, porque todas nosotras tenemos un juez interior implacable, que crece a tamaño Hulk cuando somos madres. “Te equivocaste” “tenías que haber echo caso a tu madre, prima, amiga, marido, perro…”. Pues no, no te equivocaste. Cometer errores en la crianza es imposible.

Claro que tendrás que apechugar con las consecuencias de tus decisiones. Por supuesto. De eso no nos libramos. Pero es un error pensar que si no me equivoco todo va a estar bien y me voy a librar de la miseria y el dolor. Ya te hablaré de esto en otro post, pero esas dos compañeras de viaje son irremediables: el dolor lo trae la vida sí o sí, y la miseria (o sufrimiento) es la elaboración mental que hacemos con lo que nos pasa. El sufrimiento lo crea el juicio.

A mi me ayuda mucho, cuando me doy cuenta de que me estoy flagelando, haber tomado la decisión de no cuestionar JAMÁS mis decisiones ni mis decisiones. No arrepentirme. Si me doy cuenta de que el arrepentimiento entra en mi mente lo bloqueo como si fuera un jugador de fútbol americano: placaje y fuera del campo.

Sí puedo rectificar. Si algo no ha salido como yo esperaba, pruebo otra cosa. Pero juzgarme, jamás.

 

  1. No pedir ayuda

Esta es una de las favoritas de todas nosotras ¿que no? Pretendemos ser la mujer maravilla. Unas imitan a sus propias madres, omnipotentes, poderosas, … miserables, tristes, amargadas, fingiendo para no hacer sentir culpables a sus hijos (en los mejores casos, que no en todos).

No hace falta que sufras. Nadie te va a poner en un altar. Eso no va a suceder nunca. Pide ayuda y clarito. Alto y claro. “Necesito que vengas a mi casa a lavar los platos para que yo me pueda echar una siesta”. El día que digas esta frase te habrás consagrado como la persona que se quiere, se respeta y se cuida como todas deberíamos hacerlo. Pero se que nunca lo has hecho, porque las que lo hacen no necesitan estar leyendo este post 😉

Da igual si es ayuda profesional, que alguien venga a limpiar tu casa, a llevar las bolsas del supermercado, a una amiga que te escuche, a tu pareja que se lleve a los niños un rato, PIDE LO QUE NECESITES.

Yo se que es difícil porque no tenemos ni idea de lo que necesitamos. Si te digo: “haz una lista de 10 cosas que necesitas pedir en este momento”, no te salen ni tres. Y de esas tres, con dos, con sólo leerlas otra vez, te sale una risita histérica y una voz en tu cabeza que dice, sí claro, si pides esto te mandan a… volar.

No soy adivina, es que yo también soy pésima pidiendo ayuda. Pero esto es un músculo como cualquier otro. Se entrena. Lo primero es hacer esa lista, cada día e ir pidiendo esas cosas que necesitas. Puedes empezar por lo que te cueste menos trabajo, pero hazla. Me encantará leer tus progresos. Contéstame a este correo y dime cómo te va. Y si lo necesitas… yo te ayudo 😉

 

  1. Dar explicaciones o justificarte con los demás

Si te pillas dando una explicación es porque alguien te está juzgando y tú piensas que tiene razón. Si alguien te juzga es como si alguien te pisa un pie, no debería haber pasado y que estuviera tu pie allí no justifica la pisada. El que se está equivocando es el otro, no tú. 

Grábate esto en tu mente: nadie, nadie, nadie, sabe nada de tu vida, de tu proceso mental cuando tomaste esa decisión, cómo había sido tu día, en qué estabas pensando o las razones por las que lo hiciste. Ni lo saben, ni lo deben saber. Es tu vida.

Recuerda que la crianza es un proceso de prueba y error, y nadie va a pagar las consecuencias más que tú, así que no le debes nada a nadie. Estás haciendo las cosas lo mejor que puedes. Y si el otro no lo sabe, esa es la única explicación que merece: “lo estoy haciendo lo mejor que puedo”. Y punto pelota.

 

  1. Dejar de atender tus necesidades

Me imagino que alguna vez en tu vida te habrás subido a un avión, ¿no?. Y si no lo has hecho, seguro que lo has visto en las películas. Todos los pasajeros se suben, intentan meter sus pertenencias en los minúsculos cajones de encima de sus cabezas. Por fin toman asiento, llega una azafata contando cuantos pasajeros están en su lugar, se cierran las puertas… Entonces la azafata se pone en medio del pasillo, sonrisa en su cara, con una mascara colgando de un tubo en mano, como si aquello fuera el regalo del día de San Valentín.

Exacto, esa máscara se desprenderá del cielo si ese vuelo se convierte en uno de los peores días de tu vida. Todo el mundo estará gritando nervioso, fuera de control. Parece una escena de un niño de dos años haciendo berrinche en el supermercado. Ohhh nooo!!! Socorro!!! Llamen a seguridad!!! Un niño haciendo berrinche!!! Bueno, así es como lo vives tú. Pero volvamos al avión.

¿Qué es lo que te dice esa azafata sonriente en dos o tres idiomas por lo general? Que, pase lo que pase a tu alrededor, da igual si ves saltar al piloto por la ventana con un paracaídas puesto, que te pongas tú primero la mascarilla, no matter what…. Y que únicamente cuando tú la tengas puesta y estés respirando perfectamente, que entonces te puedes ocupar de ayudar al pasajero de al lado.

Si no lo haces así ¿qué puede pasar? sólo una cosa: que mientras estés entretenida poniendo la máscara a la otra persona, nerviosa, te vayas quedando sin oxígeno y que pierdas el conocimiento antes de haber podido ayudar a nadie. Los dos muertos.

Ahora traslada esa escena a tu día a día. ¿Cuántas veces vas justa de energía, cansada, y en lugar de pedir pizza para cenar, ponerle los dibujos a los niños y darte un baño… decides ser la madre del año y meter a tus dos hijos, cansados, en el supermercado a hacer una fila sin fin al lado de las estanterías de los dulces? ¿Cuántas? Se honesta contigo misma. ¡Cientos! ¿Cómo lo se? Mejor no preguntes…

Así somos, las candidatas a madre del año. Y es un error. Tan catastrófico que lo he puesto el último. Para que no se te olvide. Para que la próxima vez que te duela el alma, no te metas en el supermercado.

Me encantará saber de tus peripecias de la maternidad y si te ha servido este post dímelo en los comentarios abajo. Me hará mucha ilusión.

También me encantará que te suscribas, y que compartas el post con otras madres también candidatas a madre del año que seguro conoces 😀

Recuerda que estaré encantada de apoyarte con lo que necesites. Ponme en tu lista ?

Te mando un abrazo enooooorme.

Eva Martínez

Mi hijo está insoportable, irritable y de mal humor

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Sabes, hoy estoy de bastante mal humor. He dormido poco. Me he despertado mucho por la noche y me ha costado dormirme. Además he tenido que hacer todo el día actividades tediosas. He estado en lugares donde no quería estar. Me he tenido que poner ropa con la que no me sentía a gusto y he tenido que comer algo que no me agradaba en absoluto. No ha sido mi día. Me he pasado todo el tiempo irritable, enfadada, contestando mal. Me molestaba cualquier cosa que me dijeran.

Y, claro, a veces he perdido el control y he gritado a las personas que se cruzaban en mi camino. Me he negado a vestirme y a comer lo que no quería, pero me ha dado igual. Lo he tenido que hacer. Al final del día sólo quería que de dejaran en paz. No aguantaba ni una petición más sin perder el control. 🙁

¿Te suena? ¿Te has sentido así alguna vez? Yo sí. Muchos días. Hay días que no me aguanto ni yo. Todo me parece mal, todo me sale mal y todo me molesta. No me gustan esos días, no me gusta estar así. Y cuando me pasa, aunque no quiero, pierdo en control de mis emociones. No puedo cambiar mi estado.

Ahora quiero que vuelvas a leer estas líneas pensando que es tu hijo o tu hija los que te habla. La diferencia entre ellos y yo es que ellos o no saben hablar o no saben expresar sus emociones, y además no tienen el desarrollo cerebral suficiente para auto controlarse. Si te pasa a ti, imagina cuando les pasa a ellos.

Ahora quiero que pienses en qué te pasa a ti, o cómo llegas normalmente a esas situaciones. Quizá no dormiste bien, quizá tenías un tema que te preocupaba. Quizá, como una mamá sugirió en el grupo de Mamás Criando en Equilibrio. Es posible que tú también estabas en la fase pre menstrual de tu ciclo -ahora que no nos oyen los hombres, tenemos que reconocer que nos afecta mucho-. Analiza los factores internos y externos que han podido influir en tu estado de ánimo.

Piensa que tu estado emocional también afecta mucho a tus hijos. Esto no lo digo para que te sientas culpable, al contrario, te estoy dando una herramienta para que las cosas estén un poco mejor: si sabes qué te afecta a ti y mantenerlo bajo control, es posible que el bienestar emocional de ambos cambie. Sentir lo que debe estar sintiendo tu hijo o hija, también te puede ayudar a sentir empatía por él, en lugar de ponerte a gritar o dejar de sentir que él o ella te están amargando el día. También son humanos y no hacen lo que hacen por hacernos la vida imposible. No tienen el desarrollo cerebral suficiente para eso, sobre todo si todavía si son menores de cuatro años.

Cuanto te pase, cuando te des cuenta de que te vas a desbordar, quizá te ayuden los tips de esta guía para Dejar de perder el control con mi hijo que escribí para ayudar a las mamás a estar en un estado calmado cuando sus hijos hacen berrinche o están insoportables. Puedes leerla para estar preparada para cuando uno de esos momentos llegue. Es muy breve y práctica. Puedes descargarla en este enlace.

Tú lo sabrás mejor, pero probablemente no habrán dormido bien, estarán fuera de su rutina o les habremos forzado para estar en actividades que no son propias de niños. Créeme, cuando yo lo hago, mi hija se sube por las paredes y acabamos con un día horrible las dos.

Ahora te pregunto:

  • ¿qué puedes hacer para darte cuenta de tu estado y el de tu hijo o hija?
  • ¿Dónde has forzado “la máquina”?
  • ¿Qué has aprendido?
  • ¿Qué puedes delegar o dejar para otro momento otro día?
  • ¿Qué cambiaría tu día a partir de ahora?
  • ¿Qué quiere hacer tu hijo o hija?
  • ¿Que juegues con él/ella?
  • ¿Que le prestes atención?
  • ¿Que dejes todo y le hagas caso?
  • ¿Por qué no probar a hacerlo?
  • ¿Por qué no poner música y empezar a saltar y a cantar juntos y a dejar todo lo demás para otro momento?
  • ¿Haría eso algún cambio?
  • ¿Qué tal descansar, dormir una siesta o regresar a casa?

 

Quizá pueda funcionar. No lo sabrás hasta que no lo pruebes. Y luego puedes contármelo en los comentarios abajo del post.

Si crees que necesitas que yo personalmente te ayude para este u otro problema que tengas con la crianza, con tu hijo o tu pareja, si sientes que no estás dando lo mejor de ti a tu familia, que necesitas ayuda, puedes pedir una cita de descubrimiento conmigo enviándome un correo a eva@criandoenequilibrio.com, y en ella te explicaré cómo te puedo ayudar a través de mis servicios de Coaching o asesoría de crianza individualizados, personalizados, para que juntas, diseñemos la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.

Si te gustó esta entrada, puedes darle un like, o mejor, compartirla para que otras mamás en el mismo punto que tú puedan tener acceso a ella.

Te mando un abrazo cargado de paciencia.

 

Como hablar de la muerte a los niños

Como hablar de la muerte a los niños

Un tema recurrente para las madres en este momento es como hablar de la muerte a los niños. Lamentablemente, ahora más que nunca forma parte de la vida cotidiana de nuestros hijos, aunque no nos haya tocado de cerca todavía.

Es un tema de importancia que abordar con nuestros hijos. Sobre todo si sucede una muerte en su entorno cercano.

Una muerte de un pariente de un amigo, de su mascota o de un animal puede despertarles muchas preguntas. Incluso es normal que el tema surja en algún momento sin venir a cuento. Esto es normal.

Ellos siempre van a tener preguntas. Los niños siempre van a imaginarse cómo es eso de morirse o que pasa con sus seres queridos. Los miedos ocurren cuando se ponen en lo peor. Las conclusiones a las que llegan están más basadas en el vacío de no saber o en “un nunca más” que no alcanzan a comprender porque no tienen la madurez suficiente.

Igual que los adultos, los niños también tienen que hacer el proceso de duelo. Lamentablemente, los adultos les hemos limitado el acceso a los ritos de despedida que son tan necesarios para poder superar la muerte de un ser querido. 

Los niños también tienen que hacer el proceso de duelo

¿Qué pasa cuando los niños experimentan una muerte a una edad temprana?

Mi hija, con cinco años, perdió a su maestra de una forma inesperada. Fue un proceso que aun hoy le genera tristeza. Han pasado tres años y aún la recuerda a menudo. Esto es normal. La recuerda con cariño y automáticamente se conecta con la idea de su propia muerte, o de la mía, su adulto de referencia. Solo es señal de que internamente poco a poco va integrando la idea, según va madurando en su desarrollo.

Lo más importante para procesar una situación traumática como esta es poder sacar afuera la experiencia interna de lo que está ocurriendo. Los adultos lo hacemos a través de rituales de despedida y hablando con personas en las que confiamos. Para eso debemos aprender como hablar de la muerte a los niños

Es importante que los niños hablen de su experiencia

Los niños a veces lo hacen entre ellos, contando la experiencia a un amigo o amiga. Es un mecanismo de afrontamiento adecuado, pero también pueden transmitirse unos a otros ideas equivocadas. Esto puede generar más miedo y confusión. 

Lo que más ayudó a mi propia hija a aceptar la situación es que pudimos abordar este tema creando un espacio de diálogo para hablar de sus preocupaciones sobre el tema. A partir de ahí ella pudo procesar la experiencia y yo pude resolver sus dudas y sus miedos.

También tuve la oportunidad de darle herramientas para poder consolarse por sí misma cuando el dolor de la pérdida regresa. Estas herramientas le servirán para abordar otras pérdidas en el futuro de forma emocionalmente saludable y sin traumas.

¿Cómo saber si mi hija o hijo ha procesado bien una muerte cercana?

Como madres, lo importante es que sepamos reconocer si nuestros hijos están pasando por un proceso de duelo. De ser así, además debemos averiguar si lo están procesando adecuadamente.

Para eso es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recuerdan la pérdida. Puede ser tristeza, que es el síntoma normal, pero también puede darse en enfado, negación o miedo. 

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte. También puede indicarnos que el tema les sigue afectando a medio o largo plazo.

Es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recordamos una pérdida.

¿Qué debemos tener en cuenta para aprender como hablar de la muerte a los niños?

Nosotras como sus personas de apoyo. Somos sus referentes y podemos aprender a cómo acompañarles en estos procesos. También es fundamental que sepamos cómo detectar y qué hacer si se presentan miedos o situaciones de estrés o ansiedad.

De esta forma, tanto en niños como en adultos, el proceso normal de duelo puede incluir etapas de negación, enfado y tristeza. Estas emociones son totalmente normales.

También se dan otras respuestas que pueden ser indicadoras de que algo no está siendo bien procesado.

Estas señales pueden ser:

  • Cambios en su actitud
  • Emociones fuertes repentinas
  • Irritabilidad
  • Necesidad de más atención/contacto/contención
  • Hiperactividad / excesiva energía – alegría
  • Apatía

Estos síntomas son habituales pero pueden indicarnos que nuestros hijos no estén integrando bien la pérdida. En este caso deberemos intervenir.

Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte

¿Quieres saber más sobre los procesos de duelo?

Elisabeth Kübler-Ross es una experta en el tema. Fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.

https://es.wikipedia.org/wiki/Elisabeth_K%C3%BCbler-Ross

Crear un ambiente de diálogo es fundamental

En ese caso, debemos crear un ambiente de diálogo. Esto nos ayudará a saber qué es lo que ellos están imaginándose. También averiguaremos de qué tienen miedo para que puedan empezar a procesar la experiencia de forma no traumática.

Como Coach de madres, me he encontrado con muchas mamás que tienen dudas sobre este tema. Así que preparé un taller para poder darles las pautas básicas de cómo abordar el tema de la muerte en los niños.

En él explico cómo podemos apoyar el proceso de duelo de nuestros hijos y de cómo crear el ambiente adecuado para que puedan expresar sus dudas y emociones. Esta es la mejor forma en la que podremos ayudarles.

Si os interesa, os hablo de él en este vídeo si necesitáis más información. Espero que os ayude y si tenéis dudas siempre podéis contactar conmigo. Estaré encantada de ayudaros. 


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Cómo hablar de la muerte a mi hija o hijo


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