Qué hacer cuando mi pareja no comparte mi estilo y decisiones de crianza

 

Muchas de las mamás que le apostamos a esto de la crianza con apego o respetuosa nos quejamos de lo mismo: mi pareja no entiende, no opina lo mismo o no le parece bien lo que quiero para mi bebé. Menos para algunas afortunadas, esto algo generalizado.

Y no es que no entiendan, es que no entienden las cosas como las entendemos nosotras. No es que estén mal, es que no están donde estamos nosotras. No es que no vean, es que no ven las cosas como las vemos nosotras. Y es lógico, no son nosotras, son “otro”. Seguro nos pasará con muchos otros, pero este “otro” es muy importante, porque es el papá de nuestro bebé.

Otras veces, nosotras simplemente cambiamos. Cambiamos de opinión, cambiamos en lo que creemos, cambiamos la forma en la que queremos criar a nuestros hijos. Nosotras pasamos por un apasionante proceso de conexión con nuestros hijos por el que ellos no pasan. No es posible que se hagan a la idea de cómo nosotras sentimos a nuestros hijos y sus necesidades.

Para ellos todo es racional, blanco o negro, pero para nosotras, con relación a nuestros hijos, ya casi nada lo será. La parte instintiva y emocional a veces los hombres no son capaces de entenderla. Para eso debemos pedirles que hagan un acto de fe y que confíen en nosotras y en nuestra intuición.

Nosotras pasamos por un apasionante proceso de conexión con nuestros hijos por el que ellos no pasan

El peor problema para un hombre es vernos desbordadas emocional y psicológicamente y no saber qué hacer. Es muy difícil para ellos sostener eso, porque no están acostumbrados a manejar las emociones, mucho menos las de otro. Si tu pareja se desborda cuando tú necesitas contención y toma decisiones radicales en cuanto a la crianza cuando tú le pides ayuda en ese estado, yo te sugiero que busques otra ayuda primero, para que te ayude con tu desborde emocional y que después le plantees a tu pareja soluciones de forma más racional, que él sepa entender mejor.

No es que no vean, es que no ven las cosas como las vemos nosotras.

Mi propuesta de hoy es que pruebes a ver a ese otro no como alguien que no entiende, que está mal, que no ve, sino simplemente como un otro que no soy yo, que no ha vivido lo mismo que yo, que no ha experimentado los mismos procesos existenciales que yo, que fisiológica y biológicamente es diferente a mi. Y que entiendas tú que eso no está mal, sino que está bien. Que es como tiene que ser.

 

Hoy te propongo que simplemente le reconozcas como otro que viene desde otro lugar. Porque así te será más fácil no juzgar, comprender y empatizar para que después, desde esta perspectiva, le puedas explicar quién eres tú, cómo ves las cosas, de dónde vienes, cómo las has aprendido, lo que significan y lo importantes que son para ti.

Y así, después, juntos, sumando perspectivas, podréis encontrar el camino del diálogo y la comprensión para ser el equipo perfecto que ese bebé necesita en realidad.

Tu perspectiva no es la única. Seguro que tu pareja tiene mucho que aportarte. Si le tienes en cuenta, si entiendes sus por qués es más fácil que podáis llegar a un acuerdo. Habrá límites, por supuesto. Uno de ellos puede ser el no agredir ni física ni verbalmente a vuestros hijos, o no castigarlos… pero siempre puedes intentar alguna de las propuestas que tu pareja te hace.

Seguro que te sirve hacer que él se ponga en el lugar del niño: ¿cómo se siente cuando le tratáis así?, ¿cómo se sentiría él si una persona del doble de su tamaño abusara de él o le humillara o le obligara a hacer algo?. Pregúntale ¿qué está aprendiendo tu hijo o hija cuando recibe esa educación? ¿valores? ¿a hacer las cosas por placer o por superarse a sí mismo? ¿o está aprendiendo obediencia ciega? ¿qué pasará cuando no le vea nadie? ¿habrá desarrollado un valor que no le haga simplemente responder al castigo o a la gratificación?

 

Muchos hombres también tienen problemas con el colecho porque creen que va a afectar a sus relaciones sexuales. Yo estoy segura de que lo que más afecta es el cansancio, independientemente de donde duerma el niñ@. A veces, el problema es que los hombres se sienten desplazados, poco atendidos o incluso celosos de tu relación con tu hij@. Si crees que es esto, puedes intentar buscar otras ratos de intimidad física y emocional con él y darle un lugar diferenciado en tu vida.

Muchos hombres también tienen problemas con el colecho porque creen que va a afectar a sus relaciones sexuales

No se trata de tener razón o de que tu hijo duerma en tu cama o fuera de ella. Se trata de escucharse los unos a los otros, encontrar el problema REAL de fondo y después juntos, encontrar alternativas y soluciones al problema.

Si crees que necesitas que yo personalmente te ayude para este u otro problema que tengas con la crianza, con tu hijo o tu pareja, si sientes que no estás dando lo mejor de ti a tu familia, que necesitas ayuda, puedes pedir una conmigo, totalmente gratuita y sin compromiso, o enviarme un correo a eva@criandoenequilibrio.com. Juntas, podemos diseñar la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.

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PD: Para que sepas cómo pudo ayudarte, puedes visitar este enlace https://mamaenequilibrio.com/que-puedo-hacer-por-ti/ donde descubrirás de qué forma puedes solucionar tus problemas con la crianza conmigo. Te espero 😉

Quiero llegar a todo, pero no soy feliz

 

Las mujeres somos súper poderosas. Las que somos mamás, las que no, las que trabajan, las que son amas de casa, las que sostienen emocionalmente a su familia, a sus parejas, las que ponen proyectos en marcha… todas tenemos hijos propios, adoptados, inventados, acoplados, interesados… Y como nosotras podemos, pues ahí vamos con todo…

Pero nuestros hijos REALES son lo más importante, nuestras familias, ellos son todo para nosotras, pero, en el fondo, ¿somos felices? Es muy injusto para ellos ser un componente importante en nuestra infelicidad. No es justo para nadie. No lo es para nuestras parejas que quisieran vernos felices, no es justo para nuestros hijos, porque ellos no pidieron venir a este mundo. Pero sobre todo no es justo para ti. Tú no mereces ser infeliz.

Parece que todo depende de nosotras: la casa, los hijos, los papas (propios), los papas (de nuestros hijos), que nuestros hijos sean alguien en la vida (…), que estén “bien” educados, debemos ir siempre perfectas, no tener problemas (o que no se note mucho por lo menos). Es demasiado. Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras. Nos han vendido la moto y nos la hemos tragado enterita.

Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras.

Cuando trabajo con grupos de mujeres mamás, raro es el día que no bromeo diciendo que voy a comprar un perchero para que dejen la capa de súper heroína fuera. Suele causar risa nerviosa y después una bajada de hombros y un “si, es cierto”. Pero esta toma de conciencia nos dura poco.

Estamos entrenadas para poder con todo. “Si quieres puedes”, “si te organizas, lo lograras”… esos son los mensajes externos e internos que nos bombardean y nos empujan a seguir tirando del carro. Y son ciertos. Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.

Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.

Este es un planteamiento que a veces perdemos de vista. ¿Quién me dicta lo que tengo que hacer, donde tengo que llegar, qué meta tengo que alcanzar? ¿Yo? No siempre. Una pista: ¿cuántas de las cosas que haces te llenan de energía? O mejor, de todas las cosas que haces, nombra una que te llene de energía. ¿Cada cuánto la haces?

 

Hemos perdido el contacto con nosotras mismas, con nuestros pulsos internos, con nuestra voz interior.

Hemos aprendido a malgastar nuestro poder, a entregarlo, por ser aceptadas en un mundo al que no pertenecemos. Y lo peor es que, si alguna de las tareas que nos han encomendado fallan, nos sentimos culpables, incapaces, defectuosas, sin poder y, en lugar de pararnos a reflexionar si en realidad toda esa responsabilidad es en realidad nuestra, simplemente nos levantamos y volvemos a la carga.

Hasta el gran Steven Covey lo dice: hay que afilar el hacha. Para las que no habéis oído el cuento del que el gran gurú de la organización del tiempo se inspiró, os lo hago corto. Dos leñadores hicieron una competencia para saber quién era capaz de cortar más árboles.

La verdad, no recuerdo por qué. Uno comenzó venga a talar y a talar como un loco, hasta que su hacha ya no pudo cortar más. Mientras tanto, el otro se dedicó a afilar su hacha. ¿Quién ganó?. Pues eso, el que se ocupó de poner a punto su herramienta. ¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?

¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?

Te doy otra razón. Mira, puede que nadie te lo dijera antes, pero todas las personas del mundo tienen unos derechos fundamentales irrevocables, y que aunque no estén en ninguna constitución, todos poseemos. Estos son:

NUESTROS DERECHOS ASERTIVOS BÁSICOS

1. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.

2. El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.

3. El derecho a ser escuchado y tomado en serio.

4. El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.

5. El derecho a decir “NO” sin sentir culpa.

6. El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “NO”.

7. El derecho a cambiar (añado: y a no cambiar)

8. El derecho a cometer errores.

9. El derecho a pedir información y ser informado.

10. El derecho a obtener aquello por lo que pagué.

11. El derecho a decidir no ser asertivo.

12. El derecho a ser independiente.

13. El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.

14. El derecho a tener éxito.

15. El derecho a gozar y disfrutar.

16. El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo.

17. El derecho a superarme, aún superando a los demás.

 

Y no lo digo yo. El recopilador original de estos derechos fue Manuel J. Smith en su libro “Cuando digo, no me siento culpable”. Toma nota.

¿Y por dónde empezar?

A lo mejor ya te has dado cuenta de que necesitas cortar, pararte y pensar qué te hace feliz a ti. Pero en la práctica es difícil, el día a día nos supera con la rutina. Hacemos las cosas sin pensar. Y sólo somos conscientes de que nos estamos extralimitando cuando nos sentimos dolidas con los otros por no reconocer nuestro esfuerzo o cuando estamos exhaustas.

¿Por dónde empezar a reclamar mi espacio, mi tiempo, mis derecho a ser o no ser o dar o a no dar todo de mi? Te doy una pista. ¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese.

¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese

Si quieres te doy otra pista: sólo tus hijos necesitan de ti (si tienen menos de 20 años). Del resto de tropa que anda ahí encaramada en tu carro te puedes ir deshaciendo de todos, como hojas de margarita. Porque al final, la única persona en el mundo que te tiene que querer a estas alturas del cuento eres tú. 

Para poder seguir a delante sin rompernos, sin dejarnos el alma en el intento, sin fallar a los que nos importan, sin gritarles, sin explotar, sólo podemos hacer una cosa: aunque podamos hacer más, debemos dosificar nuestras fuerzas, encontrar aquellas cosas que nos hacen felices, que nos llenan de energía y darnos una dosis de vez en cuando. Porque lo mejor que podemos hacer por los que más amamos es estar bien para poder darles lo mejor de nosotras mismas.

Te mando un abrazo enorme y ya sabes: a afilar el hacha.

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Si quieres que te ayude, personalmente, a que aprendas a poner límites en tu vida, a cuidarte y a darte y dar a tu familia la calidad de vida que necesitas, por favor, cuenta conmigo. Mira los programas que tengo en marcha para poder apoyarte aquí. Juntas podemos hacer que todo esté bien. Te lo garantizo.

El peor error que podemos cometer con el apego

 

El apego, o la crianza con apego es tan amada como odiada. Uno de los factores que le “reclama” injustamente es que criar con apego o facilitar un apego seguro es “sobre proteger” a nuestros hijos. En muchas ocasiones oigo “apego sí, pero en su justa medida” o “apego pero sólo en ocasiones”.

El apego no es sobre proteger, al contrario. Si nuestro hijo ha desarrollado un sistema de apego seguro, más pronto que tarde, sobre los dos o tres años, nos demandará independencia. Querrá hacer todo solo, le molestará que no le tomemos en cuenta para vestirse, decidir qué comer o cuando irse. Este comportamiento, que a veces es tan incómodo, es sumamente necesario para su desarrollo y es síntoma de que está desarrollando un sistema de apego seguro. 

La mayor confusión sobre la crianza con apego

A las mamás del apego muchas veces nos tachan de sobre protectoras. Y es posible que tengan algo de razón. Proteger y cuidar son dos aspectos cruciales para facilitar un apego seguro, pero también es cierto que para que éste tipo de apego se de, se necesita de otro aspecto igual o más importante: el desapego o facilitar de la autonomía de nuestro hijo. Para fomentar un apego seguro no debemos dedicarnos solamente proteger a nuestro bebé

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Cuando un bebé es demandante con su mamá es porque se siente inseguro. Esto ocurre, durante los primeros meses siempre que se encuentra lejos de su mamá (física o emocionalmente) y sobre todo se acentúa cuando empieza a sentir la famosa angustia por separación, hacia alrededor de los nueve meses.

Para fomentar un apego seguro no debemos dedicarnos solamente proteger a nuestro bebé

Es entonces cuando la respuesta correcta de una mamá es cubrir la necesidad de seguridad de su bebé protegiéndolo. Hasta aquí vamos bien. El problema es que esta experiencia nos hace sentir que fomentar un apego seguro va solamente de proteger. Y es así, pero sólo en parte. Lo cargo, lo arrullo, duermo con él, me separo lo mínimo imprescindible. Esto es importantísimo para asegurar un desarrollo óptimo del bebé, pero no es suficiente.

La realidad es que el apego seguro significa cubrir la necesidad o la demanda de mi bebé y eso a veces es protegerlo (cuando se siente indefenso) pero otras veces es dejarlo experimentar por sí mismo, cuando esa es la demanda de su sistema de exploración.

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, yo diría más: por supervivencia. Nacemos tan vulnerables, que para aprender a ser autónomos debemos conseguir el máximo de experiencias posibles para conseguir sobrevivir más adelante. El único freno a esta necesidad de exploración que la naturaleza nos da es la búsqueda de seguridad. Por eso los sistemas de apego y de exploración son excluyentes: si estoy inseguro (es decir, no está mi mamá) entonces se activa mi sistema de apego y lloro y hago lo que sea hasta que vuelva. Pero si ya me siento seguro (porque está mi mamá o el entorno es conocido) entonces se activa mi sistema de exploración y mi capacidad de aprendizaje es máxima.

Si quieres que tu hijo explore, se estimule, aprenda y desarrolle todo su potencial no tienes que llevarlo a clases de estimulación temprana, sólo tienes que facilitar un apego seguro en él.

Esta dualidad apego/exploración ocurre de forma alternativa. Tu hijo te va mandando señales desde los primeros meses de vida de que quiere que estés a su lado para poder comenzar a explorar el mundo por sí mismo. Y así debe ser. Esa es la primera señal de que lo estás haciendo bien, porque sin seguridad no hay exploración.

La clave está en responder a lo que tu bebé te demanda

El problema entonces es que las mamás nos quedamos aferradas a la idea de que nuestra misión es proteger y sin darnos cuenta, lo que estamos haciendo es dificultar la exploración en lugar de fomentarla. 

El fin último del apego es facilitar el desarrollo del máximo potencial del bebé

Para que se de un sistema de apego seguro en tu bebé lo que debemos hacer es responder de forma adecuada a sus demandas y convertirnos en una base segura para su exploración. Ser una mamá lo suficientemente buena por decirlo en palabras del experto psiquiatra infantil e investigador Donald Winnicott.

El fin último del apego es facilitar el desarrollo del máximo potencial del bebé. Para eso debemos darles seguridad y eso a veces es proteger pero otras veces es dejarlo experimentar. ¿Cómo se cuándo dar una y cuándo la otra?

Ellos siempre nos dan la respuesta. Aun cuando no habla, llora, se enfada, protesta, y cuando ya sabe hablar dice “NO”, luego aprende a decir “yo solo”. O intenta subirse una y otra vez a ese lugar tan alto que a mi (mamá) me da tanto miedo. Si te fijas, hay mil oportunidades en un día en las que nos pide que le dejemos aprender por sí mismo. Lo único que tienes que hacer es fijarte, observar qué pide en cada momento.

…déjalo explorar, esa es la única forma de que se convierta en un adulto seguro consciente de sus propias capacidades.

Entonces, ¿dejo que se suba y que se caiga? Sí y no. Deja que se suba, pero no dejes que se caiga. No le ofrezcas ayuda hasta que te la pida (a su manera), pero colócate o coloca algo en un lugar estratégico para que si se cae no se haga daño, deja que coma algo que no le va a gustar pero que no le haga daño.

Hay límites, claro que sí. Son los límites lógicos que todas las mamás sabemos cuando poner. Pero si no se va a hacer daño, o el daño va a ser mínimo, déjalo explorar, esa es la única forma de que se convierta en un adulto seguro consciente de sus propias capacidades.

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Mi bebé no se despega de mi

Muchas veces las mamás me preguntan qué pueden hacer para que sus bebés dependan menos de ellas. O incluso qué están haciendo mal para que sus bebés se comporten así. “Mi bebé sólo quiere estar pegado a mi y ya no se qué hacer. Es demasiado para mi”.

Estoy segura de que es demasiado. Para mi también lo es a veces. Pero en este asunto hay un par de conceptos que están mezclados y no nos ayudan a llevar la situación de manera equilibrada. Este post pretende clarificar esto con el objetivo de que nos ayude a comprender primero para poder actuar de forma más adecuada después y aprender a llevarlo mejor.

Tu bebé es normal

 

Esa es la idea clave que quiero que te lleves. Somos mamíferos. Los mamíferos necesitan a sus mamás en los primeros meses de su vida para sobrevivir. Por eso la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

… la naturaleza nos proporciona de un sistema que garantiza nuestra supervivencia en esos primeros meses en los que somos vulnerables. Ese sistema se llama sistema de apego.

El instinto de apego es el que ha hecho que los seres humanos no nos hayamos extinguido ya que somos de los mamíferos más indefensos por más largo tiempo del planeta. El sistema de apego sirve para garantizar que alguien va a cuidar de nosotros hasta que podamos valernos por nosotros mismos. Es la garantía de nuestra supervivencia. Además nos enseña ser seres sociales, un punto muy importante también para garantizar la vida. Por eso el sistema de apego es vital para poder mantener relaciones satisfactorias.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él. La naturaleza también le da un instrumento para que su mamá no se separe de él: el llanto. Esta obsesión por estar con la mamá suele ser relativamente aceptable para ella durante los primeros meses de vida del bebé. En primer lugar porque es socialmente aceptable que esté junto a él la mayor parte del tiempo y en segundo lugar porque el bebé tiene ratos en los que no es totalmente consciente de que su mamá no está (cuando duerme o cuando está distraído con alguien o con algo). Esto es así porque los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea. Se siente seguro porque la incipiente sensación de sí mismo que recién experimenta incluye a su mamá como parte de él.

El bebé nace con un instinto de supervivencia que le obliga a apegarse a la persona que se encarga de cuidarlo, es decir, la que pasa más tiempo con él.

El problema viene cuando entre los seis y los nueve meses el bebé empieza a darse cuenta de que su mamá y él no son la misma cosa o persona. Entonces da comienzo el periodo donde se da la llamada “angustia por separación” del bebé y no es ni más ni menos que este se da cuenta de que su mamá es una persona diferente de él y, por tanto, empieza a comprender que su mamá puede irse y dejarle sólo, lo que para él significa la muerte. No es que “piense” que se va a morir. Es que lo “sabe”, lo siente en lo más profundo de su ser. Entonces, su instinto de supervivencia toma el control para hacer lo que sea necesario para que su madre regrese, lo calme y el bebé pueda retomar su estado tranquilo normal.

… los primeros meses el bebé no tiene la maduración neurológica suficiente como para darse cuenta de que él es una persona separada de lo que le rodea

No se si alguna vez has sentido que ibas a morir. Aunque fuera por un instante. Si no lo has sentido, sólo imagina por un momento que de repente entra alguien por la puerta, te pone una pistola en la cabeza y te dice que te va a matar. ¿Estresante no? Pues así es como se siente tu bebé cuando tú desapareces de su vista. ¿No llorarías, reclamarías perdón, o todo lo que fuera necesario para que esa persona quitase la pistola de tu cabeza y se fuera? Pues eso es lo que va a hacer tu bebé.

¿Qué significa todo esto? Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable. Su desarrollo neuronal es perfecto. ¡Enhorabuena!. Son grandes noticias para los dos.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada.

Los bebés que no quieren estar pegados a sus bebés, pueden ser comunes pero no son normales. Puede parecer que todos los bebés son así menos el tuyo, pero te aseguro que eso no es deseable. Esto se debe a que el sistema de apego que han establecido con su mamá no es seguro o que no han establecido un sistema de apego con ella en absoluto. Es posible que tengan un sistema de apego seguro con otra persona o cosa, pero con su mamá no.

Pues que si tu bebé solamente quiere estar contigo a todas horas y si te vas llora, berrea y patalea como si le estuvieran matando, es porque tu bebé está perfectamente sano, que su sistema de apego contigo es seguro, normal y saludable.

Esto puede pasar por dos motivos: uno es que no estén la mayor parte del tiempo con su mamá, con lo que no la identifican como tal, como su cuidadora principal y no se apegan, o porque si pasa tiempo con él no lo reconforta de manera adecuada, con lo cual el bebé o ha renunciado a que su madre lo vaya a cuidar y mantener seguro o lo que es peor, la ha identificado como una amenaza.

Ninguna de estas situaciones son deseables, pero la más perjudicial es la segunda. En el primer caso, aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable. Un cuidador que puede ser su abuela o una persona externa que le de una respuesta adecuada a sus demandas y le proporcione una sensación de seguridad suficiente hará que el bebé siga un desarrollo normal y sea psicológicamente sano en el futuro. El único inconveniente de esta situación es que esa persona sea constante en su vida y no desaparezca de repente o cambie constantemente. Esto podría dañar el sistema de apego básico del bebé.

…aunque el bebé no establezca un sistema de apego seguro con su mamá puede establecerlo con otra persona de forma saludable.

El segundo caso, en el que el bebé renuncia a su cuidador principal como una referencia segura, puede dar lugar a trastornos psicológicos en el futuro ya que el bebé se verá obligado a desarrollar una forma adaptativa de sentirse seguro que utilizará en las situaciones estresante. El problema con esto es que normalmente esa forma de encontrar seguridad será una herramienta que usará con rigidez en todas las situaciones de su vida, y puede que en algunas le ayude pero que en otras le perjudique.

La segunda razón por la que un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Si tu bebé es demandante y tú eres capaz de cubrir sus expectativas de seguridad y comodidad tendrá una base segura suficiente para explorar el mundo, aprender y desarrollarse neurológicamente de manera adecuada. También aprenderá que puede confiar en sus propias capacidades y en las personas. Esto es lo que todas queremos para nuestros bebés. El problema es que las demandas son tan absorbentes y tan continuas que nos resultan asfixiantes y nos dan ganas de abandonar.

…un sistema de apego no seguro no es deseable es que determinará la forma de vincularse con otras personas el resto de su vida, también tendrá un efecto negativo en su autoconfianza y en la confianza en los demás.

Qué hacer para poder sostener la necesidad de apego de mi bebé

 

Tengo que confesar que cuando mi bebé se pone tan demandante a veces me gustaría irme y no volver. Otras veces siento que me está atacando, que me maltrata y me agrede y me siento un impulso muy grande de defenderme. En esos momentos tengo la sensación de que me hace la vida imposible. Entonces la situación me sobrepasa y pierdo el control.

Esto es así y nos pasa a todas las mamás. No existe la mamá amorosa cuando nos sentimos sobrepasadas y agredidas. Entonces es nuestro instinto de supervivencia el que se activa y nuestro propio sistema de apego (el que desarrollamos con nuestra mamá) toma el control. No es una excusa, es nuestra biología. Con esto quiero decirte que tú también eres normal, que nos pasa a todas y que realmente es demasiado. No es demasiado para ti, es demasiado para todas.

No existe una sola solución. Hay muchas soluciones posibles, porque cada una tiene que encontrar la suya propia. Yo te puedo dar ciertas pautas para que pruebes qué es lo que te sirve a ti. Pero sobre todo recuerda lo importante que es para tu bebé que hagas este esfuerzo y que es posible encontrar un equilibrio. Esta fase pasará pronto, como todas, como el embarazo, el parto, los cólicos y los problemas de lactancia. Todo pasa. Te aseguro que cuando tu hij@ tenga unos años más no querrá que le beses en público. Aprovéchate ahora ?

Aquí te escribo unas cuantas ideas que me han servido a mi. También me gustaría que me ayudases a apoyar a otras mamás si escribes en los comentarios qué te sirvió a ti.

 

¿Qué hacer si las demandas de mi bebé me sobrepasan?

 

  1. Reduce tus obligaciones. El enemigo número uno de la mamá no es el bebé, son el resto de tareas y obligaciones. Yo se que no se pueden eliminar totalmente, pero seguro que puedes hacer un esfuerzo para reducirlas al mínimo.
  2. Pide ayuda. Si quieres reducir obligaciones y tareas lo que necesitas es ayuda. Ayuda activa o pasiva. La ayuda activa es que otro haga las cosas por ti (que tu esposo haga la cena), la ayuda pasiva es que las demandas de las personas que no son el bebé disminuyan (que tu esposo cene fuera o la compre y la traiga a casa).
  3. Haz las cosas con tu bebé pegado. A mi me sirvió muchísimo utilizar un fular de porteo, pero existen otros métodos. Con ellos el bebé está tranquilo mientras tú haces otras cosas (sí, ir al baño puede ser una de ellas).
  4. Descansa todo lo que puedas. Descansar tiene que ser tu prioridad número dos (la número uno es tu bebé). Si estás descansada tendrás menos estrés y tu sistema de supervivencia no se activará. Todas tenemos más paciencia cuando estamos más descansadas.
  5. Practica un sistema de cambio de estado emocional instantáneo. Muchas veces perderás el control y te desesperarás. Practicar e incorporar una forma de cambiar tu estado emocional lo más rápido posible te ayudará a retomar la situación y reconducirla para hacerla más equilibrada para todos. Abajo te puedes descargar mi método “Cambia tu estado emocional en 10 segundos” de forma gratuita. Ha ayudado a cientos de personas a retomar el control. Tú también vas a poder.

 

 

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Gracias por tu inspiración.

Te mando un abrazo

Límites para prevenir el abuso

No hago más que ver posts de cómo manejar berrinches, de cómo poner límites, de cómo disciplinar (aunque sea de forma positiva) y al mismo tiempo leo más y más noticias terribles de abusos hacia los niños, sexuales y no sexuales, y veo más comportamientos intolerantes y poco respetuosos hacia los propios hijos. ¿Tendrá que ver? Yo creo que sí.

Imagino que este no va a ser el post más popular del mundo, pero no me importa. La gente lee lo que quiere, es más, bloquea el contenido real en su mente para que no le toque la verdad de lo que está leyendo. Su verdad más escondida. Y está bien. Todos necesitamos protegernos.

Pero sobre todo necesitamos proteger a nuestros hijos. En eso todas estamos de acuerdo. Tu hijo es lo que más quieres en el mundo. Jamás permitirás que nada le suceda. Todas tus decisiones, todo tu afán y toda tu energía está enfocada en darle lo mejor. En que nada le pase, en que sea feliz. Así es. Pero estamos cometiendo un error fundamental y alguien tiene que mostrárnoslo. No se trata de culpar, ni de decirte que lo estás haciendo mal, nada de eso. No eres culpable, no lo estás haciendo mal, estás haciendo lo que crees que es mejor. Pero toca ir dando una sacudida a ese esquema de creencias que no nos ayuda ni a nosotras ni a nuestros hijos.

sobre todo necesitamos proteger a nuestros hijos

El mundo es una selva. Y cada día más. Como en una selva nos encontramos todo tipo de seres en diferentes condiciones mentales. Es lamentable, pero así es. ¿Cómo es posible que los seres humanos sean capaces de hacer semejantes horrores? Tengo mis teorías, pero no vienen a cuento hoy. Digamos que no sabemos, pero ahí están, esperando a su próxima víctima.

Y nosotras, tú y yo y la otra, les enviamos a nuestros hijos como la mamá de Caperucita Roja envió a su hija al bosque, encima con una cesta de comida. ¿Y qué pasó? Pues que el lobo salió a su encuentro. Visto así el asunto es fácil: No mandes a tu hijo al bosque y menos con una cesta de comida. Pero eso es imposible. ¿Por qué? Porque no podemos estar ahí el 100% del tiempo para el resto de su vida, porque también tenemos vida y es saludable para nosotras y para ellos que la tengamos.

¿Entonces? ¿Encomendarse al Dios (o a que el señor lobo no aparezca), o no dejar a salir a nuestros hijos a la calle? Ni una cosa ni otra. La buena noticia es que sí hay algo que podemos hacer, es más, que DEBEMOS hacer.

no podemos estar ahí el 100% del tiempo para el resto de su vida, porque también tenemos vida y es saludable para nosotras y para ellos que la tengamos.

Debemos entrenar a nuestros hijos para que sepan lo que es un lobo, cómo verlo venir, cómo pararlo y cómo protegerse de él. Esa es nuestra misión. Cuando ya tienen ocho o diez años es más fácil, uno les puede explicar: mira, es tu cuerpo y no debes dejar que nadie lo manipule, si algo te parece mal no lo hagas, si te pasa algo ven y cuéntamelo, yo te protegeré. Los niños de esa edad comprenden y, si has conseguido que para esa altura tengan confianza contigo, te contarán, si no, ahí estarán con sus propias defensas. Entonces, para asegurar el éxito de tu misión es enseñarles a defenderse desde que son muy pequeños, antes de los tres años.

Debemos entrenar a nuestros hijos para que sepan lo que es un lobo, cómo verlo venir, cómo pararlo y cómo protegerse de él. Esa es nuestra misión. 

La edad de cero a tres años es mágica. Es donde se fundamentan la autoestima, la empatía, los valores, donde un niño se forja la identidad, sus fortalezas y sus debilidades. Esta es la buena noticia. Lo que aprenda ahora sobre sí mismo le acompañará el resto de su vida. ¿Y por qué esto es importante? Vamos a analizar los mensajes que le trasmitimos a nuestros hijos:

  • Cómete lo que YO te pongo en el plato
  • Ahora te tienes que peinar, aunque TE DUELA
  • Ahora te tienes que bañar aunque PREFIERAS estar jugando
  • Ahora vas a estar sólo en tu habitación aunque TENGAS MIEDO
  • Aunque llores PIDIENDO MI AYUDA, no te la voy a dar porque YO SE LO QUE ES MEJOR PARA TI
  • La escuela es buena para ti PORQUE YO TE ENVÍO A ELLA (y recordemos qué es lo mejor para ti)
  • Si me contradices y haces un berrinche ME ENOJARÉ y ME ESTARÁS DEFRAUDANDO
  • En la escuela y con otros adultos SIEMPRE DEBES PORTARTE BIEN (es decir, hacer lo que ellos dicen)
  • Si una señora te agarra un brazo o te toca la carita en la calle TÚ NO DEBES PROTESTAR, si no diré que eres un NIÑO MALO o MALEDUCADO
  • Si tu tía, primo, conocida de mamá QUIERE que le des un beso SE LO DEBES DAR para que yo esté orgullosa de ti

A los niños de cero a tres años no les podemos enseñar con explicaciones. NO debemos decirles cuidado no saltes ahí que te vas a caer porque ellos no tienen la capacidad de distinguir ahí de otro lado, es una carga y una responsabilidad demasiado pesada. Al final se caen y encima les echamos la culpa de ello “ves, te lo dije, es que eres un tonto”.

¿Qué les estamos haciendo a nuestros hijos?

Para empezar les estamos transmitiendo con el ejemplo los siguientes mensajes:

  • Los adultos saben más
  • Tengo que obedecer a los adultos
  • A los adultos que están donde me lleva mi mamá tengo que obedecerles todavía más
  • Si me duele me tengo que aguantar si un adulto es el que me hace daño
  • La voluntad de un extraño es más que la mía
  • Si lloro no va a servir de nada porque mi mamá sabe lo que es mejor para mi
  • Protestar no sirve, sólo voy a hacer que mi mamá me quiera menos y esté decepcionada de mi
  • Mis preferencias no importan, los adultos siempre tienen razón
  • Esto que me está pasando debe estar bien

Y no sirve que explique a un niño de dos años y medio que a veces sí y a veces no. Que si salta en el suelo está bien pero que si salta en el borde de la ventana se puede matar. No sirve, saltar es saltar. Y lo que debemos hacer es no dejar la ventana abierta. Pero como no dejarles fuera de la vista o al cuidado de otros adultos es IMPOSIBLE en estos tiempos que corren, debemos enseñarles que:

  • SI ELLOS CREEN QUE ESTÁ MAL, ESTÁ MAL. Da igual quién diga lo contrario, incluso yo, su mamá. Si ella cree que el baño está caliente, entonces está caliente. Da igual que el termómetro diga que está a 36,5 grados y es la temperatura perfecta. Si tu hijo dice que está caliente HAZLE CASO. Sólo dándole la razón y el PODER en las acciones cotidianas aprenderá que lo tiene y que lo puede usar cuando lo necesite.
  • SI NO LES GUSTA ALGO NO DEBEN HACERLO. Más de lo mismo. Es igual que sea peinarse, cambiarse el pañal o tocarle el pene a alguien. Para un niño es lo mismo. Instintivamente saben cuando algo está mal, pero les enseñamos a NEGARSE a sí mismos. No lo hagas. Lo peor que puede pasar es que se resfríe por salir a la calle sin abrigo, que se haga popó encima. Créeme, merece la pena. Si lo piensas, las mamás cuyos hijos han sido víctimas de abuso no lo dudarían ni un momento.
  • LOS EXTRAÑOS NO SON DE FIAR. Ninguno, ni la tía, ni la prima, ni la abuela ni nadie. Un niño no tiene la capacidad de entender lo que es familia y lo que no. Además muchas veces los perpetradores de abuso son familiares o amigos de la familia.
  • SI NO ME GUSTA ALGUIEN O ALGO NO TENGO QUE TOLERARLO. Una vez más: el brócoli, la tía Ernestina, el suéter que pica, LO QUE SEA.
  • MI MAMÁ SIEMPRE, SIEMPRE SIEMPRE ME VA A ESCUCHAR. Si siempre le escuchamos, entonces nos contará las cosas. Si a veces le escuchamos y a veces no, dejará de hacerlo. Piensa que ahora estás sembrando en la relación que ya no tendrá vuelta atrás cuando sea adolescente. Ahora es el momento.
  • MI MAMÁ ME va a DEFENDER. Y si le escucho me pongo en su lugar y le doy su parte de razón. Luego ya le explicaré que vivimos en sociedad, que no se puede salir sin pantalones a la calle, que si habla en clase los niños se desconcentran y no pueden aprender… lo que sea. Pero primero: DEFIÉNDELO.

Enséñale a decir ¡NO! ¡BASTA! obedeciendo la primera esa orden de él para ti, porque tú eres su campo de entrenamiento para la vida.

Si crees que estarás criando un mounstruo de esta forma estás en lo cierto. 

Será un monstruo temible para los abusadores de niños, para las maestras psicóticas, para los bullies, para los novios/novias maltratadores, para los amigos manipuladores, para los traficantes de drogas, para los esposos violentos, para los jefes abusivos, para los violadores y para las suegras metiches.

Nadie se atreverá a manipularle, engañarle, someterle, abusar de él o ella, pegarle, maltratarle física o psicológicamente, no será víctima de chantaje emocional, no será codependiente, … Será una persona consciente de sus derechos que sabrá poner límites a los depredadores. Será Caperucita Roja con la cesta de NOES, con la cesta llena de autoestima y auto respeto, con la cesta a rebosar de salud emocional.

Ya saben que agradezco todo tipo de comentarios. Si les ha gustado este post, por favor, compartan y denle un like para que llegue a más mamás y juntas podamos crear más conciencia.

Gracias por leerme.

Les mando un beso

Eva Martínez