El Síndrome del Burnout o síndrome de desgaste profesional es muy frecuente entre profesiones relacionadas con el cuidado de personas como médicos, enfermeras, psicólogos, maestros y trabajadores sociales. Pocas vemos nuestra labor como mamá como un trabajo, pero de lejos es mucho más demandante que los anteriores y además no está remunerado. Entonces ocurre, caemos en el Burnout materno
Burnout materno
Qué es el síndrome del burnout
Es una afección relacionada con el estrés laboral que tiene graves secuelas en la salud física y emocional de quienes lo padecen.
Motivado por largas jornadas y reducidos o ausentes descansos entre otros factores, se perfila como una de las tragedias de las nuevas condiciones laborales del siglo XXI.
Los investigadores Pines, Aronson y Kafry, en su libro Burnout, From Tedium to Personal Growth, definieron este síndrome en 1981 como El estado de agotamiento mental, físico y emocional producido por una persistente implicación en situaciones emocionalmente demandantes. Si a esta demanda emocional le sumamos un trabajo de 24 horas al día 7 días a la semana, casi sin descansos, con interrupciones del sueño, como las que sufrimos las mamás, la situación se vuelve terrible e insostenible.
Burnout materno
¿Es posible que como mamá este quemada?
Si tu labor como mamá, que al principio llevabas con alegría, acaba ahora con jornadas en las que te sientes agotada y vacía. Cuando hasta ves la hora de estar con tus hijos con angustia, porque tu cuerpo no da más de sí. Cuando ya no tienes ratos de ocio en los que refugiarte y a lo único que aspiras es a que llegue el fin de semana y anestesiarte frente al televisor, …
Sí es posible que estés quemada.
El burnout es un problema de salud y de calidad de vida. Es un tipo de estés crónico que se podría definir, en palabras de Marisa Bosqued en su libro Quemados, como la respuesta psicofísica que tiene lugar en el individuo como consecuencia de un esfuerzo frecuente cuyos resultados, la persona considera ineficaces e insuficientes, ante lo cual reacciona exhausta, con sensación de indefensión y con retirada psicológica y a veces física de la actividad a causa del estrés excesivo y de la insatisfacción.
¿Te ves en ese estado? Yo tengo que reconocer que sí. Muchas veces. Esa sensación de no hacer lo suficiente pero no haber descansado desde antes del día del parto en los primeros años, de ver pasar los días haciendo siempre lo mismo, cada vez con menos energía, vitalidad y alegría por vivir. Esos síntomas podrían compararse con los de la depresión transitoria y son creados por un estrés excesivo y, sobre todo, falta de descanso.
Las sensaciones relacionadas son, según Bosqued, Agotamiento emocional, despersonalización, es decir, una separación del objeto de cuidado, en este caso de nuestros hijos y de nuestra pareja, a quienes culpamos de nuestra situación, y sensación de baja realización personal.
No importa lo exitosas que hayamos sido en el pasado, la maternidad hace que nos cuestionemos a nosotras mismas, nos mantiene en un estado de altísimas expectativas constantes y bajo la opinión de toda la sociedad, pero sobre todo de las personas más cercanas a nosotras. Esto causa que nuestra autoestima baje en picado hasta un nivel que ya no reconocemos ni quien somos.
Entre los factores de riesgo más elevados entre las profesiones del cuidado, las madres nos llevamos la palma, ya que todas cumplimos casi el 100% entre los factores de riesgo:
Fuerte idealismo y altruismo: queremos dar lo mejor para nuestros hijos sin recibir nada a cambio
Elevadas expectativas sobre nosotras mismas: y muchas veces irreales sobre lo que podemos cumplir en un tiempo concreto y el grado de impecabilidad al hacerlo.
Mayor sensibilidad hacia los sentimientos y necesidades de los demás: que cuando somos madres no sólo se circunscriben en nuestros hijos, sino en nuestra pareja, nuestra madre, amigas hermanas que parece que al sentirnos menos disponibles empiezan a demandar como nunca antes.
Elevado nivel de autoexigencia: como si tuviéramos que hacer todo perfecto y además mejor que nadie más
Excesiva autocrítica: lo que se deriva de lo anterior, porque como humanas que somos, jamás podremos estar a la altura de nuestros propios niveles de autoexigencia
Falta de habilidad para afrontar y manejar el estrés y las situaciones conflictivas: porque estamos tan agotadas que nuestras emociones están a flor de piel, nuestra autoestima es baja no somos capaces de pedir lo que necesitamos de forma apropiada.
Locus de control externo: o la atribución excesiva de las consecuencias de nuestros actos, como si de nosotras dependiera que el mundo entero fuera a caer o el bienestar de nuestros hijos, sin que nadie pueda ayudarnos.
Burnout materno
¿Cuáles son los pasos que nos llevan desde el cansancio al burnout extremo?
Fase de entusiasmo o luna de miel. Esta es la fase por la que pasamos todas las mamás en el embarazo y los primeros días de nuestra maternidad. Queremos dar lo mejor de nosotras, cueste lo que cueste. Pensamos que vamos a poder con todo y decidimos que vamos a hacer todo de la mejor manera. Yo siempre digo que todas pensamos, en esta fase, cuando vemos a amigas pasarlo mal como madres o tener malos resultados con sus hijos “esto no me va a pasar a mi cuando sea madre”
Estancamiento. Despertar. La luna de miel se acaba, y empiezas a darte cuenta de que todo lo soñado hasta ahora, nada tiene que ver con la realidad. Ni lo que sucede ni yo misma soy capaz de dar lo que me había propuesto. Así que me siento mal conmigo misma, creo que las situaciones me sobrepasan y siento que soy un desastre total como madre.
Fase de frustración. El entusiasmo y la energía desaparecen. A duras penas somos capaces de mantener nuestras propias rutinas de auto cuidado. Nos alimentamos mal, abandonamos casi casi las prácticas de aseo personal. Casi nos volvemos zombies, nos alteramos por cualquier cosa y nos desbordamos emocionalmente con frecuencia. Llega la sensación de querer salir corriendo de allí. Nos volvemos críticas, irritadas, culpables y no suficientes.
Apatía o burnout total. La desesperanza es la nota predominante. Realmente queremos salid de allí a toda costa, pero estamos paralizadas y no tenemos autoestima suficiente para conseguirlo. Empezamos a sentirnos deprimidas, con ideas negativas sobre el futuro y empezamos a pensar que no servimos como madres o que nuestra vida no tiene sentido. Casi que nuestros hijos estarían mejor sin nosotras.
¿Cómo salir de esta situación?
Estemos en la fase que estemos, revertir este estado es posible. En casos como en depresión extrema, es necesario a veces pasar por el psiquiatra, aunque lo menos aconsejable para nuestros hijos es que estemos anestesiadas, hasta las orejas de antidepresivos.
La alternativa es volver a ponernos nosotras en primer lugar. Revertir el proceso tal y como se generó: descansando más, pidiendo ayuda, siendo conscientes de nuestras propias necesidades externas e internas y ocupándonos de satisfacerlas.
Tanto el burnout como el estrés extremo que padecemos las madres nos quitan la energía y la vitalidad, que podemos recuperar conectándonos con la mujer que siempre fuimos. Equilibrando nuestra vida dándonos momentos frecuentes de descanso, pero también ocupándonos en otras labores que nos permitan desconectar y que nos devuelvan nuestra autoestima.
No estoy pensando en hacer algo útil, sino todo lo contrario, útil o no, en algo que nos devuelva la ilusión, la alegría de vivir, que seamos capaces de hacer sin esfuerzo y que no sea tan importante como ser madres
Darle a nuestra vida, a nuestra psique, estos momentos nos sacará progresivamente del estado de estrés crónico, ya que si nuestro organismo detecta que podemos dedicar tiempo a nuestro ocio y autocuidado, automáticamente percibirá que la situación general no es tan grave y nos permitirá aflojar un poco la marcha.
Diferencias entre Baby Blues, Depresión Postparto y Burnout Materno
La llegada de un bebé transforma profundamente la vida de una madre, tanto en lo físico como en lo emocional. Es común experimentar una montaña rusa de emociones en el posparto, pero a veces es difícil distinguir entre lo que es normal y lo que podría ser una señal de alerta. A continuación, exploramos las diferencias entre el baby blues, la depresión posparto y el burnout materno para que puedas identificar qué estás sintiendo y cuándo es necesario buscar ayuda.
Baby Blues: La Montaña Rusa Emocional Postparto
El baby blues es una respuesta emocional normal que afecta a alrededor del 70-80% de las madres después del parto. Suele aparecer en los primeros días o semanas tras el nacimiento del bebé, y se caracteriza por cambios de humor, llanto fácil, fatiga y una sensibilidad extrema. Las causas incluyen el drástico cambio hormonal, la falta de sueño y la enorme adaptación que implica cuidar de un recién nacido. Estos síntomas son temporales y, en la mayoría de los casos, desaparecen en unas dos semanas. La clave aquí es que, aunque el baby blues puede ser desafiante, no afecta la capacidad de disfrutar del bebé o de llevar una rutina diaria.
Depresión Postparto: Cuando las Emociones Persisten y Afectan el Día a Día
A diferencia del baby blues, la depresión posparto es más profunda y duradera. Los síntomas incluyen tristeza persistente, desesperanza, falta de energía, insomnio o sueño excesivo, y pérdida de interés en actividades que solían ser placenteras. Esta condición afecta aproximadamente al 10-15% de las madres y puede surgir en cualquier momento durante el primer año postparto. Además de la carga emocional, la depresión posparto puede hacer que sea difícil vincularse con el bebé y gestionar las responsabilidades diarias. Es importante buscar ayuda profesional, ya que este trastorno requiere tratamiento, que puede incluir terapia, apoyo social y, en algunos casos, medicación.
Burnout Materno: El Agotamiento de la Exigencia Constante
El burnout materno, o agotamiento parental, se diferencia del baby blues y la depresión posparto en que es una respuesta acumulativa al estrés y las demandas de la maternidad. Es común en madres que enfrentan una sobrecarga de responsabilidades sin suficiente descanso o apoyo. Los síntomas incluyen una sensación de agotamiento extremo, distanciamiento emocional del rol de madre, y, en casos graves, una desconexión con el bebé o la familia. Este estado de agotamiento crónico no surge exclusivamente después del parto, sino que puede desarrollarse con el tiempo, especialmente cuando las expectativas personales y sociales son inalcanzables o desbordantes.
Comprender estas diferencias es crucial para saber cuándo buscar apoyo. Mientras que el baby blues suele ser transitorio, la depresión posparto y el burnout materno requieren atención profesional y un cambio en la dinámica de autocuidado. Reconocer estas señales no solo ayuda a las madres a cuidar de su salud mental, sino también a crear un entorno más saludable para el crecimiento y desarrollo del bebé.
Qué hacer cuando mi pareja no comparte mi estilo de crianza
Los desacuerdos en la crianza son una realidad común que afecta a muchas familias. Si te encuentras a menudo discutiendo con tu pareja sobre cómo educar a tus hijos, no estás solo. Estos conflictos pueden generar estrés, frustración y afectar negativamente la dinámica familiar. Es crucial entender que tener diferentes estilos de crianza no es inherentemente malo; sin embargo, la falta de alineación y comunicación puede ser perjudicial. ¿Quieres saber como manejar los desacuerdos en la crianza y cómo criar en equipo?. En esta guía, exploraremos las causas de estos desacuerdos, sus efectos en la pareja y en los hijos, las soluciones prácticas, las ventajas y desventajas de los distintos estilos parentales, y la importancia de buscar ayuda externa para lograr una crianza en equipo.
Los desacuerdos en la crianza no aparecen de la nada. A menudo, son el resultado de una combinación de factores:
Diferentes Estilos Parentales: Cada persona tiene un estilo de crianza único, influenciado por su propia infancia, valores y creencias. Algunos padres pueden ser más directivos, buscando establecer límites claros y consistentes, mientras que otros pueden ser más reflexivos, priorizando la conexión emocional y la flexibilidad. También existen padres autónomos que fomentan la independencia y la exploración, y aquellos que practican la parentalidad positiva, buscando un equilibrio entre la guía, la escucha y los límites.
Experiencias de la Propia Infancia: La forma en que fuimos criados influye significativamente en cómo criamos a nuestros hijos. Asimismo, padres que fueron criados con disciplina estricta pueden tender a ser más directivos, mientras que aquellos que crecieron en un ambiente más permisivo pueden ser más autónomos. A menudo se repiten patrones de crianza sin ser conscientes de ello, lo que puede generar conflictos con la pareja si tienen experiencias diferentes.
Falta de Comunicación: La falta de diálogo abierto y honesto sobre los objetivos de crianza es una causa común de desacuerdos. De esta forma, si los padres no hablan sobre sus expectativas, temores y valores, es más probable que surjan conflictos. La falta de escucha activa también impide que se entiendan los puntos de vista del otro.
Estrés y Agotamiento: El estrés diario y el agotamiento parental pueden exacerbar los desacuerdos. Entonces, cuando los padres se sienten abrumados, es más difícil comunicarse de manera efectiva y mantener la calma. De esta forma, el agotamiento parental puede llevar a reacciones impulsivas y a una menor tolerancia hacia las diferencias de opinión.
Influencia de la Sociedad: La sociedad también juega un papel, con ideas preconcebidas sobre cómo deben comportarse los padres y cómo criar a los hijos. Por tanto, la presión social puede generar confusión y dificultar la construcción de un enfoque de crianza unificado con la pareja.
¿Cómo Afectan los Desacuerdos a la Pareja y a los Hijos?
Los desacuerdos en la crianza no son solo discusiones ocasionales; pueden tener efectos perjudiciales en la pareja y, lo que es más importante, en los hijos:
EFECTOS EN LA PAREJA
Tensión y Conflicto: Las discusiones frecuentes sobre la crianza pueden generar tensión y resentimiento entre los padres. Además, la falta de acuerdo puede llevar a peleas constantes, minando la relación y afectando la intimidad.
Desgaste Emocional: Sentirse constantemente criticado o incomprendido puede generar frustración y un desgaste emocional significativo. Asimismo, la sensación de no estar en el mismo equipo puede erosionar la conexión emocional y llevar al aislamiento.
Disminución de la Colaboración: Los desacuerdos constantes dificultan la colaboración y la toma de decisiones conjuntas en la crianza. La falta de un frente unido puede generar inconsistencia en la educación de los hijos, lo que puede confundirlos.
Impacto en la Comunicación: Los desacuerdos sin resolver pueden generar un patrón de comunicación negativo, marcado por críticas, defensividad y falta de escucha. Este patrón puede extenderse a otras áreas de la relación, afectando la comunicación general.
EFECTOS EN LOS HIJOS
Confusión: Los niños pueden sentirse confundidos cuando los padres no están de acuerdo sobre las reglas y los límites. La inconsistencia en la crianza puede generar inseguridad y ansiedad.
Inseguridad: Ver a sus padres discutir constantemente puede generar inseguridad y miedo en los niños. Pueden sentir que el ambiente familiar es inestable y poco predecible.
Problemas de Comportamiento: La falta de límites claros y consistentes puede llevar a problemas de comportamiento en los niños. Pueden volverse más desafiantes, rebeldes o incluso ansiosos.
Dificultades Emocionales: Los niños que crecen en un ambiente de conflicto pueden tener dificultades para gestionar sus propias emociones. Pueden desarrollar baja autoestima, problemas de relación y dificultades para expresar sus sentimientos.
Modelado Negativo: Los niños aprenden observando a sus padres. Si ven a sus padres discutir constantemente sin resolver los problemas, es probable que repitan este patrón en sus propias relaciones.
No es malo tener diferentes estilos de educar, sino la falta de alineación y de congruencia
Es importante entender que tener diferentes estilos de crianza no es necesariamente negativo. De hecho, la diversidad de enfoques puede enriquecer la educación de los hijos, siempre y cuando exista comunicación y colaboración entre los padres. De esta forma, el problema surge cuando estas diferencias no se gestionan de manera efectiva, lo que lleva a la falta de alineación y a los conflictos. En conclusión, la clave está en encontrar un equilibrio y trabajar en equipo.
Desacuerdos en la crianza: cómo educar en equipo
Herramientas y Soluciones para Superar los Desacuerdos en la Crianza
Superar los desacuerdos en la crianza requiere esfuerzo, paciencia y la disposición de ambos padres a comprometerse. Una de las herramientas y soluciones que pueden ayudarte, que encontrarás en mi guía Creciendo Juntos, entre otras, es la Comunicación Efectiva:
Escucha Activa: Presta atención a lo que tu pareja está diciendo, intenta entender su perspectiva y valida sus sentimientos. Evita interrumpir y juzgar.
Expresa tus Necesidades: Comunica tus propias necesidades y preocupaciones de manera clara y respetuosa. Usa frases en primera persona, como “yo siento” en lugar de “tú siempre”.
Habla sobre Objetivos Comunes: Identifica los objetivos de crianza que ambos comparten. ¿Qué valores quieren transmitir a sus hijos? ¿Qué habilidades quieren que desarrollen?
Elige el Momento Adecuado: Evita discutir temas de crianza cuando estén cansados, estresados o en medio de una situación tensa. Elige un momento tranquilo para hablar.
Busca un Espacio Seguro: Crea un espacio seguro donde ambos puedan expresar sus pensamientos sin miedo a ser juzgados o criticados.
Entendiendo los Diferentes Estilos de Crianza:
Estilo Reflexivo: Los padres reflexivos se adaptan a las necesidades y emociones de sus hijos en cada momento, priorizando la conexión emocional y la comprensión. Son muy sensibles a las emociones y utilizan la comunicación empática. Una desventaja es que puede generar inconsistencia en las reglas.
Estilo Directivo: Los padres directivos establecen límites claros y consistentes, valorando la disciplina y la estructura. Su ventaja es proporcionar seguridad y estructura; sin embargo, pueden ser rígidos y no escuchar a los hijos.
Estilo Autónomo: Los padres autónomos fomentan la independencia y la exploración, confiando en la capacidad de sus hijos para aprender de sus propias experiencias. Fomentan la creatividad y la confianza; sin embargo, puede llevar a la falta de límites.
Parentalidad Positiva: La parentalidad positiva combina la guía, la escucha activa y los límites claros, promoviendo el crecimiento emocional y la autonomía en un ambiente afectivo. Su ventaja es que crea un ambiente de confianza y respeto, pero puede requerir tiempo y dedicación.
¿Cómo puedes resolver si hay conflicto entre vuestros estilos?
Identifica tu Estilo: Reflexiona sobre tu propio estilo de crianza e intenta comprender las motivaciones detrás de él. ¿Por qué haces las cosas de cierta manera? ¿Qué valores guían tus acciones?
Valora la Diversidad: Reconoce que los diferentes estilos de crianza tienen sus propios puntos fuertes y débiles. En lugar de criticar el enfoque de tu pareja, intenta aprender de él.
Encuentra un Equilibrio: El objetivo no es adoptar un único estilo de crianza, sino encontrar un equilibrio que funcione para ambos y para sus hijos. ¿Cómo pueden combinar lo mejor de cada enfoque para crear un ambiente familiar armonioso?
Establece Acuerdos:
Prioriza los Temas: No todos los temas de crianza son igual de importantes. Prioriza aquellos que generan más conflictos y enfócate en encontrar soluciones conjuntas.
Crea un Plan de Acción: Desarrolla un plan de acción concreto para abordar los temas prioritarios. Define qué límites y normas son importantes, cómo se comunicarán con sus hijos y cómo se apoyarán mutuamente.
Sé Flexible: La crianza es un proceso dinámico y en constante cambio. Mantente abierto a ajustar sus planes a medida que tus hijos crecen y cambian.
Un Frente Unido: Una vez que hayan llegado a un acuerdo, apóyense mutuamente frente a sus hijos. Eviten contradecirse o discutir las decisiones en presencia de ellos.
Valores Compartidos:
Identifica sus Valores: Reflexionen sobre los valores fundamentales que quieren inculcar a sus hijos. ¿Qué principios guiarán su crianza?
Crea un Marco Común: Utilicen sus valores compartidos como un marco de referencia para tomar decisiones en la crianza. Si ambos valoran el respeto, utilicen ese valor como guía para establecer límites y normas.
Comuniquen sus Valores a los Hijos: Asegúrense de que sus hijos entiendan los valores que guían su familia. Explíquenles por qué las reglas son importantes y cómo contribuyen a un ambiente familiar seguro y respetuoso.
La importancia de pedir ayuda externa para alinear la crianza
Estar alineados ayuda a ser coherentes con nuestros hijos y no enviar mensajes confusos
A veces, los desacuerdos en la crianza son tan persistentes o intensos que puede ser difícil resolverlos solos. Buscar ayuda externa es un signo de fortaleza, no de debilidad. Un profesional puede ayudarles a:
Identificar Patrones Negativos: Un terapeuta o coach de parentalidad puede ayudarte a identificar los patrones de comunicación y los estilos de crianza que están generando conflictos.
Desarrollar Habilidades de Comunicación: Existen técnicas de comunicación efectiva que te permiten expresar tus necesidades y entender las perspectivas de tu pareja.
Crear un Plan de Crianza Unificado: Para trabajar juntos hay que desarrollar un plan de crianza que refleje los valores y objetivos de ambos.
Sanar Heridas del Pasado: Explorar cómo las propias experiencias de la infancia están influyendo en su forma de criar a nuestros hijos. La ayuda terapéutica es lo que más ayuda de forma sostenible.
Apoyo y Guía: Contar el apoyo y la guía necesaria para superar los desafíos de la crianza en equipo.
Puedes valorar mis programas online que pueden ayudarte con esta y otras dificultades en la crianza: https://mamaenequilibrio.com/programa-de-parentalidad-positiva-resuelvelo/ o https://mamaenequilibrio.com/coaching-armonia-familiar/
Los desacuerdos en la crianza son un desafío común, pero no tienen por qué ser una fuente constante de conflicto. Por este motivo, el comprender las causas de estos desacuerdos, los efectos en la pareja y en los hijos, las ventajas y desventajas de los diferentes estilos parentales, y al aplicar herramientas de comunicación efectiva, es posible construir una crianza en equipo que beneficie a toda la familia.
Sobre todo, buscar ayuda externa no es un fracaso, sino un paso valiente hacia la armonía familiar. Recuerda, el objetivo no es tener estilos de crianza idénticos, sino estar alineados y trabajar juntos para crear un ambiente familiar donde tus hijos se sientan seguros, amados y respetados.
Descarga nuestra guía gratuita “Creciendo Juntos” y comienza a transformar tu crianza. Encontrarás un test para descubrir tu estilo parental, estrategias para mejorar la comunicación con tu pareja y herramientas para construir un apego seguro con tus hijos. ¡Juntos podemos lograr la armonía familiar que tanto anhelan! No estás solo en este camino.
Al implementar estos consejos y recursos, mejorarás tu capacidad para comunicarte con tu pareja y trabajar en equipo, abordando los problemas de crianza de manera efectiva, y creando un entorno más armónico y feliz para tus hijos.
Descarga gratis
Guía CRECIENDO JUNTOS
Abandona dinámicas de permisividad – rigidez y consigue educar de forma eficaz y alcanzar la armonía familiar
Las mujeres somos súper poderosas. Las que somos mamás, las que no, las que trabajan, las que son amas de casa, las que sostienen emocionalmente a su familia, a sus parejas, las que ponen proyectos en marcha… todas tenemos hijos propios, adoptados, inventados, acoplados, interesados… Y como nosotras podemos, pues ahí vamos con todo…
Pero nuestros hijos REALES son lo más importante, nuestras familias, ellos son todo para nosotras, pero, en el fondo, ¿somos felices? Es muy injusto para ellos ser un componente importante en nuestra infelicidad. No es justo para nadie. No lo es para nuestras parejas que quisieran vernos felices, no es justo para nuestros hijos, porque ellos no pidieron venir a este mundo. Pero sobre todo no es justo para ti. Tú no mereces ser infeliz.
Parece que todo depende de nosotras: la casa, los hijos, los papas (propios), los papas (de nuestros hijos), que nuestros hijos sean alguien en la vida (…), que estén “bien” educados, debemos ir siempre perfectas, no tener problemas (o que no se note mucho por lo menos). Es demasiado. Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras. Nos han vendido la moto y nos la hemos tragado enterita.
Y lo peor es que no es verdad, no todo debe depender de nosotras.
Cuando trabajo con grupos de mujeres mamás, raro es el día que no bromeo diciendo que voy a comprar un perchero para que dejen la capa de súper heroína fuera. Suele causar risa nerviosa y después una bajada de hombros y un “si, es cierto”. Pero esta toma de conciencia nos dura poco.
Estamos entrenadas para poder con todo. “Si quieres puedes”, “si te organizas, lo lograras”… esos son los mensajes externos e internos que nos bombardean y nos empujan a seguir tirando del carro. Y son ciertos. Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.
Podemos, pero ¿queremos? ¿somos más felices por eso? o, por el contrario, tanto si lo conseguimos como si no, sentimos que nos estamos abandonando y eso nos produce una profunda tristeza.
Este es un planteamiento que a veces perdemos de vista. ¿Quién me dicta lo que tengo que hacer, donde tengo que llegar, qué meta tengo que alcanzar? ¿Yo? No siempre. Una pista: ¿cuántas de las cosas que haces te llenan de energía? O mejor, de todas las cosas que haces, nombra una que te llene de energía. ¿Cada cuánto la haces?
Hemos perdido el contacto con nosotras mismas, con nuestros pulsos internos, con nuestra voz interior.
Hemos aprendido a malgastar nuestro poder, a entregarlo, por ser aceptadas en un mundo al que no pertenecemos. Y lo peor es que, si alguna de las tareas que nos han encomendado fallan, nos sentimos culpables, incapaces, defectuosas, sin poder y, en lugar de pararnos a reflexionar si en realidad toda esa responsabilidad es en realidad nuestra, simplemente nos levantamos y volvemos a la carga.
Hasta el gran Steven Covey lo dice: hay que afilar el hacha. Para las que no habéis oído el cuento del que el gran gurú de la organización del tiempo se inspiró, os lo hago corto. Dos leñadores hicieron una competencia para saber quién era capaz de cortar más árboles.
La verdad, no recuerdo por qué. Uno comenzó venga a talar y a talar como un loco, hasta que su hacha ya no pudo cortar más. Mientras tanto, el otro se dedicó a afilar su hacha. ¿Quién ganó?. Pues eso, el que se ocupó de poner a punto su herramienta. ¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?
¿Cuál es tu herramienta? Tu instinto, tu alma, tu intuición, tu cuerpo, tu energía, tu alegría, tu empuje y tú amor. ¿Los estás dando el mantenimiento que merecen?
Te doy otra razón. Mira, puede que nadie te lo dijera antes, pero todas las personas del mundo tienen unos derechos fundamentales irrevocables, y que aunque no estén en ninguna constitución, todos poseemos. Estos son:
NUESTROS DERECHOS ASERTIVOS BÁSICOS
1. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
2. El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones.
3. El derecho a ser escuchado y tomado en serio.
4. El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones.
5. El derecho a decir “NO” sin sentir culpa.
6. El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “NO”.
7. El derecho a cambiar (añado: y a no cambiar)
8. El derecho a cometer errores.
9. El derecho a pedir información y ser informado.
10. El derecho a obtener aquello por lo que pagué.
11. El derecho a decidir no ser asertivo.
12. El derecho a ser independiente.
13. El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas.
14. El derecho a tener éxito.
15. El derecho a gozar y disfrutar.
16. El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo.
17. El derecho a superarme, aún superando a los demás.
Y no lo digo yo. El recopilador original de estos derechos fue Manuel J. Smith en su libro “Cuando digo, no me siento culpable”. Toma nota.
¿Y por dónde empezar?
A lo mejor ya te has dado cuenta de que necesitas cortar, pararte y pensar qué te hace feliz a ti. Pero en la práctica es difícil, el día a día nos supera con la rutina. Hacemos las cosas sin pensar. Y sólo somos conscientes de que nos estamos extralimitando cuando nos sentimos dolidas con los otros por no reconocer nuestro esfuerzo o cuando estamos exhaustas.
¿Por dónde empezar a reclamar mi espacio, mi tiempo, mis derecho a ser o no ser o dar o a no dar todo de mi? Te doy una pista. ¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese.
¿Alguno de estos derechos universales te ha tocado? ¿Crees que alguno no debería estar en esa lista? Pues ese. Empieza por ese
Si quieres te doy otra pista: sólo tus hijos necesitan de ti (si tienen menos de 20 años). Del resto de tropa que anda ahí encaramada en tu carro te puedes ir deshaciendo de todos, como hojas de margarita. Porque al final, la única persona en el mundo que te tiene que querer a estas alturas del cuento eres tú.
Para poder seguir a delante sin rompernos, sin dejarnos el alma en el intento, sin fallar a los que nos importan, sin gritarles, sin explotar, sólo podemos hacer una cosa: aunque podamos hacer más, debemos dosificar nuestras fuerzas, encontrar aquellas cosas que nos hacen felices, que nos llenan de energía y darnos una dosis de vez en cuando. Porque lo mejor que podemos hacer por los que más amamos es estar bien para poder darles lo mejor de nosotras mismas.
Te mando un abrazo enorme y ya sabes: a afilar el hacha.
Si descubriste algo, si encontraste algún aprendizaje o algo que te gustó en esta entrada, ayúdame a difundir el mensaje regalándonos un “me gusta” y compartiendo el post. También me encantará conocer tu experiencia en este sentido y tu opinión abajo en la parte de comentarios.
Si quieres que te ayude, personalmente, a que aprendas a poner límites en tu vida, a cuidarte y a darte y dar a tu familia la calidad de vida que necesitas, por favor, cuenta conmigo. Mira los programas que tengo en marcha para poder apoyarte aquí. Juntas podemos hacer que todo esté bien. Te lo garantizo.
Cómo mantener la calma y conectar con nuestros hijos. Es la pregunta del millón. A todas nos gustaría dejar de perder la paciencia con nuestros hijos ¿verdad?
Conseguirlo parece ciencia ficción pero no lo es. Dejar de perder el control con nuestros hijos es posible.
Las madres tenemos muchas presiones: llegar a tiempo, el trabajo, la casa, las responsabilidades que tienen que ver con los hijos: tareas, extraescolares, lunch, uniformes, cuotas, enfermedades, y la lista sigue (de las que los padres no se hacen cargo casi nunca).
Es una presión extraordinaria. La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras. Pero es sobre todo es mental.
Tenemos que ir cada día, cada hora un paso o dos por delante de todos para llegar a todo. Es demasiado.
¿Te sientes identificada cuando pierdes la paciencia con tu hijo y luego te invade la culpa?
Sabemos lo difícil que es manejar las emociones en el día a día, especialmente cuando la crianza se convierte en un desafío constante. No estás sola. Muchas madres se sienten abrumadas por la frustración y el agotamiento. Es probable que te preocupe cómo esto afecta a tu hijo/a, y que sientas que la conexión se está perdiendo.
¿Te sientes identificada con alguna de estas situaciones?
¿Sientes que gritas más de lo que quisieras a tus hijos?
¿Te sientes culpable después de perder la paciencia?
¿Sientes que la conexión con tu hijo se está perdiendo?
¿Estás agotada por los constantes desafíos de la crianza?
¿Te preocupa que tu falta de paciencia esté afectando a tu hijo/a?
¿Dudas de tus habilidades como madre y te sientes desbordada?
¿Sientes que estás perdiendo el control de la situación?
¿Te preocupa el impacto de tus reacciones en el desarrollo emocional de tu hijo/a?
Si te identificas con alguna de estas situaciones, este post es para ti.
El impacto de perder la paciencia: ¿Cómo afecta a nuestros hijos?
Cuando perdemos la paciencia y gritamos a nuestros hijos, les estamos enviando el mensaje de que no son importantes, y esto impacta negativamente en su autoestima. Además, un ambiente familiar de tensión y gritos les genera miedo y ansiedad, lo que dificulta su desarrollo emocional saludable y su capacidad para construir vínculos seguros en el futuro. La desconexión y la falta de un vínculo seguro pueden tener consecuencias a largo plazo en su desarrollo, generando miedo, inseguridad, baja autoestima y dificultades para regular sus propias emociones.
¿Tú también crees que pierdes la paciencia con tu hijo o hija demasiado?
Si una pequeña cosa no sale como debiera, puede arruinarnos todo el día.
Queremos hacer demasiadas cosas y eso nos tiene en estrés permanente. Nuestro cerebro está en estrés permanente.
Cuando estamos estresadas, nuestro organismo cree que estamos bajo amenaza. Es un mecanismo de auto defensa que se desarrolló en la época de los primero humanos allá en las cavernas.
En ese momento, la sensación de amenaza es tan real como ahora. La diferencia está en que antes, lo que podía acabar con nuestra vida era un tigre dientes de sable o no encontrar suficiente comida para nuestra familia.
La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras
Mantener la calma y conectar con nuestros hijos
Con ese tipo de amenazas nuestro cerebro es muy efectivo: manda adrenalina a la sangre para mantenernos más alerta, desactivaba el sistema inmunológico para tener más recursos, aumenta la presión sanguínea y el ritmo cardiaco para activar la respuesta inmediata de lucha, huída o parálisis (para que el tigre piense que estamos muertas y pierda el interés).
El problema es que la mayoría de las amenazas del siglo XXI no tienen ese aspecto físico e inmediato, son más psicológicas y emocionales. Son cosas que pueden pasar o no, en un futuro menos inmediato que si nos encontrásemos con un tigre, pero que no nos van a matar.
Pero nuestro cerebro se encuentra en el mismo estado de lucha – huída – parálisis. Y si pasamos mucho tiempo en este estado, hasta podemos “quemarnos”, o más técnicamente hablando, podemos sufrir el síndrome del burnout de las madres
Cuando nuestros hijos no se han vestido y nos damos cuenta 20 minutos después de habérselo pedido, cuando ya no hay tiempo y eso nos va a hacer llegar tarde, nuestro organismo lo toma como una amenaza y ataca.
Ese ataque cuando nos salta “el automático”, lo sentimos como “falta de paciencia”. Y es así.
¿Quieres saber si tienes el síndrome del burnout de las madres? Mira esta entrada de mi blog “¿Estás quemada como mamá?”
Mantener la calma y conectar con nuestros hijos: ¿Qué pasa cuando el “automático” toma el control?
No podemos responder de forma amorosa porque nos sentimos atacadas o desafiadas por nuestros hijos. Y atacamos de vuelta.
Esto pasa cuando se niegan a comer, cuando se portan mal, cuando les hemos dicho las cosas mil veces y siguen a lo suyo. Interiormente lo vivimos como una amenaza y nos disparamos.
Conscientemente sabemos que no es una amenaza y que no es la mejor forma de resolverlo, pero no podemos evitar saltar y ponernos agresivas con ellos. Perdemos la paciencia y nos ponemos a gritar.
Esto es una realidad: no podemos hacer nada cuando el mecanismo ha saltado.
Pero lo que sí podemos hacer es evitar llegar a ese estado en el que nos salimos de control.
¿Cómo podemos dejar de perder la paciencia con nuestros hijos?
En primer lugar evitando el estado de estrés en el que estamos.
Quizá no podamos controlar nuestro entorno, pero sí podemos ponernos en modo solución en lugar de rumiar el problema continuamente sin llegar a ninguna parte.
Para conseguirlo, tenemos que ser conscientes de nuestros pensamientos, lo que nos está pasando por la cabeza continuamente, y nuestro nivel de energía.
Cuando estamos cansadas también es muy difícil controlar el “automático”.
Estar siempre bien, que no nos afecten los problemas y tener siempre el humor y la energía para resolver los problemas racionalmente se escapa de nuestro control. Lo sé.
Reconoce tus detonantes: ¿Qué situaciones te hacen perder la calma?
Es fundamental que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué situaciones o comportamientos de tu hijo/a te hacen perder la paciencia. Identificar estos “detonantes” es el primer paso para poder gestionar tus emociones de forma más efectiva. ¿Es la hora de acostarse? ¿Las rabietas en público? ¿El desorden? ¿Que no te haga caso? Anota estas situaciones, para crear un plan de acción para cuando aparezcan.
Estrategias para recuperar la calma: Herramientas prácticas para el día a día
Para ayudarte a recuperar la calma y conectar mejor con tu hijo/a, te comparto algunas herramientas prácticas:
Técnicas de respiración y relajación: Cuando sientas que la paciencia se agota, toma una respiración profunda, inhala y exhala lentamente, esto te ayudará a regresar al presente y a recuperar el control.
Identifica tus detonantes y crea un plan de acción para afrontarlos. ¿Qué puedes hacer para evitar esas situaciones o para reaccionar de manera diferente cuando ocurran?.
Establecer límites claros y consistentes con amabilidad: Los límites son necesarios para que los niños se sientan seguros, pero también es importante comunicarlos con amor y respeto. Los niños necesitan límites y rutinas, pero estos deben ser consistentes para que ellos se sientan seguros.
Practica la escucha activa y la validación de las emociones de los niños: Escucha lo que tus hijos tienen que decir y hazles saber que entiendes cómo se sienten, aunque no compartas su punto de vista.
Utiliza un lenguaje positivo y respetuoso: Evita los gritos y las palabras hirientes. Utiliza un lenguaje que fomente la comunicación y la conexión.
Crea rutinas para dar estructura y seguridad a tus hijos, lo que ayudará a que se sientan más tranquilos y seguros.
Establece expectativas realistas sobre el comportamiento de los niños. Recuerda que son niños y que están aprendiendo. Ten en cuenta su nivel de madurez.
Tómate un tiempo para ti y para el autocuidado. Priorizar tu bienestar te permitirá tener más paciencia y energía para criar a tus hijos. Si tu no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.
Conecta con tu hijo: Claves para una comunicación respetuosa y un vínculo fuerte
Crear un apego seguro es fundamental para un desarrollo emocional saludable. Cuando perdemos la paciencia, afectamos la seguridad y la confianza que nuestros hijos depositan en nosotras. Por eso, es fundamental:
Comunicarte de forma abierta y honesta con tus hijos, creando un espacio donde se sientan seguros para expresar sus emociones.
Valida sus sentimientos incluso si no los comprendes del todo.
Muéstrales tu amor incondicional, abrazándolos, jugando con ellos y dedicándoles tiempo de calidad.
Sé su referente seguro, al que puedan recurrir siempre que tengan dificultades en su vida.
Mantener la calma y conectar con nuestros hijos: La importancia del autocuidado: Priorízate para criar con paciencia
Recuerda que para poder cuidar a tus hijos de la mejor manera, primero debes cuidarte a ti misma. El agotamiento parental es un factor que influye en la pérdida de paciencia. Prioriza tu bienestar, reserva tiempo para ti, haz actividades que te gusten y busca apoyo cuando lo necesites. Si tú no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.
No estás sola en este camino.
Si sientes que la paciencia se agota con frecuencia, recuerda que no tienes por qué pasar por esto sola. Te invito a descargar la guía gratuita ‘Creciendo Juntos’, donde encontrarás herramientas prácticas y estrategias basadas en la parentalidad positiva para manejar la frustración y conectar de manera más efectiva con tu hijo. Además, puedes unirte a nuestro Círculo de Parentalidad Positiva, donde encontrarás el apoyo de otras madres que también buscan criar con amor y respeto. Y si necesitas una orientación más personalizada, puedes reservar tu sesión de claridad gratuita y te ayudaré a analizar tu situación particular. No esperes más para transformar tu crianza y construir un vínculo más fuerte con tus hijos.
Por eso resolver los problemas, pidendo ayuda profesional o lo que haga falta, siempre es atajar el problema de raíz. Evitaremos más problemas a medio plazo y dañar a nuestros hijos si lo hacemos.
Tener momentos de descanso o de desconexión también es fundamental para preservar nuestra salud mental.
Hacer una actividad física al principio o a la mitad del día, parar para simplemente no hacer nada o ir al parque con los niños para verlos jugar son opciones que pueden marcar la diferencia en nuestro día y nuestra paciencia. Aunque si el problema de fondo sigue sin resolver,atacará de nuevo cuando menos lo esperemos.
Pero ¿por qué que nuestro cerebro ve a nuestros hijos como una amenaza?
Cuando estamos en estado de estrés, tenemos prisa o simplemente estamos cansadas, el más mínimo rechazo por parte de nuestros hijos o hijas, un berrinche o simplemente su desobediencia pueden causar que explotemos.
Para que nuestro sistema no los catalogue como una “amenaza”, necesitamos darnos cuenta de que su comportamiento es simplemente una forma de comunicarse con nosotras, de decirnos qué es lo que necesitan en ese momento.
Esa necesidad suele ser contraria a lo que nosotras necesitamos que hagan. Y aquí empieza el conflicto
¿Entonces es posible dejar de perder la paciencia con mi hijo?
La respuesta es que debemos entender el por qué de su comportamiento. Todo comportamiento es una forma de comunicación.
Pensamos que si se portan “mal” tenemos que corregirlos y ya está. Y esto es así, pero debemos hacerlo sabiendo primero qué nos quieren decir, qué les está pasando en realidad, y hacerlo de forma respetuosa, firme pero sin perder el control de nuestras propias emociones.
el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero
Nuestros hijos intentan decirnos qué necesitan, qué no estamos viendo y qué estamos haciendo de forma que ellos no entienden lo que queremos de ellos.
Cuando sentimos un rechazo, una negativa o una pelea con lo que les pedimos o les decimos, entonces, el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero o que no estoy teniendo en cuenta sus necesidades.
Si no entiendo esto, mi sistema interpretará erróneamente el comportamiento de mi hija o hijo de forma equivocada y lo etiquetará como una amenaza, algo de lo que tengo que defenderme inmediatamente. ¿Te has sentido alguna vez así?
Hacer que esto no te pase, puede ser simple: si no te sientes atacada, no responderás agresivamente.
Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras. La próxima vez que tu hijo se revele piensa que se está defendiendo de ti. Ese pensamiento te pondrá automáticamente en modo “solución”, “disculpa” o “búsqueda de otra solución”, pero nunca más de ataque.
Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras
Una vez que sabes qué está queriendo decirte tu hija o hijo, cuáles son sus mecanismos para defenderse de tus demandas, serás capaz de encontrar las herramientas que sí funcionan para corregir su comportamiento de forma que no se sienta amenazado por tí, ni tú por él o por ella.
Mantener la calma y conectar con nuestros hijos
¿Qué pasa si pierdes la paciencia con tu hijo o hija constantemente?
Si no hacemos este ejercicio, la desobediencia por su parte y la pérdida de paciencia por la nuestra se convierte en una dinámica familiar negativa. Esto es, una costumbre, un juego perverso que se va retro alimentando cada vez que pasa.
Ella no hace caso, tú lo repites una vez, dos, tres, cuatro, hasta que empiezas a hablar y ella aun no hace caso, te mira de reojo y tú te sientes amenazada, entonces pierdes la paciencia y tu única respuesta es gritar, castigar o lo que sea. Entonces es cuando ella sabe que va en serio. Pero hasta entonces no.
Si esto se repite, ya habremos creado la dinámica.
¿Cuál es la clave para romper una dinámica familiar negativa?
Primero darte cuenta de ella.
Segundo saber qué no estás viendo, qué te quiere decir tu hijo con su comportamiento y qué herramientas debes aplicar que sí funcionan
Tercero: repetir y repetir hasta que tu automático se acostumbre a esa forma de hacer las cosas y tu hija o hijo sepa que sí entiendes y sí le tienes en cuenta y que puede cambiar su forma de comportarse porque ahora sí sabe obtener lo que necesita de forma adecuada.
Pero debes repetir lo que sí funciona, no la dinámica negativa, porque lo que repitas es lo que se instalará ayudando o cargándose la armonía y el buen ambiente en tu familia.
El resultado es que no sólo tu automático habrá cambiado de ser negativo a ser un comportamiento positivo con el que actuarás con paciencia, sino que “automáticamente” sabrás resolver el problema de forma constructiva en vez de enfadándote y gritando sin querer hacerlo.
La conexión y la relación con tu hija o hijo se afianzarán y, por fin, tendrás las herramientas para restaurar la armonía en tu familia.
Reconoce tus detonantes: ¿Qué situaciones te hacen perder la calma?
Es fundamental que te tomes un tiempo para reflexionar sobre qué situaciones o comportamientos de tu hijo/a te hacen perder la paciencia. Identificar estos “detonantes” es el primer paso para poder gestionar tus emociones de forma más efectiva. ¿Es la hora de acostarse? ¿Las rabietas en público? ¿El desorden? ¿Que no te haga caso? Anota estas situaciones, para crear un plan de acción para cuando aparezcan.
Estrategias para recuperar la calma: Herramientas prácticas para el día a día
Para ayudarte a recuperar la calma y conectar mejor con tu hijo/a, te comparto algunas herramientas prácticas:
Técnicas de respiración y relajación: Cuando sientas que la paciencia se agota, toma una respiración profunda, inhala y exhala lentamente, esto te ayudará a regresar al presente y a recuperar el control.
Identifica tus detonantes y crea un plan de acción para afrontarlos. ¿Qué puedes hacer para evitar esas situaciones o para reaccionar de manera diferente cuando ocurran?.
Establecer límites claros y consistentes con amabilidad: Los límites son necesarios para que los niños se sientan seguros, pero también es importante comunicarlos con amor y respeto. Los niños necesitan límites y rutinas, pero estos deben ser consistentes para que ellos se sientan seguros.
Practica la escucha activa y la validación de las emociones de los niños: Escucha lo que tus hijos tienen que decir y hazles saber que entiendes cómo se sienten, aunque no compartas su punto de vista.
Utiliza un lenguaje positivo y respetuoso: Evita los gritos y las palabras hirientes. Utiliza un lenguaje que fomente la comunicación y la conexión.
Crea rutinas para dar estructura y seguridad a tus hijos, lo que ayudará a que se sientan más tranquilos y seguros.
Establece expectativas realistas sobre el comportamiento de los niños. Recuerda que son niños y que están aprendiendo. Ten en cuenta su nivel de madurez.
Tómate un tiempo para ti y para el autocuidado. Priorizar tu bienestar te permitirá tener más paciencia y energía para criar a tus hijos. Si tu no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.
Conecta con tu hijo: Claves para una comunicación respetuosa y un vínculo fuerte
Crear un apego seguro es fundamental para un desarrollo emocional saludable. Cuando perdemos la paciencia, afectamos la seguridad y la confianza que nuestros hijos depositan en nosotras. Por eso, es fundamental: Mantener la calma y conectar con nuestros hijos
Comunicarte de forma abierta y honesta con tus hijos, creando un espacio donde se sientan seguros para expresar sus emociones.
Valida sus sentimientos incluso si no los comprendes del todo.
Muéstrales tu amor incondicional, abrazándolos, jugando con ellos y dedicándoles tiempo de calidad.
Sé su referente seguro, al que puedan recurrir siempre que tengan dificultades en su vida.
La importancia del autocuidado: Priorízate para criar con paciencia
Recuerda que para poder cuidar a tus hijos de la mejor manera, primero debes cuidarte a ti misma. El agotamiento parental es un factor que influye en la pérdida de paciencia. Prioriza tu bienestar, reserva tiempo para ti, haz actividades que te gusten y busca apoyo cuando lo necesites. Si tú no estás bien, tu hijo tampoco lo estará.
No estás sola en este camino.
Si sientes que la paciencia se agota con frecuencia, recuerda que no tienes por qué pasar por esto sola. Te invito a descargar la guía gratuita ‘Creciendo Juntos’, donde encontrarás herramientas prácticas y estrategias basadas en la parentalidad positiva para manejar la frustración y conectar de manera más efectiva con tu hijo. Además, puedes unirte a nuestro Círculo de Parentalidad Positiva, donde encontrarás el apoyo de otras madres que también buscan criar con amor y respeto. Y si necesitas una orientación más personalizada, puedes reservar tu sesión de claridad gratuita y te ayudaré a analizar tu situación particular. No esperes más para transformar tu crianza y construir un vínculo más fuerte con tus hijos.¿Quieres que te ayude a conseguir ser la mamá que quieres para tu hijo?
Ahora que sabes cuáles son las claves para dejar de perder la paciencia con tu hijo, por favor, comparte este post si te ha gustado o déjame un comentario.
Muchas personas que estén pasando por lo mismo te lo agradecerán.
Descarga la guía gratuita
CONSIGUE ALINEAR TU ESTILO DE CRIANZA CON EL DE TU PAREJA PARA SER EFICACES EDUCANDO CON FIRMEZA Y RESPETO
Hoy quiero compartir contigo un aprendizaje que surgió entre un grupo de padres de una comunidad Waldorf donde fui invitada a dar una charla.
El tema que les preocupaba era cómo responder adecuadamente en una situación de conflicto con agresión, donde tu hijo o hija o bien es el agredido o el agresor o ambos.
Las preguntas principales fueron: ¿Le decimos que se defienda? ¿Si no se defiende se va a volver codependiente? ¿Es lícito agredir para defenderse? ¿Cómo evitar esas situaciones? Me pareció muy interesante y quiero compartir lo que aprendimos en el blog.
En primer lugar, las situaciones en las que los niños (sobre todo de menos de tres o cuatro años) llegan a las manos son normales, desde el punto de vista del desarrollo al menos. Tenemos que pensar que antes que racionales, somos animales en proceso de socialización. La socialización viene después y se va asimilando según nuestro cerebro “superior” o cognitivo va desarrollándose.
Es normal que nuestros hijos e hijas peleen si son pequeños, porque ante todo somos animales que no entendemos de normas o de lo socialmente aceptable. Eso hay que enseñarlo.
Desde el primer momento debemos evitar que los niños se hagan daño, ya sea ellos mismos o por manos de otros. Eso está claro. Pero jamás debemos etiquetar a ningún niño o niña por sus acciones, sino su comportamiento.
Igual que unos hablan, dejan el pañal, caminan, etc. antes o después, el auto control y el manejo socialmente aceptado de las emociones dependen de cada niño y su desarrollo. Dicho esto, siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir. Como adultos, somos los responsables de mitigar, resolver y enseñar a manejar esas situaciones, sobre todo con el ejemplo.
Un adulto enfadado, que se siente culpable, que se siente agredido por la situación, acusador, etc. no está en el estado más indicado para resolver de forma constructiva una situación así. Así que lo primero es respirar, tranquilizarse y no hacer caso al juez interno para actuar con la mayor ecuanimidad posible.
Siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir.
Es un conflicto en el que siempre las dos partes creen tener razón. El agresor lo es porque se está defendiendo de algo: del otro (aunque tuviera buenas intenciones en realidad) o de sí mismo (su miedo a ser menos, a quedar mal delante de otros, a perder su autoridad, etc.) Si tenemos esto en cuenta, nos será más fácil entender de forma equilibrada y equitativa la situación y actuar de forma adecuada.
Si nuestro hijx agrede a otro, lo que tienes que tener en cuenta es desde donde lo hizo, de qué se estaba defendiendo. Si se siente comprendido, después aceptará mejor las alternativas más socialmente aceptadas que le propongas. Debemos enseñar a nuestro hijo o hija son otras maneras de expresar su disgusto, enfado, miedo o la emoción subyacente, de formas más socialmente aceptadas, sin juzgarle ni condenarle personalmente, sino su coportamiento.
Idealmente, él mismo, si tiene la edad suficiente, puede pensar en las alternativas a la agresión que crea que podrían ayudarle en próximas ocasiones. No esperes que deje de reaccionar de esa forma a la primera, pueden pasar meses hasta que desarrolle el autocontrol que necesita, pero la clave está en que no pierdas la paciencia o la calma y en la repetición.
En cuanto al agredido, si es nuestro hijo o hija, lo que más va a ayudarle es que le mostremos cómo evitar ese tipo de situaciones en el futuro, enseñándole a conectar con su sentir, con su propia sabiduría interior sobre lo que está “bien” y lo que está “mal” (desde un punto de vista social), a leer en el otro su intención y su estado de ánimo, para que aprenda a prevenir esas situaciones y, lo más importante, a distinguir lo que le lastima de lo que no.
Si tu hijo agrede a otro, enséñale a ponerse en el lugar del otro y a diferenciar lo que está bien de lo que está mal por sí mismo
Este punto podría ser materia de otro artículo completo, pero lo más importante aquí es que le enseñemos a no ser una víctima, a no necesitar la aprobación o el amor de los otros a toda costa y a darse cuenta de cuándo algo es dañino para él o ella, ya sea física o emocionalmente, ya sea en cuanto a su integridad como persona o ya sea un precio a pagar por amistad o amor de otro.
Los conflictos en la vida son inevitables, eso es así. Uno no puede ni debe estar evitando confrontaciones, porque a veces son muy necesarias. No se trata de huir o de convertir a nuestros hijxs en pusilánimes. Se trata de que ellos aprendan a diferenciar a las personas, animales o cosas que, potencialmente, pueden hacerles daño. Ese es un aprendizaje invaluable para su bienestar futuro.
Lo más importante es que enseñemos a nuestros hijos a sentir lo que no les conviene, ya sean situaciones, personas o cosas
Para eso tienen que tener el suficiente nivel de desarrollo como para entender al otro, cómo piensa, qué siente, cuál es su ánimo y su intención. Para los niños de hasta cinco años, entender las intenciones de otra persona, es decir, poder adivinar lo que el otro estaba pensando y cuál era su intención al hacer algo, es madurativamente hablando imposible o al menos poco probable.
Predecir el pensamiento ajeno es una habilidad del cerebro cognitivo que necesita estar madura para producirse. Por eso, los niños menores de cinco años no saben si alguien hizo algo a propósito o accidentalmente o si su intención era lastimarles, engañarles o tener una atención con ellos. ¿Te ha pasado que golpeas a tu hijo o hija menor de cinco años sin querer y se enfada como si lo hubieras hecho a propósito? Es por esta razón.
Aunque madurativamente sea un desafío para ellos, tanto el aplicar otras formas de expresar sus emociones como el entender las intenciones de los otros, nuestra labor es explicarles la realidad de lo que pasó en la situación, sin poner ni quitar nada. Que nosotros traduzcamos con palabras su experiencia les ayuda a entender lo que pasa, cómo funciona el mundo, a que esa maduración se realice de acuerdo con la realidad de los que pasa y a desarrollar sus propias estrategias para resolver los conflictos.
Errores que no debemos cometer
Culpabilizar a los objetos
El típico ejemplo de un error que no debemos cometer ya desde muy temprano es cuando nuestro hijx de un año o menos, que empieza a caminar y se golpea la cabeza con la mesa y nosotros le intentamos consolar diciendo “mala mesa, mala mesa”. Este es un claro ejemplo de “contra-educación”. Si hacemos eso, les estamos enseñando a:
Culpar al otro sistemáticamente
A no responsabilizarse de las situaciones y de su propio cuerpo
A vivir la vida desde su subjetividad sin cuestionarse la realidad de los hechos
¿A cuántos adultos conoces que tienen este comportamiento ante los conflictos con los otros?
2. Jamás etiquetar ni a al agredido ni al agresor
Cuando etiquetamos, estamos siendo agresivos. Debemos recordad que el agresor siempre se está defendiendo, al menos en el caso de los niños pequeños. No existe la maldad en los niños. Ellos reaccionan de una forma socialmente incorrecta, pero no son malos.
3. Jamás pegar, castigar, regañar o humillar
Cuando un niño expresa rabia o agresividad desproporcionada es porque la ha sufrido en algún momento. Es esa sensación de impotencia, injusticia, abuso que sufren cuando, por ejemplo, les pegamos o castigamos sin tener en cuenta sus motivaciones. Esto de forma reiterada causa la agresividad y la rabia en otros más pequeños o en un posición de menor poder. Normalmente se pega, castiga o regaña al agresor, pero también, sin querer a veces humillamos a la víctima. Le decimos que no sea “niña”, que no sea cobarde, que actúe, que se defienda, cuando a veces no puede. Los seres humanos estamos diseñados para atacar, huir o congelarnos ante una amenaza. Cuando un niño no se defiende puede que su organismo le haya paralizado de forma automática.
4. Decirle a un niño que actúe de una determinada forma
Siempre debemos enseñar a responder y ofrecer diferentes alternativas y a distinguir las personas o situaciones problemáticas y a valorar cómo actuar sobre ellas. Si le decimos que peque de vuelta si le pegan, le estamos autorizando a pegar cuando sea conveniente, pero no le estamos enseñando a valorar primero la situación y a actuar en consecuencia. Tal y como la naturaleza nos ha equipado de “serie”, cuando otro te agrede a veces es mejor huir, otras veces hacerse el “muerto” y otras atacar. Un niñx menor de 5 años todavía no va a poder distinguir una cosa de la otra.
Hay múltiples formas de actuar en una situación de agresión, enseñarle a distinguir cuál utilizar en cada momento usando su propio criterio, es lo más educativo que podemos hacer. Debemos, en primer lugar, validar su reacción, después enseñarle a usar su guía interna para actuar en consecuencia y de forma socialmente aceptable. Una y otra vez. La repetición es la clave [/box]
Hagamos que nuestros hijxs se conviertan en adultos más equilibrados, seguros y empáticos. Es nuestra responsabilidad ?
Me encantará que compartas conmigo tus dudas sobre este u otros temas que te preocupen a través de una asesoría de crianza. Es un espacio de 1 hora, online, en el que te ayudaré de forma personalizada a resolver tu problema con la crianza, con el comportamiento de tu hijx o con cualquier situación personal que te esté impidiendo dar lo mejor como mamá. Puedes ver aquí en qué consiste https://mamaenequilibrio.com/asesoria-de-crianza/
Si te ha gustado la entrada me encantará que la compartas en tus redes sociales y que dejes tu comentario abajo. Me ayudará mucho a seguir ayudándote en esta etapa de tu vida.
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del usuario a través de su navegación. Si continúas navegando aceptas su uso. Política de cookies AceptoLeer más
Política de Cookies
Privacy Overview
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.