Peppa Pig - Serie de TV - PORTADAMe imagino que también te pasa: Mi hija es fan de Pepa Pig. Sí, yo también tengo esa vocecita cursi y sabionda metida en el cerebro. A veces desearía poder desconectar la tableta con la mente para parar tener aun poco de paz. Pero también tengo que reconocer que cuando vamos en el coche o me tengo me meter al baño me viene muy bien.

No estoy diciendo que sea lo correcto. Me encantaría no tener nunca la necesidad de hacerlo. Pero las mamás también necesitamos unos minutos para tomar aire. Esa es mi opinión, pero hoy no voy a hablar de eso.

Hoy quiero compartir contigo algo que me llama profundamente la atención. No se si te has fijado, pero en la familia Pig los niños son niños: se enfadan, hacen travesuras, rompen cosas, no saben compartir, compiten… Son niños normales. Los que no son normales son los papás.

Yo me reconozco fan de Mamá y Papá Pig y de su forma de resolver los conflictos. Jamás se enfadan, pero ni entre ellos. Y eso que a veces se nota la tensión. Pero aunque algo no les guste, siempre tienen una palabra amable o una ironía para quitar hierro a la situación. ¡Me encantan!

La idea no es ser perfecta imitando un ideal imposible. Yo no soy una caricatura, pero a mi los Pig me dan que pensar y sobre todo un modelo a seguir: ¿De verdad es tan importante que Pepa haya metido su vestido rojo en la lavadora con la camiseta de jugar al fútbol de Papá Pig y que esta se haya vuelto rosa? Pues seguro que a mi me hubiera enfadado mucho, pero Papá Pig supo mantener el tipo, no culpar a nadie y disfrutar de su partido. ¡Chapó!

Igual yo no voy a ser capaz de mantener el tipo de esa forma, ni aunque me lo proponga. Yo soy humana igual que tú. Pero esta familia me da una idea de lo que está bien y de lo que está mal con los hijos. De que se puede bajar la intensidad de las situaciones con los niños y que está bien hacerlo. De que nada importa más que predicar con el ejemplo que las cosas materiales importan menos que herir los sentimientos de las personas.

Sabes, alguna vez he pensado que no me gustaría que mi hija pudiera desear pertenecer a la familia Pig en lugar de a la nuestra. Pero a mi sí me pasa que me hubiera gustado ser una Pig y saltar en los charcos de barro con mi familia alguna vez. Eso nunca pasó, de hecho hubiera sido impensable, pero que mi hija sienta que es feliz en la familia a la que pertenece, eso sí depende de mi.

¿Cómo podemos conseguirlo?

Cuando se da una situación conflictiva a mi me ayuda seguir estos pasos. Primero casi casi tendría que anotarlos en una lista y sacarla para no olvidar nada

  1. Observar la situación SIN reaccionar
  2. Respirar
  3. Evaluar objetivamente y sin juzgar: Lo que ha pasado es A y B
  4. Respirar otra vez
  5. Pensar si en realidad merece la pena hacer sentir mal a mi hija por esa cosa que ha pasado
  6. Sí, respirar o más bien suspirar
  7. Ponerme en modo solución: ¿Qué podemos hacer ahora para resolverlo?
  8. Involucrar a mi hija en la solución
  9. Celebrar (esta es la que más me gusta) que lo solucionamos juntas

De esta forma no juzgamos a nuestros hijos por sus errores. No les hacemos sentir culpables, con lo que no dañamos su autoestima y no les trasmitimos el mensaje de que son malos. Les enseñamos a no juzgar, a no culpar y a no culparse. Les enseñamos a ser positivos y a resolver ante las situaciones problemáticas de la vida. Aprenden que las cosas no valen más que las personas y que nunca merece la pena herir a otro ser humano. ¿Suena bien verdad? Pues a aprender con la familia Pig 😉

Me encanta todo lo que he descubierto con esta familia, pero sobre todo me encanta que esta serie ayude a normalizar un trato justo, equilibrado y respetuoso con los niños.

¡Un 10 para la familia Pig!

Espero que te haya servido el post y me cuentes tu opinión en los comentarios.

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