Un tema recurrente para las madres en este momento es como hablar de la muerte a los niños. Lamentablemente, ahora más que nunca forma parte de la vida cotidiana de nuestros hijos, aunque no nos haya tocado de cerca todavía.
Es un tema de importancia que abordar con nuestros hijos. Sobre todo si sucede una muerte en su entorno cercano.
Una muerte de un pariente de un amigo, de su mascota o de un animal puede despertarles muchas preguntas. Incluso es normal que el tema surja en algún momento sin venir a cuento. Esto es normal.
Ellos siempre van a tener preguntas. Los niños siempre van a imaginarse cómo es eso de morirse o que pasa con sus seres queridos. Los miedos ocurren cuando se ponen en lo peor. Las conclusiones a las que llegan están más basadas en el vacío de no saber o en “un nunca más” que no alcanzan a comprender porque no tienen la madurez suficiente.
Igual que los adultos, los niños también tienen que hacer el proceso de duelo. Lamentablemente, los adultos les hemos limitado el acceso a los ritos de despedida que son tan necesarios para poder superar la muerte de un ser querido.
Los niños también tienen que hacer el proceso de duelo
¿Qué pasa cuando los niños experimentan una muerte a una edad temprana?
Mi hija, con cinco años, perdió a su maestra de una forma inesperada. Fue un proceso que aun hoy le genera tristeza. Han pasado tres años y aún la recuerda a menudo. Esto es normal. La recuerda con cariño y automáticamente se conecta con la idea de su propia muerte, o de la mía,su adulto de referencia. Solo es señal de que internamente poco a poco va integrando la idea, según va madurando en su desarrollo.
Lo más importante para procesar una situación traumática como esta es poder sacar afuera la experiencia interna de lo que está ocurriendo. Los adultos lo hacemos a través de rituales de despedida y hablando con personas en las que confiamos. Para eso debemos aprender como hablar de la muerte a los niños
Es importante que los niños hablen de su experiencia
Los niños a veces lo hacen entre ellos, contando la experiencia a un amigo o amiga. Es un mecanismo de afrontamiento adecuado, pero también pueden transmitirse unos a otros ideas equivocadas. Esto puede generar más miedo y confusión.
Lo que más ayudó a mi propia hija a aceptar la situación es que pudimos abordar este tema creando un espacio de diálogo parahablar de sus preocupaciones sobre el tema. A partir de ahí ella pudo procesar la experiencia y yo pude resolver sus dudas y sus miedos.
También tuve la oportunidad de darle herramientas para poder consolarse por sí misma cuando el dolor de la pérdida regresa. Estas herramientas le servirán para abordar otras pérdidas en el futuro de forma emocionalmente saludable y sin traumas.
¿Cómo saber si mi hija o hijo ha procesado bien una muerte cercana?
Como madres, lo importante es que sepamos reconocer si nuestros hijos están pasando por un proceso de duelo. De ser así, además debemos averiguar si lo están procesando adecuadamente.
Para eso es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recuerdan la pérdida. Puede ser tristeza, que es el síntoma normal, pero también puede darse en enfado, negación o miedo.
Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte. También puede indicarnos que el tema les sigue afectando a medio o largo plazo.
Es importante que nos demos cuenta de cuál es la emoción que se manifiesta cuando recordamos una pérdida.
¿Qué debemos tener en cuenta para aprender como hablar de la muerte a los niños?
Nosotras como sus personas de apoyo. Somos sus referentes y podemos aprender a cómo acompañarles en estos procesos. También es fundamental que sepamos cómo detectar y qué hacer si se presentan miedos o situaciones de estrés o ansiedad.
De esta forma, tanto en niños como en adultos, el proceso normal de duelo puede incluir etapas de negación, enfado y tristeza. Estas emociones son totalmente normales.
También se dan otras respuestas que pueden ser indicadoras de que algo no está siendo bien procesado.
Estas señales pueden ser:
Cambios en su actitud
Emociones fuertes repentinas
Irritabilidad
Necesidad de más atención/contacto/contención
Hiperactividad / excesiva energía – alegría
Apatía
Estos síntomas son habituales pero pueden indicarnos que nuestros hijos no estén integrando bien la pérdida. En este caso deberemos intervenir.
Estos síntomas pueden darnos la pista de que les han quedado dudas o que han malinterpretado el significado de la muerte
¿Quieres saber más sobre los procesos de duelo?
Elisabeth Kübler-Ross es una experta en el tema. Fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.
En ese caso, debemos crear un ambiente de diálogo. Esto nos ayudará a saber qué es lo que ellos están imaginándose. También averiguaremos de qué tienen miedo para que puedan empezar a procesar la experiencia de forma no traumática.
Como Coach de madres, me he encontrado con muchas mamás que tienen dudas sobre este tema. Así que preparé un taller para poder darles las pautas básicas de cómo abordar el tema de la muerte en los niños.
En él explico cómo podemos apoyar el proceso de duelo de nuestros hijos y de cómo crear el ambiente adecuado para que puedan expresar sus dudas y emociones. Esta es la mejor forma en la que podremos ayudarles.
Si os interesa, os hablo de él en este vídeo si necesitáis más información. Espero que os ayude y si tenéis dudas siempre podéis contactar conmigo. Estaré encantada de ayudaros.
Si necesitas más ayuda también puedes…
Unirte a mi Círculo de mamás
Tendrás un plataforma donde tienes este taller disponible para ver inmediatamente. Además encontrarás otros más de 30 talleres de temas relacionados con la crianza que podrás ver sin coste adicional.
En este artículo encontrarás las claves para comenzar esta nueva etapa sin estrés.
Cómo puedes empezar la nueva etapa sin estrés
Septiembre es un momento que nos pide cambios. Tanto si tienes hijos como si no, si ya has vuelto de vacaciones o si sigues en ellas. Parece que todo vuelve a la vida en este amado y odiado mes. Pero empezar la nueva etapa sin estrés es posible.
En este loco 2020 todavía más. La vida como la conocíamos es historia. Toca reinventarse con lo que viene, que no sabemos lo que es. Por eso más que nunca debemos ser flexibles con los cómos pero inflexibles con los qués.
Las madres tenemos un reto doble. No sólo es nuestra vida la que se tiene que acoplar, sino la vida de nuestros hijos.
No importan las decisiones que tomemos, no importa lo que nos gustaría que ocurriese. Lo único que podemos hacer es adaptarnos a lo que hay sin perder el foco en lo que queremos.
Seguir jugando y adaptarnos a la realidad casi día a día.
¿Y cómo lo hago?
Todas sabemos que esta situación caótica está lejos de acabar.
Así que nos toca reinventarnos y comenzar lo mejor preparadas posible. Al menos en lo que sí podemos cambiar: nuestra actitud sobre lo que está pasando.
Hace unos días fue mi cumpleaños y yo misma hice un ejercicio de auto reflexión. Esto me ayudó mucho a darme cuenta de lo que necesito cambiar en mi propia vida.
Quiero compartirlo contigo porque te ayudará a comenzar esta etapa sin estrés, de la mejor manera posible. También te servirá para reflexionar sobre lo que está funcionando en tu vida y lo que no.
Ahora no es el tiempo para mirar para otro lado y dejar que la vida nos siga revolcando como una ola.
Este es el momento de ponerte las gafas, de atreverte a ver.
También para darte cuenta de que eres capaz de tener una actitud amorosa hacia la vida, hacia tus hijos y hacia ti misma. Eso es lo más importante.
Si estás dispuesta a ponerte manos a la obra, toma papel y lápiz, la tableta o abre una nota en tu teléfono. Porque te cuento como…
1. CUESTIONA TODO
En primer lugar, cuestiona todo.
Soltar sí, pero ¿qué?. No hay que escapar o reaccionar, todas tenemos una responsabilidad. Pero para poder hacerme cargo de ella, tengo una cantidad limitada de energía.
Donde utilice esa energía, marcará la diferencia. Para eso primero tengo que mirar qué no está funcionando en mi vida y tomar decisiones.
Puedes empezar haciéndote estas preguntas.
¿Qué drena mi energía?
Estoy segura de que hay días en los que te levantas con toda la actitud. Tienes las cosas claras y vas a por el día.
Peeeero llega algo que te baja la moral hasta el sótano. ¿Qué es?
Quizá tu hijo no quiera vestirse. O te metes en redes sociales y empiezas a ver noticias. Puede que sea la báscula, el tráfico, tu jefe, pensar que tienes que ir a trabajar… Sólo piensa ¿qué es eso que te drena?.
Sólo toma nota. Ser consciente es el primer paso.
¿Qué me preocupa? ¿Qué pensamiento, miedo, situación está influyéndome negativamente?
En la cabeza de todas nosotras hay algo que a veces hasta prefiero no pensar. Puede ser por la pandemia, el gobierno no está haciendo su trabajo, puedo perder el mío, en casa mi hijo ve demasiados conflictos, no sé cómo hacer que mi hija coma de todo….
Todas estas preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa. Y son las más peligrosas si no las vemos, porque nos llevan a una sensación de impotencia y frustración que puede no ser tan real.
¿Qué relaciones, personas, dinámicas me sacan de mi centro?
Esta pregunta no tiene nada que ver con los otros, tiene que ver contigo. ¿Con qué persona TÚ te sientes mal?, ¿cuando tienes una diferencia de opinión qué te saca de quicio a TI?, ¿qué comportamiento del otro es inaceptable para TI?.
No se trata de culpar o de justificar, se trata de saber qué no está funcionando para TI con otro. Y después que pienses qué puedes hacer TÚ para resolverlo, si hay algo que puedes hacer.
Las preocupaciones actúan como fuga de energía permanente pero silenciosa
2. SUELTA
En segundo lugar, aprende a soltar.
Muchas de estas preocupaciones o situaciones no tienen solución. Lo único que puedes hacer es aprender a darte cuenta de cuando te metiste otra vez en el callejón sin salida. ¿Cómo salir? Como diría el psicólogo argentino Jorge Bucay “¡no sea boluda, saga por donde entró!”
Este es el camino de soltar.
Cuando te pilles pensando en algo que no depende de ti. Simplemente recuérdate que no puedes hacer nada para cambiar eso. Después enfoca tu energía en algo que sí puedas hacer, en algo práctico relacionado con la tarea que ese momento tengas delante.
Enfócate en el momento presente y baja de tu cabeza.
2. RESUELVE
En tercer lugar, ponte manos a la obra.
Muchas veces podrás hacer algo con las situaciones o las personas que te drenan. En ocasiones es una DECISIÓN lo que te sacará de ello, otras veces una ACCIÓN, otras el simple hecho de tener un PLAN.
Sea lo que sea que se requiera sólo da el primer paso, uno pequeño, pero uno cada día. Recorre el camino hacia la libertad.
Si no sabes por dónde empezar, puedo ayudarte. A veces una mirada externa puede marcar la diferencia. Un cambio de enfoque o un empujón puede darte el hilo del que tirar para empezar los cambios que mejorarán tu vida drásticamente.
A veces una mirada externa puede hacer toda la diferencia
3. CONFÍA
Tercero, aprende a confiar.
Un amplio porcentaje de lo que ocurre escapa a nuestro control. Tanto si puedes soltar la preocupación, a la persona, como si puedes trabajar sobre ello, lo importante es que desarrolles una cierta confianza en la vida.
Y sobre todo te ayudará la confianza en la idea de que pase lo que pase, encontrarás la manera de resolverlo.
A mi me ayuda repetirme la plegaria de la serenidad, que hicieron famosa los grupos de Alcohólicos Anónimos. También creo que en este momento puede ayudarte a ti. Dice así:
“Señor concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar. Valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar. Y sabiduría para entender la diferencia.”
Esta frase puede ayudarte a pensar en qué categoría caen cada una de tus preocupaciones y problemas. Es un ejercicio que te dará enfoque para trabajar en lo que sí puedes lograr.
4. PIDE AYUDA
Y por último, lo más importante.
El error más grande que puedes cometer es querer hacerlo todo tú sola. Uno llega hasta donde llega, y tú has llegado hasta aquí. Eso te honra, has hecho lo mejor que has podido con lo que has sabido.
Pero llega un momento en el que tenemos que dar un salto. Seguir intentando cosas no sirve. Esto sólo te drena, te agota y te hace sentir que nada está funcionando. Pero eso no es cierto.
El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda. Todos tenemos un punto ciego que nos mantiene haciendo lo mismo una y otra vez. Otro punto de vista, una idea, una experiencia nueva puede darnos el impulso que necesitamos para resolver cualquier situación.
Además no te lo puedes permitir. Si eres madre, mucho está en juego. Cada grito, cada vez que te sientes molesta por tus hijos les estás mandando un mensaje erróneo. Esto afectará a su visión de sí mismos, su autoestima y su confianza.
Ellos no pueden permitirse que tú pierdas más tiempo. Es urgente que vuelvas a poner en marcha hábitos que te permitan dar lo mejor de ti misma. Pero también es importante que lo hagas sin estrés.
Ahora es tu momento. Aprovéchalo y comienza la nueva etapa sin estrés y con toda la actitud.
El camino más rápido a resolver un problema siempre es con ayuda
5. HAZ TU PLAN PASO A PASO
Si ya estás estresada con el regreso a la temporada de clases. Y tu vida ya empieza a ser un caos, estás enfadada y persiguiendo a tus hijos desde por la mañana. Y si al final del día acabas tan cansada que quieres que vuelvan las vacaciones, este taller es para ti.
Conseguirás:
Mejorar tus hábitos de autocuidado para tener más energía
Implementar rutinas saludables para toda la familia que te hagan la vida más fácil
Sentir que estás consiguiendo tus objetivos en tu trabajo y las tareas que te propones
No perder la motivación en dos días
Dar tu mejor versión a tus hijos
Te explico de que va en este video:
Este taller es uno de los que imparto cada mes en mi Círculo de Mamás Online. Además de este taller las mamás del Círculo tienen una sesión mensual en directo. En esta sesión les ayudopersonalmente en las situaciones complicadas del día a día con sus hijos.
También tenemos un grupo de Whatsapp y otro de Facebook donde pueden contarme lo que les preocupa en tiempo real.
Por sólo 1€ tendrás acceso inmediato al taller y si quieres quedarte en mi Círculo de Mamás Online. Después podrás renovar tu suscripción por 18€ al mes para asistir a la sesión grupal en directo y los talleres de octubre.
SÓLO PUEDES APUNTARTE HASTA EL MIÉRCOLES 16 DE SEPTIEMBRE. Si ves este post después, puedes ver la información del Círculo de mamás online en este enlace: https://mamaenequilibrio.com/circulo-mamas-online/
Para ir empezando desde ya, también puedes descargar mi guía GRATUITA Mamá en Equilibrio en 4 pasos. Con esta guía te enseñaré a que tus emociones negativas no marquen las dinámicas con tus hijos. También te enseño a que puedas rectificar a tiempo y perder menos la paciencia.
El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma.
Mantener la calma nos ayuda a pensar con claridad y encontrar la salida de cualquier situación, por difícil que sea.
No es seguro que la encontremos, pero en estado de crisis y ansiedad, lo que es seguro es que no lo haremos.
El enemigo número uno de las crisis es nuestra incapacidad para mantener la calma
Cuando nuestro cerebro entra en pánico, sólo tiene tres respuestas: huída, ataque y parálisis.
Sobre todo cuando vivimos rodeadas de niños y hay un problema, la parálisis simplemente es un lujo que no nos podemos permitir.
En estos tiempos de pandemia y de retiro en casa, tampoco podemos salir corriendo de casa o escondernos hasta que pase el temporal. Simplemente no es posible.
¿Qué recurso le dejamos a nuestro cerebro? El ataque. Aquí empiezan los conflictos, nos salta el automático que suele ser nuestra peor versión. Y con las personas que más queremos.
Los conflictos son inevitables, pero de cómo manejemos las situaciones hoy dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano, cuando todo esto acabe. Pero de esto os hablaré en mi próximo post. Suscríbete a mis contenidos para que no te lo pierdas.
¿Cómo podemos evitarlo? No entrando en pánico.
Los conflictos son inevitables pero de cómo manejemos las situaciones hoy, dependerán nuestras relaciones con los que más queremos en un futuro nada lejano
En esta guía te doy las pautas más básicas para mantener tu higiene mental y no alimentar tu miedo.
De nada sirve que te ayude a bajar tu ansiedad y calmarte si tú sigues alimentando después el miedo.
MANEJAR EL ESTRÉS POR CORONAVIRUS
1. SI TÚ ESTÁS BIEN, TODO ESTÁ BIEN
Tú eres el filtro del miedo. Los niños no entienden la trascendencia de lo que está pasando, pero sí sienten la energía de miedo que les rodea. Ellos no dejan cabos sueltos y siempre se imaginarán lo peor: algo les va a pasar o a su familia. Estas pautas te darán las claves para conseguir tenerlo bajo control.
2. REDUCE TU EXPOSICIÓN A REDES
Nos llegan noticias de todo tipo a cada momento. No sólo las exageraciones en esas noticias, sino la realidad nos afectan, pero sobre todo la cantidad de ellas que recibimos al cabo del día. Cuando ya te haya llegado una noticia evita seguir buscando o leyendo más información.
3. NO DEJES VOLAR TU IMAGINACIÓN
Nuestro cerebro está diseñado para enseñarnos las señales de alarma y magnificarlas. Es un mecanismo de defensa que nos sirvió hace millones de años para sobrevivir. Pero ahora ese mismo mecanismo es nuestro peor enemigo. Toma medidas para protegerte pero ahora menos que nunca pienses en el futuro próximo.
4. RESPIRA PROFUNDO
La forma de mantener nuestro cerebro en control y que no salten los mecanismos de alerta es mediante la respiración. La respiración te ancla al presente, oxigena tu cerebro y calma tu sistema nervioso. Una serie de 10 respiraciones profundas reducirá tu nivel de estrés en menos de un minuto.
5. RECONECTA CON LA REALIDAD
Reconecta con lo que sí está pasando a tu alrededor (y no me refiero a redes sociales): a tu perro que quiere salir, a tu hija que no encuentra su ropa o tu hijo que está buscando comida en la nevera. La realidad con niños en casa es muy rica y entretenida. Ellos siempre están en modo juego, así que apúntate al entretenimiento y distráete lo que puedas.
GUÍA PARA MADRES Y PADRES “Cómo superar la crisis del Covid-19, sin perder el equilibrio”
Estos son los puntos básicos que recoge la guía sobre Mantener el estrés por Coronavirus, pero también encontrarás información sobre:
Y qué pasa con la ansiedad que ya estás sintiendo. Puedes seguir estos pasos:
En primer lugar tenemos que ser conscientes de que esta ansiedad, esta necesidad de mirar constantemente las redes sociales y hablar de lo que me pasa, de lo que debería ser, de lo mal que lo hacen los demás, etc. está dirigida por el miedo.
No somos nosotras, sino nuestro miedo, quien está tomando el control de la situación.
De repente podemos sentir la punzada del miedo o del dolor, cuando leemos una noticia o nos enteramos de que algo ha pasado a alguien cercano o me podría pasar a mi o a alguna persona querida para mi.
Estamos haciendo nuestro el horror y el miedo ahí campa a sus anchas y toma el control de nuestras acciones.
Si algo de esto está pasando, tienes que tomar medidas cuanto antes, si quieres que tus miedos no salten de improvisto, en el peor momento:
Cuando tu hijo coge algo del suelo y se lo lleva a la boca y tú le gritas como si estuviera a punto de pasarle un camión por encima, o
Cuando tu marido se lleva a tu hija al supermercado y le gritas como si directamente la estuviera ingresando en la Unidad de Cuidados Intensivos con todos los enfermos por Coronavirus de tu país. Por ejemplo
Ya sé que sólo de pensarlo se te acelera el corazón: respira.
Hace unos días que grabé un video en directo para las mamás de mi grupo de Facebook Mamá en equilibrio para ayudar a las mamás a Superar la montaña rusa emocional que todas estamos viviendo.
Inconscientemente todas sabemos que algo está cambiando, que algo ya no volverá a ser como era.
Tenemos una gran incertidumbre sobre lo que va a pasar y esto genera emociones muy fuertes que tienen que ver con un proceso de duelo que estamos pasando inconscientemente.
Te comparto el video por si esta idea te parece interesante.
Si aun no estás en mi grupo de Facebook puedes unirte en este enlace Grupo de Facebook Mamá en equilibrio. Es gratuito y en él respondo dudas y publico todos mis recursos de este y otros temas.
Te propongo dos herramientas para mantener el estrés y el pánico de esta situación bajo control. Puedes ver las instrucciones en el video que encontrarás más abajoo o seguir leyendo a continuación
PARTE 1. Keep calm y mira tus miedos de frente
Para mirar tus miedos de frente tienes que hacerte consciente de ellos. La mejor técnica es contárselos a otra persona y que esta persona simplemente escuche, sin decir nada, simplemente “gracias por compartir” cuando acabes.
Pero si no quieres compartir tus miedos o no tienes a nadie con quien hacerlo, lo siguiente mejor es escribirlos.
Es un proceso en tres fases. Lo que tienes que contar al otro o escribir es lo siguiente:
De qué tengo miedo. Puede parecer una locura ponerte a pensar en tus miedos, pero si no los sacas, si no los miras a la cara, igual te estarán molestando de forma inconsciente para que les prestes atención, porque para eso sirve el miedo, para prevenirte de un daño en el futuro.
Qué es lo peor que puede pasar. Confía en mi, esto te liberará después, aunque ahora mismo se desaten las emociones, déjalas salir. Esto es como una válvula de escape. Te va a ayudar
Qué vas a hacer si todo esto pasa. Dale a tu mente algo que hacer, algo en que pensar, qué puedes hacer si eso pasa, qué puedes hacer ahora como medida de prevención. Si tu mente está ocupada en encontrar una solución, no utilizará más el pánico para prevenirte.
PARTE 2. Respira.
La primera parte es para ayudarte a que las crisis de ansiedad o no se presenten o se minimicen bastante. Pero si el pánico sigue llegando, te recomiendo esta técnica de respiración alternando los orificios nasales.
Para mi es la más efectiva porque ayuda a que tus dos hemisferios cerebrales se sincronicen y se reduzca el flujo de sangre en la amígdala, la parte más primitiva del cerebro que activa la respuesta de pánico, haciendo que te calmes.
Te ayudará a calmarte en unos minutos.
Puedes ver esta técnica en el video que te dejo a continuación, donde te cuento las dos técnica a las que me refiero en este post.
Me encantará que compartas este post en tus redes sociales, que te suscribas a mi blog y a mi canal de Youtube para que no te pierdas nada y que me dejes un comentario sobre lo que te ha parecido esta entrada.
¿Cómo dejar de perder la paciencia con mi hijo? Es la pregunta del millón. A todas nos gustaría dejar de perder la paciencia con nuestros hijos ¿verdad?
Conseguirlo parece ciencia ficción pero no lo es. Dejar de perder el control con nuestros hijos es posible.
Las madres tenemos muchas presiones: llegar a tiempo, el trabajo, la casa, las responsabilidades que tienen que ver con los hijos: tareas, extraescolares, lunch, uniformes, cuotas, enfermedades, y la lista sigue (de las que los padres no se hacen cargo casi nunca).
Es una presión extraordinaria. La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras. Pero es sobre todo es mental.
Tenemos que ir cada día, cada hora un paso o dos por delante de todos para llegar a todo. Es demasiado.
¿Tú también crees que piedes la paciencia con tu hijo o hija demasiado?
Si una pequeña cosa no sale como debiera, puede arruinarnos todo el día.
Queremos hacer demasiadas cosas y eso nos tiene en estrés permanente. Nuestro cerebro está en estrés permanente.
Cuando estamos estresadas, nuestro organismo cree que estamos bajo amenaza. Es un mecanismo de auto defensa que se desarrolló en la época de los primero humanos allá en las cavernas.
En ese momento, la sensación de amenaza es tan real como ahora. La diferencia está en que antes, lo que podía acabar con nuestra vida era un tigre dientes de sable o no encontrar suficiente comida para nuestra familia.
La mayor carga de trabajo la llevamos nosotras
Con ese tipo de amenazas nuestro cerebro es muy efectivo: manda adrenalina a la sangre para mantenernos más alerta, desactivaba el sistema inmunológico para tener más recursos, aumenta la presión sanguínea y el ritmo cardiaco para activar la respuesta inmediata de lucha, huída o parálisis (para que el tigre piense que estamos muertas y pierda el interés).
El problema es que la mayoría de las amenazas del siglo XXI no tienen ese aspecto físico e inmediato, son más psicológicas y emocionales. Son cosas que pueden pasar o no, en un futuro menos inmediato que si nos encontrásemos con un tigre, pero que no nos van a matar.
Pero nuestro cerebro se encuentra en el mismo estado de lucha – huída – parálisis. Y si pasamos mucho tiempo en este estado, hasta podemos “quemarnos”, o más técnicamente hablando, podemos sufrir el síndrome del burnout de las madres
Cuando nuestros hijos no se han vestido y nos damos cuenta 20 minutos después de habérselo pedido, cuando ya no hay tiempo y eso nos va a hacer llegar tarde, nuestro organismo lo toma como una amenaza y ataca.
Ese ataque cuando nos salta “el automático”, lo sentimos como “falta de paciencia”. Y es así.
¿Quieres saber si tienes el síndrome del burnout de las madres? Mira esta entrada de mi blog “¿Estás quemada como mamá?”
¿Qué pasa cuando el “automático” toma el control?
No podemos responder de forma amorosa porque nos sentimos atacadas o desafiadas por nuestros hijos. Y atacamos de vuelta.
Esto pasa cuando se niegan a comer, cuando se portan mal, cuando les hemos dicho las cosas mil veces y siguen a lo suyo. Interiormente lo vivimos como una amenaza y nos disparamos.
Conscientemente sabemos que no es una amenaza y que no es la mejor forma de resolverlo, pero no podemos evitar saltar y ponernos agresivas con ellos. Perdemos la paciencia y nos ponemos a gritar.
Esto es una realidad: no podemos hacer nada cuando el mecanismo ha saltado.
Pero lo que sí podemos hacer es evitar llegar a ese estado en el que nos salimos de control.
¿Cómo podemos dejar de perder la paciencia con nuestros hijos?
En primer lugar evitando el estado de estrés en el que estamos.
Quizá no podamos controlar nuestro entorno, pero sí podemos ponernos en modo solución en lugar de rumiar el problema continuamente sin llegar a ninguna parte.
Para conseguirlo, tenemos que ser conscientes de nuestros pensamientos, lo que nos está pasando por la cabeza continuamente, y nuestro nivel de energía.
Cuando estamos cansadas también es muy difícil controlar el “automático”.
Estar siempre bien, que no nos afecten los problemas y tener siempre el humor y la energía para resolver los problemas racionalmente se escapa de nuestro control. Lo sé.
Por eso resolver los problemas, pidendo ayuda profesional o lo que haga falta, siempre es atajar el problema de raíz. Evitaremos más problemas a medio plazo y dañar a nuestros hijos si lo hacemos.
Tener momentos de descanso o de desconexión también es fundamental para preservar nuestra salud mental.
Hacer una actividad física al principio o a la mitad del día, parar para simplemente no hacer nada o ir al parque con los niños para verlos jugar son opciones que pueden marcar la diferencia en nuestro día y nuestra paciencia. Aunque si el problema de fondo sigue sin resolver,atacará de nuevo cuando menos lo esperemos.
Pero ¿por qué que nuestro cerebro ve a nuestros hijos como una amenaza?
Cuando estamos en estado de estrés, tenemos prisa o simplemente estamos cansadas, el más mínimo rechazo por parte de nuestros hijos o hijas, un berrinche o simplemente su desobediencia pueden causar que explotemos.
Para que nuestro sistema no los catalogue como una “amenaza”, necesitamos darnos cuenta de que su comportamiento es simplemente una forma de comunicarse con nosotras, de decirnos qué es lo que necesitan en ese momento.
Esa necesidad suele ser contraria a lo que nosotras necesitamos que hagan. Y aquí empieza el conflicto
¿Entonces es posible dejar de perder la paciencia con mi hijo?
La respuesta es que debemos entender el por qué de su comportamiento. Todo comportamiento es una forma de comunicación.
Pensamos que si se portan “mal” tenemos que corregirlos y ya está. Y esto es así, pero debemos hacerlo sabiendo primero qué nos quieren decir, qué les está pasando en realidad, y hacerlo de forma respetuosa, firme pero sin perder el control de nuestras propias emociones.
el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero
Nuestros hijos intentan decirnos qué necesitan, qué no estamos viendo y qué estamos haciendo de forma que ellos no entienden lo que queremos de ellos.
Cuando sentimos un rechazo, una negativa o una pelea con lo que les pedimos o les decimos, entonces, el 100% de las veces la causa de esto es que no estoy usando las palabras y las herramientas adecuadas para que haga lo que quiero o que no estoy teniendo en cuenta sus necesidades.
Si no entiendo esto, mi sistema interpretará erróneamente el comportamiento de mi hija o hijo de forma equivocada y lo etiquetará como una amenaza, algo de lo que tengo que defenderme inmediatamente. ¿Te has sentido alguna vez así?
Hacer que esto no te pase, puede ser simple: si no te sientes atacada, no responderás agresivamente.
Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras. La próxima vez que tu hijo se revele piensa que se está defendiendo de ti. Ese pensamiento te pondrá automáticamente en modo “solución”, “disculpa” o “búsqueda de otra solución”, pero nunca más de ataque.
Nuestros hijos casi nunca quieren atacarnos, sino defenderse de nosotras
Una vez que sabes qué está queriendo decirte tu hija o hijo, cuáles son sus mecanismos para defenderse de tus demandas, serás capaz de encontrar las herramientas que sí funcionan para corregir su comportamiento de forma que no se sienta amenazado por tí, ni tú por él o por ella.
¿Qué pasa si pierdes la paciencia con tu hijo o hija constantemente?
Si no hacemos este ejercicio, la desobediencia por su parte y la pérdida de paciencia por la nuestra se convierte en una dinámica familiar negativa. Esto es, una costumbre, un juego perverso que se va retro alimentando cada vez que pasa.
Ella no hace caso, tú lo repites una vez, dos, tres, cuatro, hasta que empiezas a hablar y ella aun no hace caso, te mira de reojo y tú te sientes amenazada, entonces pierdes la paciencia y tu única respuesta es gritar, castigar o lo que sea. Entonces es cuando ella sabe que va en serio. Pero hasta entonces no.
Si esto se repite, ya habremos creado la dinámica.
¿Cuál es la clave para romper una dinámica familiar negativa?
Primero darte cuenta de ella.
Segundo saber qué no estás viendo, qué te quiere decir tu hijo con su comportamiento y qué herramientas debes aplicar que sí funcionan
Tercero: repetir y repetir hasta que tu automático se acostumbre a esa forma de hacer las cosas y tu hija o hijo sepa que sí entiendes y sí le tienes en cuenta y que puede cambiar su forma de comportarse porque ahora sí sabe obtener lo que necesita de forma adecuada.
Pero debes repetir lo que sí funciona, no la dinámica negativa, porque lo que repitas es lo que se instalará ayudando o cargándose la armonía y el buen ambiente en tu familia.
Sé la mamá que tus hijos necesitan
El resultado es que no sólo tu automático habrá cambiado de ser negativo a ser un comportamiento positivo con el que actuarás con paciencia, sino que “automáticamente” sabrás resolver el problema de forma constructiva en vez de enfadándote y gritando sin querer hacerlo.
La conexión y la relación con tu hija o hijo se afianzarán y, por fin, tendrás las herramientas para restaurar la armonía en tu familia.
¿Quieres que te ayude a conseguir ser la mamá que quieres para tu hijo?
Ahora que sabes cuáles son las claves para dejar de perder la paciencia con tu hijo, por favor, comparte este post si te ha gustado o déjame un comentario.
Muchas mamás que estén pasando por lo mismo te lo agradecerán.
Hoy quiero compartir contigo un aprendizaje que surgió entre un grupo de padres de una comunidad Waldorf donde fui invitada a dar una charla.
El tema que les preocupaba era cómo responder adecuadamente en una situación de conflicto con agresión, donde tu hijo o hija o bien es el agredido o el agresor o ambos.
Las preguntas principales fueron: ¿Le decimos que se defienda? ¿Si no se defiende se va a volver codependiente? ¿Es lícito agredir para defenderse? ¿Cómo evitar esas situaciones? Me pareció muy interesante y quiero compartir lo que aprendimos en el blog.
En primer lugar, las situaciones en las que los niños (sobre todo de menos de tres o cuatro años) llegan a las manos son normales, desde el punto de vista del desarrollo al menos. Tenemos que pensar que antes que racionales, somos animales en proceso de socialización. La socialización viene después y se va asimilando según nuestro cerebro “superior” o cognitivo va desarrollándose.
Es normal que nuestros hijos e hijas peleen si son pequeños, porque ante todo somos animales que no entendemos de normas o de lo socialmente aceptable. Eso hay que enseñarlo.
Desde el primer momento debemos evitar que los niños se hagan daño, ya sea ellos mismos o por manos de otros. Eso está claro. Pero jamás debemos etiquetar a ningún niño o niña por sus acciones, sino su comportamiento.
Igual que unos hablan, dejan el pañal, caminan, etc. antes o después, el auto control y el manejo socialmente aceptado de las emociones dependen de cada niño y su desarrollo. Dicho esto, siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir. Como adultos, somos los responsables de mitigar, resolver y enseñar a manejar esas situaciones, sobre todo con el ejemplo.
Un adulto enfadado, que se siente culpable, que se siente agredido por la situación, acusador, etc. no está en el estado más indicado para resolver de forma constructiva una situación así. Así que lo primero es respirar, tranquilizarse y no hacer caso al juez interno para actuar con la mayor ecuanimidad posible.
Siempre, siempre, siempre que hay agresión hay que intervenir.
Es un conflicto en el que siempre las dos partes creen tener razón. El agresor lo es porque se está defendiendo de algo: del otro (aunque tuviera buenas intenciones en realidad) o de sí mismo (su miedo a ser menos, a quedar mal delante de otros, a perder su autoridad, etc.) Si tenemos esto en cuenta, nos será más fácil entender de forma equilibrada y equitativa la situación y actuar de forma adecuada.
Si nuestro hijx agrede a otro, lo que tienes que tener en cuenta es desde donde lo hizo, de qué se estaba defendiendo. Si se siente comprendido, después aceptará mejor las alternativas más socialmente aceptadas que le propongas. Debemos enseñar a nuestro hijo o hija son otras maneras de expresar su disgusto, enfado, miedo o la emoción subyacente, de formas más socialmente aceptadas, sin juzgarle ni condenarle personalmente, sino su coportamiento.
Idealmente, él mismo, si tiene la edad suficiente, puede pensar en las alternativas a la agresión que crea que podrían ayudarle en próximas ocasiones. No esperes que deje de reaccionar de esa forma a la primera, pueden pasar meses hasta que desarrolle el autocontrol que necesita, pero la clave está en que no pierdas la paciencia o la calma y en la repetición.
En cuanto al agredido, si es nuestro hijo o hija, lo que más va a ayudarle es que le mostremos cómo evitar ese tipo de situaciones en el futuro, enseñándole a conectar con su sentir, con su propia sabiduría interior sobre lo que está “bien” y lo que está “mal” (desde un punto de vista social), a leer en el otro su intención y su estado de ánimo, para que aprenda a prevenir esas situaciones y, lo más importante, a distinguir lo que le lastima de lo que no.
Si tu hijo agrede a otro, enséñale a ponerse en el lugar del otro y a diferenciar lo que está bien de lo que está mal por sí mismo
Este punto podría ser materia de otro artículo completo, pero lo más importante aquí es que le enseñemos a no ser una víctima, a no necesitar la aprobación o el amor de los otros a toda costa y a darse cuenta de cuándo algo es dañino para él o ella, ya sea física o emocionalmente, ya sea en cuanto a su integridad como persona o ya sea un precio a pagar por amistad o amor de otro.
Los conflictos en la vida son inevitables, eso es así. Uno no puede ni debe estar evitando confrontaciones, porque a veces son muy necesarias. No se trata de huir o de convertir a nuestros hijxs en pusilánimes. Se trata de que ellos aprendan a diferenciar a las personas, animales o cosas que, potencialmente, pueden hacerles daño. Ese es un aprendizaje invaluable para su bienestar futuro.
Lo más importante es que enseñemos a nuestros hijos a sentir lo que no les conviene, ya sean situaciones, personas o cosas
Para eso tienen que tener el suficiente nivel de desarrollo como para entender al otro, cómo piensa, qué siente, cuál es su ánimo y su intención. Para los niños de hasta cinco años, entender las intenciones de otra persona, es decir, poder adivinar lo que el otro estaba pensando y cuál era su intención al hacer algo, es madurativamente hablando imposible o al menos poco probable.
Predecir el pensamiento ajeno es una habilidad del cerebro cognitivo que necesita estar madura para producirse. Por eso, los niños menores de cinco años no saben si alguien hizo algo a propósito o accidentalmente o si su intención era lastimarles, engañarles o tener una atención con ellos. ¿Te ha pasado que golpeas a tu hijo o hija menor de cinco años sin querer y se enfada como si lo hubieras hecho a propósito? Es por esta razón.
Aunque madurativamente sea un desafío para ellos, tanto el aplicar otras formas de expresar sus emociones como el entender las intenciones de los otros, nuestra labor es explicarles la realidad de lo que pasó en la situación, sin poner ni quitar nada. Que nosotros traduzcamos con palabras su experiencia les ayuda a entender lo que pasa, cómo funciona el mundo, a que esa maduración se realice de acuerdo con la realidad de los que pasa y a desarrollar sus propias estrategias para resolver los conflictos.
Errores que no debemos cometer
Culpabilizar a los objetos
El típico ejemplo de un error que no debemos cometer ya desde muy temprano es cuando nuestro hijx de un año o menos, que empieza a caminar y se golpea la cabeza con la mesa y nosotros le intentamos consolar diciendo “mala mesa, mala mesa”. Este es un claro ejemplo de “contra-educación”. Si hacemos eso, les estamos enseñando a:
Culpar al otro sistemáticamente
A no responsabilizarse de las situaciones y de su propio cuerpo
A vivir la vida desde su subjetividad sin cuestionarse la realidad de los hechos
¿A cuántos adultos conoces que tienen este comportamiento ante los conflictos con los otros?
2. Jamás etiquetar ni a al agredido ni al agresor
Cuando etiquetamos, estamos siendo agresivos. Debemos recordad que el agresor siempre se está defendiendo, al menos en el caso de los niños pequeños. No existe la maldad en los niños. Ellos reaccionan de una forma socialmente incorrecta, pero no son malos.
3. Jamás pegar, castigar, regañar o humillar
Cuando un niño expresa rabia o agresividad desproporcionada es porque la ha sufrido en algún momento. Es esa sensación de impotencia, injusticia, abuso que sufren cuando, por ejemplo, les pegamos o castigamos sin tener en cuenta sus motivaciones. Esto de forma reiterada causa la agresividad y la rabia en otros más pequeños o en un posición de menor poder. Normalmente se pega, castiga o regaña al agresor, pero también, sin querer a veces humillamos a la víctima. Le decimos que no sea “niña”, que no sea cobarde, que actúe, que se defienda, cuando a veces no puede. Los seres humanos estamos diseñados para atacar, huir o congelarnos ante una amenaza. Cuando un niño no se defiende puede que su organismo le haya paralizado de forma automática.
4. Decirle a un niño que actúe de una determinada forma
Siempre debemos enseñar a responder y ofrecer diferentes alternativas y a distinguir las personas o situaciones problemáticas y a valorar cómo actuar sobre ellas. Si le decimos que peque de vuelta si le pegan, le estamos autorizando a pegar cuando sea conveniente, pero no le estamos enseñando a valorar primero la situación y a actuar en consecuencia. Tal y como la naturaleza nos ha equipado de “serie”, cuando otro te agrede a veces es mejor huir, otras veces hacerse el “muerto” y otras atacar. Un niñx menor de 5 años todavía no va a poder distinguir una cosa de la otra.
Hay múltiples formas de actuar en una situación de agresión, enseñarle a distinguir cuál utilizar en cada momento usando su propio criterio, es lo más educativo que podemos hacer. Debemos, en primer lugar, validar su reacción, después enseñarle a usar su guía interna para actuar en consecuencia y de forma socialmente aceptable. Una y otra vez. La repetición es la clave [/box]
Hagamos que nuestros hijxs se conviertan en adultos más equilibrados, seguros y empáticos. Es nuestra responsabilidad ?
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Sabes, hoy estoy de bastante mal humor. He dormido poco. Me he despertado mucho por la noche y me ha costado dormirme. Además he tenido que hacer todo el día actividades tediosas. He estado en lugares donde no quería estar. Me he tenido que poner ropa con la que no me sentía a gusto y he tenido que comer algo que no me agradaba en absoluto. No ha sido mi día. Me he pasado todo el tiempo irritable, enfadada, contestando mal. Me molestaba cualquier cosa que me dijeran.
Y, claro, a veces he perdido el control y he gritado a las personas que se cruzaban en mi camino. Me he negado a vestirme y a comer lo que no quería, pero me ha dado igual. Lo he tenido que hacer. Al final del día sólo quería que de dejaran en paz. No aguantaba ni una petición más sin perder el control. 🙁
¿Te suena? ¿Te has sentido así alguna vez? Yo sí. Muchos días. Hay días que no me aguanto ni yo. Todo me parece mal, todo me sale mal y todo me molesta. No me gustan esos días, no me gusta estar así. Y cuando me pasa, aunque no quiero, pierdo en control de mis emociones. No puedo cambiar mi estado.
Ahora quiero que vuelvas a leer estas líneas pensando que es tu hijo o tu hija los que te habla. La diferencia entre ellos y yo es que ellos o no saben hablar o no saben expresar sus emociones, y además no tienen el desarrollo cerebral suficiente para auto controlarse. Si te pasa a ti, imagina cuando les pasa a ellos.
Ahora quiero que pienses en qué te pasa a ti, o cómo llegas normalmente a esas situaciones. Quizá no dormiste bien, quizá tenías un tema que te preocupaba. Quizá, como una mamá sugirió en el grupo de Mamás Criando en Equilibrio. Es posible que tú también estabas en la fase pre menstrual de tu ciclo -ahora que no nos oyen los hombres, tenemos que reconocer que nos afecta mucho-. Analiza los factores internos y externos que han podido influir en tu estado de ánimo.
Piensa que tu estado emocional también afecta mucho a tus hijos. Esto no lo digo para que te sientas culpable, al contrario, te estoy dando una herramienta para que las cosas estén un poco mejor: si sabes qué te afecta a ti y mantenerlo bajo control, es posible que el bienestar emocional de ambos cambie. Sentir lo que debe estar sintiendo tu hijo o hija, también te puede ayudar a sentir empatía por él, en lugar de ponerte a gritar o dejar de sentir que él o ella te están amargando el día. También son humanos y no hacen lo que hacen por hacernos la vida imposible. No tienen el desarrollo cerebral suficiente para eso, sobre todo si todavía si son menores de cuatro años.
Cuanto te pase, cuando te des cuenta de que te vas a desbordar, quizá te ayuden los tips de esta guía para Dejar de perder el control con mi hijo que escribí para ayudar a las mamás a estar en un estado calmado cuando sus hijos hacen berrinche o están insoportables. Puedes leerla para estar preparada para cuando uno de esos momentos llegue. Es muy breve y práctica. Puedes descargarla en este enlace.
Tú lo sabrás mejor, pero probablemente no habrán dormido bien, estarán fuera de su rutina o les habremos forzado para estar en actividades que no son propias de niños. Créeme, cuando yo lo hago, mi hija se sube por las paredes y acabamos con un día horrible las dos.
Ahora te pregunto:
¿qué puedes hacer para darte cuenta de tu estado y el de tu hijo o hija?
¿Dónde has forzado “la máquina”?
¿Qué has aprendido?
¿Qué puedes delegar o dejar para otro momento otro día?
¿Qué cambiaría tu día a partir de ahora?
¿Qué quiere hacer tu hijo o hija?
¿Que juegues con él/ella?
¿Que le prestes atención?
¿Que dejes todo y le hagas caso?
¿Por qué no probar a hacerlo?
¿Por qué no poner música y empezar a saltar y a cantar juntos y a dejar todo lo demás para otro momento?
¿Haría eso algún cambio?
¿Qué tal descansar, dormir una siesta o regresar a casa?
Quizá pueda funcionar. No lo sabrás hasta que no lo pruebes. Y luego puedes contármelo en los comentarios abajo del post.
Si crees que necesitas que yo personalmente te ayude para este u otro problema que tengas con la crianza, con tu hijo o tu pareja, si sientes que no estás dando lo mejor de ti a tu familia, que necesitas ayuda, puedes pedir una cita de descubrimiento conmigo enviándome un correo a eva@criandoenequilibrio.com, y en ella te explicaré cómo te puedo ayudar a través de mis servicios de Coaching o asesoría de crianza individualizados, personalizados, para que juntas, diseñemos la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.
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