¿Cuál es la verdad sobre el suicidio adolescente? Esta semana encontraron el cuerpo de otra adolescente que decidió quitarse la vida. Otra vez.

Noticias así son tan frecuentes que las estamos normalizando. Adolescentes flojos, que no saben afrontar la frustración, malcriados a los que se le da todo y a la mínima tiran la toalla…

Estos son los mensajes violentos que quieren justificar lo injustificable.

¿Y todo para qué?

Para no hacer la reflexión o para no afrontar la realidad de que todos somos cómplices y la empeoramos cada día más.

No es normal que los niños agredan unos a otros. Y no es normal que haya agresores infantiles o adolescentes. Tampoco es normal que haya víctimas de sus propios amigos por burlas o descalificaciones para aparentar o para pertenecer.

Es la realidad pero no es normal.

En mi época también pasaba. Yo fui esa adolescente también. El suicidio pasó muchas veces por mi cabeza. Muchas. Pero no es cosa de adolescencia.

El suicidio pasó muchas veces por mi cabeza a lo largo de mi vida, en los momentos oscuros. Y todavía pasa.

Siempre es una opción para mi y siempre lo será.

No es algo que les pasa a los adolescentes es una sensación de no ser suficiente, de no estar hecha para esta vida, de no encajar, que nunca se va y que se generó mucho antes de la adolescencia, en nuestra primera infancia.

Los mensajes que recibimos de nuestra familia, de nuestros propios padres: encaja, encaja, encaja traducido en comparte, pórtate bien, obedece, haz los deberes, así no, no pegues, no te vistas así, date prisa, traducido:

«NO SEAS TÚ, PORQUE SER TÚ ESTÁ MAL«

Así arrojamos a nuestros hijos al las fauces del abuso.

Y nuestros hijos se encuentran en uno de estos dos caminos: el abusón o el abusado, las dos caras de la misma moneda: encaja, encaja, encaja… sobresal, pórtate bien, sé alguien importante, lo que sea pero no seas tú, porque ser tú está mal.

Y ahí les dejamos, completamente solos.

Y luego nos preguntamos por qué pasan estas cosas. Cuál es la verdad sobre el suicidio adolescente


¿Por qué están solos?

Porque si yo que soy su madre o su padre no acepto quién es tal y como es, si no puede ser él o ella misma ni en su casa, si tiene que entrar por la puerta escondiendo quién es, entonces está completamente sola.

Yo no estoy ahí para él o ella y lo sabe.

Con 14 años ya sabe mi opinión sobre las cosas que pasan. Ya sabe que si no hace la tarea me enfadaré, ya sabe que si se toma la justicia por su mano le castigaré, sin preguntar, sin preocuparme qué está pasando en su mundo, quién es o por qué hace lo que hace.

Así que está solo, está sola. Está desesperado. “Sabe” que no está bien tal y como es. Quiere encajar, hacer las cosas “bien” como le hemos dicho. Y no es capaz. ¿Entonces qué?

Entonces el mar.

¿Qué puedes hacer?

Esperar a los 14 años es demasiado tarde. Demasiado tarde. La relación con tu hijo o hija, tiene que crearse desde el minuto que ve la luz para que seas tú su persona de confianza.

Tienes que ser esa persona. No vale con que te intereses un día, no vale con que le preguntes.

Y eso no significa que le des todo ni que tampoco no le pongas límites. Nada más lejos de la realidad. Significa que le enseñes cómo funciona la vida y te pongas a un lado para dejarle experimentarla, que le acompañes y le aceptes tal y como es.

Yo sé que quieres lo mejor para tu hija o hijo. Lo sé. Y también sé que haces todo lo que haces por amor. Lo sé. Me consta.

Pero haz tú hoy la reflexión, toma consciencia de qué estás haciendo, cuáles son tus mensajes con tus hijos: ¿Se sienten comprendidos? ¿Te cuentan las cosas? ¿Les has demostrado hoy que no hay nada más importante que ellos? ¿Les has dicho hoy lo valiosos que son?

Hazlo cuanto antes, cuanto más pequeños mejor.

Y luego pide ayuda.

Y luego cambia.

Descanse en paz


Eva Martínez, Coach de mamás