El comportamiento de nuestros hijos es como con las estaciones del año: es posible que nos guste más una estación que otra. Pero lo que se nos olvida casi siempre, en ambos casos, que recordar que todas las estaciones y todos los comportamientos, nos gusten o no, son necesarios.
 
Enfadarse es bueno cuando siento que alguien pasó mi límite. No obedecer está bien cuando la regla me parece injusta, estar triste es saludable cuando siento una pérdida.
 
Los adultos nos sentimos muy incómodos cuando nuestros hijos expresan emociones que a nosotros nos parecen inadecuadas.
 
Pero tenemos que entender que ellos están expresando lo que sienten. Y eso siempre está bien.
 
Nuestra labor es ayudarles a entender lo que pasa, a leer las intenciones de los otros, a ponerse en su lugar o formas más adecuadas de expresarse. Lo que corresponda en cada caso.
tenemos que entender que ellos están expresando lo que sienten. Y eso siempre está bien.
Es es nuestra función. Así les enseñamos cómo manejarse en la vida. No debemos frustrarnos con ellos porque simplemente están aprendiendo y experimentando.
 
Y ciertamente hay muchos adultos que ya deberían o deberíamos haber llegado a ese punto de madurez que, a veces, exigimos inadecuadamente a los niños, y no lo hemos hecho.
 
Comencemos por adecuar nuestras expectativas sobre los comportamientos de nuestros hijos. Sigamos enseñándoles con el ejemplo, no con palabras o exigencia el comportamiento aceptable y correcto. Mostremos nuestras emociones de forma saludable. Y todo estará bien con ellos.
 
Yo te ofrezco mi ayuda, a través de mi Asesoría de crianza, para que estés segura de en qué punto se encuentra tu hij@ y de qué forma puedes ayudarle.
 
Por tu felicidad y la suya.
 
¡Feliz primavera y otoño!
 
PD: Puedes ver aquí cómo una Asesoría de crianza puede darte la seguridad y las herramientas que necesitas para la crianza de tu hij@
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