Criar y educar a un hijo es, posiblemente, la tarea más difícil, demandante y agotadora que tengamos que afrontar nunca. Parece que cometer una equivocación irreversible pende de un hilo. Pero no tiene por qué ser así.

Yo siempre digo que esto es a base de prueba y error. Uno toma decisiones, con la mejor intención, esperando un resultado concreto. Pero esto casi nunca ocurre como esperábamos. Porque de lo que hablamos es de seres humanos y de la vida. La vida es aquello que transcurre mientras tú haces otros planes, como decía John Lennon. Y así es.

Uno quiere hacer las cosas lo mejor posible… y lo consigue. Lo mejor posible con lo que se, con lo que me han dicho, con lo que he experimentado en mis carnes… y luego toca ver qué sale de todo eso y rectificar. Siempre rectificar.

Pero parece que tenemos que acertar siempre. Sobre todo en un tema tan importante como este. Y no es así. Eso es totalmente imposible. Pero hay algunos errores que debes conocer para intentar evitarlos. No porque vaya a ser irreparable, sino porque tenerlos presente y rectificar, rectificar, rectificar, puede cambiar radicalmente tu experiencia en la crianza.

Estos 7 errores son los que más pueden influir en que tu experiencia con la crianza sea una pesadilla o no. Todo lo demás, es menos importante, porque recuerda: si tú estás bien, tu familia estará bien.

 

  1. Comparar a tu hijo con los demás

Este es el number one. Una tiene unas expectativas de cómo quiere que sean sus hijos… y de cómo no quiere que sean. Error. Error máximo. Los hijos son, cada uno con sus días buenos y sus días malos, con sus dones y sus errores. ¿Sabes por qué? Porque son humanos. Como tú, como yo, como todos.

Aaaahhh! Pero parece que la hierva crece más verde en el jardín del vecino, ¿verdad? Los niños de los demás siempre parecen mas obedientes, más listos, menos traviesos, … Y encima eso es lo que nos dicen: nuestras mamás, nuestras vecinas, nuestras hermanas: “pues mis hijos nunca hicieron eso”, “pues tú de pequeña te portabas muy bien”…. Patrañas. Por no decir mentiras.

Tu hijo es un ser único, inigualable, especial, es UN MILAGRO viviente. Es un humano excepcional, que está aprendiendo qué es esto de la vida y cómo manejarse con ella. Merece todo nuestro amor y respeto, por sus aciertos y por sus errores también.

Si alguien, alguna vez, te dice o insinúa algo así, piensa jamás pretendieron ayudarte, sólo pretenden ningunearte e infantilizarte. Puedes responderle lo que quieras, pero que suene parecido a “claro, tienes razón, ¡es que mi hijo es único!” Y quédate tan ancha 🙂

 

  1. Escuchar los consejos de todo el mundo

Esta va al hilo de la primera. ¿Qué sabrá nadie de tu vida, de lo que te conviene, de lo que necesitas, de cómo es tu familia…? Harta ya estoy de todo eso. Ni yo lo se, escúchame bien, ni yo se se lo que te conviene. Ni tu madre, ni el pediatra, ni el médico de la familia, ni tu hermana, ni tu amiga la que tiene hijos, ni la que no los tiene… Grrrr… Porque tú y tu familia sois únicos. Nadie debe decirte cómo hacer las cosas, ni opinar de si lo estás haciendo bien o mal. ¡Hombre ya!

No voy a añadir nada más 🙁

 

  1. Pensar que hay una respuesta correcta

No la hay. Esto no es contabilidad o matemáticas. Esto es la vida my darling. En la vida, todo es como debe ser, todo ocurre a su debido tiempo. No te pelees con ella, simplemente actúa con lo que venga.

En la vida no existen los errores, solo los resultados, deseados o no. Sea lo que sea lo que pase, es simplemente un resultado. Tú decidiste llevar a tu niño a su habitación con tres meses para que fuera más independiente (y para dormir un poco más, ¡pecado mortal!)… ¿pero cuál fue el resultado? Que acabaste levantándote cada tres horas a atenderlo.

Ok, está bien, no era lo que esperabas. Si dejarlo llorar no es una opción, ¿qué puedes hacer? Ya has aprendido una forma que no funciona, ya tienes una forma nueva que no probar. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Y si te quivocas? ¡Fantástico! Ya estás una decisión más cerca de acertar 🙂

 

  1. Juzgarte: pensar que te equivocaste

Esta podría haberla puesto la primera porque es lo peor que puedes hacer para tener la crianza satisfactoria y placentera que tanto soñaste. La he puesto aquí porque si has entendido las tres primeras, esta te costará un poco menos de poner en práctica.

De todas formas, el juicio vendrá, porque todas nosotras tenemos un juez interior implacable, que crece a tamaño Hulk cuando somos madres. “Te equivocaste” “tenías que haber echo caso a tu madre, prima, amiga, marido, perro…”. Pues no, no te equivocaste. Cometer errores en la crianza es imposible.

Claro que tendrás que apechugar con las consecuencias de tus decisiones. Por supuesto. De eso no nos libramos. Pero es un error pensar que si no me equivoco todo va a estar bien y me voy a librar de la miseria y el dolor. Ya te hablaré de esto en otro post, pero esas dos compañeras de viaje son irremediables: el dolor lo trae la vida sí o sí, y la miseria (o sufrimiento) es la elaboración mental que hacemos con lo que nos pasa. El sufrimiento lo crea el juicio.

A mi me ayuda mucho, cuando me doy cuenta de que me estoy flagelando, haber tomado la decisión de no cuestionar JAMÁS mis decisiones ni mis decisiones. No arrepentirme. Si me doy cuenta de que el arrepentimiento entra en mi mente lo bloqueo como si fuera un jugador de fútbol americano: placaje y fuera del campo.

Sí puedo rectificar. Si algo no ha salido como yo esperaba, pruebo otra cosa. Pero juzgarme, jamás.

 

  1. No pedir ayuda

Esta es una de las favoritas de todas nosotras ¿que no? Pretendemos ser la mujer maravilla. Unas imitan a sus propias madres, omnipotentes, poderosas, … miserables, tristes, amargadas, fingiendo para no hacer sentir culpables a sus hijos (en los mejores casos, que no en todos).

No hace falta que sufras. Nadie te va a poner en un altar. Eso no va a suceder nunca. Pide ayuda y clarito. Alto y claro. “Necesito que vengas a mi casa a lavar los platos para que yo me pueda echar una siesta”. El día que digas esta frase te habrás consagrado como la persona que se quiere, se respeta y se cuida como todas deberíamos hacerlo. Pero se que nunca lo has hecho, porque las que lo hacen no necesitan estar leyendo este post 😉

Da igual si es ayuda profesional, que alguien venga a limpiar tu casa, a llevar las bolsas del supermercado, a una amiga que te escuche, a tu pareja que se lleve a los niños un rato, PIDE LO QUE NECESITES.

Yo se que es difícil porque no tenemos ni idea de lo que necesitamos. Si te digo: “haz una lista de 10 cosas que necesitas pedir en este momento”, no te salen ni tres. Y de esas tres, con dos, con sólo leerlas otra vez, te sale una risita histérica y una voz en tu cabeza que dice, sí claro, si pides esto te mandan a… volar.

No soy adivina, es que yo también soy pésima pidiendo ayuda. Pero esto es un músculo como cualquier otro. Se entrena. Lo primero es hacer esa lista, cada día e ir pidiendo esas cosas que necesitas. Puedes empezar por lo que te cueste menos trabajo, pero hazla. Me encantará leer tus progresos. Contéstame a este correo y dime cómo te va. Y si lo necesitas… yo te ayudo 😉

 

  1. Dar explicaciones o justificarte con los demás

Si te pillas dando una explicación es porque alguien te está juzgando y tú piensas que tiene razón. Si alguien te juzga es como si alguien te pisa un pie, no debería haber pasado y que estuviera tu pie allí no justifica la pisada. El que se está equivocando es el otro, no tú. 

Grábate esto en tu mente: nadie, nadie, nadie, sabe nada de tu vida, de tu proceso mental cuando tomaste esa decisión, cómo había sido tu día, en qué estabas pensando o las razones por las que lo hiciste. Ni lo saben, ni lo deben saber. Es tu vida.

Recuerda que la crianza es un proceso de prueba y error, y nadie va a pagar las consecuencias más que tú, así que no le debes nada a nadie. Estás haciendo las cosas lo mejor que puedes. Y si el otro no lo sabe, esa es la única explicación que merece: “lo estoy haciendo lo mejor que puedo”. Y punto pelota.

 

  1. Dejar de atender tus necesidades

Me imagino que alguna vez en tu vida te habrás subido a un avión, ¿no?. Y si no lo has hecho, seguro que lo has visto en las películas. Todos los pasajeros se suben, intentan meter sus pertenencias en los minúsculos cajones de encima de sus cabezas. Por fin toman asiento, llega una azafata contando cuantos pasajeros están en su lugar, se cierran las puertas… Entonces la azafata se pone en medio del pasillo, sonrisa en su cara, con una mascara colgando de un tubo en mano, como si aquello fuera el regalo del día de San Valentín.

Exacto, esa máscara se desprenderá del cielo si ese vuelo se convierte en uno de los peores días de tu vida. Todo el mundo estará gritando nervioso, fuera de control. Parece una escena de un niño de dos años haciendo berrinche en el supermercado. Ohhh nooo!!! Socorro!!! Llamen a seguridad!!! Un niño haciendo berrinche!!! Bueno, así es como lo vives tú. Pero volvamos al avión.

¿Qué es lo que te dice esa azafata sonriente en dos o tres idiomas por lo general? Que, pase lo que pase a tu alrededor, da igual si ves saltar al piloto por la ventana con un paracaídas puesto, que te pongas tú primero la mascarilla, no matter what…. Y que únicamente cuando tú la tengas puesta y estés respirando perfectamente, que entonces te puedes ocupar de ayudar al pasajero de al lado.

Si no lo haces así ¿qué puede pasar? sólo una cosa: que mientras estés entretenida poniendo la máscara a la otra persona, nerviosa, te vayas quedando sin oxígeno y que pierdas el conocimiento antes de haber podido ayudar a nadie. Los dos muertos.

Ahora traslada esa escena a tu día a día. ¿Cuántas veces vas justa de energía, cansada, y en lugar de pedir pizza para cenar, ponerle los dibujos a los niños y darte un baño… decides ser la madre del año y meter a tus dos hijos, cansados, en el supermercado a hacer una fila sin fin al lado de las estanterías de los dulces? ¿Cuántas? Se honesta contigo misma. ¡Cientos! ¿Cómo lo se? Mejor no preguntes…

Así somos, las candidatas a madre del año. Y es un error. Tan catastrófico que lo he puesto el último. Para que no se te olvide. Para que la próxima vez que te duela el alma, no te metas en el supermercado.

Me encantará saber de tus peripecias de la maternidad y si te ha servido este post dímelo en los comentarios abajo. Me hará mucha ilusión.

También me encantará que te suscribas, y que compartas el post con otras madres también candidatas a madre del año que seguro conoces 😀

Recuerda que estaré encantada de apoyarte con lo que necesites. Ponme en tu lista ?

Te mando un abrazo enooooorme.

Eva Martínez

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