Muchas de las mamás que le apostamos a esto de la crianza con apego o respetuosa nos quejamos de lo mismo: mi pareja no entiende, no opina lo mismo o no le parece bien lo que quiero para mi bebé. Menos para algunas afortunadas, esto algo generalizado.

Y no es que no entiendan, es que no entienden las cosas como las entendemos nosotras. No es que estén mal, es que no están donde estamos nosotras.

No es que no vean, es que no ven las cosas como las vemos nosotras. Y es lógico, no son nosotras, son “otro». Seguro nos pasará con muchos otros, pero este “otro” es muy importante, porque es el papá de nuestro hijo o hija.

Otras veces, nosotras simplemente cambiamos. Cambiamos de opinión, cambiamos en lo que creemos, cambiamos la forma en la que queremos criar a nuestros hijos.

Nosotras pasamos por un apasionante proceso de conexión con nuestros hijos por el que ellos no pasan. No es posible que se hagan a la idea de cómo nosotras sentimos a nuestros hijos y sus necesidades.

Para ellos todo es racional, blanco o negro, pero para nosotras, con relación a nuestros hijos, ya casi nada lo será. La parte instintiva y emocional a veces los hombres no son capaces de entenderla. Para eso debemos pedirles que hagan un acto de fe y que confíen en nosotras y en nuestra intuición.

Nosotras pasamos por un apasionante proceso de conexión con nuestros hijos por el que ellos no pasan

El peor problema para un hombre es vernos desbordadas emocional y psicológicamente y no saber qué hacer. Es muy difícil para ellos sostener eso, porque no están acostumbrados a manejar las emociones, mucho menos las de otro.

Si tu pareja se desborda cuando tú necesitas contención y toma decisiones radicales en cuanto a la crianza cuando tú le pides ayuda en ese estado, yo te sugiero que busques otra ayuda primero, que te de el impulso que necesitas para salir de ese estado de desborde emocional y que después le plantees a tu pareja soluciones de forma más racional, que él sepa entender mejor.

No es que no vean, es que no ven las cosas como las vemos nosotras.

Mi propuesta de hoy es que pruebes a ver a ese otro no como alguien que no entiende, que está mal, que no ve, sino simplemente como un otro que no soy yo, que no ha vivido lo mismo que yo.

Ellos no han experimentado los mismos procesos existenciales que yo, que fisiológica y biológicamente es diferente a mi. Y que entiendas tú que eso no está mal, sino que está bien. Que es como tiene que ser.

Los niños y niñas necesitan convivir con diferentes estilo de crianza. No nos engañemos, aquí la importante eres tú, pero sobre todo a partir del primer año, el papá o «los otros» involucrados en la vida del niño o la niña les ayudan a tener una experiencia más rica de la vida.

Ellos pronto podrán elegir qué es lo mejor para ellos, con quién quieren estar o quien es la verdadera autoridad y referencia. Pero lo importante es que les demos experiencias reales y amplias sobre qué es la vida en realidad.

Y en la vida hay muchos tipos de personas, con diferentes personalidades y gustos, a las que nosotras queremos, a veces a pesar de ellos. Confía en el otro, pero sobre todo confía en tu hijo o hija.

Hoy te propongo que simplemente le reconozcas como otro que viene desde otro lugar. Porque así te será más fácil no juzgar, comprender y empatizar para que después, desde esta perspectiva, le puedas explicar quién eres tú, cómo ves las cosas, de dónde vienes, cómo las has aprendido, lo que significan y lo importantes que son para ti.

Y así, después, juntos, sumando perspectivas, podréis encontrar el camino del diálogo y la comprensión para ser el equipo perfecto que ese bebé necesita en realidad.

Tu perspectiva no es la única. Seguro que tu pareja tiene mucho que aportarte. Si le tienes en cuenta, si entiendes sus por qués es más fácil que podáis llegar a un acuerdo.

Habrá límites, por supuesto. Uno de ellos puede ser el no agredir ni física ni verbalmente a vuestros hijos, o no castigarlos… pero siempre puedes intentar alguna de las propuestas que tu pareja te hace.

Seguro que te sirve hacer que él se ponga en el lugar del niño:

  • ¿cómo se siente cuando le tratáis así?,
  • ¿cómo se sentiría él si una persona del doble de su tamaño abusara de él o le humillara o le obligara a hacer algo?.
  • Pregúntale ¿qué está aprendiendo tu hijo o hija cuando recibe esa educación? ¿valores? ¿a hacer las cosas por placer o por superarse a sí mismo?
  • ¿o está aprendiendo obediencia ciega?
  • ¿qué pasará cuando no le vea nadie?
  • ¿habrá desarrollado un valor que no le haga simplemente responder al castigo o a la gratificación?

Algunas veces, el problema es otro pero no nos lo muestran tal cual. En ocasiones porque no lo identifican como tal. A veces nuestra pareja se sienten desplazada, poco atendida o incluso celosa de tu relación con tu hijo o hija. Si crees que es esto, puedes intentar hablarlo y buscar otras ratos de intimidad física y emocional con él o ella y darle un lugar diferenciado en tu vida.

Muchos hombres también tienen problemas con el colecho, por ejemplo, porque creen que va a afectar a sus relaciones sexuales.

No se trata de tener razón o de que tu hijo duerma en tu cama o fuera de ella. Se trata de escucharse los unos a los otros, encontrar el problema REAL de fondo y después juntos, encontrar alternativas y soluciones al problema.

Si te has visto en alguna de estas situaciones, te ofrezco mi apoyo.  Puedes pedir una Sesión de Descubrimiento conmigo, totalmente gratuita y sin compromiso, en la que te daré las claves de la solución de tu problema y los siguientes pasos que puedes dar para poder trabajarlo con mi apoyo.

Juntas, podemos diseñar la forma más adecuada para ti, tu hijo y tu familia de solucionar este problema y yo te acompañe en el proceso hasta que consigas el resultado que deseas.

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