El apego, o la crianza con apego es tan amada como odiada. Uno de los factores que le “reclama” injustamente es que criar con apego o facilitar un apego seguro es “sobre proteger” a nuestros hijos. En muchas ocasiones oigo “apego sí, pero en su justa medida” o “apego pero sólo en ocasiones”.

El apego no es sobre proteger, al contrario. Si nuestro hijo ha desarrollado un sistema de apego seguro, más pronto que tarde, sobre los dos o tres años, nos demandará independencia. Querrá hacer todo solo, le molestará que no le tomemos en cuenta para vestirse, decidir qué comer o cuando irse. Este comportamiento, que a veces es tan incómodo, es sumamente necesario para su desarrollo y es síntoma de que está desarrollando un sistema de apego seguro. 

La mayor confusión sobre la crianza con apego

A las mamás del apego muchas veces nos tachan de sobre protectoras. Y es posible que tengan algo de razón. Proteger y cuidar son dos aspectos cruciales para facilitar un apego seguro, pero también es cierto que para que éste tipo de apego se de, se necesita de otro aspecto igual o más importante: el desapego o facilitar de la autonomía de nuestro hijo. Para fomentar un apego seguro no debemos dedicarnos solamente proteger a nuestro bebé

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Cuando un bebé es demandante con su mamá es porque se siente inseguro. Esto ocurre, durante los primeros meses siempre que se encuentra lejos de su mamá (física o emocionalmente) y sobre todo se acentúa cuando empieza a sentir la famosa angustia por separación, hacia alrededor de los nueve meses.

Para fomentar un apego seguro no debemos dedicarnos solamente proteger a nuestro bebé

Es entonces cuando la respuesta correcta de una mamá es cubrir la necesidad de seguridad de su bebé protegiéndolo. Hasta aquí vamos bien. El problema es que esta experiencia nos hace sentir que fomentar un apego seguro va solamente de proteger. Y es así, pero sólo en parte. Lo cargo, lo arrullo, duermo con él, me separo lo mínimo imprescindible. Esto es importantísimo para asegurar un desarrollo óptimo del bebé, pero no es suficiente.

La realidad es que el apego seguro significa cubrir la necesidad o la demanda de mi bebé y eso a veces es protegerlo (cuando se siente indefenso) pero otras veces es dejarlo experimentar por sí mismo, cuando esa es la demanda de su sistema de exploración.

Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, yo diría más: por supervivencia. Nacemos tan vulnerables, que para aprender a ser autónomos debemos conseguir el máximo de experiencias posibles para conseguir sobrevivir más adelante. El único freno a esta necesidad de exploración que la naturaleza nos da es la búsqueda de seguridad. Por eso los sistemas de apego y de exploración son excluyentes: si estoy inseguro (es decir, no está mi mamá) entonces se activa mi sistema de apego y lloro y hago lo que sea hasta que vuelva. Pero si ya me siento seguro (porque está mi mamá o el entorno es conocido) entonces se activa mi sistema de exploración y mi capacidad de aprendizaje es máxima.

Si quieres que tu hijo explore, se estimule, aprenda y desarrolle todo su potencial no tienes que llevarlo a clases de estimulación temprana, sólo tienes que facilitar un apego seguro en él.

Esta dualidad apego/exploración ocurre de forma alternativa. Tu hijo te va mandando señales desde los primeros meses de vida de que quiere que estés a su lado para poder comenzar a explorar el mundo por sí mismo. Y así debe ser. Esa es la primera señal de que lo estás haciendo bien, porque sin seguridad no hay exploración.

La clave está en responder a lo que tu bebé te demanda

El problema entonces es que las mamás nos quedamos aferradas a la idea de que nuestra misión es proteger y sin darnos cuenta, lo que estamos haciendo es dificultar la exploración en lugar de fomentarla. 

El fin último del apego es facilitar el desarrollo del máximo potencial del bebé

Para que se de un sistema de apego seguro en tu bebé lo que debemos hacer es responder de forma adecuada a sus demandas y convertirnos en una base segura para su exploración. Ser una mamá lo suficientemente buena por decirlo en palabras del experto psiquiatra infantil e investigador Donald Winnicott.

El fin último del apego es facilitar el desarrollo del máximo potencial del bebé. Para eso debemos darles seguridad y eso a veces es proteger pero otras veces es dejarlo experimentar. ¿Cómo se cuándo dar una y cuándo la otra?

Ellos siempre nos dan la respuesta. Aun cuando no habla, llora, se enfada, protesta, y cuando ya sabe hablar dice “NO”, luego aprende a decir “yo solo”. O intenta subirse una y otra vez a ese lugar tan alto que a mi (mamá) me da tanto miedo. Si te fijas, hay mil oportunidades en un día en las que nos pide que le dejemos aprender por sí mismo. Lo único que tienes que hacer es fijarte, observar qué pide en cada momento.

…déjalo explorar, esa es la única forma de que se convierta en un adulto seguro consciente de sus propias capacidades.

Entonces, ¿dejo que se suba y que se caiga? Sí y no. Deja que se suba, pero no dejes que se caiga. No le ofrezcas ayuda hasta que te la pida (a su manera), pero colócate o coloca algo en un lugar estratégico para que si se cae no se haga daño, deja que coma algo que no le va a gustar pero que no le haga daño.

Hay límites, claro que sí. Son los límites lógicos que todas las mamás sabemos cuando poner. Pero si no se va a hacer daño, o el daño va a ser mínimo, déjalo explorar, esa es la única forma de que se convierta en un adulto seguro consciente de sus propias capacidades.

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